Mydei se moviĂł ligeramente en su asiento, enderezándose un momento para estirar su espalda, antes de inclinarse de nuevo sobre sus notas de estudio. A pesar de que el semestre estaba a pocas semanas de terminar, nunca estaba de más ponerse al tanto con sus notas. Especialmente porque este era su Ăşltimo año en la Universidad de Amphoreus. Dando con sus dedos una flexiĂłn rápida a su bolĂgrafo, echĂł un vistazo a su alrededor.
La biblioteca Okhema era la más grande de las siete bibliotecas en el campus, compuesta por cinco pisos y dos pasillos sinuosos, era utilizada predominantemente por estudiantes de arte con demasiado tiempo libre. Mydei era un estudiante de negocios, pero la biblioteca Kremnos, que estaba ubicada en el edificio de negocios internacionales, siempre estaba llena de estudiantes que pensaban saberlo todo cuando se trataba de carteras de inversiĂłn y marketing. Si Mydei tuviera que escuchar una conversaciĂłn más sobre economĂas colapsadas o tipos de cambio fluctuantes, le lanzarĂa uno de sus libros de texto de más de cien dĂłlares a alguien.
Entonces, se las habĂa arreglado para encontrar un pequeño rincĂłn tranquilo en el tercer piso de Okhema, escondido detrás de un estante de libros viejos que estaba bastante seguro de que no habĂa sido revisado durante al menos una dĂ©cada, habĂa una mesa redonda con sillas cuadradas y anchas rodeándolo. Era simple, limpio y, en lo que a Ă©l respectaba, suyo.
Con un pequeño suspiro, volvió a sus notas, preparado para continuar estudiando, solo para ser sorprendido por el sonido de pasos que se acercaban.
Mirando hacia arriba, un tipo molestamente alto de repente rodeĂł las estanterĂas, tenĂa cabello desordenado de color blanco y ojos de un asombrozo tono azul cielo. Una gran sonrisa se extendiĂł por su rostro cuando sus ojos se cruzaron, antes de que Mydei volviera a mirar sus notas con la esperanza de que el chico captara la indirecta y se fuera.
—Oye, siento molestarte.
—Entonces no lo hagas —Mydei dijo sin rodeos, sin molestarse en mirar hacia arriba.
—Es solo que, hay demasiada gente y mucho ruido, y debo terminar este cuestionario antes del fin de semana asà que realmente necesito concentrarme para memorizarlo —el tipo soltó, sin escuchar el comentario de Mydei o ignorándolo.
—¿Me importa? No pedĂ la historia de tu vida —Mydei espetĂł, mirando al chico de nuevo. La parte mala de Ă©l estaba un poco complacida de ver que esa sonrisa perdĂa algo de su brillo ante su actitud menos que acogedora.
—Escucha, solo necesito una mesa para estudiar. No seré ninguna molestia, lo prometo —el tipo se acercó un paso más, su rostro era una extraña mezcla de súplica y determinación.
Mydei le enviĂł una mirada en blanco, evitando cuidadosamente que el suspiro exasperado en su garganta escapara.
—Por favor.
Estaba bastante seguro de que esos ojos tambiĂ©n tenĂan tonos dorados y brillantes. HabĂa algo en ellos que hizo que el comentario malhumorado que le iba a decir amablemente a este extraño que se fuera a la mierda del lugar de estudio de Mydei, quedara atrapado en su garganta. Tal vez fue la caĂda un poco patĂ©tica de los hombros del chico o la forma en que sus manos se aferraban a la correa del bolso en medio de su pecho.
De cualquier manera, Mydei no sabe qué lo poseyó durante esa fracción de segundo, pero debe haber sido algo.
—Solo cállate y siéntate.
Y la sonrisa que recibiĂł en respuesta fue como el puto sol asomándose detrás de una nube oscura en un dĂa de mierda.
—¡Gracias! —el tipo sacó la silla frente a Mydei, sentándose pesadamente y arrojando su bolso sobre la mesa, ganándose un ceño fruncido cuando el movimiento hizo que la lampara de escritorio de Mydei casi se cayera de la mesa.
—Si me molestas, no dudarĂ© en apuñalarte —señanándolo con su bolĂgrafo amenazadoramente, casi deseando que el tipo huyera asustado. En lugar de eso, se riĂł entre dientes, como si Mydei estuviera exagerando; solo hablaba medio en serio, de ninguna manera mancillarĂa su propio bolĂgrafo, tomarĂa el del tipo para hacerlo.
—Soy Phainon, por cierto —ofreció un saludo alegre.
Mydei se limitĂł a mirarlo con una ceja alzada, estaba lo suficientemente experimentado en tratar con idiotas asĂ como para saber que su gesto transmitirĂa lo mucho que le importaba una mierda.
—PensĂ© que al menos deberĂamos saber los nombres del otro, ya que somos compañeros de mesa y todo eso —el tipo, Phainon, simplemente continuĂł, como si Mydei fuera un participante activo en la conversaciĂłn.
Francamente, Mydei estaba más preocupado por mantener las piernas debajo de su propia silla para evitar cualquier contacto fĂsico accidental potencial, Phainon parecĂa el tipo de persona que ocupaba la totalidad del espacio debajo de la mesa.
—Estoy cursando una carrera en historia y otra en criminologĂa. Quiero saber todo sobre cĂłmo actĂşan las personas que cometen crĂmenes horribles. No son exactamente las aspiraciones profesionales habituales, lo sĂ© —se riĂł levemente de una manera autocrĂtica, pero de repente habĂa una feroz emociĂłn en sus ojos que casi los hacĂa brillar.
—Oye —Mydei interrumpió, haciendo que el chico parpadeara por la sorpresa—. Silencio o piérdete.
Mydei esperaba que al menos se sintiera un poco ofendido, pero en todo caso, parecĂa divertido, antes de dedicarle una sonrisa y comenzar a sacar sus libros. Mydei exhalĂł un profundo suspiro en voz alta esta vez, sin importarle lo que el chico pensara de Ă©l mientras colocaba su lampara donde habĂa estado antes.
Honestamente, se sorprendiĂł cuando mirĂł su telĂ©fono tiempo despuĂ©s y notar que habĂan pasado casi dos horas y habĂa terminado de repasar todas sus notas del curso. Enderezándose una vez más, sus ojos se dirigieron rápidamente a Phainon, que estaba ocupado escribiendo en su libreta, con el cabello aĂşn más desordenado de lo que habĂa estado cuando apareciĂł por primera vez debido a un par de manos frustradas corriendo a travĂ©s de Ă©l. Rápidamente, comenzĂł a empacar sus cosas, sus pensamientos se dirigieron a lo que habĂa en la despensa en casa para tomar como bocadillo más tarde.
Estaba colocando su bolso sobre su hombro, empujando su silla con la mano libre, cuando fue sacado de sus pensamientos.
—Oye, nunca me dijiste tu nombre.
Mydei mirĂł hacia arriba y levantĂł una ceja en silencio ante la gran sonrisa en el rostro de Phainon.
—Si no quieres que te llame en mi cabeza “compañero de estudio gruñón”, entonces necesitaré un nombre de algún tipo.
Mydei rodĂł los ojos, como si le importara cĂłmo lo llamaba mentalmente este tipo. La probabilidad de que se volvieran a encontrar en un campus tan grande era mĂnima.
—Mydeimos.
Luego girĂł sobre sus talones y dejĂł su lugar de estudio ahora no tan secreto, en el tercer piso de la biblioteca Okhema.
Dejando su taza de chocolate en la mesa, Mydei se sentó en el sofá, dejando a sus ojos descansar en la pantalla del televisor donde un actor bastante joven estaba demostrando una secuencia complicada de movimientos de lucha y artes marciales.
Esta era una de sus formas favoritas de pasar la noche, cuando no habĂa ninguna otra tarea que necesitara atenciĂłn inmediata y no tenĂa nada quĂ© hacer. Sentado frente al televisor sin sus molestas compañeras de piso molestándolo por no haber salido con ellas un viernes por la noche, mirando una pelĂcula y junto con una taza de chocolate caliente esperando ser bebido. Era lo más parecido a la terapia que jamás podrĂa tener.
Moviéndose ligeramente en su posición acurrucada, apoyó la cabeza en el brazo del sofá, con los ojos pegados a la pantalla mientras los actores volaban por el aire y se enzarzaban en la batalla.
—¡Mydei!
Con el corazón a punto de saltar de su pecho, se apresuró a darse la vuelta, mirando por encima del respaldo del sofá con ojos grandes y sorprendidos.
Al ver quién era, gimió obviamente de frustración.
—No. Vete —volviĂł a mirar la pantalla, casi creyendo que la nueva presencia en la habitaciĂłn podrĂa desaparecer si no le prestaba atenciĂłn.
—Mydei, no seas asà —los brazos ajenos se movieron desde el respaldo del sofá y lo rodearon antes de que se alejara.
—Suéltame —se retorció para tratar de escapar, pero la otra persona se rió a carcajadas y, antes de que pudiera detenerlo, saltó sobre el respaldo del sofá para poder sentarse a su lado.
—Esta es mi noche, tonto —le enviĂł una sonrisa, tenĂa el cabello desordenado y la cara roja, claramente habĂa bebido.
—Vete —insistió inútilmente.
Su corazĂłn latĂa un poco más fuerte en su pecho de lo normal. TratĂł de alejar el malestar y se obligĂł a calmarse.
No importaba cuántas veces le dijera a Cipher que se fuera, era inmune a sus palabras. Cualquier tipo de amenaza se encontraba con una perseverancia inquebrantable que le hacĂa lograr salirse con la suya. Era un rasgo admirable y molesto como la mierda.
—Entonces, ¿qué vamos a ver esta noche? —le envió un guiño a Mydei y se rió a carcajadas mientras él la miraba, esperando que finalmente cediera a su mirada de muerte y huyera con miedo.
Lamentablemente, por la forma en que Cipher se desplomó de nuevo en el sofá, con una pierna metida debajo de él de modo que su rodilla estaba presionada contra el muslo de Mydei, hoy tampoco iba a funcionar.
No habĂa forma alguna de memorizar la historia y el pasado de los contratos que no hiciera que Mydei quisiera meter su bolĂgrafo en la cuenca del ojo de alguien.
Hasta ahora habĂa leĂdo tres páginas y estaba bastante seguro de haberlo repasado dos veces, pero no entendĂa nada de lo que decĂa. Mientras miraba las palabras borrosas en el papel, casi podĂa sentir el sueño trepando por su cuello y sus ojos cerrándose. Si se quedaba dormido y golpeaba su cabeza contra el libro de texto que tenĂa delante, lo arrojarĂa por la ventana, el vidrio reforzado no podrĂa detenerlo.
Es salvado de una multa por daños a la propiedad por una voz irritante que repentinamente dice su nombre.
Levantando la cabeza y parpadeando rápidamente, se encontró mirando el rostro de su nuevo “compañero de biblioteca”. Consideró golpear su cabeza contra su libro de texto hasta quedar incosciente para asà no tener que lidiar con ese tipo.
—¿Cómo te va, Mydeimos? —preguntó Phainon con una sonrisa alegre, dando los últimos pasos hacia la pequeña mesa que alguna vez fue el santuario de Mydei.
—Bien, hasta que apareciste —refunfuñó, sintiendo una leve molestia por saber que una vez más tendrĂa que compartir su lugar secreto en la biblioteca.
—No seas asà —Phainon sonriĂł ampliamente mientras se sentaba ruidosamente—. ParecĂa que estabas a punto de cerrar tu libro de todos modos, asĂ que no finjas que estoy interrumpiendo algo importante.
Mydei se limitĂł a mirarlo; negándose a reconocer el pequeño rubor que podĂa sentir calentando sus mejillas.
—No recuerdo haberte invitado a sentarte aquà de nuevo —cambio de táctica.
—Me gusta este lugar —Phainon se encogió de hombros, sin siquiera mirarlo mientras hurgaba en su bolso.
—Es una mesa reservada —Mydei lo intentó.
—No, no lo es —Phainon resopló, lanzándole una mirada divertida. Mydei, con razón, le envió una de sus miradas más desagradables.
Phainon tuvo la audacia de reĂrse.
Volviendo a su libro de texto, Mydei intentó en vano leer y asimilar las palabras impresas ante él. Sin embargo, los acuerdos históricos inmediatamente comenzaron a estresarlo una vez más y, antes de que se diera cuenta, sus ojos se pusieron vidriosos y una vez más estaba en peligro de plantar su cara entre las páginas.
—No estarás estudiando sobre sanciones legales o algo asĂ, Âżverdad?
Parpadeando, Mydei mirĂł a Phainon sin comprender.
—Es sĂłlo que… —continuĂł cuando Mydei no dijo nada—. AsĂ es como me siento cuando tengo que estudiarlas. Entonces, me preguntaba si estarĂas en algĂşn tipo de asignatura de derecho.
—Estoy estudiando negocios —Mydei se incorporĂł para que su postura, que se habĂa encorvado sin que se diera cuenta, fuera una más apropiada antes de enviar una mirada contemplativa a su libro de texto. Realmente no habĂa forma de que pudiera asimilar la informaciĂłn que tenĂa frente a Ă©l en ese momento, su mente estaba hecha trizas por no haber dormido lo suficiente la noche anterior y la estĂşpida insistencia de Cipher de que hicieran un estĂşpido experimento con bebidas fluorescentes bien entrada la noche anterior.
—¿Oh, en serio? ¡Genial! Tengo un amigo estudiando eso —Phainon le envió una sonrisa, cruzando los brazos sobre su libro de texto, mientras claramente se preparaba para una conversación en lugar de estudiar.
—Bien por ti —Mydei refunfuñó, extendiendo la mano hacia donde habĂa dejado su propio bolso en un asiento libre y procediĂł a empacar sus cosas.
—¿Te vas tan pronto? —preguntĂł Phainon, algo en su voz hacĂa que la burla no sonara del todo bien.
—Tengo cosas que hacer que no implican perder el tiempo hablando contigo —se puso de pie, empujando cuidadosamente su silla y moviéndose alrededor del otro para irse.
—Oye —una mano repentina en su antebrazo lo dejĂł paralizado en su lugar, mirando a la persona todavĂa sentada que se habĂa atrevido a poner una mano sobre Ă©l.
—DeberĂas dormir un poco, te ves agotado. No quisiera que acabaras babeando en tus notas.
—No lo haré —fue todo lo que Mydei pudo pensar en decir cuando fue liberado, escapando antes de que Phainon hiciera algo aun más extraño.
No se detuvo hasta que llegĂł a casa, subiĂł las escaleras y caminĂł por el pasillo hasta su habitaciĂłn. Finalmente, se sentĂł en su cama, con su bolso todavĂa puesto, y mirĂł su brazo con el ceño fruncido.
ÂżQuiĂ©n se acercaba y tocaba a alguien de esa forma? Apenas conocia el nombre de Phainon y el tipo ya lo estaba tocando. Era extraño. La gente deberĂa al menos saber algo acerca de la otra persona antes de invadir su espacio personal.
Se le ocurriĂł una idea terrible y un escalofrĂo gĂ©lido recorriĂł su espalda.
ÂżEra eso normal?
Tal vez era normal que gente que apenas se conocĂa se tocara asĂ. Phainon le habĂa ofrecido un consejo, que normalmente estarĂa reservado a ser un acto entre amigos, dentro de la confidencialidad mĂ©dico-paciente o como en una comedia romántica con un camarero al azar, incluso con compañero de banco en un parque. Quizás era un comportamiento comĂşn entre la gente normal y Mydei simplemente estaba exagerando.
La idea era reconfortante y desmoralizante.
Mydei sabĂa que era un poco raro. Su comportamiento no es lo suficientemente extraño como para ser clasificado como alguien que necesitara terapia o medicaciĂłn para ayudarle a funcionar “normalmente” en la sociedad. Pero sigue siendo extraño que, cuando a los diecisĂ©is años, el chico que le gustaba finalmente lo arrinconara en una fiesta y tratara de besarlo, Mydei lo empujara y, posteriormente, le dijera “perra frĂgida”. Mydei se fue a casa de inmediato y pasĂł el resto de la noche tratando de respirar con calma mientras su piel se erizaba por el sudor frĂo y su corazĂłn amenazaba con salir de su pecho.
TenĂa algunos problemas en lo que respecta al contacto fĂsico, pero todos tenĂan sus complejos.
Pasando las yemas de sus dedos por su antebrazo, la sensaciĂłn casi fantasmal de la mano de Phainon en su piel todavĂa estaba allĂ.
Acurrucándose un poco en su cama, forzó su mente a despejarse, enfocándose en respirar al mismo tiempo que frotaba su brazo con su mano hacia arriba y hacia abajo.
Mydei mirĂł el reloj y dejĂł escapar un suspiro. Solo tres horas más y terminarĂa su turno, libre para una tarde bebiendo chocolate y viendo cualquier pelĂcula que Cipher eligiera esta noche.
Enderezando el estante de nuevos lanzamientos cerca de donde se encontraba la caja registradora, mirĂł alrededor de la librerĂa casi vacĂa. Era una vieja casa de dos pisos que habĂa sido llenada hasta el tope de estanterĂas y libros de bolsillo. Estaba bastante seguro de que lo que se usaba como mostrador sobre el que estaba la caja registradora era en realidad la vieja mesa del comedor. Ubicada a solo dos cuadras de donde terminaba oficialmente el campus universitario, era prácticamente la librerĂa más popular de la zona.
HabĂa tenido la suerte de alcanzar el turno matutino, lo que significaba menor gente en la tienda, ya que la mayorĂa de los estudiantes, que constituĂan la gran mayorĂa de los clientes, seguĂan dormidos a las nueve de la mañana.
—¿Mydei?
Girando, casi maldijo en voz alta al ver a Phainon de pie frente a Ă©l. Mydei lamentĂł la necesidad de arreglar los libros que una mujer habĂa desordenado, obligándolo a abandonar la seguridad de atrás del mostrador.
Mydei en realidad habĂa evitado ir a su lugar secreto en la biblioteca durante los Ăşltimos tres dĂas, todavĂa sin estar completamente seguro de quĂ© hacer con su reacciĂłn a que Phainon lo tocara. En su estado de confusiĂłn, habĂa optado por evitar el problema y a la persona en lugar de pensarlo demasiado.
—Phainon —dijo, bastante seguro de que la molestia se habĂa filtrado en su voz lo suficiente como para que el otro lo escuchara alto y claro.
—¿Qué estás haciendo aqu� —preguntó Phainon, ignorando claramente la forma en que Mydei se estaba alejando lentamente hacia la seguridad del mostrador.
—Trabajo aquà —dijo de mala gana.
—Oh, ¡qué bien! —Phainon sonrió, dando un paso más hacia Mydei—. Estoy buscando un libro, ¿me ayudas? —continuó, actuando ajeno a su hosca actitud.
—¿QuĂ© libro necesitas? —Mydei pregunta, decidiendo que cuanto antes ayudara a Phainon a encontrar lo que estaba buscando, más rápido dejarĂa a Mydei en paz.
—Es un libro para uno de mis cursos-…
—No vendemos libros para la universidad —Mydei lo interrumpiĂł, irritado porque tenĂa que decirle a alguien lo mismo al menos dos veces en cada turno, sobre todo al principio y al final de cada semestre.
—SĂ, lo sĂ©. No es un libro como tal, es una novela —dijo Phainon, divertido—. Es un libro de un tipo llamado Oscar Wilde —dijo, rebuscando en su siempre presente bolso, presumiblemente en busca del tĂtulo de la novela.
—El retrato de Dorian Gray —dijo Mydei, alejándose de donde Phainon lo habĂa arrinconado contra una estanterĂa y dirigiĂ©ndose a la secciĂłn de clásicos.
—SĂ, ese —Phainon dijo detrás de Ă©l, pero Mydei simplemente observĂł el estante ordenado alfabĂ©ticamente frente a Ă©l y sacĂł la novela en cuestiĂłn de su lugar. Dándose la vuelta, levantĂł una ceja ante el par de ojos que lo miraban fijamente en lugar del libro en sus manos.
—¿Hay algo más que necesites? —preguntĂł, recordando que todavĂa estaba en horario de trabajo y necesitaba ser educado con los clientes, sin importar cuánto lo irritaran.
—¿Qué estás estudiando? —preguntó Phainon, inclinando ligeramente la cabeza hacia un lado.
—Negocios —Mydei respondiĂł, seguro que ya le habĂa dicho esto.
—SĂ, recuerdo que lo dijiste. Es solo que ya sabĂas el libro que necesitaba.
—Cualquiera que sepa algo sobre la literatura del siglo XIX sabe que el ascenso principal de Oscar Wilde a la fama es “El retrato de Dorian Gray” —Mydei echĂł un vistazo a su alrededor—. Y obviamente trabajo en una librerĂa.
Phainon parpadeĂł por un momento antes de estallar en carcajadas, sorprendiendo a algunos de los otros clientes y recibiendo una mirada de desaprobaciĂłn de un anciano que estaba en una esquina rodeado de libros sobre especies de aves. Igualmente sorprendido, Mydei se quedĂł de pie por un incĂłmodo momento antes de girarse y volver al mostrador, con el libro todavĂa en la mano.
—No pensé que conocieras algo de literatura —Mydei dijo mientras escaneaba el libro en el sistema.
—No, pero tengo algunas materias optativas del departamento de artes, vi la serie de Sherlock Holmes durante el verano mientras trataba de elegir mis optativas y, bueno… —mirando hacia arriba, habĂa una mirada un poco tĂmida en el rostro de Phainon, su mano se levantĂł para rascarse la mejilla en lo que solo podrĂa describirse como vergĂĽenza—. Esperaba que fueramos a leer alguna de las novelas de Sherlock Holmes, pero cuando mirĂ© la lista de libros, no estaba allĂ y era demasiado tarde para cambiar, asĂ que… —se encogiĂł de hombros con impotencia.
—¿No crees que deberĂas haber revisado la lista antes de inscribirte en esa clase?
—Probablemente —Phainon estuvo de acuerdo con otra risa mientras sacaba su billetera.
Mydei leyó el precio. Phainon jugueteó con su billetera por un momento antes de sacar algunos billetes y entregárselos, sus dedos se rozaron accidentalmente mientras le pasaba el efectivo. Mydei sintió la familiar aceleración de latidos en su pecho y rápidamente metió el dinero en la caja registradora, sacando el cambio que devolvió con cuidado de que sus dedos no se rozaran esta vez.
—Oye —comenzĂł Phainon, sin moverse aĂşn para guardar su cambio, con sus ojos azules mirando el rostro de Mydei, como si estuviera tratando de leer su mente. No, no hizo que algo se retorciera en el estĂłmago de Mydei, lo jura—. Estaba pensando-… —el repentino y fuerte sonido de la torre del reloj en el centro del campus universitario sonĂł dĂ©bilmente, llamando su atenciĂłn—. Oh, mierda. ÂżYa es tan tarde? —Phainon exclamĂł, sus ojos se abrieron un poco mientras metĂa la billetera y el cambio suelto en su bolso descuidadamente—. Voy a llegar tarde a mi prĂłxima clase. Lo siento, te verĂ© luego, Âżestá bien? —preguntĂł, recogiendo la novela que habĂa estado en el mostrador entre ellos.
—Seguro —dijo Mydei, no muy seguro de quĂ© más podĂa decir.
Phainon se despidiĂł con una mano mientras casi salĂa corriendo por la puerta y Mydei mirĂł por la ventana delantera mientras se alejaba por la calle en direcciĂłn al campus.
Honestamente, ¿en qué diablos se estaba metiendo?
Frotando un pulgar sobre la portada de la novela, Phainon suspiró ruidosamente, mirando fijamente el techo blanco liso sobre él.
Phainon tiene que admitir que a veces podĂa ser un poco impulsivo cuando se trata de interactuar con la gente. Cyrene fue la primer amiga que habĂa hecho cuando ingresĂł a la escuela primaria, habĂa sido una extraña por la mañana, pero al final del dĂa Phainon, correteaba a su alrededor como un cachorro emocionado. Al ver que Cyrene seguĂa siendo amiga de Ă©l en la universidad, estaba seguro de que fue todo un Ă©xito.
No siempre ha sido asĂ, algunas veces su entusiasmo y la forma en que solĂa invadir el espacio personal de otros hacĂa que algunas personas lo insultaran y, a medida que crecĂa, lo llamaran puta de la atenciĂłn e incluso trataran de difundir rumores sobre Ă©l prostituyĂ©ndose por la escuela. Era una completa estupidez, pero no era algo que no pudiera resolverse detrás de las gradas con unos cuantos golpes y patadas bien dirigidas, eso es seguro.
De hecho, nunca antes habĂa visto como algo malo su necesidad de interacciĂłn fĂsica con casi todas las personas que le agradaban.
Hasta ahora.
Phainon habĂa experimentado el sabor dulce del amor cuando tenĂa trece años y nuevamente cuando tenĂa diecisĂ©is. Le habĂan gustado personas al azar y amigos por igual. Pero fue muy consciente de que, cuando sus ojos se posaron en un chico escondiĂ©ndose detrás de una estanterĂa como si se tratase de su propio pequeño reino, sentir su corazĂłn latiendo fuertemente contra sus costillas y la cálida sensaciĂłn que inmediatamente se acurrucĂł en su vientre eran signos de algo más que un enamoramiento.
Luego hablaron y, bueno, eso fue todo para Phainon. El tipo, Mydeimos, era brutalmente directo en lo que decĂa, Phainon estaba seguro de que creerĂan que estaba loco ya que, en lugar de sentirse ofendido o insultado por las palabras de Mydei, estaba completamente encantado. Con su inusual cabello rubio y rojizo, junto con sus hermosos ojos dorados. HabĂa algo adorable en Ă©l que simplemente no podĂa explicar. La mayorĂa de la gente querrĂa poner tanta distancia entre sĂ y el chico como sea posible.
Pero no Phainon, él quiere envolver sus brazos alrededor de Mydeimos y morder una de sus mejillas de lo adorable que es.
—¿Hay algo que quieras decirme? —la voz de Cyrene suena casi cantarina, lo que hace que Phainon vuelva la cabeza y la mirara confundido.
—¿Eh?
—Bueno, quieres pasar un rato a solas analizando las excelentes obras de Oscar Wilde, prometo pensar que es perfectamente normal en ti —Cyrene asiente hacia Phainon todavĂa sostenĂa el libro, aĂşn frotando inconscientemente el pulgar hacia atrás y hacia adelante sobre la portada. Finalmente se sentĂł y colocĂł el libro en la mesa de noche—. En serio, ÂżquĂ© pasa con el libro? Nunca te habĂa visto tan concentrado en la clase de literatura que estabas tomando.
—No lo estoy. Lo compré hoy y lo estaba sosteniendo mientras estaba pensando en otra cosa —Phainon se encogió de hombros, sacando su teléfono casualmente y desplazándose por el menú como si realmente estuviera buscando algo.
—¿En serio? —Cyrene no parecĂa en absoluto convencida.
—SĂ, por cierto, tenemos que irnos pronto para llegar a tiempo con los demás —Phainon cambiĂł de tema, relajándose un poco cuando Cyrene solo lo observĂł fijamente; diciendo claramente que esta conversaciĂłn habĂa sido pospuesta solo por el momento.
—SĂ, sĂ.
—Bien. Estoy listo para irnos cuando tú lo estés —Phainon se puso de pie, metiendo su teléfono y billetera en los bolsillos de sus jeans. Cyrene murmuró algo más que no logró entender, pero rápidamente se preparó para partir.
El bar residente de la universidad constaba de rincones oscuros y tres mesas de billar colocadas a un lado de la pista de baile. Era el lugar de reuniĂłn preferido por la mayorĂa de los estudiantes gracias a su fácil ubicaciĂłn y bebidas baratas. Phainon mirĂł alrededor de la habitaciĂłn y sonriĂł cuando sus ojos se posaron en un grupo familiar de personas apretujadas alrededor de una pequeña mesa alta.
Un coro de saludos familiares lo recibió cuando se movió para abrazar a las personas alrededor de la mesa que estaba abarrotada de vasos que eran bebidos rápidamente. Cuando terminó, todos se movieron un poco para hacer espacio para él.
Aceptando la bebida que le ofrecieron, Phainon preguntĂł cĂłmo iban las clases de Hyacine mientras los demás saludaban a Cyrene con entusiasmo. Phainon habĂa pasado a su tercera cerveza cuando un dolor sordo sacĂł a Phainon de la conversaciĂłn con Stelle sobre los pros y los contras del ramen al sentir un codazo clavándose en su costado.
—¡Ay, eso duele! —gritó, frotándose el costado con la mano que no estaba sujetando su bebida.
—Solo les estaba contando a los demás sobre tu nuevo enamoramiento —dijo Cyrene casualmente, con la voz un poco más fuerte de lo habitual, en un esfuerzo por captar la atención de todos para que pudieran unirse a ella colectivamente y Phainon sacará toda la información
—Como si les importara —Phainon murmuró, sabiendo que era demasiado tarde cuando los ojos de todos sus amigos se fijaron en él con curiosidad.
—¿Conociste a alguien? —Hyacine preguntó con voz curiosa.
—No sĂ© si lo dirĂa asà —Phainon se excusĂł, pasando torpemente una mano por su cabello.
—Oh, Dios —Stelle gimiĂł en voz alta, inclinándose quizás demasiado hacia Dan Heng para la cantidad de tragos que habĂa tomado—. No es un profesor o algo asĂ, Âżverdad? —preguntĂł, sonando a la vez horrorizada y encantada—. No vas a deleitarnos con historias de sexo desagradable con el trasero de un viejo, Âżverdad?
—¿Qué? ¡No! —Phainon espetó, enviándole una mirada furiosa.
—Pero hay alguien, ¿verdad? —Aglaea preguntó, luciendo genuinamente interesada.
—Bueno —Phainon vacilĂł por un momento antes de sentir sus mejillas calentarse—. ConocĂ a un chico el otro dĂa. Es muy lindo e increĂblemente directo —una pequeña sonrisa apareciĂł en sus labios espontáneamente.
—¿Donde lo conociste? —March preguntĂł, ignorando la forma en que los demás reĂan a su alrededor.
—En la biblioteca. La suya era la única mesa con un lugar libre, asà que simplemente me senté e ignoré cuando trató de hacer que me fuera —Phainon se rió levemente, calor inundó sus entrañas con cariño.
—Entonces, ¿ya lo invitaste a salir? —Cyrene preguntó con una gran sonrisa.
—Ah, no exactamente —Phainon dijo torpemente.
—Idiota —Stelle murmurĂł, inclinando su cerveza hacia un lado mientras hablaba, de no ser porque Dan Heng la enderezĂł rápidamente, habrĂa derramado lo que quedaba.
—Cállate —Phainon la fulminó con la mirada.
—DeberĂas pedirle una cita —Hyacine dijo en voz alta.
—SĂ, sà —Phainon murmurĂł, tratando de ignorar la risa burlona de sus amigos. Bebiendo rápidamente la cerveza restante del vaso, se pasĂł la mano libre por la boca—. Voy por otra bebida —dice, levantándose de la mesa abarrotada con cierta dificultad.
Las fuertes voces con preguntas de todo tipo fueron ignoradas mientras se dirigĂa a la barra. SerĂa una buena noche para olvidarse de todo al menos por unas horas.
HabĂa sido un dĂa perfectamente normal para Mydei. HabĂa ido a su conferencia matutina que solĂa transcurrir con la tediosa profesora deviándose de la clase para qujarse de su propia vida privada, _y l_uego se habĂa dirigido a la biblioteca para tomar notas para su clase de esa tarde. Fue un buen comienzo.
HabĂa estado sentado allĂ durante casi una hora, cuando apareciĂł su molesto compañero de mesa.
Para decirlo cortĂ©smente, Phainon parecĂa una mierda. Su cabello estaba desordenado, y no de la forma habitual como de costumbre. Su ropa estaba completamente arrugada, haciendo que Mydei se preguntara si habĂa dormido con ella. Unas gafas de sol se posaron en su nariz, pero solo servĂan para resaltar cuán pálido se veĂa.
ParecĂa una resaca.
—¿Gran noche? —no pudo resistirse a preguntar, una leve sonrisa se dibujó en sus labios cuando Phainon solo gimió lastimosamente y tiró su bolso sobre la mesa antes de caer de rodillas y gatear debajo de la mesa—. ¿Qué diablos estás haciendo? —Mydei preguntó, un poco alarmado de que el chico fuera a vomitar sobre sus zapatos. Inclinándose en su silla, se asomó por debajo de la mesa.
Phainon se habĂa dejado caer sobre su estĂłmago en el espacio semi-oscuro, cruzando sus brazos y descansando su frente allĂ con sus lentes de sol todavĂa puestos.
—No voy a vomitar —refunfuñó, sorprendentemente perceptivo a pesar de que su voz contenĂa un distintivo indulto de borrachera.
—Si vomitas mis zapatos, haré que los limpies con tu lengua —Mydei amenazó, mirando directamente al otro.
Phainon se riĂł levemente, todo su cuerpo vibraba, antes de gemir de nuevo.
—No me hagas reĂr. Duele.
—Contraerás alguna enfermedad infecciosa en ese piso.
—No me importa —Phainon resopló.
Mydei lo mirĂł fijamente un momento más, antes de considerar que no valĂa la pena ni pasaba directamente a afectar a su persona. Enderezándose, usĂł su bolĂgrafo para empujar la bolsa de Phainon más hacia su lado de la mesa en lugar del medio, antes de reanudar su toma de notas como si nada estuviese pasando.
Se las arreglĂł para sentarse allĂ durante otra media hora antes de que el ligero aroma del alcohol barato finalmente lo hartara. EmpacĂł sus cosas, empujĂł la silla hacia atrás para ponerse de pie, solo para sentir al instante que algo mantenĂa su pie derecho inmĂłvil. Mirando debajo de la mesa una vez más, vio que Phainon se habĂa movido levemente, uno de sus brazos ahora estaba aferrado alrededor de su pie y su rostro estaba a escasos centĂmetros de Ă©l.
Era asqueroso y un poco adorable.
—Oye —lentamente levantó el pie, tratando de ser un poco considerado con el chico. Cuando no obtuvo reacción, rápidamente liberó su pie, sacando un fuerte bufido de sorpresa proveniente de Phainon como respuesta.
—¿Qué? —preguntó Phainon, mirando a su alrededor, desorientado.
—Estabas abrazando mi pie como un oso de peluche —Mydei dijo secamente.
—Oh, lo siento —Phainon murmuró, rodando sobre su espalda y subiendo sus gafas de sol para frotarse los ojos.
—No deberĂas frotarte los ojos —Mydei dijo automáticamente.
—¿Por qué? —Phainon bostezó y siguió frotando.
—Te saldrán arrugas —respondiĂł Mydei, dándose cuenta tardĂamente de lo estĂşpido que sonaba.
Phainon hizo una pausa y apartĂł las manos de sus ojos para mirar a Mydei con curiosidad.
—No creo que eso sea cierto —dijo lentamente.
Mydei lo fulminó con la mirada, negándose a admitir la vergüenza que inundaba sus entrañas. Optando por no responder, dio un paso atrás, extendió la mano para colgar su bolso sobre su hombro y se preparó para irse.
—Oye, espera, ¿a dónde vas? —preguntó Phainon, saliendo de debajo del escritorio torpemente.
—No puedo hacer nada aquĂ contigo roncando y apestando el lugar —Mydei comenzĂł a caminar alrededor de la estanterĂa.
Phainon, para su sorpresa, inmediatamente tomĂł su propio bolso y comenzĂł a seguirlo.
—Oye, no seas malo —su voz era burlona y Mydei pudo distinguir una pequeña sonrisa por el rabillo del ojo.
—No me sigas.
—Eres muy cruel conmigo —chilló Phainon, de repente pareciendo mucho más a su yo habitual.
—PensĂ© que tenĂas resaca —Mydei suspirĂł, su sombra lo siguiĂł por los numerosos tramos de escaleras.
—Eh, la aspirina finalmente ha hecho efecto. Ahora es más una sensaciĂłn de náuseas y solo me duele un poco la cabeza —se encogiĂł de hombros—. Una vez que tenga algo de deliciosa comida grasosa en mĂ, estarĂ© bien.
Mydei en realidad dejĂł de caminar y se volviĂł hacia el otro, su rostro hizo una mueca.
—Espero que te refieras a que vas a regresar a tu casa y comer allĂ.
Phainon le dio una mirada divertida antes de sonreĂr ampliamente.
—No, voy a la cafeterĂa donde, a juzgar por tu rostro horrorizado, es a donde vas. ¡Podemos comer juntos! —se riĂł a carcajadas, ganándose algunas miradas desagradables de las personas en la biblioteca.
Mydei resistiĂł el impulso de huir. EstĂşpido.
—Ni hablar —Mydei girĂł sobre sus talones y se apresurĂł a alejarse, esperando que Phainon simplemente desapareciera mágicamente. PensĂł que realmente sucederĂa cuando no escuchĂł pasos siguiĂ©ndolo, pero el sonido de las risitas y el arrastrar los pies rápidamente mataron ese sueño y Phainon estuvo una vez más al lado de Mydei mientras caminaban.
Veinte minutos más tarde, Mydei estaba sentado en una de las mesas de la cafeterĂa con comida delante suyo, Phainon de nuevo estaba sentado frente a Ă©l, hablando de cĂłmo estaba seguro de que una chica en una de sus clases habĂa hecho trampa en su Ăşltimo examen.
—¿Creciste en un granero? —preguntĂł, serio mientras Phainon lograba dejar caer casi la mitad del relleno del sándwich que habĂa comprado. Fue ignorado con otra de esas sonrisas molestamente divertidas y atractivas, aunque nada pudo evitar que la nariz de Mydei se arrugara cuando vio a Phainon usar sus dedos para recoger el relleno caĂdo y meterlo en su boca.
—No malgastes la comida, dice mi mamá.
—No comas como un animal, dice la mĂa —Mydei respondiĂł, ganándose una risita.
—SĂ, puedo ver lo bien que se quedĂł en tu cabeza —asintiĂł hacia el espacio inmaculadamente limpio para comer de Mydei, no habĂa dejado caer ni un solo grano de arroz.
Mydei se preguntĂł si deberĂa sentirse un poco insultado por el comentario, pero una fuerte exclamaciĂłn de su nombre impidiĂł que más palabras salieran de su boca, un gemido encontrĂł la forma de salir de su garganta mientras se encorvaba ligeramente sobre la mesa.
—¿Amiga tuya? —preguntĂł Phainon, divertido, mientras Cipher corrĂa hacia su mesa casi haciendo tropezar a un chico en el camino.
—Mydei, al fin te encontré —Cipher sonrió cuando llegó a su mesa, inmediatamente rodeando con sus brazos a Mydei como si no lo hubiera visto en años.
—¿QuĂ© quieres? —Mydei preguntĂł, ya exasperado. Sus nervios, que habĂan estado más tensos de lo habitual en presencia de Phainon, comenzaron a relajarse ante el contacto. Sin embargo, Cipher finalmente parecĂa haber notado a Phainon, mirándolo casi con burla al otro lado de la mesa.
—Hola, chico lindo. Soy Cipher. No te sentaste voluntariamente aquà con Mydei, ¿verdad? —dijo inclinándose sobre Mydei, forzando su rostro incómodamente cerca de su comida.
—QuĂtate, Cipher —gruñó.
—Soy Phainon. ¿Eso es algo inusual? —preguntó, la diversión entrelazando su voz.
—Es un suceso completamente inaudito. El encanto de Mydei generalmente ahuyenta a la gente en dos segundos —Cipher sonrió sin arrepentimiento mientras por fin se alejaba de Mydei.
Mydei los mirĂł a ambos.
—¿Hay realmente una razón para que me necesites? —preguntó alzando una ceja.
—Cierto —Cipher de repente le dirigiĂł una sonrisa maliciosa—. Tengo algo que sĂ© que te encantará —dijo en tono cantarĂn.
—Lo dudo —Mydei respondió de inmediato; volviendo a su comida con la esperanza de que se rindiera y lo dejara en paz.
—Mydei, hablo en serio. Es algo que llevas buscando durante meses —Cipher le dio un fuerte golpe en el brazo para llamar su atención.
—No estoy interesado —espetó.
—Bien, entonces, que sea asà —metiĂł la mano en uno de su bolsillos y sacĂł una memoria USB—. Supongo que tendrĂ© que buscar a alguien más para ver la versiĂłn subtitulada de esa poco conocida pelĂcula que sĂ© que te morĂas por ver desde hace meses —Cipher soltĂł una carcajada cuando Mydei no pudo evitar que sus ojos se concentraran en la memoria USB como si fuera una barra de oro en lugar de una pelĂcula pirateada.
—¿DĂłnde conseguiste eso? —preguntĂł, un poco renuente, Mydei habĂa estado buscando esa pelĂcula en particular desde hace meses, pero ninguna de las versiones que habĂa encontrado tenĂa subtĂtulos, por lo que no habĂa podido entender mucho de lo que estaba pasando.
—¿Qué es eso? —preguntó Phainon de repente, sacando a Mydei de sus pensamientos.
Mydei sintiĂł su estĂłmago hundirse mientras miraba al otro lado de la mesa al atractivo chico que extrañamente lo habĂa estado obligando a hacerle compañĂa durante las Ăşltimas semanas. No habĂa forma de que pensara en darle a Mydei siquiera la hora del dĂa si supiera sobre el pasatiempo favorito de Mydei.
Mydei abriĂł la boca para decirle a Phainon que se ocupara de sus propios asuntos, pero la fuerte voz de Cipher hablĂł por encima de la suya.
—Mydei tiene un gusto particular por el cine clásico. Estoy segura de que es dueño casi todas las pelĂculas anteriores de los 70’s —Cipher agarrĂł el hombro de Mydei con fuerza, de una manera que Mydei no estaba seguro de que estuviera tratando de reconfortarlo o a mantenerlo en su lugar por si intentaba huir.
—¿Cine clásico?
Cipher solo se riĂł.
—DeberĂas venir a nuestro apartamento este viernes y ver la pelĂcula con nosotros —dijo de repente, haciendo que Mydei se congelara con la comida a medio camino de su boca.
—¿Qué? —se atragantó con su saliva.
—Será divertido. Haremos palomitas y podrás disfrutar tu primera pelĂcula de culto.
Mydei miró fijamente a Phainon, casi tratando de enviarle un mensaje telepáticamente diciendo: “¡no te atrevas a aceptar!”. Por la sonrisa divertida que le dirigió, no funcionó.
—Claro, me encantarĂa —dijo alegremente, haciendo que Mydei quisiera golpearse la cabeza contra la mesa, repetida y violentamente.
Empujando a Cipher, Mydei abandonĂł su comida y se dirigiĂł hacia la puerta. Se las arreglĂł para salir de la cafeterĂa y se preparĂł para volver a casa cuando de repente su brazo fue sujetado por detrás. Girando rápidamente con sorpresa y sientiendo la adrenalina correr por sus venas, vio la gran sonrisa y los ojos muy abiertos de Phainon.
—Oye, estaba pensando —comenzĂł Phainon, con su mano todavĂa en el brazo de Mydei—. Tengo un sentido de la direcciĂłn bastante malo, asĂ que ÂżpodrĂas darme tu nĂşmero o algo asĂ para poder llamarte y pedirte ayuda si me pierdo camino a tu casa?
Con los ojos moviĂ©ndose hacia el calor que se extendĂa a travĂ©s de su extremidad, Mydei buscĂł en su bolsillo casi sin pensar mientras su corazĂłn se aceleraba, latiendo contra su caja torácica como si fuera a estallar en cualquier momento. Sacando su telĂ©fono, lo extendiĂł hacia Ă©l, una mezcla de alivio y una pequeña sensaciĂłn de pĂ©rdida lo llenĂł cuando Phainon soltĂł su brazo para tomar el telĂ©fono y poner su nĂşmero en Ă©l.
Con la mente en piloto automático, Mydei tomó su teléfono de vuelta después de que Phainon terminó, antes de girar sobre sus talones y alejarse rápidamente.
—¡Nos vemos! —Phainon gritó.
Mydei no respondiĂł.
El rĂ©gimen de limpieza por el que pasĂł Mydei ese viernes antes de que llegara Phainon era casi de proporciĂłn bĂblica. Incluso llegĂł a saltarse su sesiĂłn de estudio que habĂa programado y, en cambio, pasĂł su tiempo con un paño, inclinado sobre el piso limpiando todas las superficies a las que podĂa llegar.
Cuando finalmente llegĂł el momento, Mydei se encontrĂł sentado en el sofá, con el estĂłmago retorcido por los nervios, sus manos juntas con los nudillos casi blancos. Fue ridĂculo; no habĂa ninguna razĂłn para que se sintiera tan ansioso por que un tipo viniera a su casa a ver una pelĂcula. Ni siquiera era como si fueran a estar solos para verla; Cipher seguĂa dando vueltas en la cocina con la comida china que habĂa pedido para cenar.
No era como si hubiera sido él quien invitó a Phainon en primer lugar.
Hubo un golpe repentino en la puerta y Mydei se puso de pie. Sin embargo, no dio más de un paso, cuando Cipher de repente pasó a toda velocidad junto a él, su voz fuerte y emocionada saludando a Phainon en la puerta.
Obligándose a relajarse, Mydei se volvió a sentar en el sofá, asegurándose de colocarse lo más cerca posible del brazo del sofá sin que fuera completamente obvio que estaba dejando suficiente espacio para que alguien se sentara a su lado.
—¡Hola, Mydei!
Volviendo la cabeza, Mydei vio a Phainon con unos jeans negros desgastados de las rodillas, una camisa de una banda de la que nunca habĂa oĂdo hablar, y el cabello en el lĂo habitual, sus ojos azules se iluminaron bajo la luz de la sala.
—Veo que no te perdiste —dijo, volviéndose hacia la televisión.
—Nop. Casi tomĂ© un giro equivocado en ese cafĂ© a dos cuadras, pero recordĂ© que Cipher dijo algo acerca de que no debĂa girar a la izquierda, asĂ que pensĂ© que tenĂa que ser en direcciĂłn contraria —divagĂł, sentándose pesadamente en el sofá al lado de Mydei, con las piernas abiertas casualmente y un brazo sobre el respaldo del sofá mientras hablaba, con el cuerpo vuelto hacia Mydei.
—QuĂ© suerte —Mydei dijo secamente, muy consciente de que solo habĂa un pequeño espacio entre donde estaba sentado en el sofá y donde la pierna de Phainon se extendĂa cerca de la suya.
Phainon resoplĂł.
—¿Por quĂ© tengo la sensaciĂłn de que desearĂas que me hubiera perdido? —de repente sonriĂł y se inclinĂł ligeramente hacia adelante, invadiendo aĂşn más el espacio personal de Mydei—. ÂżQuerĂas que te llamara y te preguntara cĂłmo llegar? No necesitas una excusa para hablar conmigo —dijo, su voz bajĂł una octava mientras recibĂa toda la atenciĂłn de Mydei.
AsĂ de cerca, Mydei podĂa oler la colonia que llevaba Phainon, una marca genĂ©rica que, de ser cualquier otra persona, Mydei se habrĂa burlado. Sin embargo, sentado asĂ de cerca, Mydei podĂa sentir su corazĂłn latiendo en su pecho, una calidez llenando su estĂłmago mientras miraba esos ojos tan cerca de los suyos. PodĂa sentir sus manos temblando levemente, sin importar cuán fuerte las apretara. Por alguna razĂłn, parecĂa que no podĂa apartar sus ojos, hasta el punto de mirar fijamente los labios de Phainon por un momento antes de volver a sus ojos.
—¡Espero que te guste la comida china! —la fuerte voz de Cipher sonó repentinamente detrás de ellos cuando este entró a la sala desde la cocina, con los brazos cargados con contenedores de comida.
Phainon se reclinó rápidamente, su comportamiento cambió a su habitual despreocupación mientras le enviaba una sonrisa.
—La comida china siempre es una buena opción —dijo fácilmente, extendiendo la mano para ayudar a equilibrar toda la comida en la pequeña mesa de café.
—Entonces, Phainon, ¿estás listo para sumergirte en el mundo del cine de antaño? —preguntó Cipher, sentándose al otro lado de Phainon en el sofá, con una caja de fideos en su mano y un par de palillos listos.
—¡Claro! —Phainon le sonrió, inclinándose hacia adelante para inspeccionar las cajas de comida.
Arrastrando un poco los pies, Mydei se inclinĂł hacia adelante para tomar su propia porciĂłn cuando Phainon de repente se volviĂł hacia Ă©l y, sonriendo ampliamente, le preguntĂł quĂ© querĂa.
Sorprendido, murmurĂł su preferencia antes de volver a relajarse en su asiento y aceptar la caja, casi derramando su contenido cuando sintiĂł a sus dedos rozarse una vez más. Tratando de dejar de temblar, Mydei tensĂł sus mĂşsculos hasta estar seguro de que no se moverĂan y se sentĂł en silencio mientras Cipher preparaba el televisor para ver la pelĂcula, la caja en su mano se arrugĂł ligeramente bajo su agarre.
Iba a ser una noche larga.
DespuĂ©s de esa noche, era como si Phainon estuviera en todos los lugares a los que iba Mydei. Si Mydei estaba trabajando, casi podĂa garantizar Phainon aparecerĂa en la libreria en algĂşn momento durante su turno. Si estaba estudiando, Phainon parecĂa haber sincronizado su horario, ya que siempre se unĂa a Ă©l. Incluso cuando Mydei estaba comiendo en la cafeterĂa, la mayorĂa de las veces se encontraba compartiendo su mesa con el otro chico.
Phainon estaba a su alrededor todo el tiempo, siempre con esa gran sonrisa en su rostro, su cabello desordenado y ojos hermosos. Mydei no era un idiota, sabĂa por sĂ mismo que se estaba enamorando. No era la primera vez que se enamoraba de alguien completamente inalcanzable, y no solo por sus propios problemas, sino porque no habĂa forma de que le gustara a Phainon. Mydei era muy consciente de su personalidad, Phainon claramente era solo una persona amigable y este pequeño “enamoramiento” de Mydei era completamente unilateral.
El hecho de que Phainon le hubiera estado enviando mensajes de texto a diario desde ese viernes hace un par de semanas no significaba nada. Dado que no era el Ăşnico al que Phainon le habĂa estado enviando mensajes de texto.
ParecĂa que Cipher y Phainon tambiĂ©n se habĂan llevado bien despuĂ©s de esa noche. Mydei se habĂa encontrado observándolos mientras reĂan y bromeaban juntos, Cipher despeinaba el cabello de Phainon con un grado de afecto que Mydei estaba acostumbrado a ver reservado solo para unas pocas personas mientras Phainon sonreĂa ante el gesto.
Mydei hizo todo lo posible para no arrojarles la comida.
Mydei sabĂa que habĂa algo que no era del todo… normal en Ă©l. Otras personas no parecĂan tener los complejos que Ă©l tenĂa cuando se trataba de tocar a la gente. No era exactamente un problema, ya que tenĂa poca paciencia con la mayorĂa de las personas y tendĂan a mantenerse alejadas de Ă©l en general. Pero era algo que habĂa notado a lo largo de los años con lo que nadie más parecĂa tener que lidiar.
Cuando sus amigos lo tocaban, su corazĂłn latĂa más rápido, y no como en una pelĂcula romántica. Más bien como: “mi corazĂłn late tan rápido que creo que estoy a punto de desmayarme, mierda”. Fue solo gracias a que Mydei habĂa sido tan cercano a Cipher y su otra amiga, Castorice, desde que era niño que ya no se sentĂa tan ansioso cuando lo tocaban.
HabĂa mejorado considerablemente gracias a ellas desde entonces, tanto asĂ, que fueron ellas mismas quienes lo convencieron finalmente de ir a un salĂłn de tatuajes que conocĂan para trazar los diseños sobre su piel en los que tanto habĂa trabajado el propio Mydei desde que era adolescente; lo acompañaron y estuvieron con Ă©l en todo momento mientras hablaban con Ă©l para distraerlo de lo que sucedĂa.
Además, iniciar el contacto fĂsico no solĂa ser un problema, siempre que no pensara demasiado en ello. Sin embargo, habĂa momentos en los que estaba a punto de tocar su hombro o tomarlas del brazo para llamar su atenciĂłn, y se congelaba, con la mano a escasos centĂmetros. Ese pequeño espacio se sentĂa como un enorme cañón que se extendĂa por kilĂłmetros de distancia.
Mydei suspirĂł para sĂ mismo mientras se levantaba de su asiento, pues su conferencia ya habĂa terminado. Deslizando la correa de su bolso sobre su hombro, se dirigiĂł hacia la puerta, pensando en sus planes para el resto del dĂa. Se planteĂł en ir a la cafeterĂa a almorzar o si tenĂa la suficiente energĂa como para cocinar algo en casa. Caminaba por el patio cubierto de hierba, cuando el sonido de su nombre lo distrajo.
Phainon no era difĂcil de ignorar, ya que estaba corriendo hacia Ă©l con una gran sonrisa en su rostro y un brazo moviĂ©ndose sobre de su cabeza como si hubiera alguna posibilidad de que Mydei no pudiera verlo.
—¡Hola! ¿Acabas de salir de clase? —preguntó, con la voz un poco sin aliento por la carrera que acababa de hacer a través del patio.
—Sà —dijo, arrugando levemente la nariz mientras el otro chico casi se doblaba por la mitad, con las manos en las rodillas mientras luchaba por recuperar el aliento.
—¡Genial! —Phainon le sonriĂł, enderezándose gradualmente mientras su respiraciĂłn volvĂa a la normalidad—. Estaba tomando el sol con mis amigos —Phainon dijo, una mano agitando vagamente en la direcciĂłn de donde habĂa venido.
—¿Tomando el sol? —Mydei preguntó con una ceja alzada, absteniéndose de soltar una pregunta un poco más cruel.
—SĂ, tengo que absorber vitamina D de vez en cuando. Además, es una buena excusa para ver a mis amigos y tomar un descanso —él se riĂł, y Mydei tuvo un estĂşpido deseo de comentar mentalmente lo atractivo que se veĂa, riendo como si no le importara nada en el mundo—. Hablando de eso, deberĂas venir a conocerlos —Phainon dijo de repente, sacando a Mydei de su reprimenda mental de pensamientos estĂşpidos que solo pertenecĂan a novelas de amor cursis y pelĂculas con pintorescos sistemas de iluminaciĂłn.
—¿A quién? —preguntó tontamente.
—Mis amigos. Han estado pidiendo conocer al chico con el que paso mis descansos en la biblioteca y que me introdujo al cine clásico —se riĂł como si fuera una especie de broma que Mydei deba entender, pero la verdad es que estaba demasiado ocupado tratando de averiguar por quĂ© alguien podrĂa siquiera querer conocerlo—. Vamos, sĂ© que no tienes más clases hoy —dijo Phainon, extendiendo la mano y agarrando la muñeca de Mydei suavemente antes de tirar de Ă©l mientras regresaba por donde habĂa venido, balbuceando algo que a Mydei honestamente no le importaba en ese momento.
No podrĂa importarle menos cuando Phainon lo estaba tocando, sentir su mano rodear fácilmente la muñeca de Mydei. Como un reactivo quĂmico, su corazĂłn comenzĂł a latir con fuerza en su pecho y sintiĂł que algo en su garganta se paralizaba, dificultando su respiraciĂłn.
—¡Ya volvĂ! —Phainon gritĂł en voz alta, levantando su mano libre hacia un pequeño grupo de personas sentadas en la hierba bajo la pequeña cantidad de sombra proporcionada por un árbol. Todos miraban a Mydei con expresiĂłn de curiosidad, algunos más obvios que otros.
—Él es Mydei. Mydei, estos son mis amigos —Phainon procedió a detenerse frente a ellos, señalando a cada uno por turno mientras los presentaba.
—Estos son Aglaea y Anaxa, están estudiando psicologĂa, ella es Hyacine, ella está estudiando ciencias con especializaciĂłn en medicina, y ella es Cyrene, está estudiando literatura y lenguaje. March y Dan Heng están en clase ahora mismo. Ah, y ella es Stelle, ella estudia economĂa —la voz de Phainon claramente perdiĂł interĂ©s hacia la chica y el gesto frĂvolo de su mano solo cimentĂł su comportamiento indiferente.
—Hola —Mydei recordĂł sus modales básicos, pero para ser honesto, la mayor parte de su atenciĂłn seguĂa concentrada en la mano que aun sostenĂa su muñeca.
ÂżPhainon habĂa olvidado que se aferraba a Mydei como un niño lo harĂa con sus padres? ÂżCĂłmo pudo haberlo olvidado? La gente necesitaba usar sus manos, Phainon en particular tendĂa a gesticular salvajemente con las manos cuando hablaba, lo que resultĂł en que más de una persona fuera golpeada accidentalmente al pasar y recordĂł una ocasiĂłn memorable en la que logrĂł tirar su propia pila de libros de texto de su escritorio.
—Al menos podrĂas presentarme correctamente, Phainon —Stelle, la chica estaba repentinamente frente a Phainon y los dos rápidamente se enfrascaron en una amena discusiĂłn. Cyrene suspirĂł en voz alta, volviĂ©ndose a Mydei y asegurarle con un gesto que ese era un comportamiento familiar entre los dos.
Sin embargo, con Phainon finalmente distraĂdo y sus amigos mirando a Mydei con total atenciĂłn…
—Tengo que irme. Encantado de conocerlos —Mydei escupiĂł las palabras, su corazĂłn aĂşn escuchaba su corazĂłn latir salvajemente en sus oĂdos mientras se giraba y se alejaba rápidamente. IgnorĂł el grito de Phainon de su nombre, en su lugar se centrĂł en la comida que iba a preparar cuando llegara a casa.
Phainon suspirĂł malhumorado al ver que Mydei se alejaba rápidamente por el patio cubierto de hierba. TenĂa que haber sido su breve discuciĂłn con Stelle lo que ahuyentĂł al otro chico.
Fue sacado de sus pensamientos cuando Stelle repentinamente lo empujĂł al suelo, Phainon no pudo posicionarse para el ataque debido a que su atenciĂłn seguĂa agradablemente comprometida.
—¡Ah, eso no es justo! —Phainon escupiĂł mientras se sentaba, su coxis y su brazo izquierdo dolĂan por el impacto.
—No pensĂ© que podrĂa derribarte tan fácilmente. ParecĂas demasiado ocupado mirando el trasero de tu novio —Stelle le lanzĂł una mirada de suficiencia.
—No estaba mirando su trasero —Phainon refunfuñó, levantándose para sentarse a un lado de Cyrene—. Y Mydei no es mi novio —añadió en voz baja, con los ojos enfocados hacia abajo e incapaz de ocultar la decepción en su voz.
—Pero quieres que lo sea —Cyrene dijo en voz baja mientras Anaxa comenzaba a quejarse de algo en voz alta sobre la clase que compartĂa con Aglaea.
Phainon se encogiĂł de hombros pero no respondiĂł, con los ojos fijos en su brazo izquierdo mientras tocaba el área que le dolĂa. Cyrene no estaba equivocada; Phainon habĂa sentido atracciĂłn inmediata al verlo por primera vez y solo habĂa crecido desde que conociĂł mejor a Mydei.
Pero, sinceramente, Phainon no estaba seguro de que realmente le gustara a Mydei.
Se habĂa marchado lo más rápido posible. Mydei tampoco era muy aficionado al contacto fĂsico, algo que Phainon nunca habĂa visto en nadie antes, siempre se ponĂa tenso cuando Phainon lo tocaba. ParecĂa que estaba extremadamente incĂłmodo con el contacto fĂsico. Phainon habĂa pensado que tal vez era asĂ con todos, pero habĂa visto a Mydei interactuando con Cipher y no parecĂa tener problemas cuando se trataba de ella.
ÂżY si fuera solo Phainon? ÂżY si a Mydei realmente no le agradaba Phainon y era demasiado amable como para decirle?
Bueno… Mydei temiendo decirle a alguien que se vaya a la mierda era poco probable, pero definitivamente algo estaba pasando allĂ.
—No sĂ© si realmente le gusto, para ser honesto —Phainon murmurĂł con los ojos todavĂa fijos en su brazo.
—Phainon —Cyrene extendiĂł la mano y agarrĂł su brazo ileso con una sonrisa alentadora en su rostro—. Estoy segura de que es tĂmido. Se sonrojĂł bastante cuando lo trajiste aquà —Cyrene le dio un pequeño apretĂłn a su brazo.
—¿En serio? —Phainon se sorprendiĂł, ya que no habĂa notado nada. Por otra parte, habĂa estado más concentrado en la emociĂłn que habĂa sentido al presentar al chico que le gusta a sus amigos.
—No mentirĂa —dijo Cyrene.
—Me gusta mucho. Mydei es, no es como nadie que haya conocido antes —Phainon dijo seriamente, sorprendiéndose a sà mismo con su honestidad.
—Entonces pĂdele una cita al tipo, tonto —Stelle dijo de repente en voz alta, provocando que Phainon se sobresaltara un poco porque no se habĂa dado cuenta de que la chica estaba prestando atenciĂłn a su conversaciĂłn. De alguna forma, Stelle siempre habĂa estado muy en sintonĂa con todo lo que hacĂa Phainon, a pesar del hecho de que estaba enamorada de Dan Heng.
—¡Realmente no creo que estés en posición de decirme eso! —exclamó Phainon.
Stelle se sonrojĂł, claramente haciendo la conexiĂłn, y dio un paso amenazante hacia Phainon, antes de que Cyrene interviniera.
—Debo irme, tengo clase de cualquier modo —Phainon se puso de pie, arrojando su bolso sobre su hombro y enviándole a una Stelle enojada una mirada divertida.
Con un rápido saludo, Phainon caminĂł a su siguiente clase, que en realidad era en unos veinte minutos, pero querĂa alejarse un poco de sus amigos y pensar. ÂżRealmente Mydei se habĂa sonrojado cuando lo habĂa tocado? Honestamente, a Mydei no parecĂa gustarle mucho, y solo respondiĂł a los muchos mensajes de texto que Phainon le enviaba la mitad del tiempo. Claro, muchos de ellos eran tontos asĂ como muchas de las respuestas de Mydei en realidad parecĂan gritarle a Phainon que dejara de enviarle mensajes. Pero, supuso Phainon, al menos era algĂşn tipo de respuesta.
Estaba tan ocupado pensando en eso que casi chocó con Cipher cuando se detuvo frente a él con una gran sonrisa.
—Pareces estar pensando demasiado alto, Phainon —dijo con una carcajada mientras él se tambaleaba un poco en un esfuerzo por no chocar contra Cipher.
—Ah, lo siento —Phainon balbuceó, avergonzado.
—¿Qué tiene tu cabeza en las nubes? —preguntó.
—Acabo de ver a Mydei. Lo presentĂ© a mis amigos… —Phainon callĂł, una vez más decepcionado por lo rápido que Mydei se habĂa ido.
Cipher, para su sorpresa, no se rió como esperaba. En cambio, una mirada de comprensión pasó por su rostro, teñida por una diversión siempre presente.
—DĂ©jame adivinar, ÂżMydei se veĂa incĂłmodo y se fue tan pronto como pudo?
—¿Es algo que él hace? —preguntó Phainon, la frustración se filtró en su voz—. Cada vez que pienso que le gusto, hace algo asà y no lo sé —se pasó una mano por el cabello con irritación.
—No te preocupes —Cipher le dio una suave palmada en el hombro—. A Mydei realmente le gustas.
—Bueno, no se siente asà la mayor parte del tiempo. Es como si… mi toque le repugnara.
Cipher lo mirĂł con seriedad por un momento antes de hablar.
—Mydei no tiene ningĂşn problema en decirle a la gente lo que piensa la mayor parte del tiempo. Pero cuando se trata de contacto fĂsico, es la persona más tĂmida que he conocido. Le tomĂł años asimilarme y no tensarse hasta el punto de hiperventilar cada vez que lo abrazaba. A veces, incluso ahora, actua un poco extraño al respecto. Es solo una parte de quiĂ©n es Mydei.
Entonces, esto era algo de Mydei.
—No es que no quiera que lo toques, más bien no sabe qué hacer consigo mismo cuando lo haces —Cipher de repente le guiñó un ojo—. Y me refiero a tocar en cualquier sentido.
Phainon dejĂł escapar una risa sorprendida, sus mejillas se sentĂan un poco calientes pero su estĂłmago se llenĂł agradablemente de mariposas ante la idea de “tocar” a Mydei como sugerĂa el guiño de Cipher.
—Entonces, ¿no me odia? —preguntó, sintiéndose como un niño pero necesitando escucharlo de alguien.
—De ninguna forma. Realmente le gustas.
—Gracias. Realmente necesitaba escuchar a alguien decir eso —Phainon no podĂa borrar la sonrisa de su rostro por mucho que lo intentara.
Phainon se volviĂł hacia su propia clase, sintiĂ©ndose completamente eufĂłrico y sacando su telĂ©fono. Le enviĂł un mensaje de texto rápido a Mydei para decirle que querĂa almorzar con Ă©l mañana, no aceptarĂa ninguna excusa, ni siquiera le importĂł que no pudiera concentrarse en su clase en lo absoluto.
Mydei no estaba muy seguro, pero tenĂa la vaga sensaciĂłn de que Phainon y Ă©l podrĂan estar… saliendo.
Era completamente ambiguo y nunca lo mencionaron. Phainon estaba ahĂ todo el tiempo, hablando y, si no estaba fĂsicamente allĂ, le estaba enviando mensajes de texto a Mydei con pensamientos sin sentido, imágenes graciosas o pequeños videos de gatitos y cosas estĂşpidas que estaban haciendo sus amigos, incluso un pedazo de excremento que habĂa visto en el suelo (habĂa sido repugnante e hilarante a partes iguales).
Como si eso no hubiera sido suficiente, Phainon se notaba increĂblemente emocionado cuando almorzaron juntos el otro dĂa. Mydei preguntĂł brevemente si acaso se habĂa metido en el alijo de drogas de alguien, pero todos los pensamientos sobre tal cosa habĂan desaparecido de su mente cuando Phainon lo agarrĂł por los hombros y se inclinĂł hacia su rostro, con sus narices casi tocándose.
—Habrá un Festival de Cine cerca de la playa este fin de semana. Vamos.
Entre el rápido latir de su corazĂłn por la repentina proximidad de Phainon, asĂ como la emociĂłn que sentĂa ante la idea del festival, Mydei no logrĂł resistirse al implacable entusiasmo de Phainon.
Asà fue como Mydei se encontró a las cinco en punto de un viernes por la noche, observando la playa que se abarrotaba rápidamente cuando los coordinadores del evento finalmente terminaron de instalar la pantalla y el sistema de altavoces.
—¡Mydei!
Mydei se dio la vuelta para encontrar a Phainon de pie detrás de Ă©l, esa estĂşpida y hermosa sonrisa en su rostro a la luz del sol que se desvanecĂa.
—Hola —dijo automáticamente, mirando la gran bolsa que Phainon tenĂa en la espalda junto con la manta que habĂa metido bajo el brazo.
—Vamos a buscar un buen lugar antes de que estĂ©n todos ocupados —Phainon se volviĂł hacia el camino que bajaba a la playa mientras Mydei lo seguĂa rápidamente.
HabĂa tanta gente dando vueltas que Mydei rápidamente se encontrĂł quedándose atrás, estaba tratando de rodear a un tipo que ocupaba demasiado espacio con lo que Mydei estaba bastante seguro que era una mochila de excursionista, cuando una mano con la que se estaba familiarizando rápidamente se deslizĂł en la suya. Phainon lo acercĂł suavemente, antes de soltarlo para envolver su brazo alrededor de los hombros de Mydei y abrirse paso entre la multitud.
Mydei tratĂł de concentrarse en mantener la respiraciĂłn estable mientras era presionado contra el horno viviente que era el pecho de Phainon. PodĂa oler esa estĂşpida colonia que le gustaba a Phainon y la tela de algodĂłn de su camisa rozándolo. ApretĂł los puños con fuerza en un esfuerzo por evitar que temblaran.
Phainon se detuvo a una distancia razonable de la enorme pantalla, con suficiente espacio para soltar a Mydei y extender rápidamente la manta sobre la arena suave y seca. Dejándose caer sobre la mitad de la manta, ya hurgando en su mochila, Mydei trató de luchar contra la leve sensación de cariño que lo golpeó cuando notó que la manta era demasiado pequeña y sus pies jugueteaban en la arena.
—Traje algo de comida, espero que no te importe, pero comprĂ© lo que comimos en tu casa la Ăşltima vez —levantĂł la vista y Mydei pudo sentir que los latidos de su corazĂłn se aceleraban sin que siquiera la idea de contacto fĂsico pasara por su cerebro.
Sentándose a su lado, Mydei extendiĂł la mano hacia el recipiente que Phainon le tendiĂł y sus dedos se rozaron. Esta vez, no sucediĂł nada, su corazĂłn ya latĂa con fuerza, y Mydei permitiĂł que una pequeña sonrisa cruzara su rostro cuando su mirada se encontrĂł con los hermosos ojos de Phainon. Se quedaron asĂ por un momento antes de que una voz fuerte resonara en la playa y ambos miraran hacia la pantalla donde pudieron ver a un tipo de pie con un micrĂłfono dándoles la bienvenida a todos.
Acomodándose sobre la manta, los dos cenaron, luego usaron la mochila de Phainon como almohada. Al principio, Mydei se habĂa sentado rĂgidamente, pero Phainon o no se habĂa dado cuenta o lo ignoraba perfectamente, ya que sujetĂł el brazo de Mydei y lo jalĂł hacia abajo para que se acostara a su lado. Mydei se encontrĂł recostado sobre una manta en la arena, presionado al lado de Phainon y el brazo del chico envolviĂ©ndolo por completo. Estaban tan juntos que Mydei sabĂa que si movĂa la cabeza un poco hacia la izquierda su nariz terminarĂa rozando la mejilla de Phainon. Su corazĂłn habĂa estado latiendo salvajemente por un rato, y antes de que se diera cuenta, habĂan visto tres pelĂculas juntos en la arena y Mydei no estaba teniendo un ataque interno. De hecho, se sentĂa casi somnoliento.
Fue agradable.
Cuando terminĂł la noche, se pusieron de pie y Mydei recogiĂł la basura mientras Phainon se quitaba el montĂłn de arena de encima. Luego, Phainon tomĂł la mano libre de Mydei una vez más mientras salĂan de la playa. Hablaron sobre las pelĂculas camino a casa, tanto que Mydei casi se sorprendiĂł cuando se detuvieron y se dio cuenta de que ya estaban de pie frente a su puerta.
—Gracias por venir conmigo —Phainon dijo en voz baja, acercándose más de lo habitual y mirando directamente a Mydei. Sintió el calor traidor subiendo por sus mejillas una vez más mientras se miraban el uno al otro bajo la luz del porche.
De repente, un pensamiento llegĂł a su mente.
Esta era la parte en la que lo tomaba de la mano, Âżverdad? En las pelĂculas, esta era la parte en la que se necesitaba contacto fĂsico para demostrar que veĂas a alguien como un posible interĂ©s amoroso. Eso era lo que hacĂa la gente, lo que hacĂa la gente normal. Todo lo que tenĂa que hacer era extender la mano y tocar a Phainon, eso era todo. Demonios, básicamente habĂa estado acurrucado junto al chico durante las Ăşltimas horas; un simple toque no deberĂa ser un problema. Esto deberĂa ser fácil.
¿Por qué no lo fue?
Apartando la mirada, Mydei forzĂł su mano a moverse y hacer contacto brevemente con el brazo de Phainon mientras palabras confusas escapaban de su boca diciendo que Ă©l tambiĂ©n la habĂa pasado bien. No estaba muy seguro de que Phainon recibiera el mensaje, ya que no podĂa escuchar nada más que el sonido de su corazĂłn atronador. Dios, probablemente Phainon podĂa oĂrlo, latĂa tan fuerte. Su cabeza daba vueltas; se preguntĂł si se iba a desmayar, estaba bastante seguro de que en realidad no estaba respirando.
Se estaba preguntando si alguna vez habĂa estado en una situaciĂłn más vergonzosa que desmayarse frente al chico que le gusta solo porque no podĂa funcionar como un ser humano normal, cuando fue sacado de sus pensamientos por los brazos que lo envolvieron con fuerza.
La colonia de Phainon llenĂł sus sentidos mientras su calor lo rodeaba. Estaba de pie al lado de la calle frente al lugar al que llamaba hogar. Acababa de iniciar contacto con el chico que le gusta, y en lugar de desmayarse por la falta de oxĂgeno, Phainon estaba de pie allĂ con Ă©l, con los brazos envueltos firmemente a su alrededor.
No estaba seguro de cuánto tiempo estuvieron asĂ, pero su corazĂłn desembocado casi habĂa vuelto a su ritmo normal cuando Phainon se apartĂł lentamente, con una suave sonrisa en su hermoso rostro.
—Te llamo luego.
Luego, Phainon se apartĂł y se volviĂł para ir calle abajo. Mydei se quedĂł allĂ por un momento antes de girarse y entrar, solo para ser sorprendido por Cipher saltando frente a Ă©l tan pronto como habĂa cerrado la puerta.
—¡Mydei! ¡Eso fue adorable! —chilló, evidentemente habiendo estado mirando a través de las cortinas.
—Cállate —gruñó, pero sus palabras carecĂan de la fuerza habitual mientras sentĂa las mariposas aĂşn revoloteando en su estĂłmago. Era una buena sensaciĂłn, una que no le hacĂa sentirse mal, solo diferente, de una manera que no puede explicar.
—¡Mira esa sonrisa en tu rostro! ¡Mydei, estás enamorado! —prácticamente gritó, saltando frente a él con entusiasmo.
—¿Qué pasa? —Castorice apareció repentinamente, su voz sonaba somnolienta mientras miraba fuera de su habitación con el cabello ligeramente desordenado.
—¡Hay noticias, Mydei tiene novio! —Cipher exclamó antes de que Mydei pudiera hacer más que apartarla de él.
—¿En serio? ÂżY no me lo dijiste? —preguntĂł Castorice, pero Mydei simplemente empujĂł a Cipher y se dirigiĂł a su habitaciĂłn. Cerrando la puerta más fuerte de lo que quizás era necesario, no logrĂł bloquear los chillidos y gritos provenientes de la sala, pero Mydei simplemente se moviĂł hacia el pequeño espejo que tenĂa en su habitaciĂłn.
Efectivamente, habĂa una sonrisa en su rostro y, a pesar de que sus mejillas estaban rojas y podĂa ver un poco de arena que de alguna manera se habĂa pegado a su cabello, se veĂa… feliz.
Mydei se preguntĂł si asĂ era como se sentĂa enamorarse.