A pesar de lo que dijera Cipher, Mydei no estaba ebrio.
No podía recordar exactamente por qué estaba en una fiesta con un grupo de universitarios que no conocía. No podía recordar tan siquiera de quién era esta casa. Pero los hechos importantes fueron estos: Cipher mentía acerca de que tal vez Mydei estuviera borracho.
Y aparentemente Phainon también estaba en esta fiesta.
Cuando ese pensamiento volvió a su mente, Mydei trató de enfocar su mente después de perderse mirando fijamente algún punto detrás de la cabeza de Cipher mientras la chica seguía hablando con Castorice. Phainon estaba en algún lugar de esta casa y Mydei tenía la intención de encontrarlo.
Al ponerse de pie, sintió que su mundo se inclinaba peligrosamente hacia un lado y su visión se nubló por un instante antes de parpadear y encontrarse mirando fijamente una camisa azul de algodón. Parpadeando una vez más, extendió la mano para tocar la camisa y descubrió que todavía sostenía su propio vaso de plástico con ron y coca-cola.
—Oye —una voz cálida llamó su atención y torpemente miró hacia arriba, solo para encontrar unos familiares ojos azules mirándolo con una hermosa sonrisa—. ¿Estas bien? —preguntó Phainon, apartando a Mydei ligeramente luego de desplomarse en los brazos de Phainon.
—Sí, te estaba buscando —dijo Mydei, una pequeña sonrisa subiendo por sus labios mientras se acercaba y se aferraba a la parte superior del brazo de Phainon con su mano libre, tanto por gusto como porque el mundo a su alrededor no había dejado de girar.
—¿En serio? —Phainon dijo soltando una risa. Mydei se preguntó si alguien le había contado un chiste y él se lo perdió. No es que realmente le importara.
—Necesito sentarme —anunció, alejándose un poco de Phainon y entrecerrando los ojos tratando de buscar un lugar donde pudiera sentarse y con suerte el mundo dejara de moverse tan rápido.
—Aquí, detrás de ti —las manos de Phainon estaban calientes sobre sus hombros mientras guiaba a Mydei hacia atrás hasta sentir que algo golpeaba la parte de atrás de sus rodillas y dejarse caer en el sofá, con el líquido de su bebida derramándose un poco mientras lo hacía—. Cuidado —dijo Phainon, extendiendo la mano para cubrir la suya que aun sostenía el vaso.
Con cierta dificultad, Mydei logró enfocar sus ojos en el chico frente a él, Phainon le seguía sonriendo dulcemente mientras miraba hacia abajo en la posición sentada de Mydei. Permitiendo que una sonrisa cruzara el rostro de Mydei, extendió la mano y sujetó la parte inferior de la camisa de Phainon con su mano libre, inclinándose hacia adelante para que pudiera descansar su frente contra lo que resultaron ser abdominales bastante firmes.
—¿Estás bien? —la voz de Phainon venía de muy lejos, Mydei pudo haber dejado escapar un sonido de afirmación o algo así, no estaba seguro. Se sentía bien estar tan cerca de Phainon, sentir ese olor agradable que nunca dejaba de calentar su vientre—. Mydei, escuchame —sintió la mano libre de Phainon recorrer su cabello, lo cual también era agradable. Le gustaba mucho y probablemente debería decírselo a Phainon.
Gimiendo lastimosamente en protesta cuando fue apartado ligeramente, Mydei trató de concentrarse en esos ojos azules que estaban mucho más cerca que antes.
—¿Cuánto has bebido? —preguntó Phainon, con un tinte de diversión, pero aun hablando con seriedad.
Mydei lo miró parpadeando, esperando que se hiciera a la idea de que Mydei no tenía idea de qué diablos estaba hablando.
—Mydei, concéntrate.
La mano de Phainon se sentía tan agradable y cálida en su hombro. Siempre fue era tan cálido. Como un horno viviente. ¿Tenía el sol dentro de él o algo así?
—No exactamente —Phainon reía de nuevo. Sonaba tan bien—. Mydei, ¿cuánto has bebido? —preguntó Phainon lentamente, mirando sus manos todavía unidas alrededor del vaso aun en manos de Mydei.
—Encontraste mi bebida —Mydei le sonrió. Phainon era realmente útil.
—Definitivamente has bebido demasiado —Phainon suspiró, pero Mydei estaba más interesado en terminar su bebida—. Voy a buscar a las chicas, ¿de acuerdo? Quédate aquí —Mydei se reclinó en su asiento y asintió distraídamente, con el vaso en sus labios mientras lentamente bebía el líquido.
Inclinando la cabeza hacia atrás mientras Phainon se movía entre la multitud de estudiantes que bailaban y bebían, Mydei permitió que sus ojos se cerraran y que la somnolencia se apoderara de él.
Cuando volvió a abrirlos se dio cuenta de que la iluminación era diferente, mucho más tenue, y Phainon estaba de vuelta, podía olerlo. Estaba apoyado en Phainon, quien trataba de mantenerlo erguido, antes de sentir ser recostado sobre algo suave con un brazo firme aun alrededor de su cintura.
—Cálido —murmuró, haciendo que Phainon se riera levemente. Mydei estaba tan cerca que podía sentir la risa del otro chico más que oírla.
—Toma, bebe esto antes de quedarte dormido. Te hará sentir mejor por la mañana —dijo Phainon, empujando algo en la mano de Mydei mientras lo ayudaba a levantarse de nuevo.
Tarareando de acuerdo, Mydei hizo lo que se le dijo y se tragó lo que fuera que Phainon le había dado, sin importarle que pudiera tratarse de otra cosa, como drogas. Estaba bastante seguro de que al chico no le gustaba esa mierda. Y Phainon lo cuidaría.
—¿Dormir? —preguntó una vez que Phainon apartó el vaso de sus manos.
—Sí, puedes dormir ahora —la voz de Phainon era tan cálida como el resto de él, y Mydei se inclinó hacia él una vez más. Una emoción se enroscó alrededor de su pecho mientras dejaba escapar un profundo suspiro, la sensación de unos dedos recorriendo su cabello fueron suficiente como para adormecerlo.
La conciencia regresó lentamente. Todo se sentía confuso: sus pensamientos, en qué estaba acostado, el mundo en general. Sí, claramente había bebido demasiado la noche anterior si la mejor palabra en que podía pensar para describir el mundo en general era: confuso.
Inhaló profundamente, abriendo los ojos solo para cerrarlos fuertemente ante la luz matutina detrás de las cortinas aun cerradas.
No sabía de quién era la cama en la que estaba acostado, ni conocía la habitación en la que se encontraba. Pero el esponjoso cabello blanco apoyado contra el costado de la cama le dio la idea de que estaba en el dormitorio de Phainon. La otra cama vacía apoyada contra la pared del fondo de la habitación consolidó aún más esta idea.
Se movió para rodar sobre su costado, dejando escapar un pequeño gemido principalmente por el esfuerzo que tal acto encapsulaba, pero sin indicio alguno de dolor de cabeza. Tenía un vago recuerdo de Phainon diciéndole que se tragara algunas pastillas antes de quedarse dormido.
El ruido debió haberle alertado a Phainon que estaba despierto, ya que el chico se dio la vuelta desde el suelo donde estaba sentado y le ofreció una sonrisa divertida.
—¿Cómo te sientes? —preguntó en voz baja.
Mydei trató de decir algo sensato como “bien”, pero todo lo que salió de su boca fueron palabras intelegibles al darse cuenta de lo seca que estaba su garganta.
Phainon se rió.
—Toma —todavía sentado en el suelo, se acercó a su mesa de noche y tomó el vaso de agua antes de entregárselo a Mydei. Levantándose con un brazo y tomando el vaso con la mano libre, tomó unos sorbos cautelosos antes de beberlo correctamente cuando su estómago no se rebeló contra él.
Al terminar, devolvió el vaso a la mano de Phainon y se recostó en la cama, no del todo preparado para levantarse y enfrentar el mundo todavía.
—Entonces —diversión entrelazó el tono de Phainon—. ¿Cómo te sientes esta mañana?
Mydei hizo un ruido que esperaba que Phainon pudiera interpretar como: “como si algo hubiera muerto en mi boca mientras dormía una semana entera, gracias por todo lo que hiciste por mí anoche”.
—Eres lindo, especialmente cuando estás tan borracho —Phainon continuó; ganándose una media mirada mientras el otro ojo de Mydei estaba enterrado en la almohada que consideraba usar para asfixiar a Phainon.
Phainon se rió de nuevo, descansando un brazo y un codo en la cama, con la cabeza apoyada en la mano derecha. Había algo terriblemente afectuoso en la dulzura de sus ojos cuando miraba a Mydei, y por bien de su salud mental, Mydei no se atrevía a afrontarlo aun. En cambio, miró hacia abajo, con los ojos siguiendo el brazo izquierdo de Phainon que descansaba en la cama justo frente a él. Colocado de tal manera que uno de los brazos de Mydei estaba demasiado cerca de la mano de Phainon. Tanto, que apenas tendría que moverse para tomar la mano de Phainon entre las suyas.
Mydei sabía por experiencia que las manos de Phainon eran sorprendentemente suaves. También eran cálidas.
Quería tomar su mano.
Estaba tan cerca, ni siquiera tendría que mover su mano, simplemente podría estirar sus dedos y tocar la piel de Phainon. Podría sentir ese calor, allí mismo, irradiando sobre su propia piel. El rápido latir de su corazón golpeaba con fuerza contra su caja toracica mientras sentía una oleada de calor recorrer su columna vertebral.
La mano de Phainon estaba allí, solo tenía que tomarla. Había nulas posibilidades de que Phainon lo rechazara, por lo que esa no podía ser una excusa en este momento.
¡Tenía su mano justo allí!
El movimiento repentino de Phainon lo tomó con la guardia baja, tan perdido en sus propios pensamientos frustrantes y casi a punto de entrar en pánico. Phainon se había levantado del suelo y Mydei de repente se encontró envuelto en brazos agradablemente cálidos mientras Phainon se recostaba junto a él. Mydei pudo escuchar palabras suaves penetrando su bruma de pensamientos.
—Está bien, estoy aquí y está bien —Phainon repetía una y otra vez, con voz suave y tranquilizadora, como si hablara con un niño.
Mydei sintió que una parte orgullosa de él quería alejar a Phainon, decirle que no lo necesitaba y que estaba bien, maldita sea. Pero una parte más grande y necesitada de su mente le dijo firmemente a esa parte orgullosa que se alejara. Necesitaba esto.
—Solo concéntrate en respirar, Mydei —la voz de Phainon continuó sonando en sus oídos, y tardíamente se dio cuenta de que su estúpida mano que antes se había negado a moverse estaba ahora presionada entre sus pechos mientras era sostenida por Phainon, ayudándole a sentir las propias inhalaciones y exhalaciones, forzando lentamente la propia respiración de Mydei a igualarse.
No estaba seguro de cuánto tiempo estuvieron así; la voz de Phainon era un murmullo constante en la quietud de la habitación, sus brazos nunca vacilaron en su cálido y protector abrazo. Finalmente, cuando Mydei sintió que comenzaba a quedarse dormido Phainon se alejó un poco, manteniendo sus brazos alrededor de Mydei, pero lo suficientemente lejos como para que Mydei se viera obligado a mirarlo.
—Oye, no estoy seguro de qué está pasando, pero quiero decirte que está bien —su voz era suave en la penumbra.
Está perdido.
Sentado en el suelo de su dormitorio, de espaldas a la cama que actualmente era ocupada por el chico más lindo que Phainon había visto en su vida, permitió que su mente volviera a la noche anterior mientras el sol se asomaba lentamente a través de las cortinas en la oscura habitación.
Mydei borracho había sido una cosa hermosa, incluso si había causado que el pobre corazón de Phainon sufriera por los toques y roces de su suave piel contra la suya.
Había levantado a Mydei para poder llevarlo a su dormitorio (simplemente porque estaba más cerca que el dormitorio compartido de Mydei). Cuidando a su quizá-novio inconsciente, Phainon había pasado la noche dormitando en el suelo, con una cubeta lista por si acaso. Esta no era la primera vez que se sentaba con un amigo visiblemente ebrio asegurándose de que no se atragantara con su vómito mientras dormía.
Cuando Mydei finalmente despertó, Phainon no pudo evitar sentirse un poco decepcionado cuando el chico se quejó y solo tomó su broma con aire de “no me molestes”. Le había tomado unos segundos darse cuenta de que Mydei no lo estaba escuchando, sino que estaba mirando fijamente la mano que Phainon había apoyado inconscientemente contra la cama para mantener el equilibrio, la mano que estaba tan cerca de la de Mydei.
Observando en silencio, Phainon prácticamente podía ver la batalla interna que Mydei estaba librando consigo mismo, sus hermosos ojos dorados fijos en su objetivo mientras el resto de su cuerpo parecía haberse paralizado.
Phainon había esperado en silencio, pacientemente, a que se acercara y tomara su mano como sabía que Mydei quería. Pero, cuando la respiración de Mydei comenzó a acelerarse y sus ojos desarrollaron un brillo sospechoso en ellos, Phainon se mostró cauteloso y tomó su mano en la suya, levantándose del piso y trepando a su pequeña cama con el otro chico, con su brazo libre envolviendo a Mydei y tirando de él hacia su pecho, mientras el otro aun sostenía su mano con fuerza.
—Está bien —susurró, con su aliento acariciando el cabello de Mydei mientras lo hacía—. Puedo esperar, estoy dispuesto a esperar hasta que puedas hacerlo. Sé que podrás. Un día ni siquiera dudarás en tomar mi mano. Puedo esperar —apretó su brazo alrededor de Mydei, queriendo que prestara más atención a sus próximas palabras—. Y te lo prometo, mientras aun no puedas hacerlo, voy a alcanzarte. Tomaré tu mano si no puedes alcanzar la mía.
La mano húmeda dentro de la suya se apretó hasta un grado casi doloroso y la otra se curvó contra su espalda, la camisa de Phainon se tensó con el movimiento.
—Está bien —Phainon susurró, esperando a que la respiración de Mydei se nivelara una vez más.
La habitación estaba en silencio excepto por el sonido de su respiración, casi haciendo a Phainon dormitar ligeramente, hasta que Mydei finalmente habló.
—No sé cómo se llama —dijo en voz baja, pronunciando cuidadosamente cada palabra, como si estuviera contando un secreto—. Es algo que siempre ha estado ahí, desde que tengo memoria. Cuanto más conozco a la persona, menos me molesta tocarla. Pero, con extraños simplemente, no puedo —sonaba tan frustrado consigo mismo, Phainon presionó sus labios contra el cabello de Mydei en un apoyo silencioso—. Quiero hacerlo, a veces —Mydei susurra, como si esta fuera una confesión que le avergonzara—. Quiero poder tocar a la gente como una persona normal. Incluso un roce de manos me pone tenso la mitad del tiempo. Solo quiero ser normal.
Phainon podía imaginarlo cerrando los ojos con fuerza mientras decía la última parte, furioso con su cuerpo por traicionar su mente.
—No sé por qué a veces puedo hacerlo y otras veces no. Quiero hacerlo, pero es como si todo mi cuerpo se congelara. A veces mis manos tiemblan tanto que termino haciendo que mis palmas sangren por cerrar mis puños con tanta fuerza para que dejen de temblar.
Deja escapar una pequeña risa que parece más un sollozo y presiona su frente en el espacio entre la clavícula de Phainon.
—¿Por qué querrías cargar con eso? —susurró en voz baja, ahora ligeramente amortiguada.
—Te lo dije antes. Resolveremos esto y, antes de que te des cuenta, no podrás apartar tus manos de mí —Phainon inyectó tanta diversión como pudo en su voz, con la esperanza de aliviar el mal humor que se había apoderado de ellos—. Mientras tanto, podemos tomarnos las cosas con calma.
Frotó su pulgar sobre el dorso de la mano de Mydei para reconfortarlo mientras continuaban recostados juntos en la cama de su dormitorio a la penumbra de un nuevo día.
—Lo digo en serio, Mydei, realmente me gustas y voy a esperar todo el tiempo que sea necesario hasta que te sientas cómodo.
Phainon no estaba seguro de si estaba destinado a escuchar el pequeño “gracias” contra su camisa, pero llenó su pecho de calidez y lo hizo solo más decidido a permanecer con este extraño y maravilloso chico.
Mydei frunció el ceño. No podía decidir qué película ver esta noche.
Cipher había salido por la noche a beber en celebración de algo y Castorice iba a volver a casa más tarde por culpa de su último proyecto. Quería cambiar un poco el ambiente, así que se decidió por una historia cursi al no tener que preocuparse de lidiar con las burlas de sus amigas. Aunque Castorice realmente solo sonreía como si no hubiera mañana y Cipher no dejaba de críticar en voz alta toda la película.
Estaba a punto de elegir algo cuando el sonido de una llave girando en la cerradura de la puerta principal lo hizo detenerse. Tardó más en preguntarse quién era cuando la puerta se abrió con un fuerte golpe y Cipher irrumpió en la casa.
—¡Mydei! Nunca adivinarás lo que encontré camino a casa —se rió a carcajadas, el sonido de dos pares de pasos viniendo por el pasillo.
—¿Qué encontraste? —murmuró Mydei, recostándose en el sofá en un esfuerzo por ver el pasillo.
Sin embargo, al ver la tímida sonrisa de Phainon, se relajó.
—¡Hola, Mydei! Recordé que tienes la noche libre, así que compré algunos pasteles y, si eso no te convence, un amigo sugirió una película que pensé que podríamos ver juntos.
Mydei parpadeó, sinceramente sorprendido. Después de su… charla, el otro día, Mydei había estado evitando hablar con Phainon de nuevo. Preocupado de que el otro chico lo tratara de manera diferente o, peor aún, admitiera haber cambiado de opinión. Pero al parecer no tenía que preocuparse por ello, ya que Phainon no estaba actuando diferente a como lo hace normalmente.
—Oh, ¿noche de cita? —Cipher canturreó alegremente.
—¿No ibas a salir esta noche? —Mydei preguntó intencionalmente. La sonrisa de Cipher, si era posible, se hizo más grande.
—Solo vine por mi teléfono, lo olvidé. Estaré fuera en un minuto —agitó una mano descuidadamente sobre su hombro mientras continuaba por el pasillo hacia su habitación.
Phainon se sentó y comenzó a desempacar la comida mientras Mydei preparaba la película. Mydei miró el espacio en el sofá por un momento antes de respirar profundamente y moverse más hacia el centro y por ende, más cerca de Phianon. La combinación de su peso cerca del centro hizo que la gravedad venciera y Mydei se encontrara presionado nuevamente contra Phainon desde la cadera hasta la rodilla.
Ignorando el calor que sentía florecer debajo de su cuello, Mydei se concentró en la comida y la película mientras hacía clic en los botones para que se reprodujera. Ninguno de los dos dijo nada.
Las siguientes semanas pasaron de manera similar, con Phainon buscando a Mydei y pasando tiempo juntos. Phainon se acercaba tanto, a veces demasiado, y esperaba pacientemente mientras Mydei luchaba por alcanzarlo.
A veces, lo lograba, con toques torpes e incómodos. Hubo un momento en que pudo ver a Phainon al otro lado de la cancha cubierta de hierba, de pie al sol con sus amigos. Mydei se acercó a él y logró deslizar su mano en la de Phainon, sin dudarlo ni un momento. La sonrisa de Phainon ese día se sentía más cálida que el sol. Mydei recibió felizmente un rápido beso en sus labios, a pesar de los abucheos que los amigos de Phainon les lanzaron.
A veces, cuando su corazón latía demasiado fuerte en sus oídos, ahogando todo lo demás, o sus dedos temblaban tanto, lo único que podía pensar en hacer era apretarlos en puños, sentir sus uñas hundirse en la carne de sus palmas tratando de disimularlo. Pero ahora una mano grande y cálida sostendría sus puños cerrados, relajándolo lentamente, entrelazando sus dedos. Miraría a su lado y se encontraría con unos ojos cálidos, y una pequeña sonrisa en los labios de Phainon.
Era aterrador permitirse estar tan cerca de otra persona.
Era estimulante.
Era asombroso, increíble, más de lo que Mydei jamás podría haber soñado.
Quería más.
Phainon era tan cuidadoso, no lo presionaba, era tan considerado con sus límites. Era más de lo que Mydei había pensado que encontraría en otra persona. Pero le gustaba tanto. Quería más de Phainon, más que tomarse de la mano y besos ligeros, más que estar uno al lado del otro sentados comodamente en el sofá. Había estado pensando en ello toda la semana, pensando en ello cuando se suponía que debía estar estudiando y concentrarse en sus asignaturas. Incluso se había sorprendido a sí mismo en una de sus clases pensando en el otro chico y en todo lo que podían hacer juntos.
Mydei había decidido que esta noche iba a ser la noche; iba a decirle a Phainon que quería que pasaran al siguiente nivel… Dios, se sentía como un adolescente tonto incluso pensando en tal cosa.
Sabía que Cipher saldría por la noche con Castorice. La casa era sería completamente suya y no dudo más tiempo antes de invitar a Phainon a otra de sus sesiones de películas.
Ahora están aquí, sentados y presionados uno al lado del otro en el sofá frente a una película que Mydei ya había visto, pero aun así, si alguien le preguntara, no habría podido recordar de qué se trataba con lo distraído que estaba con Phainon. Contenedores vacíos de postres y golosinas descansaban en la pequeña mesa de café frente a ellos. Mydei estaba tenso, no podía relajar sus músculos y la habitación se sentía inusualmente caliente.
Mydei miró de nuevo a Phainon mientras el otro parecia absorto en la pantalla, aparentemente embelesado con la película, sus ojos azules con destellos ambar brillar por la luz azul de la pantalla. Como de costumbre, Phainon se sentía como un horno junto a él, la piel de su muslo y su cadera ardían donde se tocaban. Una de las manos de Phainon descansaba sobre su propio muslo, aun tan cerca de la de Mydei.
Todo lo que Mydei tenía que hacer era extender la mano, tomarla y dejarse llevar. Mydei solo tenía que acercarse y tocarlo. No podía moverse. Quería, deseaba hacerlo. ¡Qué mente más estúpida, siempre arruinando todo!
Inhalo profundamente y se mantuvo así durante unos segundos antes de exhalar, tratando de relajar su cuerpo lo suficiente como para hacer lo que su cerebro ordenaba, lo que tanto quería.
Porque él quería esto.
Finalmente, como si un cable se hubiera roto, su mano salió disparada y se aferró a la de Phainon, sentía su propia mano sudorosa, húmeda y repugnante. Pero había dado el primer paso.
—Mydei —la voz de Phainon era suave, y Mydei miró su rostro, olvidándose por completo de la película, simplemente observando las luces de la pantalla parpadeando sobre su piel—. ¿Todo bien?
Mydei asintió, luego se detuvo y se mordió el interior de la mejilla.
—Yo… —intentó, con una voz inusualmente tímida.
—¿Tú? —su voz era tranquila, paciente, como si tuviera todo el tiempo del mundo para que Mydei se sentara allí e hiciera funcionar esta mierda en su cabeza.
—Más —dejó escapar, sintiéndose ridículo—. Quiero decir, quiero más… de esto —se humedeció los labios, nervioso. Sus ojos se dirigieron hacia donde sostenía con fuerza la mano de Phainon, probablemente demasiado fuerte, pero no quería soltarla ahora.
—¿Más? —preguntó Phainon, sonando un poco confundido, lo que hizo que Mydei volviera a mirar sus ojos.
Respiró profundamente de nuevo, el olor familiar de esa estúpida colonia llenó sus sentidos y calmó un poco su corazón acelerado. Concentrándose en su objetivo, extendió su otra mano y lentamente tomó la mano libre de Phainon con la suya antes de acercarla a sí mismo y presionar sus palmas contra su pecho, sobre su corazón.
—Quiero más, contigo… si quieres —añadió con incertidumbre. Existía la gran posibilidad de que esto no fuera algo que Phainon quisiera.
Dios, ¿tal vez era eso? Mydei tenía que admitir, aunque solo fuera para sí mismo, que tener estos estúpidos complejos lo volvían tan raro y difícil de manejar. Quizás Phainon solo lo estaba complaciendo, solo estaba siendo amable. ¿Fue así como algunos amigos actuaban juntos? Seguro que no, era demasiado íntimo. Pero, de nuevo, algunos amigos se duchaban juntos, y Mydei pensó que era un comportamiento bastante extraño entre amigos, pero otros lo veían como algo normal.
—Mydei —Phainon exhaló su nombre, sacándolo de sus pensamientos llenos de pánico. Toda la atención de Phainon estaba en él, su cuerpo se volvió ligeramente mientras levantaba sus manos entre ellos. Besando suavemente los nudillos de una de sus manos, con una pequeña sonrisa en sus labios—. Yo también.
Antes de que Mydei pudiera pensar, los labios de Phainon se presionaron con fuerza contra los suyos, una mano se soltó y se movió para ahuecar su mejilla, acercándolo más. Mydei cerró los ojos de golpe y se perdió en la sensación, su corazón aún latía con fuerza en su pecho, pero no dolía como de costumbre. Los labios de Phainon estaban más secos de lo habitual, pero tuvo poco tiempo para concentrarse en eso, ya que de repente sintió una lengua húmeda deslizarse contra su labio inferior.
Un grito ahogado de sorpresa fue toda la invitación que Phainon necesitaba, y antes de que Mydei pudiera pensar que había otra lengua en su boca, presionando contra la suya, torpe e instintivamente, presionó de vuelta, aferrándose ciegamente a Phainon. Se habían besado antes, en su mayoría casta y dulcemente, y antes solo hubo una pequeña sesión de besos que había sido interrumpida por el regreso de Castorice a casa.
Phainon se apartó un poco y Mydei exhaló jadeante, habiendo olvidado respirar mientras lo besaban. Al abrir sus ojos, los de Phainon estaban casi brillando y sus mejillas ligeramente rosadas, distinguibles incluso en la luz parpadeante.
—¿Estuvo bien? —preguntó Phainon, con una voz más profunda de lo que Mydei había escuchado antes.
—Si —Mydei asintió con la cabeza, completamente concentrado en la mano cálida que se deslizó desde su mejilla hasta su cuello, la otra extendiéndose para descansar en su cintura. Fue sacado de su feliz ensoñación cuando la mano de Phainon se detuvo, e inmediatamente sintió su corazón latir fuertemente contra sus costillas cuando la vergüenza comenzó a inundarlo.
—Oye, está bien —Phainon se inclinó hacia él para acercarse, sus narices casi se tocaban—. No pasa nada, te tengo —dijo con voz seria.
—Esto es tan estúpido y cursi —Mydei no pudo evitar decir, apartando los ojos de Phainon.
—Bien, me gusta lo estúpido y cursi —dijo Phainon, riendo suavemente, y antes de que Mydei pudiera burlarse de eso, sintió esos labios contra los suyos, más húmedos esta vez. Se encontró siendo presionado hacia atrás hasta que estuvo medio recostado contra el brazo del sofá, el calor de Phainon filtrándose en su ropa desde sus numerosos puntos de contacto.
La posición era incómoda, pero Mydei no habría cambiado este momento por nada del mundo. Phainon lo deseaba, lo estaba besando como si esto fuera algo en lo que también había estado pensando durante meses. Era cálido y reconfortante, aunque Mydei se sentía como un completo idiota que no tenía idea de lo que estaba haciendo. Un pulgar estaba frotando, hacia atrás y hacia adelante, la piel de su cadera, donde su camisa se había levantado ligeramente.
Phainon dejó su boca y se trasladó a su cuello, su lengua dejó rastros húmedos antes de succionar ligeramente la piel sensible. Mydei tuvo que esforzarse para evitar retorcerse ante la sensación extraña. ¿Qué se suponía que debía hacer?
No muy seguro, Mydei, lentamente y con torpeza, movió sus manos que habían estado aferrándose a los hombros de Phainon. Deslizó una por la parte superior del brazo de Phainon experimentalmente, sintiendo que algo en él se relajaba un poco cuando nada malo parecía suceder, Phainon incluso dejó escapar un pequeño ruido que sonó casi de aprobación.
Sintiéndose un poco más atrevido, movió su mano hacia arriba, deslizando cautelosamente sus dedos en el espeso cabello blanco de Phainon, disfrutando de la suavidad que encontró. El movimiento continuo hacia adelante y hacia atrás en su cadera calmó aún más su ansiedad.
—Dios, Mydei —la voz de Phainon era cálida contra su piel, soplando aire caliente sobre las marcas húmedas que Phainon había dejado, provocando un escalofrío en Mydei—. No quiero dejar de tocarte nunca, dejame tocarte por siempre, por favor —susurró Phainon, retrocediendo un poco para poder presionar otro beso en los labios de Mydei antes de mirarlo a los ojos.
Mydei asintió, los nervios le quitaron la voz. Quería esto, pero era nuevo y aterrador. Esperaba no congelarse cuando Phainon lo tocara, ¿qué tan humillante sería eso?
Phainon volvió a besarlo, sus manos se volvieron más aventureras mientras se deslizaban por su cuerpo y comenzaban a desabrochar el botón de sus pantalones. Mydei sintió que sus caderas daban otra contracción incontrolable y sus mejillas se calentaban de vergüenza.
Eso era normal, ¿verdad?
Phainon suspiró contra su piel, casi asegurando que, incluso si su reacción no era normal, al menos a Phainon parecía gustarle.
Cuando la cálida mano de Phainon se deslizó en su ropa interior y rodeó su virilidad, Mydei se perdió un poco en la sensación, sus caderas se movieron hacia arriba ante el contacto. La sensación de la mano de otra persona sobre él, algo completamente nuevo y extraño, era increíble. Mydei se había masturbado antes, la mayoría de adolescentes cachondos lo habían hecho, pero esto era algo que nunca había sentido. Phainon parecía saber lo que estaba haciendo, girando y torciendo su muñeca de tal manera que hizo que Mydei jadeara por aire.
—¿Se siente bien? —preguntó Phainon, besando suavemente su mejilla.
Al abrir los ojos (¿cuándo los había vuelto a cerrar?) Mydei lo miró sin entusiasmo.
—No preguntes —siseó entre dientes, avergonzado una vez más.
Phainon se rió, sonando un poco sin aliento.
—¿Podrías, eh, tocarme también? —preguntó Phainon, incómodo por primera vez desde que esto había comenzado.
Mydei parpadeó y asintió; su mente se concentró en la creciente tensión en sus músculos que indicaba su inminente liberación. Era vagamente consciente de que Phainon estaba guiando una de sus manos hacia su propia polla, ¿cuándo había encontrado tiempo para bajarse los pantalones? Su piel estaba cálida y resbaladiza, esa familiar dureza que Mydei podía reconocer. Tentativamente, trató de imitar el movimiento de Phainon, apretando y aflojando su agarre en un ritmo que generalmente funcionaba para él.
No fue particularmente elegante y ciertamente no se parecía en nada a lo que había visto en la pornografía. Sus manos seguían chocando una contra la otra y Mydei estaba bastante seguro de que una de sus piernas se estaba entumeciendo. Pero también era estimulante, y cuando Phainon besó su cuello una vez más, Mydei sintió que su cuerpo se arqueaba por la tensión cuando su clímax lo inundó, dejándolo sin duda con la boca abierta como un idiota.
No le importaba.
Concentrándose simplemente en estabilizar su respiración, finalmente se dió cuenta del peso extra cuando Phainon se había desplomado sobre él después de correrse también.
—Estás pesado —Mydei finalmente dijo cuando se hizo evidente que Phainon no se movería pronto. Empujó su hombro suavemente con su mano libre, mientras la otra era sostenida con cautela lejos de sus ropas. La olvidada vergüenza de Mydei regresó y manchó sus mejillas.
—Lo siento —dijo Phainon en voz baja, antes de inclinarse y presionar suavemente sus labios contra los de Mydei en un beso—. ¿Cómo te sientes? ¿No fue demasiado? —continuó; sus ojos se fijaron en el rostro de Mydei como si buscaran algún signo de malestar.
—Estoy bien —Mydei dijo, y así fue. Honestamente, Mydei se sorprendió de lo bien que estaba con todo esto. Se sentía relajado y somnoliento; cómodo con la calidez habitual de Phainon todavía medio presionado contra él, afortunadamente, sin obstruir su capacidad para respirar—. Deberíamos limpiar —continuó después de un momento de observar la sonrisa tonta que había cubierto el rostro de Phainon ante sus palabras anteriores.
Phainon besó su mejilla una vez más antes de levantarse del sofá, extendiendo una mano para que Mydei la tomara. Aceptando la oferta, los dos se limpiaron rápidamente en el baño. Mydei tardó un poco más. Cuando salió del baño, descubrió que la televisión había sido apagada y solo la luz de su habitación seguía encendida.
—Oye —dijo Phainon cuando volvió a su habitación, con una sonrisa tímida y ligeramente esperanzada en su rostro—. Me preguntaba… Esperaba que pudiera quedarme esta noche —Mydei lo miró parpadeando por un momento, de alguna manera sintiéndose sorprendido—. Si no te sientes cómodo conmigo en la cama, puedo tomar el sofá, o si realmente quieres que me vaya, puedo hacerlo y te llamaré mañana o algo así —Phainon se apresuró a decir.
—No, está… está bien —Mydei finalmente dijo, sintiendo la timidez arrastrándose sobre él.
Por el amor de Dios, literalmente habían tocado sus penes y se masturbaron mutuamente; no debería sentirse tan tímido por la idea de compartir una cama.
A pesar de sus pensamientos, todavía tuvo cuidado de darle la espalda a Phainon mientras se quitaba la ropa interior, escuchando el sonido de Phainon haciendo lo mismo detrás de él. Finalmente listo, se metió en la cama, de espaldas al otro mientras se acurrucaba junto a la pared.
Phainon apagó la lámpara al lado de la cama antes de acostarse también. Hubo un momento de silencio antes de que Phainon susurrara.
—¿Mydei? ¿Puedo abrazarte?
Tomando una respiración profunda, Mydei extendió una mano hacia atrás, chocando con el edredón que cubría el cuerpo de Phainon. Su mano fue tomada y sus dedos entrelazados, antes de que Phainon envolviera sus brazos alrededor de la cintura de Mydei y se acercara para colocarse detrás de él.
Solo habían hecho esto unas pocas veces, y nunca antes con la intención de dormir, pero Mydei descubrió que el cuerpo caliente presionado contra su espalda se sentía bien. Su corazón aún latía un poco más rápido de lo habitual, pero comenzó a relajarse antes de que la respiración de Phainon se estabilizara.
Quizá pueda permitirse esto.
Mydei apretó los dientes, sujetando fuertmente la botella que sostenía en sus manos. Con los ojos fijos en la escena frente a él, sintió que algo se retorcía desagradablemente en sus entrañas.
Mydei sería el primero en admitir que, después de esa noche, había estado un poco preocupado de que Phainon fuera más… exigente con el sexo. Pero Phainon no había hecho tal cosa. Se habían despertado a la mañana siguiente en la cama, juntos, y Phainon había sido un perfecto caballero, ofreciéndole una sonrisa y palabras tranquilizadoras. Más tarde se había ido después de desayunar dándole un suave beso a Mydei en los labios y eso fue todo.
La vida había continuado normalmente. Salía con Phainon, iba a clases, Phainon aparecía en su trabajo y luego se turnarían para comprar la cena mientras veían una película. La vida era exactamente la misma.
Exactamente. La. Misma.
Era como si Phainon se conformara con dejar que Mydei iniciara todo, como si todo estuviera basado en lo que Mydei quería. ¿Phainon no quería hacer nada con él? ¿Solo Mydei quería tocarlo, quería besarlo, quería hacer más?
Phainon estaba siendo tan considerado acerca de los problemas de Mydei con el contacto físico que parecía haber decidido a que el nivel de intimidad que experimentaran fuera directamente proporcional a lo que Mydei iniciara, lo cual estaba empezando a molestar demasiado a Mydei. No es que no apreciara lo considerado que Phainon estaba siendo con él, pero quería sentirse deseado.
Sí, Mydei sabía que no siempre sería capaz de hacer las cosas que Phainon podría sugerir, algunos días, la sola idea del contacto físico podía hacer que su corazón latiera con fuerza y sus manos temblaran, pero no siempre. Lo estaba intentando y Mydei sinceramente creía estar mejorando.
La mayor parte de él se sentía capaz de disfrutar del contacto físico. Mydei amaba la suavidad de la piel de Phainon bajo las yemas de sus dedos. El calor que el otro siempre irradiaba, como si tuviera su propio fuego interno que aliviaba el frío que a veces Mydei experimentaba. Quería que Phainon lo tomara de las manos y lo hiciera reír; compartir su espacio y conciliar el sueño con el sonido de la respiración del otro. Quería más de los sentimientos increíblemente íntimos que había sentido esa noche.
Mydei quería que Phainon lo tocara como si fuera todo lo que deseara en el mundo.
Tal vez… tal vez Mydei era el único que quería tener esta relación.
La risa estridente de la chica inclinándose sobre Phainon cortó sus pensamientos. Phainon había estado hablando de salir a beber con sus amigos durante semanas y Mydei finalmente se rindió cuando Cipher lo escuchó por accidente y le rogó que fueran, arrastrando a Castorice consigo.
Por lo tanto, ahora Mydei se encontraba en el bar, rodeado de personas que reconocía vagamente, sus dos amigas, Phainon y una desconocida que había decidido que Phainon era un vaso de agua y estaba sedienta de beber.
Esa chica estaba sobre Phainon como si no fuera nada, como si tocar a un completo extraño fuera tan fácil como respirar. Podía poner su mano sobre su pecho y eso no haría que su corazón latiera rápido y su cabeza diera vueltas como si se fuera a desmayar. No tenía que preocuparse de que tal vez tocarlo implicara una gran batalla interna consigo misma, una que podría tomarle tanto tiempo controlar hasta el punto de terminar demasiado avergonzada para alcanzarlo.
Era algo tan fácil para ella.
Mydei estaba de pie entre Castorice, que estaba conversando con Cyrene sobre un profesor que aparentemente ambas habían compartido en algún momento, y la pared junto a la que estaban sus dos mesas colocadas. Phainon estaba al otro lado de la mesa frente a Mydei, luego de excusarse con ir a buscarles bebidas, pero su atención ahora principalmente centrada en la chica presionándose contra su brazo, exponiendo los volantes del sostén rojo bajo su blusa a toda la barra.
Estaba esperando que Phainon le dijera que se fuera a la mierda. Que en cualquier momento, Phainon alejaría a la chica, se volviera hacia Mydei y rodaría los ojos antes de dirigirle esa sonrisa que le gustaba tanto.
Y Mydei no podría haber desviado la mirada ni aunque lo hubiera intentado.
Ver una chica al azar, quien estaba bastante seguro de que Phainon ni siquiera conocía, presionando sus labios contra los de el novio de Mydei se grabó en su cerebro más rápido que el procesar lo que estaba viendo.
El momento pareció prolongarse y, al mismo tiempo, terminó en cuestión de segundos. Phainon la empujó hacia atrás, frunciendo el ceño, pero ella tropezó tanto en su estado de ebriedad que él rápidamente la sostuvo para que no cayera.
Debería haberla dejado caerse.
Mydei dejó su vaso en la mesa llena de gente antes de girarse y caminar rápidamente a la salida, sin querer lidiar con nada ni con nadie por esta noche.
Su corazón latía con fuerza contra sus costillas y sintió náuseas. Escapar al aire fresco de la noche solo ayudó un poco. Quería irse a casa. Eso era todo en lo que podía pensar. Irse a casa y enconderse en su habitación. Al diablo con todo, a veces era mejor ser un cobarde.
Su plan se descarriló después de solo unos pocos pasos por el sonido de Phainon gritando su nombre. No planeaba detenerse o incluso reconocer que lo había escuchado, pero una mano se aferró a su muñeca y reaccionó sin pensar.
—¡Suéltame! —gritó, con su mano libre empujando con rudeza un pecho familiar.
Phainon soltó su muñeca, pero había logrado su objetivo, Mydei se había detenido.
—¡Lo siento mucho! Ella se me acercó de repente —la voz de Phainon era suplicante, sus manos flotaban fuera de su alcance como si Mydei fuera un animal nervioso que Phainon trataba de calmar.
—No quiero hablar ahora, vete —Mydei no estaba interesado en excusas en este momento.
Los pensamientos que se habían estado acumulando en su mente durante las últimas semanas lo abrumaban. Todo lo que podía ver era a esa chica besando a Phainon, tocándolo, Phainon tocándola. Incluso si era para alejarla, aun así la había tocado.
Y no sabía porqué le dolía tanto.
—Mydei, por favor. Lo viste, y no podía dejarla caer, podría haberse lastimado —Phainon hizo un movimiento para tratar de alcanzarlo, antes de detenerse, y Mydei sintió que algo en su estómago caía.
—¿Al menos quieres estar conmigo? —preguntó, perdiendo toda racionalidad—. ¿O solo estás conmigo porque sientes lástima?
—¿Qué? —Phainon estaba frunciendo el ceño ahora, sus ojos estaban confundidos.
—Nunca intentas tocarme. Siempre soy yo quien tiene que iniciar todo contigo. ¿Incluso quieres tener sexo conmigo? —Mydei estalló, su voz salió mucho más fuerte de lo normal y rápidamente atrajo la atención de algunos estudiantes que pasaban.
—¿Qué dices? —el rostro confuso de Phainon cambió a molestia.
—¿Es esta una relación por lástima o algo así?
—¡No! ¿Cómo puedes decir eso? No he sido más que considerado contigo desde que empezamos a salir —exclamó Phainon. Sus ojos brillaban con ira.
—¡¿Considerado?! —Mydei espetó, su mente se nubló mientras su corazón latía como loco en su pecho.
—¡Sí, considerado! ¿Crees que esto es fácil para mí? —Phainon gritó, completamente enojado ahora.
Mydei dio un paso atrás, con los ojos muy abiertos cuando sus miedos silenciosos se hicieron realidad ante sus ojos. Las palabras de Phainon resonaron en su cabeza, algo ardiente se alojó en su garganta mientras miraba al hombre frente a él.
Mydei siempre había sabido, que si alguna vez encontraba a alguien que estuviera dispuesto a salir con él, llegaría un punto en el que se volvería demasiado difícil. No era justo de su parte esperar que alguien más tuviera que lidiar con sus problemas todo el tiempo. Eran su carga; nadie más tenía por que soportarlo.
Había pensado, tenía la esperanza, de verdad, que Phainon no lo viera así.
Pero Mydei solo estaba siendo egoísta.
Phainon pareció calmarse en respuesta al propio silencio de Mydei, con los ojos muy abiertos por la sorpresa ante sus propias palabras.
—Mydei, no quise decir-…
—No, esta bien —Mydei sacó las palabras como si fueran fragmentos de vidrio roto, rasgando su garganta mientras lo hacía. Comenzó a retroceder, no queriendo estar cerca de Phainon en este momento, su mente estaba demasiado confusa.
—Mydei-…
—No me sigas —girando sobre sus talones, Mydei caminó tan rápido como pudo sin llegar a correr. No se detuvo hasta que logró llegar a casa, y a su habitación.
Cerró la puerta con firmeza, se trasladó a su cama y se sentó, mirando fijamente la pared con sombras frente a él, las farolas afuera de la ventana eran su única fuente de luz.
Esta era su peor pesadilla. El que una persona que le importaba, más de lo que le había importado cualquier otra persona, se cansara de él porque aparentemente Mydei era demasiado con lo qué lidiar. Estar con él era una carga.
Dejándose caer de costado sobre la cama, solo pudo respirar temblorosamente.
Se terminó.
“¿Crees que esto es fácil para mí?”
Mydei lloró esa noche.
No vio a Phainon en todo el fin de semana.
Cipher trató de hablar con él una vez, pero una sola mirada a su deplorable estado cuando se asomó a su habitación pareció hacer que cambiara de opinión. Si Mydei no se sintiera tan mal por todo esto, habría sido algo bueno a considerar en el futuro cuando sus amigas lo tuvieran acorralado contra la pared. Tal como estaba, Castorice tampoco dijo mucho, pero llevaba comida regularmente a su habitación.
Supuso que era bueno saber que a algunas personas aun les importaba.
Había apagado su teléfono después de que la incesante lluvia de llamadas telefónicas y mensajes de texto lo despertaran por tercera vez. Solo quería estar solo.
Solo.
Así había sido su vida antes de Phainon y era a lo que volvería a ser cuando Phainon terminara su relación.
Si Mydei eligió no tener contacto alguno con Phainon en un esfuerzo inútil por prolongar su relación un poco más, bueno, no era asunto de nadie más que suyo.
Incluso llegó al punto de reportarse enfermo para no ir a trabajar, algo que nunca antes había hecho, solo por la remota posibilidad de que Phainon pensara en tenderle una emboscada allí. Mydei estaba bastante seguro de que llorar en el trabajo sería el colmo de la vergüenza.
Sin embargo, ninguna cantidad de dolor en su corazón podía evitar que llegara el lunes. Mydei tenía exámenes pronto, por lo que no tuvo más remedio que asistir a clase.
El día avanzó como de costumbre, con clases por la mañana, un refrigerio rápido, luego pasar el rato en la biblioteca hasta su clase de la tarde. Por supuesto, ir a la biblioteca abriría una alta probabilidad de que se encontrara con Phainon, ya que solían estudiar juntos todos los lunes.
Mydei pensó en no ir al a biblioteca, pensando en tomarse ese tiempo extra para caminar a casa con tranquilidad. Pero, si Phainon iba a terminar su relación, era hora de dejar de fingir y dejar que pasará de una vez.
Estuvo media hora sentado en su lugar habitual en la biblioteca, mirando sus notas mientras su mente oscilaba salvajemente entre querer que Phainon apareciera y no querer volver a verlo. Suspirando ruidosamente, abandonó sus notas de estudio y se reclinó en su silla, a punto de empacar sus cosas e irse, justo cuando el objeto de sus pensamientos rodeó la estantería.
Una parte de Mydei se alegró al notar que Phainon no se veía nada bien, su cabello estaba más desordenado que de costumbre, su ropa lucía arrugada, como si hubiera dormido con ella. Incluso su bolso no estaba bien cerrado y un montón de papeles sueltos sobresalían de él, a punto de volar con el viento.
—Hola —la voz de Phainon sonaba áspera; frunció el ceño, y sus ojos se veían de alguna manera más tenues de lo habitual.
—Hola —Mydei se obligó a decir, congelado en su asiento cuando Phainon se acercó y se sentó frente a él, como de costumbre.
El silencio se extendió entre ellos, Mydei mirando fijamente su cuaderno aún abierto sobre la mesa. Aunque había la misma distancia entre ellos como de costumbre, nunca antes se había sentido tan insondablemente difícil de cruzar.
¿Qué se supone que debía decir?
—Mydei, lo siento —la voz de Phainon atravesó sus pensamientos internos, haciendo que sus ojos miraran automáticamente hacia arriba y se conectaran con el chico frente a él—. Ni siquiera sabía quién era ella. Le dije que ya tenía novio y además tenía prisa, pero a ella no pareció importarle —Phainon dejó escapar un suspiro de frustración, levantando la mano para recorrer su cabello con un movimiento familiar—. No es así…. Quiero decir… No eres algo que tengo que aguantar.
Phainon lo miró con determinación en sus ojos.
—Estoy saliendo contigo porque me gustas y, como dije, cualquier tipo de desafío que enfrentemos lo haremos juntos. No me importa que seas un poco extraño; todos lo somos, solo que de diferentes maneras. Y yo… Mydei, creo que te amo.
Mydei parpadeó, estupefacto. Aparentemente, había leído completamente mal toda la situación. Había estado esperando que Phainon terminara lo que sea que tuvieran, amablemente, si tenía suerte. Esto, hasta donde él sabía, no era una ruptura.
—Oh… —fue todo lo que logró decir, su mente concentrada en las últimas dos palabras que Phainon había dicho en voz alta.
—Juro que no iba a decírtelo así. Tenía un plan, uno que pensé que te gustaría —las mejillas de Phainon estaban rojas por la vergüenza, cuando repentinamente dejó de moverse y miró a Mydei intensamente, expectante, con una pizca de duda en su rostro—. ¿Vas a romper conmigo? —preguntó con voz inusualmente pequeña.
—Pensé que tu romperías conmigo —Mydei confesó tranquilamente.
—¿Qué? No, te amo.
—Pensé que, tal vez, solo estabas saliendo conmigo porque sentías lástima por mí. Nunca iniciabas nada conmigo. Entonces, tal vez solo estaba… —Mydei murmuró, sus ojos encontraron su cuaderno una vez más. Sus manos se cerraron en puños mientras apretaba los dientes.
—Mydei… —la voz de Phainon se volvió suave, y Mydei descubrió que sus ojos se desviaban hacia arriba, como respondiendo al canto de una sirena.
Cuando sus miradas se encontraron, Phainon le sonrío dulcemente.
—Sé que no siempre puedes expresarte como quisieras, pero está bien. No me di cuenta de que te estaba lastimando al dejarlo todo en tus manos. Te lo dije antes, esperaré a que estés listo, pero definitivamente quiero estar contigo. No tienes idea de lo feliz que me haces y, solo puedo esperar que sientas lo mismo por mí…
Respirando lentamente, Mydei tomó en cuenta su ritmo cardíaco ligeramente acelerado y sus palmas sudorosas, antes de extender una de sus manos lentamente hacia la de Phainon sobre la mesa. Permitiéndose deslizar sus dedos alrededor de la mano cálida, haciendo que el otro inmediatamente giré su mano para entrelazar sus dedos en respuesta.
—Sí… —Mydei se aclaró la garganta, su boca estaba seca—. También te amo —susurró, sintiendo su pecho a punto de estallar de la emoción.
Ni siquiera se dio cuenta de que había cerrado los ojos hasta que sintió su mano ser levantada y labios suaves besando sus nudillos. Al abrirlos, se sonrojó cuando Phainon le mostró su sonrisa más hermosa hasta el momento, con su mano tiernamente sosteniendo la suya.
Mydei intentó no volverse loco ante su nueva revelación.
Él sabía cómo funcionaba, le confesabas tu amor a alguien y luego tenías sexo. Era tan simple como eso; mucha gente ni siquiera se molestaba en salir con nadie y pasaban directamente al sexo. Mydei siempre supo que él no sería una de esas personas, no porque estuviera moralmente en contra del sexo casual, sino porque no sabría absolutamente nada de esas personas, considerando ese el menor de sus problemas.
Pero Mydei sabía todo sobre Phainon.
A Phainon le gustaba ir a molestarlo en la biblioteca; pasar tiempo juntos viendo películas viejas en el sofá de su sala de estar y sentarse en el jardín siendo bañado por el sol. Phainon estaba mayormente con Mydei. En este punto de su relación, ya conocía sus secretos mas íntimos, asi como también sabía cómo se veía y sentía la polla de Phainon.
Recostado en su habitación, a altas horas de la noche, cuando estaba seguro de que nadie más era capaz de escucharlo, Mydei imaginaba cómo se sentiría ese apéndice dentro de él, en particular.
Mydei no se avergonzaba de decir que aun era virgen en la universidad. Ya tenía que lidiar con demasiados problemas como para molestarse por comprar condones en una puta farmacia. Tampoco era un fanático religioso, ni tenía ningún deseo de “guardarse” para el matrimonio.
Era simplemente sexo.
Una palabra diminuta que englobaba un montón de cosas. Sentimientos, sensaciones físicas, emociones. Tantas cosas.
Era aterrador.
Pero Mydei amaba a Phainon, quería estar con él, y estaba bastante seguro de que Phainon también lo deseaba. Estaba más que preparado para llevar su relación al siguiente nivel. Entonces Mydei hizo lo que siempre hacía cuando quería lograr algo.
Formó un plan.
Habían pasado casi tres meses desde que se habían dicho esas palabras, luego de que habían sobrevivido a su primera y ojalá, unica pelea seria. Depués de que Mydei se hubiera dado cuenta exactamente de qué era lo que quería: estar con Phainon.
Como es costumbre, Phainon suele pasar el fin de semana con Mydei, quien se había asegurado de que tuvieran la casa para ellos solos después de, esa misma mañana, haber pedido cortés pero firmemente que sus dos amigas no volvieran hasta el día siguiente. Lo cual pudo haber resultado en un par de miradas complices tanto de Castorice como de Cipher, esta última extendiendo la mano para pellizcar una de sus mejillas mientras le preguntaba si tenía condones.
Sin embargo, ambas habían prometido no aparecer y Mydei había procedido a limpiar la sala de estar y su habitación de arriba a abajo. Pero pasó mucho más tiempo del que quisiera admitir en prepararse mentalmente para entrar a una farmacia y comprar lubricante y condones. Agradeció a cualquier deidad existente cuando la vendedora parecía absorta en su propio teléfono como si de ello dependiera su futuro.
Con los suministros adquiridos y la casa más limpia que nunca, Mydei estaba listo… bueno, siempre que Phainon estuviese dispuesto a hacerlo.
Mydei trató de disipar con firmeza esos pensamientos. Le preguntará a Phainon si quiere hacerlo, y si dice que no, estará bien. Posiblemente solo se traumatizará al punto de no volver a preguntarle algo así por el resto de su vida. Pero nada de eso iba a pasar, era una tontería.
Su pánico aumentaba conforme observaba la puesta de sol por la ventana, y como si el tiempo lo supiera, las horas parecían pasar cada vez más rápido. Antes de darse cuenta, escuchó el par de golpes contra la puerta principal.
A pesar de sus nervios internos, la noche transcurrió como de costumbre. Phainon había traído algunos dulces, y Mydei había puesto una película que ni siquiera recuerda su nombre. Phainon estaba tan relajado como siempre, pero Mydei no podía aflojar sus músculos tensos y los puntos de contacto entre ellos (sus muslos y brazos) ardían como si estuviera cerca de una hoguera.
La película apenas entraba al arco principal y la comida seguía casi intacta cuando Mydei tomó una respiración profunda y mesurada, la retuvo durante tres latidos y soltó el aire. Mirando a Phainon, sintió su pecho apretarse por una razón totalmente diferente al ver su cálida sonrisa, las luces de la televisión parpadeando en su piel y su cabello adorablemente desordenado.
Mydei estaba tan enamorado de este idiota que era ridículo.
En lugar de tratar de usar sus palabras en ese momento, extendió una mano temblorosa y la apoyó sobre el muslo de Phainon.
Eso llamó su atención.
—¿Qué pasa? —Phainon finalmente lo estaba mirando, con los ojos suaves y aquella hermosa sonrisa, esa que solo tenía cuando miraba a Mydei, extendiéndose por su rostro.
Se inclinó un poco, con la cabeza en ángulo hacia Mydei, esperando a que diera el paso final, sí, esto era lo que había estado esperando. Mydei no perdió más tiempo inclinándose hacia Phainon, sus labios presionándose juntos en lo que se estaba convirtiendo una conexión familiar, aunque no menos emocionante. La película y la comida en la pequeña mesa de café fueron rápidamente olvidadas. A ninguno de los dos le importó.
Mydei perdió sentido del tiempo y el lugar cuando las manos de Phainon se movieron sobre su cuerpo, deslizándose debajo de su camisa y apretando su trasero bajo su ropa. Una de sus manos encontró su camino en el cabello de Phainon, mientras la otra se aferraba a la parte trasera de su camisa, arrugando el material en su puño mientras un suave gemido escapaba de su garganta. Besar a Phainon se había convertido rápidamente en uno de los pasatiempos favoritos de Mydei.
Se besaron durante lo que pareció mucho tiempo y aun así no el suficiente, antes de que Mydei sintiera el movimiento familiar de Phainon comenzando a besar su garganta, su objetivo era claro cuando una gran mano se arrastró sobre su muslo antes de rozar su erección aun bajo la ropa.
—P-Phainon —Mydei jadeó, sus caderas se movieron incontrolablemente en ese cálido agarre.
Phainon simplemente usó su mano libre para levantar la camisa de Mydei y comenzar a besar y mordisquear su estómago, todavía dirigiéndose hacia el sur.
—Phainon, espera —Mydei se las arregló para sacar las palabras de su boca, apretando los dedos en el cabello de Phainon para llamar su atención. Phainon rápidamente se apartó, la preocupación se apoderó de sus ojos oscuros de deseo mientras miraba el rostro de Mydei.
—¿Estás bien? ¿Necesitas un descanso? —preguntó con voz ronca.
Mydei sintió que se enamoraba un poco más. Sabía, sin siquiera un apice de duda, que si decía que era demasiado, si su ansiedad ante el contacto físico estuviera aumentando. Si necesitaba que Phainon se detuviera, no importaba lo excitado que estuviera, lo mucho que deseara tener sexo con su novio. Phainon se detendría.
—Quiero… —podía sentir sus mejillas ardiendo y su corazón latiendo tan fuerte que sabía que Phainon era capaz de escucharlo.
—¿Qué quieres, Mydei? —preguntó Phainon en voz baja, inclinándose un poco más cerca cuando Mydei no hizo ningún movimiento para retroceder y le dio un dulce beso en la mejilla.
Mydei sintió algo en su pecho apretarse mientras el amor ardía como una cálida brasa en su pecho ante la dulzura.
—Más —susurró—. Quiero más, contigo.
Phainon lo miró detenidamente por un momento, antes de que una pequeña sonrisa arqueara la esquina de sus labios.
—¿Quieres decir que quieres tener sexo? —preguntó, directo y al grano.
Mydei lo atrajo hacia sí y lo besó, ignorando la forma en que sus manos habían comenzado a temblar nuevamente mientras los nervios lo recorrían.
Él quería esto.
—Sí —dijo, tranquilo pero firme; sus propios ojos dorados se clavaron en los azules de Phainon.
Phainon se adelantó y le dio un fuerte beso en los labios antes de alejarse de él por completo, tomando las manos de Mydei mientras se levantaba y lo ayudaba a ponerse de pie también.
—Vayamos a un lugar más cómodo —Phainon le sonrió; luciendo tan adorable, Mydei solo quería mantener esa imagen de él para siempre en su cabeza.
Sin molestarse en hacer nada con la comida o la película que aún se estaba reproduciendo, los dos se dirigieron a la habitación de Mydei. Al llegar, Mydei cerró suavemente la puerta por si acaso alguien llegara.
Tan pronto como se giró, los labios de Phainon estaban sobre los suyos, su lengua colándose en su boca. Sus manos rodearon rápidamente sus caderas y luego se deslizaron hacia abajo para agarrar su trasero mientras lo acercaba a su cuerpo, sintiéndo sus erecciones chocar a través de la ropa. Torpemente, maniobraron hacia la cama, separándose lo suficiente como para que Mydei pudiera deslizarse y recostarse cómodamente sobre las sábanas mientras Phainon trepaba por encima de él, solo sonriéndole antes de que los besos regresaran.
Mydei se perdió en la sensación por un momento, la forma en que su cuerpo se sentía, como si estuviera demasiado sensible y caliente, dondequiera que Phainon tocaba parecía arder en llamas antes de asentarse. La piel debajo de sus propias manos estaba más caliente de lo habitual y se volvía resbaladiza por el sudor, lo que dificultó el agarre cuando se quitaron la ropa y yacían en la cama, rozándose entre sí y jadeando en cada respiración.
—Mydei, oye, ¿tienes…? —Phainon preguntó húmedamente al oído de Mydei, antes de darle un mordisco burlón a su lóbulo.
En lugar de responder, Mydei apartó la mano detrás del cuello de Phainon y la dejó caer junto a la cama, buscando con la mano la bolsa que había escondido debajo. Phainon le sonrió al verlo, dándole a Mydei otro beso rápido antes de hurgar en busca del tubo de lubricante y la caja de condones.
—Incluso sabes el tamaño correcto —bromeó suavemente, riendo cuando Mydei sintió que se sonrojaba de vergüenza una vez más.
Había masturbado y dado mamadas a esa polla; por supuesto que iba a saber el tamaño correcto.
—Cállate —murmuró.
—Eres adorable —dijo Phainon, sonando un poco sin aliento mientras presionaba otra serie de besos en el rostro y la garganta de Mydei.
Mydei sintió que debería defenderse ante tal comentario, ya que no era adorable. Sin embargo, estaba bastante distraído por la sensación de los dedos de Phainon, repentinamente fríos y resbaladizos, deslizándose hacia su agujero y aplicando una suave presión.
Involuntariamente, Mydei contuvo el aliento. Sí, se había tocado antes; tenía una imaginación sana y acceso a Internet. Pero nunca había tenido a otra persona que lo tocara tan íntimamente.
—Oye, ¿sigues conmigo? —preguntó Phainon en voz baja, mirándolo con atención en busca de cualquier signo de malestar.
—Sí —Mydei asintió, recordándose a sí mismo que debía relajarse y respirar.
Phainon tomó su palabra y enfocó su atención en la garganta de Mydei mientras su mano libre apoyaba su peso en la cama al lado de él. Por su parte, Mydei se permitió perderse en las sensaciones de estar con la persona que amaba y compartiría su cuerpo. Se distrajo, demasiado absorto en cómo sus propios músculos se tensaban y se relajaban, sintiendo el placer acumularse lentamente en la parte inferior de su vientre.
—Mydei, lo voy a meter ahora, ¿de acuerdo? —Phainon habló entre besos, su voz levemente apagada por lo cerca que estaba de la piel de Mydei.
—Sí —Mydei respiró de nuevo, una de sus manos cayó sobre las sábanas apretándolas entre sus dedos mientras trataba de relajar su cuerpo, para calmarse a pesar de los nervios que habían vuelto a despertar en su estómago.
Cuando Phainon sacó sus dedos, Mydei no pudo contener el pequeño sonido que escapó de sus labios, una extraña sensación de estar abierto y vulnerable se apoderó de él.
—Phainon —gimió, sabiendo que Phainon era el único que podía hacer que el sentimiento desapareciera.
—Dame un segundo —Phainon murmuró, su enfoque había cambiado a tratar de colocarse el condón con una mano, ya que sus dedos cubiertos de lubricante eran completamente inútiles—. Recuérdame hacer esto antes la próxima vez —murmuró, dejando escapar un ruido de alegría cuando lo logró.
Mydei no pudo evitarlo, una risa burbujeó y escapó de su boca, lo que hizo que Phainon lo mirara con sorpresa por un momento antes de que una gran sonrisa se deslizara sobre su propio rostro.
—Sí, sí, ríete de mí —dijo, inclinándose sobre él rápidamente para darle otro beso antes de colocarse de rodillas entre las piernas abiertas de Mydei. Su mano limpia se estiró y acarició desde el tobillo de Mydei hasta por encima de su rodilla, rozando la erección de Mydei antes de posarse en su cadera y apretar ligeramente. Mydei sintió que su mano relajaba su fuerte agarre contra las sábanas mientras la otra se movía para aferrarse familiarmente al bíceps de Phainon.
No hubo más advertencias cuando de repente Phainon comenzó a empujar, arrebatando el aire en los pulmones de Mydei mientras echaba la cabeza hacia atrás y su cuello se tensaba, incapaz de concentrarse en nada más que en la sensación de Phainon deslizándose dentro de él, su polla caliente y dura abriéndolo.
—¿Mydei? —Phainon jadeó, sonando tenso.
Mydei no podía pensar, su mente no podía concentrarse en nada más que las fuertes sensaciones.
—¿Mydei? ¿Sigues conmigo? —la voz de Phainon había adquirido un tono más preocupado.
Se movió más cerca de Mydei, involuntariamente empujándose más hacia él. Phainon gimió cuando Mydei dejó escapar un sonido agudo que ni siquiera sabía que podían hacer las cuerdas vocales humanas.
—Mierda, lo siento —Phainon jadeó, la mano que había estado apoyada en la cadera de Mydei se movió para rodear su polla y comenzar a acariciarla.
Todo el cuerpo de Mydei se contrajo con la estimulación extra y finalmente encontró sus palabras de nuevo.
—Phainon, por favor, muévete —suplicó, su voz cortándose en un gemido cuando Phainon dio un empujón tentativo de sus caderas.
—Te sientes tan bien, Mydei —Phainon balbuceaba, su boca solo se silenció cuando se inclinó y una vez más se encontró chupando y mordiendo la piel de Mydei.
Mydei trató de respirar, pero el aire seguía atascado en su garganta, sus muslos temblaban y sentía como si algo se apretara dentro de él con fuerza, listo para liberarse.
—Phainon —dijo en voz alta, sus músculos comenzaron a tensarse mientras su liberación se aproximaba.
—Vamos, Mydei, ven conmigo—Phainon dijo en voz alta mientras empujaba tan fuerte como podía. Cuando Mydei llegó, creyó desmayarse, no estaba seguro de lo que estaba arriba y lo que estaba debajo de él, sus ojos estaban fuertemente cerrados mientras respiraba aire como un hombre ahogándose.
Volver a sí mismo fue un proceso lento.
Abrió los ojos lentamente, mirando sin comprender lo que se dio cuenta después de un momento era el costado de la cabeza de Phainon. Jadeando, miró a su alrededor lentamente, dándose cuenta de que Phainon se había desplomado a su lado luego de correrse, evitándole a Mydei su propio peso encima de él. Podía sentir la contracción ocasional de su agujero, todavía extendido alrededor de la polla de Phainon, pequeños espamos de placer estallando por su columna.
Mydei comenzó a mover sus brazos, pero se dio cuenta con cierta sorpresa de que de alguna manera se habían envuelto alrededor del cuello de Phainon. Lamiendo sus labios para que no se sintieran tan secos, Mydei habló.
—¿Phainon? —su voz sonaba destrozada.
No tenía la energía para sentirse avergonzado.
—¿Hmm?
Lentamente, como si le tomara mucho esfuerzo, Phainon se empujó con manos temblorosas a ambos lados de la cabeza de Mydei, hasta que finalmente se miraron cara a cara, con los brazos de Mydei aun rodeándolo.
—¿Estás bien? —dijo Phainon en voz baja, con una suave sonrisa tirando de sus labios.
—Sï…—Mydei respondió.
El momento era absolutamente cursi, y Mydei disfrutó cada momento.
—Vamos a limpiarnos y luego podemos abrazarnos para dormir —Phainon se inclinó y le dio un dulce beso en la comisura de la boca antes de retirarse por completo.
Mydei trató de ignorar el escalofrío que recorrió su piel ante la sensación de la polla de Phainon saliendo de él, antes de obligarse a sentarse, aun cauteloso por la extraña sensación en su espalda baja.
—Recuerdo que hay una ducha enorme en tu baño. Veamos si cabemos los dos —Phainon le sonrió mientras tiraba el condón en el pequeño contenedor debajo del escritorio antes de tenderle una mano.
Mydei la miró, una mano que sin duda tenía todo tipo de fluidos repugnantes en ella, miró el cuerpo empapado en sudor frente a él y el ligero brillo de semen todavía húmedo en la polla de Phainon, y se sintió sonreír.
Extendiendo su brazo para tomar la mano extendida, una inusual calma se apoderó de él.
Mydei nunca había estado más feliz.