—No sé cómo dejé que me metieran en esto —se quejó Carl, ajustando sus orejas de gato.
Tres pares de pies crujĂan entre las hojas muertas que cubrĂan la acera. El anochecer se acercaba rápidamente y el clima comenzaba a enfriarse un poco.
—Deja de quejarte —dijo Ron debajo de su máscara de Jason, pasándole una botella de agua que claramente no estaba llena de agua. El sabor del vodka ardĂa al bajar por su garganta. Su amigo extendiĂł la mano con impaciencia para que le devolviera la botella.
—Pedir dulce o truco es para bebĂ©s —dijo Carl—. Mira, hay un bebĂ© justo ahĂ. En un disfraz de calabaza. Literalmente.
—Juro que eres alérgico a la diversión —dijo Enid.
Pasaron junto a una fila de linternas que parpadeaban al pie de los escalones del porche de alguien y Carl resistiĂł el impulso de patearlas.
—Tu disfraz se ve muy bien —dijo Enid, riendo.
Llevaba jeans ajustados negros, una camiseta negra y una diadema con orejas de gato, fue lo primero encontrĂł para esa noche, no es que le importara realmente. Sus dos amigos habĂan insistido en pintar bigotes en sus mejillas con el delineador de Enid, Carl solo rodĂł los ojos solo al recordarlo, y volviĂł a ajustar sus orejas.
—Gracias. Enid, tú pareces una funda de almohada con sangre en la cara.
—Es un vestido —siseó Enid—. Y una peluca. Soy una novia zombie.
—Enid, déjalo —dijo Ron—. Miren, las casas grandes están al final de la cuadra. Quizá nos den algo más grande.
—Prefiero una de tamaño completo, si sabes a lo que me refiero —murmurĂł Carl al oĂdo de Enid mientras caminaban, quien ocultĂł su risa detrás de su mano. TomĂł la botella y bebiĂł otro trago de vodka. Ah, se sentĂa bien relajarse un poco.
En la primera mansiĂłn en la que se detuvieron no habĂa nadie. La segunda tenĂa un cuenco con un letrero que decĂa “por favor tome uno”, y el cuenco estaba, obviamente, ya vacĂo. La tercera les dio cajas con pasas.
—Qué. Se. Jodan —dijo Carl—. Estas casas están tres veces más separadas y no nos están dando una mierda. No vine aquà a hacer ejercicio.
—Intentemos en algunas más —dijo Enid.
La cuarta casa estaba cubierta con ladrillos ornamentales y tenĂa una bonita pasarela bordeada de luces. No habĂa decoraciones, por lo que Carl no tenĂa esperanzas de que realmente hubiera un buen botĂn aquĂ, pero habĂa un auto en la entrada y la luz del porche estaba encendida, asĂ que se acercaron y tocaron el timbre de todos modos.
El diablo abriĂł la puerta.
Probablemente tendrĂa más de cuarenta años. La luz del porche lo hacĂa brillar y se reflejaba en sus cuernos de plástico. Cuando los vio, sus ojos se iluminaron con algo que Carl no supo identificar.
—Dulce o truco —dijo Ron con voz monótona, hablando por todos ellos.
—Mi primer dulce o truco —dijo el diablo cálidamente—. ¿No están un poco grandes para esto?
—Somos jĂłvenes de corazĂłn —dijo Carl con seriedad, poniendo una mano en su pecho. El diablo volviĂł su sonrisa hacia Carl. TodavĂa era amistosa, pero de repente tambiĂ©n parecĂa un poco peligrosa. Carl no pudo apartar los ojos.
—¿Es as� —el hombre dijo—. Bueno, resulta que están de suerte. Tengo dulces para los niños y jóvenes de corazón.
—No estabas aquĂ el año pasado —dijo Enid mientras el hombre alcanzaba algĂşn lugar detrás de la puerta para tomar el tarro de dulces—. PasĂ© por esta casa. Te recordarĂa.
—Tienes razĂłn, me acabo de mudar —dijo el hombre—. ÂżViven aquĂ? TodavĂa no he conocido a mucha gente.
Realmente estaba hablando con Enid, pero habĂa regresado a la puerta y estaba mirando a Carl nuevamente, esa misma mirada intensa que lo hizo estremecerse ligeramente. Carl le devolviĂł la mirada.
—En realidad no —dijo Carl.
—Es una lástima —dijo el diablo, entregándole a cada uno de ellos una barra de Snickers de tamaño grande. Su mano rozĂł la de Carl y podrĂa jurar que se demorĂł un segundo de más. Carl tragĂł saliva.
—Bueno, vivimos cerca —dijo Carl—. Quiero decir, caminamos hasta aquĂ, pero no es algo que a alguien le gustarĂa hacer todo el tiempo.
—Bueno, entonces supongo que he conocido a otro vecino —los ojos del diablo eran oscuros. ¿Por qué solo estaba hablando con Carl? Enid tiró de su brazo para irse, pero él la ignoró.
—Gracias —dijo Ron en voz alta detrás de su propia máscara, dándose la vuelta para seguir su camino.
—Gracias por los dulces —dijo Enid. El diablo apenas la miró. Carl se lamió los labios nerviosamente y observó al hombre seguir el movimiento de su lengua.
Dios, sentĂa que iba a hiperventilar.
—De nada —dijo el diablo—. Feliz Halloween.
—… Feliz Halloween —logrĂł articular Carl, pero la puerta ya se estaba cerrando.
Enid lo arrastró por el camino hacia los demás.
—Ese tipo era espeluznante —dijo Enid. Ron se encogió de hombros.
—Lo que sea. Nos dio buenos dulces. Sigamos.
—¿Me estaba mirando? —Carl le preguntó a Enid—. Creo que me estaba mirando.
—Te estaba mirando —dijo Enid—. Tomé dos raciones y ni siquiera se dio cuenta.
Mariposas se agitaron en su vientre.
—¿Eso crees?
—Espeluznante —dijo Enid de nuevo—. ¿Qué edad tendrá, como cincuenta?
—No creo que sea tan mayor —dijo Carl, mirando por encima de su hombro. Todas las cortinas estaban cerradas pero podĂa distinguir las luces encendidas. De alguna manera parecĂa más que solo una casa ahora, parecĂa una puerta directo al infierno: un mundo reinado por el mismĂsimo demonio. Cualquier cosa podrĂa estar al acecho allĂ. Carl se estremeciĂł.
Una de las cortinas se movió ligeramente y Carl juró haber visto al hombre mirándolo de nuevo.
—Ustedes sigan —dijo—. Los alcanzaré.
—No, no lo harás —dijo Enid, cruzando los brazos—. ¿Y si te mata?
—Hay peores formas de morir —se encogió de hombros. Carl tomó la botella y bebió otro trago fortificante de vodka—. Los veré luego —dijo comenzando a bajar por la acera.
—¡Eres un imbécil! —Ron le gritó.
—¡Lo sé! —Carl gritó de vuelta.
—¿En serio lo estás dejando ir? —escuchó a Enid decir detrás de él, pero la puerta principal del diablo se estaba haciendo cada vez más grande en su visión y su mente ya estaba en otro mundo, uno plagado de hombros anchos y miradas peligrosas.
TocĂł el timbre.
El hombre pareció sorprendido de verlo de nuevo, pero la conmoción en su rostro se transformó en una apreciación complacida casi instantáneamente. Sus ojos recorrieron el cuerpo de Carl de arriba abajo.
—El gatito ha vuelto —dijo, apoyándose en el marco de la puerta—. Lo siento, solo una barra de chocolate por persona.
El estĂłmago de Carl se retorcĂa en su vientre. SintiĂł que su corazĂłn podrĂa salir de su pecho.
—Oye… —dijo, y su voz eligiĂł ese instante para quebrarse ligeramente. QuerĂa hundirse en el suelo de la vergĂĽenza. De repente se dio cuenta de que no tenĂa idea de lo que estaba haciendo—. Me preguntaba si podrĂa, eh… usar tu baño.
El diablo se hizo a un lado en silencio y extendiĂł un brazo dándole permiso de entrar. Carl cruzĂł el umbral y un escalofrĂo lo estremeciĂł por completo. Mierda. Definitivamente parecĂa que iba a ser asesinado. Al mirar por encima del hombro, vio los ojos del hombre fijos en su trasero.
—Al final del pasillo a tu derecha —dijo el hombre.
Carl orinĂł rápidamente y luego se mirĂł en el espejo mientras se lavaba las manos. Casi deseaba que el baño tuviera una ventana por la que pudiera escapar. Cuando saliĂł, el hombre se habĂa movido a la cocina. Se habĂa quitado los cuernos sobre su cabeza y colocĂł su chaqueta de cuero sobre el respaldo de una de las sillas.
QuĂ©date o huye. QuĂ©date o huye. QuĂ©date o…
—Tienes una casa muy bonita —dijo Carl. Los ojos del diablo estaban entrecerrados, como si tratara de analizarlo. DejĂł el vaso de whisky del que habĂa estado bebiendo, rodeĂł la encimera que los separaba, y se colocĂł detrás de Carl. SintiĂł unas grandes manos posarse sobre sus hombros, demasiado calientes incluso a travĂ©s de la tela de su camisa.
—Me viste mirándote —dijo el hombre, su voz baja y áspera, sintiendo el aliento cálido con olor a alcohol rozando su piel. Carl cerró los ojos y deseó que su cuerpo dejara de temblar.
—Sà —dijo Carl con dificultad.
—¿Te gustó?
—SĂ.
Esas grandes manos corrĂan por sus brazos ahora.
—¿Tienes un nombre, lindo gatito?
—Carl —su nombre salió en un tono agudo cuando el diablo le agarró el culo con ambas manos y lo apretó.
—Shh —dijo el hombre, deslizando una mano para extenderla sobre el vientre plano del joven—. Te cuidaré bien, cariño.
Carl sintió que todo su cuerpo era una gran terminación nerviosa. Estaba muy consciente de cada sensación que asaltaba su cerebro; las ásperas luces fluorescentes de la cocina, la enorme presencia del diablo cerniéndose detrás de él como una montaña, la mano que de alguna manera abarcaba todo su trasero en una sola palma, su propia polla moviéndose bajo la tela. Su ropa de repente se sintió sofocante.
—¿Cuál es tu… —cuál es tu nombre, habĂa estado tratando de preguntar, pero la mano en su vientre bajĂł aĂşn más para acariciar su erecciĂłn a travĂ©s de la tela de sus jeans, haciendo que sus caderas de movieran hacia el toque con un pequeño gemido.
El hombre atrajĂł a Carl hacia su pecho, aun de espaldas, con una mano sobre su polla pero la otra debajo de su camisa para rozar un pezĂłn con el pulgar. Carl podĂa sentir algo enorme, duro y largo presionando contra su trasero. Se inclinĂł ligeramente hacia adelante, no habĂa a dĂłnde ir en ese agarre de hierro.
—Me encantarĂa follar este hermoso culo —retumbĂł el hombre contra la piel del cuello de Carl—. Pero me siento impaciente esta noche.
Carl se dejĂł maltratar, con el pecho agitado, tratando duramente de llevar oxĂgeno a sus pulmones. El hombre tirĂł de la camisa de Carl sobre su pecho y empuñó la tela con una mano, manteniĂ©ndolo inmĂłvil mientras bajaba sus jeans y ropa interior hasta las rodillas con la otra, empujando a Carl boca abajo sobre la mesa de la cocina.
No hubo romance, ni ternura, pero ser tratado asà alimentó algo en lo más profundo de Carl.
—Mantén tus muslos juntos —ordenó el diablo—. Aprieta tus piernas.
Carl sintiĂł que el hombre se bajaba los pantalones y luego una longitud dura y caliente presionada entre sus muslos. Carl jadeĂł. No habĂa lubricaciĂłn en absoluto y su piel tiraba incĂłmodamente. EscuchĂł al hombre escupir y luego el movimiento entre sus piernas se hizo mucho más fluido.
El diablo empujaba hacia adelante y hacia atrás, sintiendo lo largo de la polla dura frotando la tierna piel de su perineo, arrastrándose contra sus testĂculos. Carl apretĂł los muslos hasta que le dolieron y temblaron sin control. Se sentĂa delirante por la conmociĂłn y la excitaciĂłn. Todo habĂa sucedido tan rápido. La mano que no lo sujetaba separĂł sus nalgas y el hombre lanzĂł un gruñido apreciativo.
—Mira este pequeño agujero perfecto —la punta de un dedo empujĂł contra Ă©l, sin meterlo, pero fue suficiente como para hacer que Carl gimiera de necesidad. Carl moviĂł sus caderas hacia atrás tanto como pudo, invitando al diablo a hundirse más profundamente entre sus piernas. QuerĂa más. Lo querĂa todo.
—Por favor —dijo Carl. Ni siquiera sabĂa lo que estaba pidiendo—. Por favor…
El hombre azotĂł su trasero y Carl lanzĂł un pequeño grito de sorpresa. Sus movimientos se estaban volviendo más rápidos ahora, más erráticos, y soltĂł la camisa de Carl para envolver ambos brazos alrededor de su cintura y juntar sus caderas, colapsando sobre la espalda de Carl mientras se corrĂa con un gruñido grave y profundo.
El cuerpo de Carl se sentĂa electrificado en este punto, comenzĂł a moverse, pero el peso del hombre se mantuvo presionado sobre su espalda.
—¿A dónde vas, gatito? —murmuró, lamiendo la nuca de Carl, dejando fuego a su paso—. Mereces una recompensa, ¿no te parece?
—Ah —gimió Carl, quedándose flácido y presionando su mejilla contra la mesa—. Por favor —dijo de nuevo.
El hombre bajĂł una mano y pasĂł un dedo por su propio semen, que goteaba por el muslo interno de Carl. LlevĂł su dedo a los labios de Carl, quien cerrĂł los ojos y lo chupĂł hasta dejarlo limpio, el sabor amargo inundĂł su boca. Estaba tan duro que pensĂł que podrĂa morir.
—Hermoso —suspiró el diablo—. Date la vuelta.
Ni siquiera le dio tiempo a Carl para obedecer. El peso del hombre desapareciĂł de su espalda y luego esas manos gigantes voltearon su cuerpo como si no pesara nada. Fue estimulante. Carl sintiĂł como si flotara. Y finalmente pudo ver bien al hombre ahora, su polla seguĂa mayormente dura, colgando pesada y gruesa entre sus piernas. Carl imaginĂł cĂłmo se sentirĂa dentro de Ă©l y lo hizo retorcerse sobre la mesa.
—Qué impaciente —dijo el diablo con una media sonrisa.
AcariciĂł la polla de Carl con una mano aun resbaladiza con semen, de raĂz a la punta, prestando atenciĂłn sobre la cabeza sensible, y Carl se aferrĂł al borde de la mesa con ambas manos.
—Mierda…
El hombre separó más sus piernas y deslizó un dedo de su mano libre sobre su propio semen. Después la llevó una vez más hacia la entrada de Carl y jadeó cuando se deslizó dentro de él.
—¡A-Ahh!
HabĂa usado sus propios dedos antes, pero eran tan delgados en comparaciĂłn. Nada como estos dĂgitos grandes y ásperos del mismĂsimo demonio que actualmente lo estaba corrompiendo inclinado sobre la cocina como una especie de puta barata.
El dedo dentro de él se movió hacia adentro y hacia afuera, girando y buscando, hasta que rozó algo dentro que hizo que Carl se arqueara sobre la mesa.
—Ahà está —suspiró el diablo.
La mano que se movĂa sobre su polla no se habĂa detenido. Carl empujĂł contra la fricciĂłn, saboreando la deliciosa presiĂłn en su interior. Su mundo se redujo a las sensaciones que el diablo le estaba haciendo experimentar, siendo masturbado y follado con los dedos simultáneamente. Fue abrumador. Carl se dio cuenta que ruidos agudos provenientes de su propia garganta inundaban la habitaciĂłn.
—Vamos, gatito —dijo el diablo—. CĂłrrete para mĂ.
Con un gemido, Carl lo hizo. El diablo no dejĂł de acariciarlo.
—Realmente eres como un gato —habĂa diversiĂłn en su voz.
—Hice un desastre —Carl siseó y se apartó.
—Te traeré una toalla.
Se limpiaron y volvieron a poner su ropa en orden. Ahora que su polla no estaba en completo control de su mente, finalmente Carl se dio cuenta de lo increĂblemente estĂşpido que habĂa sido. Entrar sin más a la casa de un extraño. El tipo podrĂa haberle hecho cualquier cosa. AĂşn podrĂa hacerlo.
Pero una parte de Carl querĂa que lo hiciera. Todo era muy confuso.
—DeberĂas volver con tus amigos —dijo el hombre—. No quisiera que se preocuparan.
—Creo que es demasiado tarde para eso —dijo Carl. SabĂa que debĂa irse, pero no querĂa hacerlo—. Nunca escuchĂ© tu nombre.
El diablo lo observĂł fijamente, encontrando ese inquitante brillo en sus ojos que habĂa hipnotizado a Carl desde el primer momento en que lo vio.
—Negan.
—Bueno, Negan—dijo Carl, acercándose—. ¿Me vas a dejar ir sin siquiera un beso?
Considerando la falta de romance hasta el momento, esperaba que el hombre se riera en su cara o simplemente le señalara el camino hacia la puerta, pero en lugar de eso, Negan lo acercó con una mano en la cintura y llevó la otra a su mejilla.
—Gatito exigente —murmuró Negan, y se inclinó para capturar los labios de Carl con los suyos.
Era sorprendentemente tierno, sus bocas se movĂan suavemente juntas, y Carl sintiĂł que comenzaba a derretirse. La mano en su mejilla se deslizĂł suavemente alrededor de su cabeza aferrándose ligeramente a su cabello. El calor comenzĂł a acumularse en su vientre de nuevo, sintiĂł pequeñas corrientes de electricidad. Negan se echĂł hacia atrás, sus pupilas eran enormes y vidriosas.
—Ven a verme otra vez —dijo, tirando del labio inferior de Carl hacia abajo con el pulgar.
Carl asintiĂł tontamente, luego suspirĂł en la boca de Negan mientras lo besaba de nuevo.
Carl nunca se habĂa dado cuenta de la frecuencia con la que pasaba por la casa de Negan.
Era una buena caminata de veinte minutos desde su propia casa, pero pasaba por allĂ todo el tiempo camino al colegio y a casa de sus amigos. O más bien, su padre lo hacĂa pasar por ahĂ en su patrulla casi diariamente.
El auto de Negan no siempre se encontraba en la entrada cuando Carl pasaba por ahĂ. Probablemente conducĂa hasta su trabajo, pero Carl no pudo encontrar un patrĂłn en eso, se preguntĂł quĂ© harĂa para pagar una casa tan grande.
PodrĂa preguntarle en persona; despuĂ©s de todo, Negan le habĂa dicho a Carl que querĂa volver a verlo.
Sin embargo, Carl pensĂł que si volvĂa allĂ no habrĂa mucha conversaciĂłn involucrada. La idea le hacĂa temblar y sentirse extraño, pero de una forma nueva y emocionante. Si llamaba a la puerta, ÂżquĂ© pasarĂa? Soñaba despierto con eso constantemente; Negan manipulándolo en la posiciĂłn que Ă©l quisiera, disfrutando del cuerpo de Carl a su antojo, Negan alcanzando ese lugar en sus entrañas nuevamente, uno que Carl no sabĂa que existĂa hasta el momento en que el dedo de Negan lo rozĂł.
Carl habĂa vuelto a encontrar ese lugar por su cuenta, pero no era lo mismo. Eran sus propios dedos en su propia habitaciĂłn, ni siquiera podĂa obtener un buen ángulo y mucho menos dejarse llevar. Necesitaba que Negan lo tocara de nuevo, para despertar esa electricidad debajo de su piel y apartarla por fin de su mente.
La primera vez habĂa sido impulsiva, algo estĂşpido. Esto serĂa algo… bien calculado. Con un propĂłsito. Algo real, una decisiĂłn trascendental. No un “oye, te vi mirándome y creo que me gustó”, sino “por favor, quiero que me folles”.
Esa fue una diferencia, una grande.
Y todavĂa no sabĂa nada sobre Negan, en absoluto. SĂ, Carl habĂa escapado la primera vez con nada más que un orgasmo alucinante, pero, ÂżquiĂ©n harĂa algo asĂ? ÂżCualquier hombre adulto harĂa lo mismo? Carl sabĂa que no era asĂ. No tenĂa experiencia, parecĂa una idea bastante estĂşpida, peligrosa, aterradora y…
Emocionante. Muy emocionante.
Esa semana recorrió el mismo camino a la casa del hombre a pie en tres ocasiones, acobardándose antes de que finalmente, la cuarta vez, se atreviera a tocar el timbre de la casa de Negan.
Un sudor frĂo humedeciĂł sus palmas, secándolas rápidamente en sus pantalones. PensĂł que su corazĂłn saldrĂa expulsado por su garganta. Nadie abriĂł la puerta al principio. Sin embargo, el auto estaba en la entrada y Carl pudo ver que habĂa luces encendidas en la casa. ÂżEstaba ocupado? ÂżTenĂa invitados? Quizás una novia. O esposa. Carl tragĂł saliva.
Esto habĂa sido una estupidez.
Acababa de darse la vuelta y estaba a punto de irse cuando la puerta principal se abre a sus espaldas.
—Vaya, pero si es el adorable gatito —dijo Negan arrastrando las palabras, bajo y grave.
Lentamente, Carl se dio la vuelta, casi conteniendo la respiración. Negan era tan alto e imponente como recordaba. Tal vez más. Y el doble de guapo. No era de extrañar que la débil memoria de Carl no le hubiera proporcionado los detalles adecuados.
—Miau —dijo inexpresivo.
Negan sonriĂł, casi hambriento.
—Entra, gatito —dijo—. Hace demasiado frĂo aquĂ fuera para una cosa tan bonita como tĂş.
Al entrar a la casa, Carl encontrĂł un espejo en el pasillo y vislumbrĂł su rostro mientras pasaba, además de las mejillas rosadas por la vergĂĽenza y el frĂo, estaba mortalmente pálido. Dios, se veĂa horrible. De repente, se detuvo en la cocina y cruzĂł los brazos sobre su pecho. Le resultaba muy difĂcil mirar a Negan.
—PerdĂłn por venir asà —dijo Carl—. Sin previo aviso. No querĂa-…
—Shh —dijo Negan, poniendo un dedo en sus labios para calmarlo—. Te dije que volvieras, ¿o no? —Carl asintió—. Y lo hiciste, eres un buen chico —pasó su mano por la mejilla de Carl para después enredar los dedos en su cabello. Negan apretó su agarre en el cabello de Carl e inclinó su cabeza a un lado, hundiendo su nariz en el cuello de Carl—. Tengo algo para ti.
Su gran mano cálida envolviĂł la pequeña y frĂa de Carl y tirĂł de Ă©l hacia la sala de estar. Era un espacio sobrio; una gran televisiĂłn, un sofá de cuero, una planta de interior en el suelo y una pequeña mesa de cafĂ© cubierta con los restos de su cena. HabĂa una imagen en la pared, un paisaje de aspecto genĂ©rico como el que puedes conseguir en cualquier tienda. La pared del fondo, sin embargo, no era más que un ventanal del piso al techo. DebĂa ser impresionante a la luz del dĂa.
—Siéntate —ordenó Negan, haciendo un gesto hacia el sofá.
Carl se sentĂł en el borde del sofá y mirĂł por las ventanas. Se preguntĂł quiĂ©n podrĂa ver el interior desde aquĂ, o si no habĂa nada más que árboles allá afuera. ÂżPodĂa la gente ver lo que estaban a punto de hacer? Porque estaban a punto de hacer algo Âżverdad? VolviĂł a limpiarse las manos en sus pantalones.
Se dio la vuelta y casi saltĂł del sofá, Negan habĂa regresado tan silenciosamente que Carl no lo habĂa notado en absoluto. ÂżCĂłmo puede alguien como Ă©l ser tan sigiloso? Los ojos de Carl se fijaron en el paquete en sus manos, una pequeña caja de cartĂłn marrĂłn.
—Quiero verte abrirlo —dijo Negan. La mirada que le dirigiĂł a Carl fue oscura e intensa. ParecĂa peligroso, como un depredador.
Carl pasĂł las manos por el exterior de la caja y se humedeciĂł los labios. Honestamente, no tenĂa idea de lo que podrĂa haber dentro. Moviendo sus ojos entre Negan y la caja, la abriĂł lentamente.
Era un collar de cuero negro. Curiosamente, lo recogiĂł. El interior estaba forrado con suave tela y el frente tenĂa varios anillos, se dio cuenta que parecĂa solo poder abrirse con una llave.
—¿Qué es esto? —él dijo.
—¿Qué piensas que es? —preguntó Negan.
—Un collar.
—Mmh.
—¿Para qué?
—Para ti.
Carl levantĂł sus ojos de golpe al rostro de Negan. Negan lo miraba con avidez.
—¿Para m�
—Eres mi pequeño gatito, Âżo no? —preguntĂł Negan, tomando el collar de las manos de Carl. Su toque provocĂł otra ronda de escalofrĂos—. Y los gatitos necesitan tener un collar. Incluso los buenos como tĂş.
—¿Qué-… —comenzó Carl, pero Negan lo interrumpió.
—Lo usarás mientras estés aquà —dijo, abriéndolo—. Podrás quitártelo cuando te vayas, mejor dicho, yo te lo quitaré. Solo yo tengo la llave.
El estĂłmago de Carl se retorciĂł. Nunca antes habĂa oĂdo hablar de algo asĂ en su vida, pero pensar en ello lo excitaba terriblemente.
—Está bien —susurró.
Carl se estremeciĂł mientras Negan pasaba suavemente el collar alrededor de su cuello suavemente. Le costaba respirar. Esto no era lo que habĂa imaginado cuando finalmente tuviera el valor de volver aquĂ. Esto no era algo para lo que su cerebro tuviera siquiera un marco de referencia.
Era mucho mejor.
Negan sacó una llave de su bolsillo y cerró el collar con un pequeño clic.
—Y dime… —suspirĂł Negan. Carl pasĂł sus propias manos sobre su cuello. Estaba lo suficientemente suelto como para poder deslizar varios dedos entre la tela y su cuello, pero lo suficientemente ajustado como para que no pudiera olvidar que estaba allĂ—. ÂżCĂłmo se siente?
—Bien —Carl tragó saliva. Sin saber qué hacer con sus manos, las cruzó sobre su regazo.
—¿Solo bien? —habĂa una media sonrisa flotando en los labios de Negan. EnganchĂł un dedo en uno de los anillos en el frente y atrajĂł a Carl, haciĂ©ndolo perder el equilibrio haciĂ©ndolo caer sobre el pecho de Negan. Carl jadeĂł.
—Mejor que bien —dijo Carl sin aliento.
Negan se puso de pie y arrastró a Carl con él por uno de los anillos.
—¿Listo para divertirte un poco? —dijo, pasando sus dedos sobre el cuero, debajo del borde para que se apretara contra la piel de Carl, quien asintió en silencio mientras con la otra mano Negan juntaba sus cuerpos, empujando su enorme erección contra el vientre de Carl.
Suavemente, Negan guiĂł a Carl de rodillas.
—Usa tu boca —ordenó.
Torpemente, Carl tratĂł de abrir la cremallera de Negan. Nunca antes habĂa intentado desabrochar los pantalones de otra persona, y el ángulo tambiĂ©n era novedoso. Sin embargo, Negan fue paciente, dándole pequeños tarareos silenciosos de aprobaciĂłn mientras acariciaba su cabello.
Finalmente pudo bajar los pantalones y la ropa interior de Negan y se encontrĂł cara a cara con la polla más grande que jamás habĂa visto. Por supuesto, toda su limitada experiencia hasta ahora habĂa sido con chicos de su misma edad, pero estaba seguro de que este tenĂa que ser el pene más grande jamás creado.
—Es tan grande —dijo con los ojos muy abiertos—. No creo que-…
—Lo harás bien —respondió Negan con suavidad.
Tentativamente, Carl sacĂł la lengua y lo lamiĂł con cautela.
—Eso es —lo alentó Negan—. Usa tu lengua.
Envalentonado por el elogio, Carl lo intentĂł de nuevo, lamiendo a lo largo del eje y hasta la cabeza, pasando la punta de su lengua por todo lo largo
—Métela a tu boca ahora —dijo Negan, tirando de su cabello, jalandolo hacia adelante. Carl se apoyó en las caderas de Negan y tomó su polla en su boca tanto como pudo, hasta sentirlo chocar contra la parte posterior de su garganta y se atragantó.
—Lo siento —jadeó, retrocediendo.
—Otra vez —ordenó Negan.
Carl lo entendiĂł muy pronto, coordinando manos, lengua y boca, ayudado por las firmes instrucciones y gruñidos de agradecimiento de Negan. Le empezĂł a doler la mandĂbula, lágrimas corrĂan por su rostro. Negan empujĂł contra su boca un par de veces, provocándole arcadas cada vez, pero Carl no se rindiĂł. Se sentĂa extrañamente orgulloso de sĂ mismo.
Sintió un agarre repentino en su cuello y Carl estaba siendo colocado de pie nuevamente. No pudo evitar el gemido que escapó de su garganta. Ser tratado como si no fuera nada más que una muñeca sexual se estaba convirtiendo rápidamente en su nueva cosa favorita.
—Dime —dijo Negan, empujando su ancho pulgar en la boca de Carl y manteniendo su mandĂbula abierta—. ÂżAlguien te ha follado antes?
Carl no podĂa hablar con la intrusiĂłn en su boca, asĂ que negĂł con su cabeza.
—Entonces seré el primero —dijo Negan con satisfacción. Carl sintió que sus ojos se agrandaban y gimió involuntariamente—. Qué lindos ruidos haces, gatito —murmuró Negan, reemplazando el pulgar con sus labios.
Su beso fue intenso, su boca hambrienta. MordiĂł los labios de Carl, luego capturĂł su lengua y la succionĂł en su boca. Carl se derritiĂł contra Ă©l. No podĂa pensar, no podĂa actuar, solo podĂa reaccionar. FĂłllame, haz lo que quieras conmigo, querĂa decir, solo que no podĂa, asĂ que dejĂł que su cuerpo lo expresara por Ă©l.
Negan debió de haberlo entendido porque lo desnudó, le quitó la camisa con un movimiento fluido, le bajó los pantalones y la ropa interior, y luego usó los anillos del collar para guiarlo de regreso al sofá.
La polla de Carl se balanceĂł entre sus piernas, dura y roja. AĂşn no lo habĂan tocado y se sentĂa tan emocionado que temĂa correrse en ese mismo instante. Sin embargo, Negan le negĂł el alivio. EmpujĂł a Carl sobre su espalda, luego volviĂł a meter la mano en la caja que tenĂa el collar y sacĂł una botella de lubricante.
—Cierra tus ojos.
Nerviosamente, Carl lo hizo. ÂżQuĂ© era esto? ÂżNegan iba a tomar su polla gigante y metĂ©rsela en el culo y ni siquiera tendrĂa la decencia de dejar que Carl viera lo que estaba pasando? EscuchĂł el chorro hĂşmedo del lubricante y luego una suave presiĂłn en su entrada. Inhalo temblorosamente.
—Está bien, cariño —dijo Negan. ComenzĂł a acariciar el agujero de Carl. Era su mano, no su polla. Su mano habĂa estado allĂ la Ăşltima vez. Su mano se habĂa sentido increĂble la Ăşltima vez—. Respira.
Uno de sus dedos se deslizĂł y comenzĂł a dilatarlo con movimientos suaves y resbaladizos. Lentamente, muy despacio, Carl exhalĂł y mantuvo los ojos cerrados. Se sintiĂł bien. Negan no estaba tratando de alcanzar aquĂ©l punto, pero se sentĂa bien.
Un segundo dedo se unió al primero. Esta vez hubo un pequeño ardor, un poco de estiramiento, y Carl se tensó. Negan puso una mano sobre su vientre, acariciando.
—Lo estás haciendo bien, gatito —dijo—. Muy bien —Carl se adaptĂł rápidamente, pero Negan seguĂa moviendo sus dedos muy lentamente. ComenzĂł a enloquecerlo, Carl necesitaba más. Se retorciĂł un poco, tratando de buscar más presiĂłn, más rápido, más fuerte, cualquier cosa.
EscuchĂł a Negan bufar, sintiĂł la sonrisa en su voz.
—Hermoso, mĂrate. Tan necesitado.
—Sà —se quejó Carl—. ¿Puedo abrir los ojos?
—Aún no. Quiero que lo sientas primero.
Un tercer dedo. Carl se estaba desesperando ahora, follándose a sĂ mismo en la mano de Negan. De vez en cuando, Negan volvĂa a rozar ese punto y Carl se quejaba cada maldita vez. Era mucho mejor que cualquier cosa que hubiera hecho consigo mismo. QuerĂa hacer esto por siempre.
—Lo estoy sintiendo —suplicó—. Por favor.
—¿Por favor qué?
—Por favor —jadeĂł Carl, manteniendo los ojos cerrados con fuerza. El lenguaje parecĂa imposible. Todo lo que existĂa en el mundo era la oscuridad detrás de sus párpados y los dedos de Negan en su culo y las sensaciones que lo rodeaban.
—Di, “fóllame, por favor”.
—¡Fóllame, por favor! —sollozó Carl, agradecido consigo mismo de poder decir las palabras.
—Abre los ojos.
Negan apareciĂł a la vista. Se habĂa quitado la camisa en algĂşn momento. Carl querĂa lamer su pecho, pasar su lengua por cada colina y valle, saborear su sudor. Nunca antes habĂa tenido pensamientos como este y no sabĂa de dĂłnde venĂan.
La mano de Negan desapareciĂł del agujero de Carl, sintiĂ©ndose vacĂo y abierto. Bañó su mano con lubricante y cubriĂł su dura polla, luego goteĂł el resto sobre Carl, frotándolo sobre su entrada.
—Recuerda respirar —dijo.
La presiĂłn en la entrada de Carl regresĂł, pero esta vez era la polla de Negan. Carl no recordĂł respirar, en absoluto, y Negan empujĂł hacia adentro hasta que finalmente la cabeza de su polla desapareciĂł.
Negan puso sus manos enormes y calientes en las delgadas caderas de Carl, sus pulgares se clavaron en el surco de los huesos de su pelvis. TirĂł de Carl sobre su pene, mirĂł con ojos hambrientos como el cuerpo ajeno lo engullĂa centĂmetro a centĂmetro. Carl se escuchĂł a sĂ mismo gimotear, se sintiĂł aferrarse a los cojines. Fue abrumador.
Los dedos de Negan habĂan sido increĂbles, pero esto era algo completamente diferente. Estaba tan lleno, abierto de par en par como nunca antes lo habĂa sentido. Era solo Negan, llenándolo de adentro hacia afuera. Las manos de Negan en sus caderas. El aliento de Negan en su rostro mientras se inclinaba hacia adelante para lamer su boca.
—Joder —jadeó Carl.
—Mi hermoso gatito —gruñó Negan—. Estás tan caliente por dentro, tan apretado —se retiró hasta que solo la cabeza de su polla permaneció dentro, luego se deslizó hacia adentro con un movimiento suave.
—¡Mierda! —sollozó Carl.
—Qué boca tan sucia —dijo Negan, deslizándose hacia afuera y hacia adentro, exprimiendo otro grito ahogado de la garganta de Carl. Llevándolo al borde del placer y el dolor.
—No- no puedo-…
Negan se deslizĂł de nuevo y lo embistiĂł con más fuerza esta vez, sintiendo los testĂculos chocar contra su trasero ahora rojo, y Carl gritĂł. Era una agonĂa, era exquisito y era al mismo tiempo la cosa más aterradora e intensamente placentera que jamás habĂa sentido. SollozĂł mientras Negan lo follaba.
Fue casi una experiencia extracorpĂłrea, mucho más allá de la capacidad limitada de su cerebro que simplemente se negĂł a reconocer la realidad de ser abierto por la polla de Negan una y otra vez. Carl tratĂł de alcanzar, quizá frenar las embestidas de Negan, pero el hombre tomĂł sus manos y las sostuvo sobre su cabeza y lo follĂł profundamente en los cojines del sofá. GruñĂa, jadeaba, gemĂa sin aliento; “dulce gatito” y “buen chico”.
La propia polla de Carl rebotĂł contra su estĂłmago, dura y goteando, pero apenas lo notĂł. Era casi demasiado. ÂżCĂłmo podrĂa una persona lidiar con tantas sensaciones?
Justo cuando estaba a punto de ser demasiado, justo cuando Carl estaba a punto de suplicarle a Negan que se detuviera, Negan de repente se retirĂł y comenzĂł a masturbarse bruscamente con su propia mano. Se corriĂł en rayas blancas sobre el estĂłmago y el pecho agitado de Carl, salpicando hasta su cuello.
Carl se desplomĂł sin fuerzas, aturdido.
—Es tu turno, gatito —dijo Negan con brusquedad. Carl solo pudo gemir lastimeramente.
Se recostĂł de lado junto a Carl y lo besĂł en la mejilla. Casi con ternura, Negan tomĂł la pobre polla descuidada de Carl en su mano y comenzĂł a acariciarla.
Con un sollozo, Carl giró su rostro hacia el cuello de Negan y embistió contra su mano. Se corrió en segundos, su semen mezclándose con el de Negan.
—Fuiste un buen chico esta noche —le susurrĂł Negan al oĂdo—. Tan dulce. Tan perfecto. Mi hermoso gatito.
Carl sollozĂł en el cuello de Negan y se aferrĂł a su brazo.
—¿Estás bien? —preguntó Negan, pasando su mano por el costado de Carl, amasando su cadera.
—No lo sé —dijo Carl con sinceridad.
Negan puso una mano debajo de su barbilla y la inclinĂł hacia arriba. Lo besĂł suavemente, en los labios y tirĂł del inferior para succionarlo suavemente.
Carl se volviĂł dĂłcil contra Ă©l, fundiĂ©ndose en el beso. AĂşn se sentĂa tembloroso y aturdido, pero tambiĂ©n se sentĂa profundamente satisfecho. En el fondo, sabĂa que volverĂa y pedirĂa esto de nuevo.
Esperaba que Negan se lo diera.
—DeberĂa irme a casa —dijo Carl finalmente, separándose.
Negan se sentĂł y tirĂł de Carl por el collar.
—Estaré aquà el jueves por la noche. ¿Vas a regresar?
Carl se estirĂł y acariciĂł con sus dedos la barba de Negan, rozando sus labios con las yemas de sus dedos.
—SĂ.
Negan lo observĂł por un momento, e incluso despuĂ©s de todo lo que habĂa sucedido, todavĂa habĂa algo de hambre en sus ojos.
—Te daré otro regalo —dijo con voz baja y oscura.
Carl sonriĂł.
—No puedo esperar.