Devil's Wild Cat

by

Rating:
Explicit
Archive Warning:
Underage Sex
Category:
M/M
Fandom:
The Walking Dead (TV)
Relationship:
Negan Smith/Carl Grimes
Additional Tags:
Alternate Universe - No Zombie Apocalypse, Lust at First Sight, Consensual but Not Safe or Sane, Age Difference, Older Man/Younger Man, Top Negan Smith, Bottom Carl Grimes, Halloween Costumes, Intercrural Sex, Dirty Talk, Pet Play, Anal Fingering, First Time, Loss of Virginity, Blow Jobs, Rough Sex, Creampie, Dead Dove: Do Not Eat
Published:
2025-10-03
Words:
5768

Sumario:

Entrar voluntariamente a la casa de un extraño no es una de las ideas más inteligentes que Carl ha tomado en su corta vida. Es joven, pero no es estúpido, sabe que el tipo podría hacerle literalmente cualquier cosa, y sin duda el ridículo disfraz del hombre tampoco lo ayudaba a calmarse. Siempre ha sido un chico impulsivo, pero la sensación de incertidumbre y el atisbo de terror en sus venas era casi una necesidad.

Es Halloween y los dos mejores amigos de Carl arrastran al adolescente por el vecindario para obtener golosinas, lo que lo espera es algo mucho mejor que eso.





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—No sé cómo dejé que me metieran en esto —se quejó Carl, ajustando sus orejas de gato.

Tres pares de pies crujían entre las hojas muertas que cubrían la acera. El anochecer se acercaba rápidamente y el clima comenzaba a enfriarse un poco.

—Deja de quejarte —dijo Ron debajo de su máscara de Jason, pasándole una botella de agua que claramente no estaba llena de agua. El sabor del vodka ardía al bajar por su garganta. Su amigo extendió la mano con impaciencia para que le devolviera la botella.

—Pedir dulce o truco es para bebés —dijo Carl—. Mira, hay un bebé justo ahí. En un disfraz de calabaza. Literalmente.

—Juro que eres alérgico a la diversión —dijo Enid.

Pasaron junto a una fila de linternas que parpadeaban al pie de los escalones del porche de alguien y Carl resistiĂł el impulso de patearlas.

—Tu disfraz se ve muy bien —dijo Enid, riendo.

Llevaba jeans ajustados negros, una camiseta negra y una diadema con orejas de gato, fue lo primero encontrĂł para esa noche, no es que le importara realmente. Sus dos amigos habĂ­an insistido en pintar bigotes en sus mejillas con el delineador de Enid, Carl solo rodĂł los ojos solo al recordarlo, y volviĂł a ajustar sus orejas.

—Gracias. Enid, tú pareces una funda de almohada con sangre en la cara.

—Es un vestido —siseó Enid—. Y una peluca. Soy una novia zombie.

—Enid, déjalo —dijo Ron—. Miren, las casas grandes están al final de la cuadra. Quizá nos den algo más grande.

—Prefiero una de tamaño completo, si sabes a lo que me refiero —murmuró Carl al oído de Enid mientras caminaban, quien ocultó su risa detrás de su mano. Tomó la botella y bebió otro trago de vodka. Ah, se sentía bien relajarse un poco.

En la primera mansión en la que se detuvieron no había nadie. La segunda tenía un cuenco con un letrero que decía “por favor tome uno”, y el cuenco estaba, obviamente, ya vacío. La tercera les dio cajas con pasas.

—Qué. Se. Jodan —dijo Carl—. Estas casas están tres veces más separadas y no nos están dando una mierda. No vine aquí a hacer ejercicio.

—Intentemos en algunas más —dijo Enid.

La cuarta casa estaba cubierta con ladrillos ornamentales y tenĂ­a una bonita pasarela bordeada de luces. No habĂ­a decoraciones, por lo que Carl no tenĂ­a esperanzas de que realmente hubiera un buen botĂ­n aquĂ­, pero habĂ­a un auto en la entrada y la luz del porche estaba encendida, asĂ­ que se acercaron y tocaron el timbre de todos modos.

El diablo abriĂł la puerta.

Probablemente tendría más de cuarenta años. La luz del porche lo hacía brillar y se reflejaba en sus cuernos de plástico. Cuando los vio, sus ojos se iluminaron con algo que Carl no supo identificar.

—Dulce o truco —dijo Ron con voz monótona, hablando por todos ellos.

—Mi primer dulce o truco —dijo el diablo cálidamente—. ¿No están un poco grandes para esto?

—Somos jóvenes de corazón —dijo Carl con seriedad, poniendo una mano en su pecho. El diablo volvió su sonrisa hacia Carl. Todavía era amistosa, pero de repente también parecía un poco peligrosa. Carl no pudo apartar los ojos.

—¿Es así? —el hombre dijo—. Bueno, resulta que están de suerte. Tengo dulces para los niños y jóvenes de corazón.

—No estabas aquí el año pasado —dijo Enid mientras el hombre alcanzaba algún lugar detrás de la puerta para tomar el tarro de dulces—. Pasé por esta casa. Te recordaría.

—Tienes razón, me acabo de mudar —dijo el hombre—. ¿Viven aquí? Todavía no he conocido a mucha gente.

Realmente estaba hablando con Enid, pero habĂ­a regresado a la puerta y estaba mirando a Carl nuevamente, esa misma mirada intensa que lo hizo estremecerse ligeramente. Carl le devolviĂł la mirada.

—En realidad no —dijo Carl.

—Es una lástima —dijo el diablo, entregándole a cada uno de ellos una barra de Snickers de tamaño grande. Su mano rozó la de Carl y podría jurar que se demoró un segundo de más. Carl tragó saliva.

—Bueno, vivimos cerca —dijo Carl—. Quiero decir, caminamos hasta aquí, pero no es algo que a alguien le gustaría hacer todo el tiempo.

—Bueno, entonces supongo que he conocido a otro vecino —los ojos del diablo eran oscuros. ¿Por qué solo estaba hablando con Carl? Enid tiró de su brazo para irse, pero él la ignoró.

—Gracias —dijo Ron en voz alta detrás de su propia máscara, dándose la vuelta para seguir su camino.

—Gracias por los dulces —dijo Enid. El diablo apenas la miró. Carl se lamió los labios nerviosamente y observó al hombre seguir el movimiento de su lengua.

Dios, sentĂ­a que iba a hiperventilar.

—De nada —dijo el diablo—. Feliz Halloween.

—… Feliz Halloween —logrĂł articular Carl, pero la puerta ya se estaba cerrando.

Enid lo arrastró por el camino hacia los demás.

—Ese tipo era espeluznante —dijo Enid. Ron se encogió de hombros.

—Lo que sea. Nos dio buenos dulces. Sigamos.

—¿Me estaba mirando? —Carl le preguntó a Enid—. Creo que me estaba mirando.

—Te estaba mirando —dijo Enid—. Tomé dos raciones y ni siquiera se dio cuenta.

Mariposas se agitaron en su vientre.

—¿Eso crees?

—Espeluznante —dijo Enid de nuevo—. ¿Qué edad tendrá, como cincuenta?

—No creo que sea tan mayor —dijo Carl, mirando por encima de su hombro. Todas las cortinas estaban cerradas pero podía distinguir las luces encendidas. De alguna manera parecía más que solo una casa ahora, parecía una puerta directo al infierno: un mundo reinado por el mismísimo demonio. Cualquier cosa podría estar al acecho allí. Carl se estremeció.

Una de las cortinas se movió ligeramente y Carl juró haber visto al hombre mirándolo de nuevo.

—Ustedes sigan —dijo—. Los alcanzaré.

—No, no lo harás —dijo Enid, cruzando los brazos—. ¿Y si te mata?

—Hay peores formas de morir —se encogió de hombros. Carl tomó la botella y bebió otro trago fortificante de vodka—. Los veré luego —dijo comenzando a bajar por la acera.

—¡Eres un imbécil! —Ron le gritó.

—¡Lo sé! —Carl gritó de vuelta.

—¿En serio lo estás dejando ir? —escuchó a Enid decir detrás de él, pero la puerta principal del diablo se estaba haciendo cada vez más grande en su visión y su mente ya estaba en otro mundo, uno plagado de hombros anchos y miradas peligrosas.

TocĂł el timbre.

El hombre pareció sorprendido de verlo de nuevo, pero la conmoción en su rostro se transformó en una apreciación complacida casi instantáneamente. Sus ojos recorrieron el cuerpo de Carl de arriba abajo.

—El gatito ha vuelto —dijo, apoyándose en el marco de la puerta—. Lo siento, solo una barra de chocolate por persona.

El estĂłmago de Carl se retorcĂ­a en su vientre. SintiĂł que su corazĂłn podrĂ­a salir de su pecho.

—Oye… —dijo, y su voz eligió ese instante para quebrarse ligeramente. Quería hundirse en el suelo de la vergüenza. De repente se dio cuenta de que no tenía idea de lo que estaba haciendo—. Me preguntaba si podría, eh… usar tu baño.

El diablo se hizo a un lado en silencio y extendió un brazo dándole permiso de entrar. Carl cruzó el umbral y un escalofrío lo estremeció por completo. Mierda. Definitivamente parecía que iba a ser asesinado. Al mirar por encima del hombro, vio los ojos del hombre fijos en su trasero.

—Al final del pasillo a tu derecha —dijo el hombre.

Carl orinó rápidamente y luego se miró en el espejo mientras se lavaba las manos. Casi deseaba que el baño tuviera una ventana por la que pudiera escapar. Cuando salió, el hombre se había movido a la cocina. Se había quitado los cuernos sobre su cabeza y colocó su chaqueta de cuero sobre el respaldo de una de las sillas.

QuĂ©date o huye. QuĂ©date o huye. QuĂ©date o…

—Tienes una casa muy bonita —dijo Carl. Los ojos del diablo estaban entrecerrados, como si tratara de analizarlo. Dejó el vaso de whisky del que había estado bebiendo, rodeó la encimera que los separaba, y se colocó detrás de Carl. Sintió unas grandes manos posarse sobre sus hombros, demasiado calientes incluso a través de la tela de su camisa.

—Me viste mirándote —dijo el hombre, su voz baja y áspera, sintiendo el aliento cálido con olor a alcohol rozando su piel. Carl cerró los ojos y deseó que su cuerpo dejara de temblar.

—Sí —dijo Carl con dificultad.

—¿Te gustó?

—Sí.

Esas grandes manos corrĂ­an por sus brazos ahora.

—¿Tienes un nombre, lindo gatito?

—Carl —su nombre salió en un tono agudo cuando el diablo le agarró el culo con ambas manos y lo apretó.

—Shh —dijo el hombre, deslizando una mano para extenderla sobre el vientre plano del joven—. Te cuidaré bien, cariño.

Carl sintió que todo su cuerpo era una gran terminación nerviosa. Estaba muy consciente de cada sensación que asaltaba su cerebro; las ásperas luces fluorescentes de la cocina, la enorme presencia del diablo cerniéndose detrás de él como una montaña, la mano que de alguna manera abarcaba todo su trasero en una sola palma, su propia polla moviéndose bajo la tela. Su ropa de repente se sintió sofocante.

—¿Cuál es tu… —cuál es tu nombre, había estado tratando de preguntar, pero la mano en su vientre bajó aún más para acariciar su erección a través de la tela de sus jeans, haciendo que sus caderas de movieran hacia el toque con un pequeño gemido.

El hombre atrajĂł a Carl hacia su pecho, aun de espaldas, con una mano sobre su polla pero la otra debajo de su camisa para rozar un pezĂłn con el pulgar. Carl podĂ­a sentir algo enorme, duro y largo presionando contra su trasero. Se inclinĂł ligeramente hacia adelante, no habĂ­a a dĂłnde ir en ese agarre de hierro.

—Me encantaría follar este hermoso culo —retumbó el hombre contra la piel del cuello de Carl—. Pero me siento impaciente esta noche.

Carl se dejó maltratar, con el pecho agitado, tratando duramente de llevar oxígeno a sus pulmones. El hombre tiró de la camisa de Carl sobre su pecho y empuñó la tela con una mano, manteniéndolo inmóvil mientras bajaba sus jeans y ropa interior hasta las rodillas con la otra, empujando a Carl boca abajo sobre la mesa de la cocina.

No hubo romance, ni ternura, pero ser tratado así alimentó algo en lo más profundo de Carl.

—Mantén tus muslos juntos —ordenó el diablo—. Aprieta tus piernas.

Carl sintió que el hombre se bajaba los pantalones y luego una longitud dura y caliente presionada entre sus muslos. Carl jadeó. No había lubricación en absoluto y su piel tiraba incómodamente. Escuchó al hombre escupir y luego el movimiento entre sus piernas se hizo mucho más fluido.

El diablo empujaba hacia adelante y hacia atrás, sintiendo lo largo de la polla dura frotando la tierna piel de su perineo, arrastrándose contra sus testículos. Carl apretó los muslos hasta que le dolieron y temblaron sin control. Se sentía delirante por la conmoción y la excitación. Todo había sucedido tan rápido. La mano que no lo sujetaba separó sus nalgas y el hombre lanzó un gruñido apreciativo.

—Mira este pequeño agujero perfecto —la punta de un dedo empujó contra él, sin meterlo, pero fue suficiente como para hacer que Carl gimiera de necesidad. Carl movió sus caderas hacia atrás tanto como pudo, invitando al diablo a hundirse más profundamente entre sus piernas. Quería más. Lo quería todo.

—Por favor —dijo Carl. Ni siquiera sabía lo que estaba pidiendo—. Por favor…

El hombre azotó su trasero y Carl lanzó un pequeño grito de sorpresa. Sus movimientos se estaban volviendo más rápidos ahora, más erráticos, y soltó la camisa de Carl para envolver ambos brazos alrededor de su cintura y juntar sus caderas, colapsando sobre la espalda de Carl mientras se corría con un gruñido grave y profundo.

El cuerpo de Carl se sentĂ­a electrificado en este punto, comenzĂł a moverse, pero el peso del hombre se mantuvo presionado sobre su espalda.

—¿A dónde vas, gatito? —murmuró, lamiendo la nuca de Carl, dejando fuego a su paso—. Mereces una recompensa, ¿no te parece?

—Ah —gimió Carl, quedándose flácido y presionando su mejilla contra la mesa—. Por favor —dijo de nuevo.

El hombre bajĂł una mano y pasĂł un dedo por su propio semen, que goteaba por el muslo interno de Carl. LlevĂł su dedo a los labios de Carl, quien cerrĂł los ojos y lo chupĂł hasta dejarlo limpio, el sabor amargo inundĂł su boca. Estaba tan duro que pensĂł que podrĂ­a morir.

—Hermoso —suspiró el diablo—. Date la vuelta.

Ni siquiera le dio tiempo a Carl para obedecer. El peso del hombre desapareció de su espalda y luego esas manos gigantes voltearon su cuerpo como si no pesara nada. Fue estimulante. Carl sintió como si flotara. Y finalmente pudo ver bien al hombre ahora, su polla seguía mayormente dura, colgando pesada y gruesa entre sus piernas. Carl imaginó cómo se sentiría dentro de él y lo hizo retorcerse sobre la mesa.

—Qué impaciente —dijo el diablo con una media sonrisa.

AcariciĂł la polla de Carl con una mano aun resbaladiza con semen, de raĂ­z a la punta, prestando atenciĂłn sobre la cabeza sensible, y Carl se aferrĂł al borde de la mesa con ambas manos.

—Mierda…

El hombre separó más sus piernas y deslizó un dedo de su mano libre sobre su propio semen. Después la llevó una vez más hacia la entrada de Carl y jadeó cuando se deslizó dentro de él.

—¡A-Ahh!

Había usado sus propios dedos antes, pero eran tan delgados en comparación. Nada como estos dígitos grandes y ásperos del mismísimo demonio que actualmente lo estaba corrompiendo inclinado sobre la cocina como una especie de puta barata.

El dedo dentro de él se movió hacia adentro y hacia afuera, girando y buscando, hasta que rozó algo dentro que hizo que Carl se arqueara sobre la mesa.

—Ahí está —suspiró el diablo.

La mano que se movía sobre su polla no se había detenido. Carl empujó contra la fricción, saboreando la deliciosa presión en su interior. Su mundo se redujo a las sensaciones que el diablo le estaba haciendo experimentar, siendo masturbado y follado con los dedos simultáneamente. Fue abrumador. Carl se dio cuenta que ruidos agudos provenientes de su propia garganta inundaban la habitación.

—Vamos, gatito —dijo el diablo—. Córrete para mí.

Con un gemido, Carl lo hizo. El diablo no dejĂł de acariciarlo.

—Realmente eres como un gato —había diversión en su voz.

—Hice un desastre —Carl siseó y se apartó.

—Te traeré una toalla.

Se limpiaron y volvieron a poner su ropa en orden. Ahora que su polla no estaba en completo control de su mente, finalmente Carl se dio cuenta de lo increíblemente estúpido que había sido. Entrar sin más a la casa de un extraño. El tipo podría haberle hecho cualquier cosa. Aún podría hacerlo.

Pero una parte de Carl querĂ­a que lo hiciera. Todo era muy confuso.

—Deberías volver con tus amigos —dijo el hombre—. No quisiera que se preocuparan.

—Creo que es demasiado tarde para eso —dijo Carl. Sabía que debía irse, pero no quería hacerlo—. Nunca escuché tu nombre.

El diablo lo observĂł fijamente, encontrando ese inquitante brillo en sus ojos que habĂ­a hipnotizado a Carl desde el primer momento en que lo vio.

—Negan.

—Bueno, Negan—dijo Carl, acercándose—. ¿Me vas a dejar ir sin siquiera un beso?

Considerando la falta de romance hasta el momento, esperaba que el hombre se riera en su cara o simplemente le señalara el camino hacia la puerta, pero en lugar de eso, Negan lo acercó con una mano en la cintura y llevó la otra a su mejilla.

—Gatito exigente —murmuró Negan, y se inclinó para capturar los labios de Carl con los suyos.

Era sorprendentemente tierno, sus bocas se movían suavemente juntas, y Carl sintió que comenzaba a derretirse. La mano en su mejilla se deslizó suavemente alrededor de su cabeza aferrándose ligeramente a su cabello. El calor comenzó a acumularse en su vientre de nuevo, sintió pequeñas corrientes de electricidad. Negan se echó hacia atrás, sus pupilas eran enormes y vidriosas.

—Ven a verme otra vez —dijo, tirando del labio inferior de Carl hacia abajo con el pulgar.

Carl asintiĂł tontamente, luego suspirĂł en la boca de Negan mientras lo besaba de nuevo.


Carl nunca se habĂ­a dado cuenta de la frecuencia con la que pasaba por la casa de Negan.

Era una buena caminata de veinte minutos desde su propia casa, pero pasaba por allí todo el tiempo camino al colegio y a casa de sus amigos. O más bien, su padre lo hacía pasar por ahí en su patrulla casi diariamente.

El auto de Negan no siempre se encontraba en la entrada cuando Carl pasaba por ahí. Probablemente conducía hasta su trabajo, pero Carl no pudo encontrar un patrón en eso, se preguntó qué haría para pagar una casa tan grande.

Podría preguntarle en persona; después de todo, Negan le había dicho a Carl que quería volver a verlo.

Sin embargo, Carl pensó que si volvía allí no habría mucha conversación involucrada. La idea le hacía temblar y sentirse extraño, pero de una forma nueva y emocionante. Si llamaba a la puerta, ¿qué pasaría? Soñaba despierto con eso constantemente; Negan manipulándolo en la posición que él quisiera, disfrutando del cuerpo de Carl a su antojo, Negan alcanzando ese lugar en sus entrañas nuevamente, uno que Carl no sabía que existía hasta el momento en que el dedo de Negan lo rozó.

Carl había vuelto a encontrar ese lugar por su cuenta, pero no era lo mismo. Eran sus propios dedos en su propia habitación, ni siquiera podía obtener un buen ángulo y mucho menos dejarse llevar. Necesitaba que Negan lo tocara de nuevo, para despertar esa electricidad debajo de su piel y apartarla por fin de su mente.

La primera vez habĂ­a sido impulsiva, algo estĂşpido. Esto serĂ­a algo… bien calculado. Con un propĂłsito. Algo real, una decisiĂłn trascendental. No un “oye, te vi mirándome y creo que me gustó”, sino “por favor, quiero que me folles”.

Esa fue una diferencia, una grande.

Y todavĂ­a no sabĂ­a nada sobre Negan, en absoluto. SĂ­, Carl habĂ­a escapado la primera vez con nada más que un orgasmo alucinante, pero, ÂżquiĂ©n harĂ­a algo asĂ­? ÂżCualquier hombre adulto harĂ­a lo mismo? Carl sabĂ­a que no era asĂ­. No tenĂ­a experiencia, parecĂ­a una idea bastante estĂşpida, peligrosa, aterradora y…

Emocionante. Muy emocionante.

Esa semana recorrió el mismo camino a la casa del hombre a pie en tres ocasiones, acobardándose antes de que finalmente, la cuarta vez, se atreviera a tocar el timbre de la casa de Negan.

Un sudor frío humedeció sus palmas, secándolas rápidamente en sus pantalones. Pensó que su corazón saldría expulsado por su garganta. Nadie abrió la puerta al principio. Sin embargo, el auto estaba en la entrada y Carl pudo ver que había luces encendidas en la casa. ¿Estaba ocupado? ¿Tenía invitados? Quizás una novia. O esposa. Carl tragó saliva.

Esto habĂ­a sido una estupidez.

Acababa de darse la vuelta y estaba a punto de irse cuando la puerta principal se abre a sus espaldas.

—Vaya, pero si es el adorable gatito —dijo Negan arrastrando las palabras, bajo y grave.

Lentamente, Carl se dio la vuelta, casi conteniendo la respiración. Negan era tan alto e imponente como recordaba. Tal vez más. Y el doble de guapo. No era de extrañar que la débil memoria de Carl no le hubiera proporcionado los detalles adecuados.

—Miau —dijo inexpresivo.

Negan sonriĂł, casi hambriento.

—Entra, gatito —dijo—. Hace demasiado frío aquí fuera para una cosa tan bonita como tú.

Al entrar a la casa, Carl encontró un espejo en el pasillo y vislumbró su rostro mientras pasaba, además de las mejillas rosadas por la vergüenza y el frío, estaba mortalmente pálido. Dios, se veía horrible. De repente, se detuvo en la cocina y cruzó los brazos sobre su pecho. Le resultaba muy difícil mirar a Negan.

—PerdĂłn por venir asĂ­ —dijo Carl—. Sin previo aviso. No querĂ­a-…

—Shh —dijo Negan, poniendo un dedo en sus labios para calmarlo—. Te dije que volvieras, ¿o no? —Carl asintió—. Y lo hiciste, eres un buen chico —pasó su mano por la mejilla de Carl para después enredar los dedos en su cabello. Negan apretó su agarre en el cabello de Carl e inclinó su cabeza a un lado, hundiendo su nariz en el cuello de Carl—. Tengo algo para ti.

Su gran mano cálida envolvió la pequeña y fría de Carl y tiró de él hacia la sala de estar. Era un espacio sobrio; una gran televisión, un sofá de cuero, una planta de interior en el suelo y una pequeña mesa de café cubierta con los restos de su cena. Había una imagen en la pared, un paisaje de aspecto genérico como el que puedes conseguir en cualquier tienda. La pared del fondo, sin embargo, no era más que un ventanal del piso al techo. Debía ser impresionante a la luz del día.

—Siéntate —ordenó Negan, haciendo un gesto hacia el sofá.

Carl se sentó en el borde del sofá y miró por las ventanas. Se preguntó quién podría ver el interior desde aquí, o si no había nada más que árboles allá afuera. ¿Podía la gente ver lo que estaban a punto de hacer? Porque estaban a punto de hacer algo ¿verdad? Volvió a limpiarse las manos en sus pantalones.

Se dio la vuelta y casi saltó del sofá, Negan había regresado tan silenciosamente que Carl no lo había notado en absoluto. ¿Cómo puede alguien como él ser tan sigiloso? Los ojos de Carl se fijaron en el paquete en sus manos, una pequeña caja de cartón marrón.

—Quiero verte abrirlo —dijo Negan. La mirada que le dirigió a Carl fue oscura e intensa. Parecía peligroso, como un depredador.

Carl pasĂł las manos por el exterior de la caja y se humedeciĂł los labios. Honestamente, no tenĂ­a idea de lo que podrĂ­a haber dentro. Moviendo sus ojos entre Negan y la caja, la abriĂł lentamente.

Era un collar de cuero negro. Curiosamente, lo recogiĂł. El interior estaba forrado con suave tela y el frente tenĂ­a varios anillos, se dio cuenta que parecĂ­a solo poder abrirse con una llave.

—¿Qué es esto? —él dijo.

—¿Qué piensas que es? —preguntó Negan.

—Un collar.

—Mmh.

—¿Para qué?

—Para ti.

Carl levantĂł sus ojos de golpe al rostro de Negan. Negan lo miraba con avidez.

—¿Para mí?

—Eres mi pequeño gatito, ¿o no? —preguntó Negan, tomando el collar de las manos de Carl. Su toque provocó otra ronda de escalofríos—. Y los gatitos necesitan tener un collar. Incluso los buenos como tú.

—¿Qué-… —comenzó Carl, pero Negan lo interrumpió.

—Lo usarás mientras estés aquí —dijo, abriéndolo—. Podrás quitártelo cuando te vayas, mejor dicho, yo te lo quitaré. Solo yo tengo la llave.

El estĂłmago de Carl se retorciĂł. Nunca antes habĂ­a oĂ­do hablar de algo asĂ­ en su vida, pero pensar en ello lo excitaba terriblemente.

—Está bien —susurró.

Carl se estremeciĂł mientras Negan pasaba suavemente el collar alrededor de su cuello suavemente. Le costaba respirar. Esto no era lo que habĂ­a imaginado cuando finalmente tuviera el valor de volver aquĂ­. Esto no era algo para lo que su cerebro tuviera siquiera un marco de referencia.

Era mucho mejor.

Negan sacó una llave de su bolsillo y cerró el collar con un pequeño clic.

—Y dime… —suspiró Negan. Carl pasó sus propias manos sobre su cuello. Estaba lo suficientemente suelto como para poder deslizar varios dedos entre la tela y su cuello, pero lo suficientemente ajustado como para que no pudiera olvidar que estaba allí—. ¿Cómo se siente?

—Bien —Carl tragó saliva. Sin saber qué hacer con sus manos, las cruzó sobre su regazo.

—¿Solo bien? —había una media sonrisa flotando en los labios de Negan. Enganchó un dedo en uno de los anillos en el frente y atrajó a Carl, haciéndolo perder el equilibrio haciéndolo caer sobre el pecho de Negan. Carl jadeó.

—Mejor que bien —dijo Carl sin aliento.

Negan se puso de pie y arrastró a Carl con él por uno de los anillos.

—¿Listo para divertirte un poco? —dijo, pasando sus dedos sobre el cuero, debajo del borde para que se apretara contra la piel de Carl, quien asintió en silencio mientras con la otra mano Negan juntaba sus cuerpos, empujando su enorme erección contra el vientre de Carl.

Suavemente, Negan guiĂł a Carl de rodillas.

—Usa tu boca —ordenó.

Torpemente, Carl trató de abrir la cremallera de Negan. Nunca antes había intentado desabrochar los pantalones de otra persona, y el ángulo también era novedoso. Sin embargo, Negan fue paciente, dándole pequeños tarareos silenciosos de aprobación mientras acariciaba su cabello.

Finalmente pudo bajar los pantalones y la ropa interior de Negan y se encontró cara a cara con la polla más grande que jamás había visto. Por supuesto, toda su limitada experiencia hasta ahora había sido con chicos de su misma edad, pero estaba seguro de que este tenía que ser el pene más grande jamás creado.

—Es tan grande —dijo con los ojos muy abiertos—. No creo que-…

—Lo harás bien —respondió Negan con suavidad.

Tentativamente, Carl sacĂł la lengua y lo lamiĂł con cautela.

—Eso es —lo alentó Negan—. Usa tu lengua.

Envalentonado por el elogio, Carl lo intentĂł de nuevo, lamiendo a lo largo del eje y hasta la cabeza, pasando la punta de su lengua por todo lo largo

—Métela a tu boca ahora —dijo Negan, tirando de su cabello, jalandolo hacia adelante. Carl se apoyó en las caderas de Negan y tomó su polla en su boca tanto como pudo, hasta sentirlo chocar contra la parte posterior de su garganta y se atragantó.

—Lo siento —jadeó, retrocediendo.

—Otra vez —ordenó Negan.

Carl lo entendió muy pronto, coordinando manos, lengua y boca, ayudado por las firmes instrucciones y gruñidos de agradecimiento de Negan. Le empezó a doler la mandíbula, lágrimas corrían por su rostro. Negan empujó contra su boca un par de veces, provocándole arcadas cada vez, pero Carl no se rindió. Se sentía extrañamente orgulloso de sí mismo.

Sintió un agarre repentino en su cuello y Carl estaba siendo colocado de pie nuevamente. No pudo evitar el gemido que escapó de su garganta. Ser tratado como si no fuera nada más que una muñeca sexual se estaba convirtiendo rápidamente en su nueva cosa favorita.

—Dime —dijo Negan, empujando su ancho pulgar en la boca de Carl y manteniendo su mandíbula abierta—. ¿Alguien te ha follado antes?

Carl no podĂ­a hablar con la intrusiĂłn en su boca, asĂ­ que negĂł con su cabeza.

—Entonces seré el primero —dijo Negan con satisfacción. Carl sintió que sus ojos se agrandaban y gimió involuntariamente—. Qué lindos ruidos haces, gatito —murmuró Negan, reemplazando el pulgar con sus labios.

Su beso fue intenso, su boca hambrienta. Mordió los labios de Carl, luego capturó su lengua y la succionó en su boca. Carl se derritió contra él. No podía pensar, no podía actuar, solo podía reaccionar. Fóllame, haz lo que quieras conmigo, quería decir, solo que no podía, así que dejó que su cuerpo lo expresara por él.

Negan debió de haberlo entendido porque lo desnudó, le quitó la camisa con un movimiento fluido, le bajó los pantalones y la ropa interior, y luego usó los anillos del collar para guiarlo de regreso al sofá.

La polla de Carl se balanceĂł entre sus piernas, dura y roja. AĂşn no lo habĂ­an tocado y se sentĂ­a tan emocionado que temĂ­a correrse en ese mismo instante. Sin embargo, Negan le negĂł el alivio. EmpujĂł a Carl sobre su espalda, luego volviĂł a meter la mano en la caja que tenĂ­a el collar y sacĂł una botella de lubricante.

—Cierra tus ojos.

Nerviosamente, Carl lo hizo. ¿Qué era esto? ¿Negan iba a tomar su polla gigante y metérsela en el culo y ni siquiera tendría la decencia de dejar que Carl viera lo que estaba pasando? Escuchó el chorro húmedo del lubricante y luego una suave presión en su entrada. Inhalo temblorosamente.

—Está bien, cariño —dijo Negan. Comenzó a acariciar el agujero de Carl. Era su mano, no su polla. Su mano había estado allí la última vez. Su mano se había sentido increíble la última vez—. Respira.

Uno de sus dedos se deslizó y comenzó a dilatarlo con movimientos suaves y resbaladizos. Lentamente, muy despacio, Carl exhaló y mantuvo los ojos cerrados. Se sintió bien. Negan no estaba tratando de alcanzar aquél punto, pero se sentía bien.

Un segundo dedo se unió al primero. Esta vez hubo un pequeño ardor, un poco de estiramiento, y Carl se tensó. Negan puso una mano sobre su vientre, acariciando.

—Lo estás haciendo bien, gatito —dijo—. Muy bien —Carl se adaptó rápidamente, pero Negan seguía moviendo sus dedos muy lentamente. Comenzó a enloquecerlo, Carl necesitaba más. Se retorció un poco, tratando de buscar más presión, más rápido, más fuerte, cualquier cosa.

EscuchĂł a Negan bufar, sintiĂł la sonrisa en su voz.

—Hermoso, mírate. Tan necesitado.

—Sí —se quejó Carl—. ¿Puedo abrir los ojos?

—Aún no. Quiero que lo sientas primero.

Un tercer dedo. Carl se estaba desesperando ahora, follándose a sí mismo en la mano de Negan. De vez en cuando, Negan volvía a rozar ese punto y Carl se quejaba cada maldita vez. Era mucho mejor que cualquier cosa que hubiera hecho consigo mismo. Quería hacer esto por siempre.

—Lo estoy sintiendo —suplicó—. Por favor.

—¿Por favor qué?

—Por favor —jadeó Carl, manteniendo los ojos cerrados con fuerza. El lenguaje parecía imposible. Todo lo que existía en el mundo era la oscuridad detrás de sus párpados y los dedos de Negan en su culo y las sensaciones que lo rodeaban.

—Di, “fóllame, por favor”.

—¡Fóllame, por favor! —sollozó Carl, agradecido consigo mismo de poder decir las palabras.

—Abre los ojos.

Negan apareciĂł a la vista. Se habĂ­a quitado la camisa en algĂşn momento. Carl querĂ­a lamer su pecho, pasar su lengua por cada colina y valle, saborear su sudor. Nunca antes habĂ­a tenido pensamientos como este y no sabĂ­a de dĂłnde venĂ­an.

La mano de Negan desapareció del agujero de Carl, sintiéndose vacío y abierto. Bañó su mano con lubricante y cubrió su dura polla, luego goteó el resto sobre Carl, frotándolo sobre su entrada.

—Recuerda respirar —dijo.

La presiĂłn en la entrada de Carl regresĂł, pero esta vez era la polla de Negan. Carl no recordĂł respirar, en absoluto, y Negan empujĂł hacia adentro hasta que finalmente la cabeza de su polla desapareciĂł.

Negan puso sus manos enormes y calientes en las delgadas caderas de Carl, sus pulgares se clavaron en el surco de los huesos de su pelvis. TirĂł de Carl sobre su pene, mirĂł con ojos hambrientos como el cuerpo ajeno lo engullĂ­a centĂ­metro a centĂ­metro. Carl se escuchĂł a sĂ­ mismo gimotear, se sintiĂł aferrarse a los cojines. Fue abrumador.

Los dedos de Negan habían sido increíbles, pero esto era algo completamente diferente. Estaba tan lleno, abierto de par en par como nunca antes lo había sentido. Era solo Negan, llenándolo de adentro hacia afuera. Las manos de Negan en sus caderas. El aliento de Negan en su rostro mientras se inclinaba hacia adelante para lamer su boca.

—Joder —jadeó Carl.

—Mi hermoso gatito —gruñó Negan—. Estás tan caliente por dentro, tan apretado —se retiró hasta que solo la cabeza de su polla permaneció dentro, luego se deslizó hacia adentro con un movimiento suave.

—¡Mierda! —sollozó Carl.

—Qué boca tan sucia —dijo Negan, deslizándose hacia afuera y hacia adentro, exprimiendo otro grito ahogado de la garganta de Carl. Llevándolo al borde del placer y el dolor.

—No- no puedo-…

Negan se deslizó de nuevo y lo embistió con más fuerza esta vez, sintiendo los testículos chocar contra su trasero ahora rojo, y Carl gritó. Era una agonía, era exquisito y era al mismo tiempo la cosa más aterradora e intensamente placentera que jamás había sentido. Sollozó mientras Negan lo follaba.

Fue casi una experiencia extracorpórea, mucho más allá de la capacidad limitada de su cerebro que simplemente se negó a reconocer la realidad de ser abierto por la polla de Negan una y otra vez. Carl trató de alcanzar, quizá frenar las embestidas de Negan, pero el hombre tomó sus manos y las sostuvo sobre su cabeza y lo folló profundamente en los cojines del sofá. Gruñía, jadeaba, gemía sin aliento; “dulce gatito” y “buen chico”.

La propia polla de Carl rebotĂł contra su estĂłmago, dura y goteando, pero apenas lo notĂł. Era casi demasiado. ÂżCĂłmo podrĂ­a una persona lidiar con tantas sensaciones?

Justo cuando estaba a punto de ser demasiado, justo cuando Carl estaba a punto de suplicarle a Negan que se detuviera, Negan de repente se retirĂł y comenzĂł a masturbarse bruscamente con su propia mano. Se corriĂł en rayas blancas sobre el estĂłmago y el pecho agitado de Carl, salpicando hasta su cuello.

Carl se desplomĂł sin fuerzas, aturdido.

—Es tu turno, gatito —dijo Negan con brusquedad. Carl solo pudo gemir lastimeramente.

Se recostĂł de lado junto a Carl y lo besĂł en la mejilla. Casi con ternura, Negan tomĂł la pobre polla descuidada de Carl en su mano y comenzĂł a acariciarla.

Con un sollozo, Carl giró su rostro hacia el cuello de Negan y embistió contra su mano. Se corrió en segundos, su semen mezclándose con el de Negan.

—Fuiste un buen chico esta noche —le susurró Negan al oído—. Tan dulce. Tan perfecto. Mi hermoso gatito.

Carl sollozĂł en el cuello de Negan y se aferrĂł a su brazo.

—¿Estás bien? —preguntó Negan, pasando su mano por el costado de Carl, amasando su cadera.

—No lo sé —dijo Carl con sinceridad.

Negan puso una mano debajo de su barbilla y la inclinĂł hacia arriba. Lo besĂł suavemente, en los labios y tirĂł del inferior para succionarlo suavemente.

Carl se volvió dócil contra él, fundiéndose en el beso. Aún se sentía tembloroso y aturdido, pero también se sentía profundamente satisfecho. En el fondo, sabía que volvería y pediría esto de nuevo.

Esperaba que Negan se lo diera.

—Debería irme a casa —dijo Carl finalmente, separándose.

Negan se sentĂł y tirĂł de Carl por el collar.

—Estaré aquí el jueves por la noche. ¿Vas a regresar?

Carl se estirĂł y acariciĂł con sus dedos la barba de Negan, rozando sus labios con las yemas de sus dedos.

—Sí.

Negan lo observó por un momento, e incluso después de todo lo que había sucedido, todavía había algo de hambre en sus ojos.

—Te daré otro regalo —dijo con voz baja y oscura.

Carl sonriĂł.

—No puedo esperar.