your name between lines

by

Rating:
Teen And Up Audiences
Archive Warning:
No Archive Warnings Apply
Category:
M/M
Fandom:
Honkai: Star Rail
Relationship:
Mydei/Phainon
Additional Tags:
Alternate Universe - High School, Phainon-centric (Honkai: Star Rail), Phainon is Down Bad (Honkai: Star Rail), Soft Mydei (Honkai: Star Rail), Romantic Fluff, Love Confessions, Mydei Takes Care of Phainon (Honkai: Star Rail), Dorks in Love
Published:
2025-07-18
Words:
7986

Sumario:

—¿También vives en esta calle?

Mydei lo mira por un segundo hasta que suspira débilmente, casi como si estuviera decepcionado por algo.

—¿Sabes? Para ser tan inteligente a veces eres realmente estúpido —Mydei mete las manos en sus bolsillos y lo mira con una media sonrisa. Phainon no tiene tiempo para responder cuando Mydei se despide y se aleja en la dirección de donde habían venido.





A+ | A-

“Mydeimos”, Phainon escribe el nombre una y otra vez en los márgenes de su libreta, trazando corazones y flores alrededor de las palabras. Suspira una vez, colocando el codo en su escritorio y apoyando la barbilla en su mano.

De vez en cuando, sus ojos se dirigen hacia el frente del aula, donde el profesor trataba de resolver un problema matemático ridículamente fácil con la ayuda de uno de sus compañeros. Phainon ya había resuelto el problema de antemano, diablos; había terminado toda la hoja de trabajo minutos después de que el profesor la repartiera a los estudiantes.

Eso es lo que hacía todos los días en esta clase, terminar sus deberes rápidamente y luego soñar despierto el resto de la hora. No tenía amigos con los que pudiera reír en clases. Lo cual estaba bien para Phainon, le dio más tiempo para observar a cierto joven sentado un par de filas a su izquierda junto a la ventana.

Al frente de la clase, el profesor ya estaba borrando los números del resultado. Phainon frunce el ceño. La gente que contratan en estos días, piensa, volviendo a sus garabatos.

Después de enmarcar el nombre con un corazón, mira hacia la ventana por centésima vez en la última hora. La luz del sol entraba por las grandes ventanas bañando el suelo y los escritorios cálidamente. Afuera, los árboles se movían suavemente con la brisa mientras las hojas revoloteaban con el viento. Cualquiera en el aula podría pensar que a Phainon le gustaba el aire libre, anhelando estar en cualquier lugar menos en este aula sofocante. Pero ese no era el caso.

Phainon soporta el aire del aula solo para estar cerca de Mydei, aunque solo sea una hora al dĂ­a. Y por cerca, se refiere a pocos metros de distancia.

La luz del sol acaricia el cabello de Mydei de tal manera que Phainon sonríe levemente. Estaba desplomado en su silla, reclinado hacia atrás de manera atractiva, con las manos en los bolsillos. Aparentemente, Mydei tampoco está prestando atención a la clase porque su rostro está mirando hacia la ventana con ojos desinteresados. Solo la vista de Mydei es suficiente para que el corazón de Phainon se sienta ligero en su pecho.

Estaba a punto de apartar la mirada de nuevo, Phainon siempre trataba de no mirar demasiado tiempo o de lo contrario la gente a su alrededor podrĂ­a empezar a cuestionarse, cuando de repente la mano de Mydei se alza en el aire perezosamente.

Phainon casi jadea ante la acción; Mydei nunca había mostrado interés en esta clase. El profesor se vuelve hacia él, con el rostro todavía rojo de vergüenza por su error, y asiente con la cabeza hacia la mano levantada de Mydei.

—¿Puedo usar el baño? —Mydei pregunta, pegando una sonrisa falsa en su rostro que hace que Phainon ruede los ojos ante la presunción de la misma.

—Sí, claro.

Suspirando, Mydei arrastra su silla por el suelo dramáticamente, apoyándose con las manos sobre su escritorio, antes de enderezarse y caminar hacia la puerta en la parte delantera del salón.

Phainon se pone rígido en su silla y rápidamente pasa la página en su libreta mientras Mydei pasa a su lado por el pasillo. El aire se agita a su alrededor mientras Mydei camina cerca de su escritorio, refrescando su rostro y haciéndolo temblar casi imperceptiblemente.

Un grupo de chicas sentadas delante de Phainon se rĂ­en suavemente entre ellas cuando Mydei las mira brevemente en su camino hacia la puerta.

Phainon deja escapar la respiración que estaba conteniendo, sintiendo a su corazón enfriarse. Sin Mydei aquí, era solo otra clase inútil que a Phainon no le interesaba tomar. Mirando el reloj sobre la pizarra, aún le quedaban veinte minutos más para el final de su tortura. Volviendo a su página anterior, trata de dibujar la imagen de Mydei mirando por las ventanas iluminadas por el sol.

Durante el resto de la clase se concentra en su dibujo, hasta que suena la campana con fuerza en toda la escuela. Los estudiantes a su alrededor saltan emocionados; reuniéndose con sus amigos y saliendo corriendo por las puertas. Lentamente, Phainon cierra su libreta para no manchar su obra maestra y apila sus cosas dentro de su mochila. Si se toma el tiempo suficiente para guardar sus cosas, no tendrá que sentarse solo tanto tiempo esperando a que comience su próxima clase mientras los estudiantes a su alrededor ríen y charlan entre ellos.

Mira hacia el escritorio de Mydei con una expresión triste, sus cosas están aún abiertas y sobre el escritorio. El joven no había regresado a clase, era mucho tiempo como para solo ir al baño y regresar. Phainon fue la última persona de su clase en salir de la habitación, así que con una exhalación se dirige hacia la puerta.

Desafortunadamente para él y todo su deseo de tener el menor contacto humano posible entre clases, choca directamente con alguien, haciendo que su mochila caiga al suelo, sus cuadernos y bolígrafos extendiéndose sobre el piso.

—Mira por dónde diablos vas —le sisea el chico, sin molestarse en ocultar la ira en su rostro. Detrás de él, uno de sus amigos mira a Phainon.

—Oye, ¿no es el tipo que cree que es tan inteligente como para estar en un grupo de último año? —el amigo le sonríe al chico corpulento.

—Ah, ¿lo es? —el estudiante musculoso mira a Phainon de arriba abajo con disgusto—. ¿Crees que eres especial? —Phainon niega con la cabeza rápidamente.

—Creo que te tiene miedo —el amigo se ríe en voz alta.

—¿Te estoy asustando? —agarra el brazo de Phainon con fuerza y lo acerca más para mirarlo a la cara. Phainon se prepara, esperando a que el matón lo envíe volando al otro lado del pasillo—… ¿Qué es esto? —Phainon se siente aliviado cuando el chico baja sus manos para mirar lo que su amigo había encontrado.

Hasta que Phainon se da cuenta de que había cogido su cuaderno y estaba hojeando las páginas de los garabatos.

—¡Miren, al niñito de primer año le gusta dibujar flores y mariposas! —el amigo muestra sus hallazgos al grupo con orgullo. Para entonces, un pequeño grupo de estudiantes se había reunido alrededor, susurrando detrás de sus manos y señalando.

Phainon puede sentir el sudor corriendo por su espalda y mira en estado de shock cuando los matones señalan y se ríen de sus bocetos, rezando para que no encuentren sus dibujos de hoy. Phainon observó con horror mientras el chico pasaba a sus notas de ayer, una página antes de llegar al dibujo de Mydei.

El matón sacude la cabeza ante la aparición de notas escolares y pasa a la página siguiente. Phainon cree que su corazón podría detenerse, y todo parece y suena como si estuviera en cámara lenta. El chico se detiene a mitad de la vuelta de página cuando una voz molesta se abre camino a través de la multitud que está junto al grupo.

—¿Hey, qué está pasando? —Mydei se detiene frente a la entrada del salón, que estaban bloqueando.

—¡Mydei! —el matón arroja el cuaderno al suelo frente a los pies de Phainon, quien se inclina rapidamente para tomarlo, sujetándolo firmemente contra su pecho.

Mydei mira al grupo, confundido.

—Salgan de mi camino y dejen de ser tan ruidosos, Dios. Me están dando dolor de cabeza —frota su palma sobre su sien, frustrado.

—Lo siento. Ya nos vamos —el corpulento estudiante hace un gesto para que sus amigos lo sigan y, burlándose de Phainon, se alejan del camino de Mydei por el pasillo. La multitud que se había reunido renuncia a sus esperanzas de ver una pelea y se aleja decepcionada.

Phainon se congela cuando los ojos de Mydei se posan en su rostro. Es muy posible que sea la primera vez que Mydei lo mira. Mydei levanta una ceja hacia Phainon y mueve su cabeza hacia la derecha para indicarle a Phainon que se mueva. Phainon se aparta de su camino rápidamente y Mydei le sonríe.

—Espera aquí —le dice Mydei mientras entra al salón de clases para recoger sus cosas.

Inseguro de qué hacer, Phainon se inclina para recoger sus pertenencias del suelo mientras su corazón late salvajemente. Justo cuando se pone de pie, arrojando su mochila sobre su hombro, Mydei está de regreso con sus cosas a cuestas.

—Ven conmigo —Mydei le ordena y Phainon asiente, sin atreverse a decir nada.

Mydei se mueve rápidamente por el pasillo y dobla la esquina en la dirección contraria de la siguiente clase de Phainon. Piensa en decirle esto a Mydei, pero apenas puede seguir el ritmo del chico mientras empuja una pesada puerta que Phainon nunca había visto antes.

Una vez que los dos estuvieron dentro, Mydei acciona el interruptor en la pared y Phainon mira a su alrededor con desconcierto. La habitación era pequeña y tenía poca luz. Parecía una especie de almacén para el grupo musical de la escuela, adivina Phainon, debido a las pilas de partituras que cubrían las paredes. Un piano y una guitarra estaban colocadas en un rincón. Además, lo que parecía una vieja computadora estaba sobre una mesa plegable, con cuadernos y partituras en blanco esparcidas a su alrededor.

Mydei suspira y se mueve para tratar de organizar los papeles sueltos sobre la mesa.

—Puedes estar tranquilo aquí un rato. Esos tipos no saben cuándo renunciar —chasquea la lengua con fastidio, agarra una partitura y la mete en su mochila.

Cuando Mydei se da vuelta para irse, se detiene y sonrĂ­e ante la apariencia atĂłnita de Phainon.

—¿Qué los hizo meterse contigo de todos modos? —pregunta en broma.

Phainon simplemente se estremece al recordar la expresión enojada del otro chico y Mydei frunce el ceño. De repente, extiende la mano y toma el cuaderno de Phainon de sus manos sin decir nada.

—¡Espera…! —Phainon exclama silenciosamente, pero ya era demasiado tarde. El cuaderno se abre ante su dibujo secreto de Mydei. Podía sentir la vergüenza en su estómago y cree que podría vomitar en cualquier momento.

No puede soportar ver la reacciĂłn de Mydei, asĂ­ que solo se queda mirando al suelo.

—Eres bueno en esto —es todo lo que dice Mydei antes de cerrar la libreta con calma y devolvérsela a Phainon, quien la toma con dedos débiles aún sin atreverse a mirar a Mydei a los ojos—. Quédate todo el tiempo que quieras. Sé que no es como si tuvieras que ir a clase o algo así.

Y con eso, Mydei se desliza hacia la puerta, dejando a Phainon solo en su miseria y preguntándose cómo sabía Mydei que era lo suficientemente inteligente como para no prestar atención en clases.


Phainon se sienta en la silla frente a la computadora durante la siguiente hora.

Lo más probable es que nadie sabia que se estaba saltando la clase. Normalmente haría algo productivo con su tiempo a solas, pero su mente estaba demasiado llena de preguntas como para pensar en hacer algo.

En este punto, lamenta no haber visto la reacción de Mydei a su dibujo. ¿No le gustó? ¿Odiaba a Phainon? ¿Le importaba siquiera Phainon? Tal vez le importaba un poco, ya que lo dejó esconderse en lo que parece ser el lugar secreto de Mydei. Junto a él, en el escritorio, había visto innumerables páginas de letras escritas, tachadas y páginas de papel del personal con pequeñas notas punteadas a lo largo de las líneas.

Al leer algunas de las letras, Phainon ganó una nueva apreciación por Mydei que no sabía que era posible porque ya estaba enamorado de él. Muchas de las letras eran buenas, realmente buenas, y Phainon se encontró sonriendo junto con las letras más ingeniosas y sus ojos picaban con lágrimas ante las frases más tristes y sentidas.

Phainon se mueve para sacar su libreta, con la esperanza de escribir algunas de sus líneas favoritas para volver a leerlas más tarde, hasta que salta y arroja rápidamente las páginas sueltas en una pila desordenada cuando la puerta se abre detrás de él.

La luz del pasillo ciega sus ojos por un segundo hasta que puede distinguir la forma de Mydei contra la puerta. Cierra la puerta ruidosamente detrás de él y sonríe ante la cara de sorpresa de Phainon.

—¿Siempre pones esa cara? —señala la boca abierta y los ojos muy abiertos de Phainon mientras le da un mordisco a la manzana que tiene en su mano. El rostro de Phainon cae y niega con la cabeza—. Supongo que tampoco hablas —Mydei busca en el bolsillo lateral de su mochila y saca una naranja—. Es todo lo que pude tomar de la cafetería —le lanza la naranja a Phainon, quien la atrapa en el aire con ambas manos.

—Gracias —murmura en voz baja.

—Así que sí hablas —la boca de Mydei se tuerce en una sonrisa de suficiencia.

—Y gracias por lo de antes, también —Phainon es capaz de forzar las palabras mientras Mydei simplemente dice que no le agradezca.

De repente, los ojos de Mydei se posan en la pila desordenada de hojas en su escritorio y se vuelve hacia Phainon acusadoramente.

—Lo siento, no quise revisar tus cosas, solo estaban ahí y pensé… —sabía que estaba divagando y se odiaba a sí mismo por eso.

Gruñendo, Mydei se inclina para sentarse con las piernas cruzadas en el suelo a los pies de Phainon, apoyando su espalda contra la pared. Empuja su mochila en su regazo y saca aún más páginas desmenuzadas llenas de sus letras.

—También podrías mirar estas porque ya violaste mi privacidad —Mydei sujeta las páginas en el aire frente a Phainon con una de sus manos, quien aun así duda en tomarlas.

—Está bien —le dice tímidamente. Cuando Mydei no retira las páginas, Phainon extiende la mano para tomarlas y las coloca en su regazo.

—Es una perdida de tiempo de cualquier forma —Mydei se apoya contra la pared de nuevo, esta vez cerrando los ojos como si fuera a tomar una siesta.

Con solo mirar a Mydei, con los ojos cerrados pacíficamente, las entrañas de Phainon se revuelven.

Apartando la vista, Phainon comienza a quitar la piel de su naranja y la coloca en silencio sobre su cuaderno, con cuidado de no hacer tanto ruido y molestar el descanso de Mydei.

Una vez que Phainon gana suficiente coraje, mira a Mydei, quien lo estaba mirando de forma extraña.

—¿Te gusta dibujar? —Phainon tose un poco ante la pregunta de Mydei. Su amor por el dibujo le trae recuerdos de que Mydei había visto uno uno de los dibujos que no quería que nadie viera, y mucho menos la persona del dibujo en cuestión.

Se da cuenta de que Mydei todavía lo mira con curiosidad, así que no tiene más remedio que responder—: Sí, lo disfruto.

—¿Tienes más? Dibujos, quiero decir —la forma en que lo dijo hizo que pareciera que no era gran cosa. Sí, Phainon dibuja y, a veces, de vez en cuando, dibuja imágenes de extraños sin su consentimiento.

—Sí…

—¿Puedo verlos? Leíste mis letras, ¿verdad? —la cara de Phainon se sonroja ante las palabras de Mydei. Con cuidado, quita las cáscaras de naranja de su cuaderno. Ya había visto lo peor, piensa Phainon. Su vergüenza ya estaba rota. Con manos temblorosas, Phainon le pasa a Mydei su cuaderno.

Mydei lo toma con una sonrisa y pasa a la primera página. Phainon lo observa con atención, no queriendo perderse ni una mueca de su reacción. Hojea un par de páginas de apuntes de sus clases hasta que llega a un dibujo de página completa que lo hace reír. Era un retrato cómico de su profesor tropezando y esparciendo trozos de papel por todo el piso frente a él. Trae una sonrisa a los labios de Phainon.

—Recuerdo cuando sucedió esto —lo mira con ojos brillantes y Phainon piensa que podría derretirse en el suelo en ese mismo instante.

Pasando las páginas, Mydei encuentra muchos dibujos que hacen que Phainon se sintiera orgulloso. Uno era del gran árbol de la escuela meciéndose con el viento. Otra de la lluvia cayendo por la superficie de la ventana del aula que dibujó en una tarde tormentosa.

Finalmente, Mydei vuelve al dibujo de sí mismo y se detiene, mirándolo. Mueve el dedo por el costado de la página, trazando el margen donde Phainon había escrito su nombre una y otra vez en diferentes estilos y fuentes.

Phainon siente que su cuerpo se enfrĂ­a cuando Mydei no muestra reacciĂłn alguna.

—¿Tomas clases de arte? —le pregunta de repente, lo que sorprende a Phainon.

—No —siente los ojos de Mydei sobre él—. No tengo tiempo con todas las clases que ya tengo… —a Phainon no le gustaba pensar en eso.

Desde que sus padres descubrieron que era extremadamente inteligente, lo inscribieron en todas las pruebas de nivel avanzado y gastaron cientos de dólares en los mejores tutores de la ciudad. Querían que fuera médico o empresario. Pero día tras día, todo lo que Phainon podía pensar era dibujar y eso lo mantenía conectado a tierra. Cuando el mundo parecía moverse demasiado rápido a su alrededor, simplemente tomaba su lápiz y dibujaba. Pero no puede decirle esto a Mydei. Probablemente lo llamaría niño mimado como todos los demás y le diría que eventualmente lo superaría.

Mydei observa a Phainon a lo largo de su monólogo interno de manera extraña. Casi como si pudiera leer su mente. Como si entendiera.

Mydei cierra el cuaderno y se lo devuelve.

—¿Puedo ver más alguna vez?

Todo lo que Phainon puede hacer es asentir alegremente. Sin creer nunca que Mydei estarĂ­a interesado en sus dibujos.


Al día siguiente había una tormenta y Phainon camina con dificultad a través de la lluvia hacia la escuela, sonriendo durante todo el camino. La noche anterior había revisado su pila de cuadernos de bocetos y, eligiendo dos de sus favoritos, los metió alegremente en su mochila, que ahora tenía presionada contra su pecho debajo de su abrigo, rezando que fuera suficiente para mantenerlos secos y seguros.

Al encontrar su asiento en el salón de clases, Phainon se quita el abrigo húmedo y lo coloca debajo de su silla. Se asegura de revisar las páginas de sus cuadernos de dibujo con cuidado, aún dentro de su mochila, y las encuentra ilesas.

Cuando comienza la clase, ve a Mydei sentado al otro lado de la habitación y su rostro estalla en una sonrisa al ver al chico mirándolo. Mydei mira de un lado a otro entre el maestro al frente del salón y Phainon, todo mientras balancea su bolígrafo sobre su cuaderno intacto. Phainon se ríe de las acciones de Mydei pero recibe el memo y al menos finge, por el bien de Mydei, que estaba escuchando la clase.

Con el tiempo, se aburre de que los conceptos que ya entendĂ­a le fueran explicados una y otra vez. Inconscientemente, sus ojos se desvĂ­an hacia el lado de Mydei y lo encuentra con el brazo extendido sobre el escritorio, la cabeza apoyada en el antebrazo y su rostro reflejado en la ventana mientras la lluvia seguĂ­a cayendo afuera.

Phainon no pudo evitarlo, pasando a una página en blanco en sus notas, se pone a dibujar la figura dormida de Mydei con las gotas de agua cayendo por el cristal y las nubes oscuras ondeando en el cielo.


Phainon respira pesadamente frente a la puerta del almacén. ¿Y si no estaba ahí? Bueno, lo esperaré, piensa Phainon, esperando que la idea no le haga parecer un acosador. Phainon piensa que sus piernas podrían haber cedido debajo de él cuando empuja la puerta y encuentra a Mydei encorvado sobre la mesa tarareando para sí mismo en voz baja.

Una vez que Phainon entra por la puerta y la cierra detrás de él, Mydei gira rápidamente. Al ver a Phainon, Mydei sonríe ampliamente.

—¿Vienes a invadir mi lugar secreto? —le pregunta astutamente.

—¡No! Yo no haría eso —a Phainon no le gusta la forma en que lo dice, tan rápido como si estuviera tratando de defenderse por hacer algo malo cuando en realidad solo acababa de entrar en la habitación.

—Estaba bromeando —se ríe Mydei con alegría, haciendo que el corazón de Phainon palpitara en su pecho—. ¿Qué pasa? —Mydei lo mira de arriba abajo como si estuviera buscando moretones—. ¿Esos idiotas se metieron contigo otra vez?

Phainon tira del cordón de su mochila y saca sus cuadernos de dibujo, entregándoselos a Mydei.

—Querías ver más de mis dibujos —explica.

—Sí, es cierto —dice Mydei mientras toma las libretas, abriendo la primera con cuidado—. Phainon, eres realmente bueno, ¿sabes? —al sonido de su nombre en los labios de Mydei, todo el cuerpo de Phainon se estremece de alegría.

Antes de que pueda detenerse, le sonrĂ­e a Mydei.

—¿Sabes mi nombre?

La cara de Mydei cae ante el arrebato de Phainon, casi como si la pregunta lo entristeciera de alguna forma.

—Por supuesto, tenemos una clase juntos.

Lo dice como si no hubiera necesidad de discutir, pero la estúpida lengua de Phainon se apodera de él.

—¿En serio? —él levanta la ceja burlonamente—. Nombra a otra persona en esa clase.

Mydei frunce el ceño y rueda los ojos, tratando de ganar tiempo mientras se devana el cerebro tratando de encontrar una respuesta.

—Hay una chica, Hay… no… Hya… como sea, no importa cĂłmo sĂ© tu nombre, solo lo sĂ©, Âżde acuerdo?

Quizás la mente de Phainon le estaba jugando una broma, pero jura que el rostro de Mydei se estaba volviendo de un tono rojo intenso.

Una vez que Mydei vio todos sus bocetos, Phainon suelta un grito ahogado y busca en su mochila su cuaderno de clase.

—Oh, casi lo olvido. Dibujé este hoy —desliza el dibujo hacia Mydei tímidamente, esperando su reacción. Cuando ve el dibujo, una pequeña sonrisa se ilumina en su rostro.

—¿Puedo quedarme con este? —le da a Phainon una linda sonrisa.

Phainon no puede decir que no a la expresiĂłn de Mydei, asĂ­ que asiente con alegrĂ­a.

Después de un momento, Mydei busca en los papeles frente a él y le da uno a Phainon.

—Quería mostrarte esto.

La idea de que Mydei quisiera compartirle algo asĂ­ casi lo hace llorar.

Al leer la letra, el interior de Phainon se llena de calidez. Trataba de un amor no correspondido que estaba fuera del alcance de la persona. Que se siente como si solo pudiera ver la vida del otro desde lejos y nunca ser parte de ella. CĂłmo desea que la persona que ama solo diga su nombre una vez y luego finalmente morir feliz.

—Me gusta —Phainon sonríe al rostro inquieto de Mydei.

—¿De verdad? ¿No es demasiado cursi? —Phainon simplemente niega con la cabeza para asegurarle. Mydei suspira, contento—: Bien.

De repente, la campana suena en el pasillo. Cuando Mydei no hace ningĂşn movimiento para ponerse de pie, Phainon ajusta su mochila sobre su hombro.

—Debería irme… —murmura, apuntando hacia la puerta. Mydei se vuelve hacia él, interrogante.

—¿Tienes que ir? —Phainon sabía que se refería a que él podía entender completamente el material sin asistir a clases, pero a una parte le gustaba pensar que Mydei quería que Phainon se quedara con él.

—Supongo que no —responde mientras deja caer su mochila al suelo.

—Genial —sonríe Mydei—. Entonces puedes ayudarme con esta línea —se mueve para entregarle el papel a Phainon, pero lo piensa mejor y se levanta para sentarse cerca del lado de Phainon en el suelo, rozando sus rodillas—. Esta de aquí —señala la línea y se inclina cerca de su hombro. El rostro de Phainon se sonroja ante la proximidad de Mydei. Prácticamente podía sentir su aliento rozando suavemente su mejilla. Mirando hacia la línea, Phainon trata de concentrarse.

Mydei responde a las sugerencias de Phainon y felizmente cambian algunas palabras en la página. Durante algún tiempo, Mydei mira fijamente la hoja mientras golpea su rodilla rítmicamente. Se necesita cada gramo del ser de Phainon para no inclinarse hacia adelante y rozar sus labios en la mejilla de Mydei. La piel de Mydei se ve tan suave al tacto y Phainon se pregunta cómo se sentiría su boca presionada contra ella.

Sacudiendo la cabeza ante el pensamiento, Phainon saca su cuaderno, abre una página en blanco y comienza a dibujar el viejo piano en la esquina de la habitación. Ni siquiera se da cuenta de que Mydei había dejado de tararear suavemente a su lado o que estaba mirando la mano de Phainon mientras se movía por la página.

Solo cuando Mydei mueve la barbilla para descansar sobre el hombro de Phainon con la esperanza de ver mejor el dibujo, Phainon se pone rígido abruptamente, lo que hace que su lápiz dibuje un trazo irregular.

—Phainon… —el aliento de Mydei en su oĂ­do hace que su cuerpo se ponga aĂşn más rĂ­gido. Su voz se estaba volviendo más baja conforme el sueño se apoderaba de Ă©l—. Eres un idiota…

Phainon se gira para ver a Mydei profundamente dormido con la cabeza apoyada en el hombro de Phainon. Su boca estaba tan cerca de la frente de Mydei que mentalmente se dispuso a no hacer ninguna acción precipitada de la que se arrepintiera. ¿Por qué su cabello se sentía tan suave contra el cuello de Phainon? ¿Por qué la respiración de Mydei parecía quitarle el aliento?

Phainon solo sabĂ­a que darĂ­a cualquier cosa por escuchar a Mydei decir su nombre asĂ­ nuevamente.


Al día siguiente, Mydei no llega a clase. El corazón de Phainon se hundió en su pecho cuando llegó y encontró el escritorio de Mydei vacío. Dejándose caer en su asiento, se prepara para una larga y aburrida hora de clase. Tal vez hoy preste atención. Al menos eso le quitaría de la mente la sensación que se apodera de él por la ausencia de Mydei.

Afortunadamente, la clase no fue totalmente aburrida y una vez que sonó la campana señalando el final de la clase, por primera vez Phainon se alegró de salir del aula. Podría ir al lugar secreto de Mydei y pasar la hora del almuerzo allí, piensa para sí mismo. Pero incluso cuando Mydei estaba con él, sentía que invadía su territorio cada vez que entraba en esa habitación.

En cambio, Phainon camina en la dirección opuesta. El aire fresco golpea su piel mientras pasa junto a pequeños grupos de estudiantes que ríen y comen juntos. Envolviendose con su abrigo debido al aire fresco, finalmente encuentra un banco desocupado debajo del gran árbol de la escuela.

Por encima de su cabeza, las hojas se mueven perezosamente en las ramas, agitadas por el ligero viento. Phainon se maravilla con los colores cambiantes del árbol; amarillos, naranjas y verdes. Sonriendo para sí mismo, saca su cuaderno y lo mantiene abierto sobre sus rodillas. Por un segundo, frunce el ceño ante el hecho de que no tiene lápices de colores para capturar realmente la belleza de las hojas. Mirando hacia arriba en las ramas sobre él, comienza con un boceto aproximado del árbol contra el cielo blanco, pensando que podría colorear el dibujo más tarde.

Está muy satisfecho con su trabajo hasta ahora y cruza por su mente el pensamiento de que quizá a Mydei le gustaría verlo, cuando un par de manos apartan el cuaderno de su regazo.

—Miren lo que dibujó nuestro pequeño artista —dice la voz de las manos en tono burlón. Cuando Phainon mira hacia arriba, ve a los matones del otro día parados frente a él, con sonrisas en sus rostros. Sus amigos exclaman con sarcasmo al ver el dibujo.

—Parece que mamá se olvido de empacarle sus libros para colorear —bromea uno de los amigos mientras el otro ruge con una risa malvada.

Phainon no quería tener que lidiar hoy con estos perdedores. Rápidamente un brazo para tomar su cuaderno, pero el estudiante simplemente lo aparta de su alcance.

—Devuélvemelo —exclama Phainon tranquilamente. Los matones continúan riendo, mientras Phainon los mira con indiferencia.

—Aw, ¿es tan precioso para ti? —Phainon mira el rostro de los matones, solo esperando que lo dejen en paz—. Entonces, ¿cómo te sentirías si hiciera esto? —el matón sostiene el cuaderno con dos manos y lo coloca entre sus dedos de manera que si mueve una mano hacia abajo, el cuaderno se partirá por la mitad.

Los ojos de Phainon se agrandan mientras observa con horror como el matón mueve sus manos produciendo un pequeño desgarro que se hace más grande cuanto más tira del cuaderno. Si Phainon hubiera reaccionado, se habría levantado de un salto y derribado al matón al suelo, pero todo lo que puede hacer es ver cómo todo su arduo trabajo se estaba partiendo en dos. Podía sentir las lágrimas picando en la parte posterior de sus ojos. ¿Qué le iba a mostrar a Mydei ahora?, piensa.

De repente, el matón se detiene, después de haber roto el cuaderno en dos a media página, cuando detrás de él alguien se interpone. El matón se tambalea hacia un lado, sorprendido cuando la persona se mueve para detenerse frente a Phainon.

Phainon observa como la sonrisa del matĂłn abandona su rostro mientras mira a Mydei. Phainon se inclina para mirar alrededor de la espalda de Mydei mientras el matĂłn deja caer el cuaderno al suelo. Mydei chasquea la lengua y se inclina para recogerlo. Uno de los matones mira a Mydei, interrogante.

—Hasta Mydei sabe que tirar basura es malo —uno de los matones dice con una media sonrisa hasta que su amigo lo golpea en el estómago con el codo.

—Lo sentimos, no volverá a suceder —ante eso, el chico más grande agarra el brazo de su amigo y lo arrastra lejos de allí rápidamente.

Phainon se desploma en el banco, contento de deshacerse de esos perdedores. Mydei se vuelve y mira su estado y niega con la cabeza.

—¿Tengo que salvarte cada vez que algo te pasa? —sonríe con satisfacción ante la cara roja de Phainon y luego frunce el ceño—. Oh, aquí está tu cuaderno —amablemente le tiende el cuaderno roto y Phainon lo toma lentamente de sus manos.

—Gracias —murmura tristemente mientras coloca suavemente las páginas arruinadas en su regazo. Podía sentir las lágrimas de antes comenzar a deslizarse silenciosamente por sus mejillas.

Junto a él, Mydei se sienta en el banco apoyando los brazos en las rodillas, inclinándose para mirar el rostro manchado de lágrimas de Phainon.

—Oye, deja de llorar. No pienses tanto en eso —Mydei mira hacia abajo al cuaderno de Phainon donde sus lágrimas manchaban las páginas arrugadas. Frunce el ceño pesadamente y mueve su mano para limpiar las lágrimas en el rostro de Phainon—. Deja de llorar, lo estás empeorando —sus dedos rozan el rostro húmedo de Phainon.

Todo el cuerpo de Phainon se siente cálido con el toque de Mydei y levanta una mano para ayudar a Mydei a frotarse las lágrimas de los ojos.

—Lo siento, solo estoy molesto —aprieta los puños y la vista de los amables ojos de Mydei lo arruinan.

—Bueno, la próxima vez golpea a esos imbéciles en la cara, créeme, es terapéutico —Phainon no quería saber cómo Mydei sabía eso, pero la mirada que Mydei le da hace que Phainon sonría débilmente—. Bien —asiente Mydei y se inclina en el banco, inclinando la cabeza hacia atrás y cruzando los brazos, cerrando los ojos al sol—. Ahora cállate para que pueda dormir un rato.


—¿Phainon?

—¿Eh?— Phainon levanta la vista de su lugar en el piso donde estaba escribiendo un ensayo rápido para su clase de inglés, deseando terminar solo un párrafo más para luego volver a dibujar. Mydei lo mira desde su silla en la mesa con una mirada de suficiencia.

—No me estabas escuchando —la cara de Phainon se sonroja de vergüenza—. Te pregunté si te irías a casa pronto —Mydei aparta la mirada de él para volver a su trabajo.

—¿Casa? —Phainon murmura confundido hasta que mira la hora y se da cuenta que las clases terminaron desde hace más de una hora. Con un sobresalto, cierra sus libros apresuradamente y los guarda en su mochila mientras Mydei lo mira perplejo.

—Tengo clases de tutoría. Lo siento, tengo que irme —se vuelve rápidamente hacia la puerta, enojado consigo mismo por no haber notado la hora que era. ¿Qué dirán sus padres si llegaba tarde?

—Espera —le llama Mydei mientras se pone de pie también, agarrando sus cosas—. Iré contigo —su sonrisa hace que Phainon se sonroje más profundamente. No podía decir que no a la oferta de Mydei. Además, significaba pasar más tiempo con Mydei, algo que Phainon siempre disfrutaba. Era como si todo lo que Phainon podía pensar cuando no estaba cerca de Mydei era en cuánto deseaba que Mydei estuviera a su lado otra vez.

—Está bien —Phainon mantiene abierta la puerta y Mydei lo sigue en silencio hasta la entrada principal.

—Hace frío —exclama Mydei cuando salen, envolviendo su chaqueta cerca de su cuerpo. Phainon simplemente se ríe.

Caminan en silencio durante un par de cuadras, Phainon observando el mundo a su alrededor agitarse con el viento. Siempre le había encantado la forma en que todo lo que le rodeaba se balanceaba en el aire cuando hacía un viento como este. No podía explicar la sensación que sentía cuando observaba las nubes moverse en el cielo y la hierba agitarse, pero por alguna extraña razón le trajo una especie de paz.

Junto a él, Mydei se estremece visiblemente y Phainon sonríe. Mydei tambien formaba parte del mundo que lo rodeaba moviéndose suavemente con la brisa. Pero por alguna razón, Mydei parecía más real. Tal vez era porque si se acercara y tocara a Mydei, reaccionaría, a diferencia de otras cosas en su vida sobre las que no tenía control.

De repente, la calle de Phainon aparece frente a ellos y Phainon toma el giro con Mydei pisándole los talones. Phainon lo mira interrogante—: ¿También vives en esta calle?

Mydei lo mira de reojo por un segundo hasta que suspira débilmente, casi como si estuviera decepcionado por algo.

—Vivo cerca —le dice, señalando las casas que bordean la calle a su derecha.

—Está bien —Phainon asiente, preguntándose si había dicho algo para molestar a Mydei.

Finalmente, llegan a los escalones de la entrada de Phainon, revisando su reloj, nota que llegó justo a tiempo para su sesión de tutoría. Se gira para mirar a Mydei y sonríe débilmente.

—Es aquí. Gracias por caminar conmigo —le dice Phainon rápidamente.

—¿Sabes? Para ser tan inteligente a veces eres realmente estúpido —Mydei mete las manos en sus bolsillos y lo mira con una media sonrisa.

Phainon no tiene tiempo para responder cuando Mydei se despide y se aleja en la dirección de donde habían venido. Phainon mira la espalda de Mydei cada vez más pequeña en la distancia hasta que recuerda que aun así será castigado por llegar a esta hora.


Phainon entra al salón de clases frotándose los ojos. Anoche había vuelto tarde a casa y pagó las consecuencias al estudiar el doble de tiempo que sus padres lo obligaban cada noche. Se había ido a la cama agotado y enojado. Enojado con sus padres, con su estúpido cerebro. Quizás Mydei tenía razón. Tal vez en realidad era un idiota. Eso explicaría por qué no se molestaba en hacer algo para cambiar su aburrida vida.

Para empeorar las cosas, Mydei tampoco llegĂł a clase ese dĂ­a. El agujero en el estĂłmago de Phainon se ensanchĂł cuando vio el escritorio vacĂ­o de Mydei junto a la ventana. Se sentĂł en su lugar de siempre y procediĂł a apoyar su cabeza sobre la dura superficie de la mesa. Genial. Nada podrĂ­a importarle menos a Phainon, ni siquiera la idea de alejar sus preocupaciones. Por lo general, cuando pensaba en dibujar, su corazĂłn se disparaba con una fuerza renovada, pero ahora mismo no sentĂ­a nada.

Todo en lo que podía pensar era en Mydei y en lo que Mydei le había dicho el otro día en las escaleras de su casa. ¿Por qué Mydei siempre lo llamaba así? Nadie había llamado tonto a Phainon en su vida. Todos los que lo conocían lo elogiaban por su inteligencia y le decían a sus padres lo orgullosos que debían estar de tener un hijo como él. Sobre cómo estaba destinado a grandes cosas.

¿Y si Phainon no quisiera estar destinado a la grandeza? ¿Y si solo quisiera ser normal? ¿Y si solo quisiera ser Phainon? Simplemente el chico al que le gusta dibujar, ver los árboles soplar con el viento y encuentra la paz en el sonido de la lluvia golpeando contra la ventana.

Phainon ya no querĂ­a vivir su vida de esta manera. Pero sus esperanzas desaparecen cuando se da cuenta de que ni siquiera sabe por dĂłnde empezar. Un millĂłn de pensamientos pasan por su mente, cuando de repente levanta la cabeza y alza una mano. El profesor sonrĂ­e ampliamente en direcciĂłn a Phainon y asiente con la cabeza.

—¿Puedo ir al baño? —Phainon pregunta apresuradamente mientras ve el rostro del profesor fruncir el ceño, perdiendo la esperanza de que su mejor alumno estuviera interesado en su clase. Asiente, y Phainon sale al pasillo.

Rápidamente, Phainon camina a la puerta del almacén y se detiene frente a ella con vacilación. A Phainon se le ocurre una idea de cómo confesarse a Mydei. Algo parecido a: ”siempre he estado enamorado de ti, incluso antes de que empezaras a hablar conmigo, incluso antes de que te dieras cuenta de que existía”. Quizás no deba incluir el hecho de que se pregunta cómo se sentiría la piel de Mydei debajo de sus dedos.

Phainon deja escapar un profundo suspiro cuando abre la puerta mientras mira alrededor de la habitación. Estaba vacía excepto por una pila desordenada de papeles sobre la mesa. Phainon cierra la puerta detrás de él, decepcionado pero también un poco aliviado.

Al mirar un poco más, se da cuenta de que algunos de los libros de Mydei estaban colocados contra la pared en el suelo. La idea de que Mydei estuviera en la escuela hoy hace que Phainon se estremezca de nervios. Parece que tendría que confrontar a Mydei sobre sus sentimientos en algún momento del día. Pero por ahora, cree que podría permanecer oculto por un tiempo; tal vez analizar sus pensamiento para no decir nada de lo que se arrepienta más tarde.

Inclinándose en el suelo, toma los libros de texto de Mydei con curiosidad. ¿Por qué dejaría esto aquí?, se pregunta Phainon. La mayoría de las veces, Mydei solo dejaba sus letras dispersas por ahí, nunca sus pertenencias.

Inesperadamente, cuando Phainon agarra uno de los libros de texto, un pequeño trozo de papel se desliza y cae al suelo a sus pies. Curioso, lo toma y mira las líneas escritas en la página. La mitad estaba llena de problemas matemáticos, probablemente escritos durante una de sus clases. La otra mitad eran en su mayoría las líneas tachadas y reescritas habituales de Mydei, pero algo llama la atención de Phainon cuando mira la parte superior de las notas.

La página estaba fechada a principios de año, aproximadamente cuando Phainon llegó a su única clase compartida con Mydei, tal vez una semana luego de que el profesor lo presentara frente a todos. Phainon todavía recuerda las miradas desdeñosas de sus compañeros de clase cuando el maestro dijo con orgullo que había pasado al nivel avanzado siendo solo un estudiante de primer año.

Escaneando los márgenes de las notas de Mydei, su corazón se detiene cuando ve su propio nombre escrito una y otra vez en el borde de la página. Casi como si Mydei estuviera tratando de guardar la sensación y el aspecto de su nombre en su memoria. Al igual que Phainon mientras escribía el nombre de Mydei como si fueran las palabras más preciosas del mundo.

Dejando caer la página al suelo, se apresura a salir de la habitación y regresa a su clase arrastrando los pies, dejándose caer finalmente en su silla. Podía sentir el sudor en su piel y el lápiz resbaladizo en sus manos húmedas. ¿Qué significaba eso? ¿Qué se suponía que Phainon le diría a Mydei ahora que sabía que Mydei debía sentir algo por él? ¿Por qué su nombre estaba tan cariñosamente escrito al costado de las notas de Mydei?

Phainon debate con sus pensamientos el resto de la hora hasta que terminan sus clases y se siente más confundido que nunca. Lentamente, Phainon sale del aula. Los ruidos de los estudiantes charlando y riendo resuenan lejos en sus oídos. Casi como si estuviera escuchando las cosas a su alrededor siendo amortiguadas por una pared.

Cuando Phainon dobla la esquina, su corazĂłn se acelera al ver la espalda de Mydei mientras se detiene frente a su lugar secreto. Phainon lo observa suspirar mientras abre la puerta. Pero al ver a Mydei, la mente de Phainon se llena de dudas.

¿Qué pasaría si Mydei le resta importancia a su confesión, al igual que tantas personas en la vida de Phainon le habían restado importancia solo por quien era? Al igual que sus padres lo habían usado toda su vida, exhibiéndolo ante todos sus conocidos como la imagen del hijo perfecto.

No, piensa Phainon, ya no quiere ser perfecto. Quiere ser imprudente, irresponsable. Quiere gritar cĂłmo se siente realmente por dentro y tal vez, solo tal vez, el mundo finalmente lo tomarĂ­a en cuenta. Tal vez pueda cambiar el mundo que lo rodea de una vez por todas.

Tomando una respiraciĂłn profunda, decide que es ahora o nunca.

—¡Mydei! —Phainon observa como Mydei se pone rígido ante el sonido de su voz, con la mano todavía en la manija de la puerta. Mydei no se vuelve para mirar en su dirección mientras Phainon se acerca a su lado—. Mydei, hay algo que necesito decirte —Phainon estaba tan concentrado en no olvidarse de respirar y no tropezar con sus propias palabras que no se da cuenta de la sonrisa que ilumina el rostro de Mydei.

Phainon mira nerviosamente de un lado y a otro en el pasillo. Empujando la puerta para abrirla, agarra a Mydei del brazo y lo arrastra al interior sintiendo que podrĂ­a flotar.

La habitación estaba más oscura que el pasillo iluminado por el sol y los ojos de Phainon tardan un poco en adaptarse. Pero cuando finalmente puede verlo bien, mira confundido el brillante rostro de Mydei.

—¿Qué? —Phainon pregunta, un poco enojado porque Mydei había interrumpido sus pensamientos cuando estaba en la parte crucial de su pequeño discurso.

—Phainon —los ojos de Mydei brillan intensamente—. Es la primera vez que dices mi nombre.

—¿De verdad? —Phainon mentalmente se devana el cerebro tratando de recordar un momento cuándo había dicho el nombre de Mydei y para su sorpresa, no logra recordar ninguno.

—Sí… —los ojos de Mydei buscan el rostro de Phainon lentamente mientras se acerca un paso. La espalda de Phainon golpea la superficie sólida de la puerta detrás de él. La sensación fresca de la madera hace que un escalofrío lo recorra.

Todas las palabras que Phainon habĂ­a preparado escaparon de sus labios cuando la mano de Mydei se acercĂł para tocar su mejilla ligeramente.

—¿Phainon? —mira directamente los dorados ojos de Mydei tan cerca de los suyos.

—¿Sí?

—Quizá no seas tan estúpido como creí —y con eso Mydei se inclina hacia adelante cerrando la distancia entre los dos, presionando sus labios en los de Phainon con ternura.

Cada nervio en el cuerpo de Phainon se siente como si estuviera en llamas al sentir la boca de Mydei contra la suya.

Nervioso, levanta la mano para sentir la piel del rostro de Mydei debajo de las yemas de sus dedos. Sorprendentemente, era mucho más suave de lo que Phainon imaginaba que sería. Mueve sus labios sobre Mydei tímidamente. Esto es lo que quería, piensa Phainon felizmente. Este era el tipo de experiencia que deseaba. Por un momento fugaz, Phainon espera que Mydei sea parte de su nueva vida. Pero al instante, Phainon se da cuenta de que ya lo era.

—Mydei… —Mydei se estremece ante el sonido de su nombre susurrado en los labios de Phainon. Mydei se aleja del beso como si necesitara un momento para procesar la forma en que Phainon dice su nombre.

Descuidadamente, Phainon no le da tiempo para pensar y presiona su boca contra la de Mydei, esta vez frenéticamente, como si estuviera aferrándose a Mydei con su vida. Mydei jadea silenciosamente en la boca de Phainon ante lo repentino del gesto, lo que hace que Phainon sonría en el beso.

Phainon se aferra a su chaqueta y los acerca más, deseando que Mydei abra la boca solo un poco. Felizmente, la lengua de Mydei se mueve contra el labio inferior de Phainon, sintiendo su pulso acelerarse con la punta de sus dedos.

Sin pensarlo, Phainon presiona su lengua en la boca del otro haciendo que Mydei deje escapar un suave suspiro en los labios abiertos de Phainon. Se pregunta por qué se sentía tan nervioso al estar cerca de Mydei, cuando tenerlo tan cerca lo podía hacer sentir así. Phainon agrega mentalmente besar a Mydei a su lista de cosas favoritas mientras roza la boca de Mydei con su lengua, quien a su vez empuja la suya contra los labios de Phainon húmedamente.

Cuando Phainon trata de ahogar un gemido, Mydei se aleja de él lentamente, dejando a Phainon preguntándose si volvió a hacer algo mal.

—¿Qué pasa? —Phainon susurra observando la expresión y la pequeña sonrisa de Mydei.

—Creo que sería mejor si fueramos más despacio.

Ante las palabras de Mydei, Phainon se sonroja tanto que se siente mareado.

—No estaba tratando de… quiero decir, eso no es lo que-… —Mydei se rĂ­e a carcajadas del tartamudeo de Phainon y toma una de sus manos.

—¿Cómo te enteraste? —las mejillas de Mydei se ponen rojas cuando le da a Phainon una cálida mirada.

—Tus notas. Escribiste mi nombre como yo escribí el tuyo —murmura Phainon.

—Bueno, eso es realmente tonto. Dios, no debería dejar mis cosas tiradas por ahí —se ríe.

—Entonces, te gusto —Phainon deja que las palabras caigan de su lengua lentamente.

—Parece que sí eres un idiota. Sí, me gustas. ¿Por qué iba a tener que soportarte de todos modos? ¿Y salvarte de esos idiotas y escribirte una canción y acompañarte a casa? —la voz de Mydei se eleva después de cada confesión.

De repente, todas las piezas encajan en el cerebro de Phainon. Dios, realmente fue estĂşpido al no darse cuenta de eso. La vergĂĽenza llena a Phainon y aparta la mirada de los ojos acusadores de Mydei.

—Me gustas. Me gustas mucho. Y puedes ser un idiota, pero no me importa, porque eso es lo que me gusta de ti —sus palabras llenan el corazón de Phainon con calidez.

—¿En serio?— le sonríe débilmente.

—Sí. Ahora no olvides mi nombre, ¿de acuerdo? —Mydei suspira.

—Mydei —Phainon sonríe cuando los ojos de Mydei se agrandan al escuchar su nombre.

—¿Qué? —suena frustrado consigo mismo por reaccionar tan visiblemente a la voz de Phainon.

—Nada, solo quería decirlo —Phainon se ríe a carcajadas mientras Mydei se sonroja y levanta la mano para golpearlo en el hombro sin verdadera fuerza.

Esto es lo que quería, piensa Phainon para sí mismo. Reir sin importarle lo que otros piensen de él, besando a Mydei en una habitación con poca luz. El solo pensamiento de cómo reaccionarían todos hace que Phainon se sienta mareado. Solo quiere correr hacia lo que quiere sin mirar atrás.

Phainon se acerca y tira de Mydei en un abrazo, envolviendo sus brazos amorosamente alrededor de su cintura. Puede sentir a Mydei suspirando profundamente ante su toque mientras rodea a Phainon con sus brazos y lo atrae hacia su pecho.

Para Phainon, una nueva vida estaba lista para ser explorada, y estaba más que listo para enfrentarla de frente, con Mydei a su lado para descubrir cada nueva experiencia que el mundo tenía para ofrecerle.