“Mydeimos”, Phainon escribe el nombre una y otra vez en los márgenes de su libreta, trazando corazones y flores alrededor de las palabras. Suspira una vez, colocando el codo en su escritorio y apoyando la barbilla en su mano.
De vez en cuando, sus ojos se dirigen hacia el frente del aula, donde el profesor trataba de resolver un problema matemático ridĂculamente fácil con la ayuda de uno de sus compañeros. Phainon ya habĂa resuelto el problema de antemano, diablos; habĂa terminado toda la hoja de trabajo minutos despuĂ©s de que el profesor la repartiera a los estudiantes.
Eso es lo que hacĂa todos los dĂas en esta clase, terminar sus deberes rápidamente y luego soñar despierto el resto de la hora. No tenĂa amigos con los que pudiera reĂr en clases. Lo cual estaba bien para Phainon, le dio más tiempo para observar a cierto joven sentado un par de filas a su izquierda junto a la ventana.
Al frente de la clase, el profesor ya estaba borrando los nĂşmeros del resultado. Phainon frunce el ceño. La gente que contratan en estos dĂas, piensa, volviendo a sus garabatos.
DespuĂ©s de enmarcar el nombre con un corazĂłn, mira hacia la ventana por centĂ©sima vez en la Ăşltima hora. La luz del sol entraba por las grandes ventanas bañando el suelo y los escritorios cálidamente. Afuera, los árboles se movĂan suavemente con la brisa mientras las hojas revoloteaban con el viento. Cualquiera en el aula podrĂa pensar que a Phainon le gustaba el aire libre, anhelando estar en cualquier lugar menos en este aula sofocante. Pero ese no era el caso.
Phainon soporta el aire del aula solo para estar cerca de Mydei, aunque solo sea una hora al dĂa. Y por cerca, se refiere a pocos metros de distancia.
La luz del sol acaricia el cabello de Mydei de tal manera que Phainon sonrĂe levemente. Estaba desplomado en su silla, reclinado hacia atrás de manera atractiva, con las manos en los bolsillos. Aparentemente, Mydei tampoco está prestando atenciĂłn a la clase porque su rostro está mirando hacia la ventana con ojos desinteresados. Solo la vista de Mydei es suficiente para que el corazĂłn de Phainon se sienta ligero en su pecho.
Estaba a punto de apartar la mirada de nuevo, Phainon siempre trataba de no mirar demasiado tiempo o de lo contrario la gente a su alrededor podrĂa empezar a cuestionarse, cuando de repente la mano de Mydei se alza en el aire perezosamente.
Phainon casi jadea ante la acciĂłn; Mydei nunca habĂa mostrado interĂ©s en esta clase. El profesor se vuelve hacia Ă©l, con el rostro todavĂa rojo de vergĂĽenza por su error, y asiente con la cabeza hacia la mano levantada de Mydei.
—¿Puedo usar el baño? —Mydei pregunta, pegando una sonrisa falsa en su rostro que hace que Phainon ruede los ojos ante la presunción de la misma.
—SĂ, claro.
Suspirando, Mydei arrastra su silla por el suelo dramáticamente, apoyándose con las manos sobre su escritorio, antes de enderezarse y caminar hacia la puerta en la parte delantera del salón.
Phainon se pone rĂgido en su silla y rápidamente pasa la página en su libreta mientras Mydei pasa a su lado por el pasillo. El aire se agita a su alrededor mientras Mydei camina cerca de su escritorio, refrescando su rostro y haciĂ©ndolo temblar casi imperceptiblemente.
Un grupo de chicas sentadas delante de Phainon se rĂen suavemente entre ellas cuando Mydei las mira brevemente en su camino hacia la puerta.
Phainon deja escapar la respiraciĂłn que estaba conteniendo, sintiendo a su corazĂłn enfriarse. Sin Mydei aquĂ, era solo otra clase inĂştil que a Phainon no le interesaba tomar. Mirando el reloj sobre la pizarra, aĂşn le quedaban veinte minutos más para el final de su tortura. Volviendo a su página anterior, trata de dibujar la imagen de Mydei mirando por las ventanas iluminadas por el sol.
Durante el resto de la clase se concentra en su dibujo, hasta que suena la campana con fuerza en toda la escuela. Los estudiantes a su alrededor saltan emocionados; reuniĂ©ndose con sus amigos y saliendo corriendo por las puertas. Lentamente, Phainon cierra su libreta para no manchar su obra maestra y apila sus cosas dentro de su mochila. Si se toma el tiempo suficiente para guardar sus cosas, no tendrá que sentarse solo tanto tiempo esperando a que comience su prĂłxima clase mientras los estudiantes a su alrededor rĂen y charlan entre ellos.
Mira hacia el escritorio de Mydei con una expresiĂłn triste, sus cosas están aĂşn abiertas y sobre el escritorio. El joven no habĂa regresado a clase, era mucho tiempo como para solo ir al baño y regresar. Phainon fue la Ăşltima persona de su clase en salir de la habitaciĂłn, asĂ que con una exhalaciĂłn se dirige hacia la puerta.
Desafortunadamente para Ă©l y todo su deseo de tener el menor contacto humano posible entre clases, choca directamente con alguien, haciendo que su mochila caiga al suelo, sus cuadernos y bolĂgrafos extendiĂ©ndose sobre el piso.
—Mira por dónde diablos vas —le sisea el chico, sin molestarse en ocultar la ira en su rostro. Detrás de él, uno de sus amigos mira a Phainon.
—Oye, Âżno es el tipo que cree que es tan inteligente como para estar en un grupo de Ăşltimo año? —el amigo le sonrĂe al chico corpulento.
—Ah, ¿lo es? —el estudiante musculoso mira a Phainon de arriba abajo con disgusto—. ¿Crees que eres especial? —Phainon niega con la cabeza rápidamente.
—Creo que te tiene miedo —el amigo se rĂe en voz alta.
—¿Te estoy asustando? —agarra el brazo de Phainon con fuerza y lo acerca más para mirarlo a la cara. Phainon se prepara, esperando a que el matĂłn lo envĂe volando al otro lado del pasillo—… ÂżQuĂ© es esto? —Phainon se siente aliviado cuando el chico baja sus manos para mirar lo que su amigo habĂa encontrado.
Hasta que Phainon se da cuenta de que habĂa cogido su cuaderno y estaba hojeando las páginas de los garabatos.
—¡Miren, al niñito de primer año le gusta dibujar flores y mariposas! —el amigo muestra sus hallazgos al grupo con orgullo. Para entonces, un pequeño grupo de estudiantes se habĂa reunido alrededor, susurrando detrás de sus manos y señalando.
Phainon puede sentir el sudor corriendo por su espalda y mira en estado de shock cuando los matones señalan y se rĂen de sus bocetos, rezando para que no encuentren sus dibujos de hoy. Phainon observĂł con horror mientras el chico pasaba a sus notas de ayer, una página antes de llegar al dibujo de Mydei.
El matĂłn sacude la cabeza ante la apariciĂłn de notas escolares y pasa a la página siguiente. Phainon cree que su corazĂłn podrĂa detenerse, y todo parece y suena como si estuviera en cámara lenta. El chico se detiene a mitad de la vuelta de página cuando una voz molesta se abre camino a travĂ©s de la multitud que está junto al grupo.
—¿Hey, qué está pasando? —Mydei se detiene frente a la entrada del salón, que estaban bloqueando.
—¡Mydei! —el matón arroja el cuaderno al suelo frente a los pies de Phainon, quien se inclina rapidamente para tomarlo, sujetándolo firmemente contra su pecho.
Mydei mira al grupo, confundido.
—Salgan de mi camino y dejen de ser tan ruidosos, Dios. Me están dando dolor de cabeza —frota su palma sobre su sien, frustrado.
—Lo siento. Ya nos vamos —el corpulento estudiante hace un gesto para que sus amigos lo sigan y, burlándose de Phainon, se alejan del camino de Mydei por el pasillo. La multitud que se habĂa reunido renuncia a sus esperanzas de ver una pelea y se aleja decepcionada.
Phainon se congela cuando los ojos de Mydei se posan en su rostro. Es muy posible que sea la primera vez que Mydei lo mira. Mydei levanta una ceja hacia Phainon y mueve su cabeza hacia la derecha para indicarle a Phainon que se mueva. Phainon se aparta de su camino rápidamente y Mydei le sonrĂe.
—Espera aquà —le dice Mydei mientras entra al salón de clases para recoger sus cosas.
Inseguro de qué hacer, Phainon se inclina para recoger sus pertenencias del suelo mientras su corazón late salvajemente. Justo cuando se pone de pie, arrojando su mochila sobre su hombro, Mydei está de regreso con sus cosas a cuestas.
—Ven conmigo —Mydei le ordena y Phainon asiente, sin atreverse a decir nada.
Mydei se mueve rápidamente por el pasillo y dobla la esquina en la direcciĂłn contraria de la siguiente clase de Phainon. Piensa en decirle esto a Mydei, pero apenas puede seguir el ritmo del chico mientras empuja una pesada puerta que Phainon nunca habĂa visto antes.
Una vez que los dos estuvieron dentro, Mydei acciona el interruptor en la pared y Phainon mira a su alrededor con desconcierto. La habitaciĂłn era pequeña y tenĂa poca luz. ParecĂa una especie de almacĂ©n para el grupo musical de la escuela, adivina Phainon, debido a las pilas de partituras que cubrĂan las paredes. Un piano y una guitarra estaban colocadas en un rincĂłn. Además, lo que parecĂa una vieja computadora estaba sobre una mesa plegable, con cuadernos y partituras en blanco esparcidas a su alrededor.
Mydei suspira y se mueve para tratar de organizar los papeles sueltos sobre la mesa.
—Puedes estar tranquilo aquà un rato. Esos tipos no saben cuándo renunciar —chasquea la lengua con fastidio, agarra una partitura y la mete en su mochila.
Cuando Mydei se da vuelta para irse, se detiene y sonrĂe ante la apariencia atĂłnita de Phainon.
—¿Qué los hizo meterse contigo de todos modos? —pregunta en broma.
Phainon simplemente se estremece al recordar la expresión enojada del otro chico y Mydei frunce el ceño. De repente, extiende la mano y toma el cuaderno de Phainon de sus manos sin decir nada.
—¡Espera…! —Phainon exclama silenciosamente, pero ya era demasiado tarde. El cuaderno se abre ante su dibujo secreto de Mydei. PodĂa sentir la vergĂĽenza en su estĂłmago y cree que podrĂa vomitar en cualquier momento.
No puede soportar ver la reacciĂłn de Mydei, asĂ que solo se queda mirando al suelo.
—Eres bueno en esto —es todo lo que dice Mydei antes de cerrar la libreta con calma y devolvĂ©rsela a Phainon, quien la toma con dedos dĂ©biles aĂşn sin atreverse a mirar a Mydei a los ojos—. QuĂ©date todo el tiempo que quieras. SĂ© que no es como si tuvieras que ir a clase o algo asĂ.
Y con eso, Mydei se desliza hacia la puerta, dejando a Phainon solo en su miseria y preguntándose cĂłmo sabĂa Mydei que era lo suficientemente inteligente como para no prestar atenciĂłn en clases.
Phainon se sienta en la silla frente a la computadora durante la siguiente hora.
Lo más probable es que nadie sabia que se estaba saltando la clase. Normalmente harĂa algo productivo con su tiempo a solas, pero su mente estaba demasiado llena de preguntas como para pensar en hacer algo.
En este punto, lamenta no haber visto la reacciĂłn de Mydei a su dibujo. ÂżNo le gustĂł? ÂżOdiaba a Phainon? ÂżLe importaba siquiera Phainon? Tal vez le importaba un poco, ya que lo dejĂł esconderse en lo que parece ser el lugar secreto de Mydei. Junto a Ă©l, en el escritorio, habĂa visto innumerables páginas de letras escritas, tachadas y páginas de papel del personal con pequeñas notas punteadas a lo largo de las lĂneas.
Al leer algunas de las letras, Phainon ganĂł una nueva apreciaciĂłn por Mydei que no sabĂa que era posible porque ya estaba enamorado de Ă©l. Muchas de las letras eran buenas, realmente buenas, y Phainon se encontrĂł sonriendo junto con las letras más ingeniosas y sus ojos picaban con lágrimas ante las frases más tristes y sentidas.
Phainon se mueve para sacar su libreta, con la esperanza de escribir algunas de sus lĂneas favoritas para volver a leerlas más tarde, hasta que salta y arroja rápidamente las páginas sueltas en una pila desordenada cuando la puerta se abre detrás de Ă©l.
La luz del pasillo ciega sus ojos por un segundo hasta que puede distinguir la forma de Mydei contra la puerta. Cierra la puerta ruidosamente detrás de Ă©l y sonrĂe ante la cara de sorpresa de Phainon.
—¿Siempre pones esa cara? —señala la boca abierta y los ojos muy abiertos de Phainon mientras le da un mordisco a la manzana que tiene en su mano. El rostro de Phainon cae y niega con la cabeza—. Supongo que tampoco hablas —Mydei busca en el bolsillo lateral de su mochila y saca una naranja—. Es todo lo que pude tomar de la cafeterĂa —le lanza la naranja a Phainon, quien la atrapa en el aire con ambas manos.
—Gracias —murmura en voz baja.
—Asà que sà hablas —la boca de Mydei se tuerce en una sonrisa de suficiencia.
—Y gracias por lo de antes, también —Phainon es capaz de forzar las palabras mientras Mydei simplemente dice que no le agradezca.
De repente, los ojos de Mydei se posan en la pila desordenada de hojas en su escritorio y se vuelve hacia Phainon acusadoramente.
—Lo siento, no quise revisar tus cosas, solo estaban ahĂ y pensé… —sabĂa que estaba divagando y se odiaba a sĂ mismo por eso.
Gruñendo, Mydei se inclina para sentarse con las piernas cruzadas en el suelo a los pies de Phainon, apoyando su espalda contra la pared. Empuja su mochila en su regazo y saca aún más páginas desmenuzadas llenas de sus letras.
—TambiĂ©n podrĂas mirar estas porque ya violaste mi privacidad —Mydei sujeta las páginas en el aire frente a Phainon con una de sus manos, quien aun asĂ duda en tomarlas.
—Está bien —le dice tĂmidamente. Cuando Mydei no retira las páginas, Phainon extiende la mano para tomarlas y las coloca en su regazo.
—Es una perdida de tiempo de cualquier forma —Mydei se apoya contra la pared de nuevo, esta vez cerrando los ojos como si fuera a tomar una siesta.
Con solo mirar a Mydei, con los ojos cerrados pacĂficamente, las entrañas de Phainon se revuelven.
Apartando la vista, Phainon comienza a quitar la piel de su naranja y la coloca en silencio sobre su cuaderno, con cuidado de no hacer tanto ruido y molestar el descanso de Mydei.
Una vez que Phainon gana suficiente coraje, mira a Mydei, quien lo estaba mirando de forma extraña.
—¿Te gusta dibujar? —Phainon tose un poco ante la pregunta de Mydei. Su amor por el dibujo le trae recuerdos de que Mydei habĂa visto uno uno de los dibujos que no querĂa que nadie viera, y mucho menos la persona del dibujo en cuestiĂłn.
Se da cuenta de que Mydei todavĂa lo mira con curiosidad, asĂ que no tiene más remedio que responder—: SĂ, lo disfruto.
—¿Tienes más? Dibujos, quiero decir —la forma en que lo dijo hizo que pareciera que no era gran cosa. SĂ, Phainon dibuja y, a veces, de vez en cuando, dibuja imágenes de extraños sin su consentimiento.
—SĂ…
—¿Puedo verlos? LeĂste mis letras, Âżverdad? —la cara de Phainon se sonroja ante las palabras de Mydei. Con cuidado, quita las cáscaras de naranja de su cuaderno. Ya habĂa visto lo peor, piensa Phainon. Su vergĂĽenza ya estaba rota. Con manos temblorosas, Phainon le pasa a Mydei su cuaderno.
Mydei lo toma con una sonrisa y pasa a la primera página. Phainon lo observa con atenciĂłn, no queriendo perderse ni una mueca de su reacciĂłn. Hojea un par de páginas de apuntes de sus clases hasta que llega a un dibujo de página completa que lo hace reĂr. Era un retrato cĂłmico de su profesor tropezando y esparciendo trozos de papel por todo el piso frente a Ă©l. Trae una sonrisa a los labios de Phainon.
—Recuerdo cuando sucediĂł esto —lo mira con ojos brillantes y Phainon piensa que podrĂa derretirse en el suelo en ese mismo instante.
Pasando las páginas, Mydei encuentra muchos dibujos que hacen que Phainon se sintiera orgulloso. Uno era del gran árbol de la escuela meciéndose con el viento. Otra de la lluvia cayendo por la superficie de la ventana del aula que dibujó en una tarde tormentosa.
Finalmente, Mydei vuelve al dibujo de sĂ mismo y se detiene, mirándolo. Mueve el dedo por el costado de la página, trazando el margen donde Phainon habĂa escrito su nombre una y otra vez en diferentes estilos y fuentes.
Phainon siente que su cuerpo se enfrĂa cuando Mydei no muestra reacciĂłn alguna.
—¿Tomas clases de arte? —le pregunta de repente, lo que sorprende a Phainon.
—No —siente los ojos de Mydei sobre él—. No tengo tiempo con todas las clases que ya tengo… —a Phainon no le gustaba pensar en eso.
Desde que sus padres descubrieron que era extremadamente inteligente, lo inscribieron en todas las pruebas de nivel avanzado y gastaron cientos de dĂłlares en los mejores tutores de la ciudad. QuerĂan que fuera mĂ©dico o empresario. Pero dĂa tras dĂa, todo lo que Phainon podĂa pensar era dibujar y eso lo mantenĂa conectado a tierra. Cuando el mundo parecĂa moverse demasiado rápido a su alrededor, simplemente tomaba su lápiz y dibujaba. Pero no puede decirle esto a Mydei. Probablemente lo llamarĂa niño mimado como todos los demás y le dirĂa que eventualmente lo superarĂa.
Mydei observa a Phainon a lo largo de su monólogo interno de manera extraña. Casi como si pudiera leer su mente. Como si entendiera.
Mydei cierra el cuaderno y se lo devuelve.
—¿Puedo ver más alguna vez?
Todo lo que Phainon puede hacer es asentir alegremente. Sin creer nunca que Mydei estarĂa interesado en sus dibujos.
Al dĂa siguiente habĂa una tormenta y Phainon camina con dificultad a travĂ©s de la lluvia hacia la escuela, sonriendo durante todo el camino. La noche anterior habĂa revisado su pila de cuadernos de bocetos y, eligiendo dos de sus favoritos, los metiĂł alegremente en su mochila, que ahora tenĂa presionada contra su pecho debajo de su abrigo, rezando que fuera suficiente para mantenerlos secos y seguros.
Al encontrar su asiento en el salón de clases, Phainon se quita el abrigo húmedo y lo coloca debajo de su silla. Se asegura de revisar las páginas de sus cuadernos de dibujo con cuidado, aún dentro de su mochila, y las encuentra ilesas.
Cuando comienza la clase, ve a Mydei sentado al otro lado de la habitaciĂłn y su rostro estalla en una sonrisa al ver al chico mirándolo. Mydei mira de un lado a otro entre el maestro al frente del salĂłn y Phainon, todo mientras balancea su bolĂgrafo sobre su cuaderno intacto. Phainon se rĂe de las acciones de Mydei pero recibe el memo y al menos finge, por el bien de Mydei, que estaba escuchando la clase.
Con el tiempo, se aburre de que los conceptos que ya entendĂa le fueran explicados una y otra vez. Inconscientemente, sus ojos se desvĂan hacia el lado de Mydei y lo encuentra con el brazo extendido sobre el escritorio, la cabeza apoyada en el antebrazo y su rostro reflejado en la ventana mientras la lluvia seguĂa cayendo afuera.
Phainon no pudo evitarlo, pasando a una página en blanco en sus notas, se pone a dibujar la figura dormida de Mydei con las gotas de agua cayendo por el cristal y las nubes oscuras ondeando en el cielo.
Phainon respira pesadamente frente a la puerta del almacĂ©n. ÂżY si no estaba ahĂ? Bueno, lo esperarĂ©, piensa Phainon, esperando que la idea no le haga parecer un acosador. Phainon piensa que sus piernas podrĂan haber cedido debajo de Ă©l cuando empuja la puerta y encuentra a Mydei encorvado sobre la mesa tarareando para sĂ mismo en voz baja.
Una vez que Phainon entra por la puerta y la cierra detrás de Ă©l, Mydei gira rápidamente. Al ver a Phainon, Mydei sonrĂe ampliamente.
—¿Vienes a invadir mi lugar secreto? —le pregunta astutamente.
—¡No! Yo no harĂa eso —a Phainon no le gusta la forma en que lo dice, tan rápido como si estuviera tratando de defenderse por hacer algo malo cuando en realidad solo acababa de entrar en la habitaciĂłn.
—Estaba bromeando —se rĂe Mydei con alegrĂa, haciendo que el corazĂłn de Phainon palpitara en su pecho—. ÂżQuĂ© pasa? —Mydei lo mira de arriba abajo como si estuviera buscando moretones—. ÂżEsos idiotas se metieron contigo otra vez?
Phainon tira del cordón de su mochila y saca sus cuadernos de dibujo, entregándoselos a Mydei.
—QuerĂas ver más de mis dibujos —explica.
—SĂ, es cierto —dice Mydei mientras toma las libretas, abriendo la primera con cuidado—. Phainon, eres realmente bueno, Âżsabes? —al sonido de su nombre en los labios de Mydei, todo el cuerpo de Phainon se estremece de alegrĂa.
Antes de que pueda detenerse, le sonrĂe a Mydei.
—¿Sabes mi nombre?
La cara de Mydei cae ante el arrebato de Phainon, casi como si la pregunta lo entristeciera de alguna forma.
—Por supuesto, tenemos una clase juntos.
Lo dice como si no hubiera necesidad de discutir, pero la estúpida lengua de Phainon se apodera de él.
—¿En serio? —él levanta la ceja burlonamente—. Nombra a otra persona en esa clase.
Mydei frunce el ceño y rueda los ojos, tratando de ganar tiempo mientras se devana el cerebro tratando de encontrar una respuesta.
—Hay una chica, Hay… no… Hya… como sea, no importa cĂłmo sĂ© tu nombre, solo lo sĂ©, Âżde acuerdo?
Quizás la mente de Phainon le estaba jugando una broma, pero jura que el rostro de Mydei se estaba volviendo de un tono rojo intenso.
Una vez que Mydei vio todos sus bocetos, Phainon suelta un grito ahogado y busca en su mochila su cuaderno de clase.
—Oh, casi lo olvido. DibujĂ© este hoy —desliza el dibujo hacia Mydei tĂmidamente, esperando su reacciĂłn. Cuando ve el dibujo, una pequeña sonrisa se ilumina en su rostro.
—¿Puedo quedarme con este? —le da a Phainon una linda sonrisa.
Phainon no puede decir que no a la expresiĂłn de Mydei, asĂ que asiente con alegrĂa.
Después de un momento, Mydei busca en los papeles frente a él y le da uno a Phainon.
—QuerĂa mostrarte esto.
La idea de que Mydei quisiera compartirle algo asĂ casi lo hace llorar.
Al leer la letra, el interior de Phainon se llena de calidez. Trataba de un amor no correspondido que estaba fuera del alcance de la persona. Que se siente como si solo pudiera ver la vida del otro desde lejos y nunca ser parte de ella. CĂłmo desea que la persona que ama solo diga su nombre una vez y luego finalmente morir feliz.
—Me gusta —Phainon sonrĂe al rostro inquieto de Mydei.
—¿De verdad? ¿No es demasiado cursi? —Phainon simplemente niega con la cabeza para asegurarle. Mydei suspira, contento—: Bien.
De repente, la campana suena en el pasillo. Cuando Mydei no hace ningĂşn movimiento para ponerse de pie, Phainon ajusta su mochila sobre su hombro.
—DeberĂa irme… —murmura, apuntando hacia la puerta. Mydei se vuelve hacia Ă©l, interrogante.
—¿Tienes que ir? —Phainon sabĂa que se referĂa a que Ă©l podĂa entender completamente el material sin asistir a clases, pero a una parte le gustaba pensar que Mydei querĂa que Phainon se quedara con Ă©l.
—Supongo que no —responde mientras deja caer su mochila al suelo.
—Genial —sonrĂe Mydei—. Entonces puedes ayudarme con esta lĂnea —se mueve para entregarle el papel a Phainon, pero lo piensa mejor y se levanta para sentarse cerca del lado de Phainon en el suelo, rozando sus rodillas—. Esta de aquà —señala la lĂnea y se inclina cerca de su hombro. El rostro de Phainon se sonroja ante la proximidad de Mydei. Prácticamente podĂa sentir su aliento rozando suavemente su mejilla. Mirando hacia la lĂnea, Phainon trata de concentrarse.
Mydei responde a las sugerencias de Phainon y felizmente cambian algunas palabras en la página. Durante algĂşn tiempo, Mydei mira fijamente la hoja mientras golpea su rodilla rĂtmicamente. Se necesita cada gramo del ser de Phainon para no inclinarse hacia adelante y rozar sus labios en la mejilla de Mydei. La piel de Mydei se ve tan suave al tacto y Phainon se pregunta cĂłmo se sentirĂa su boca presionada contra ella.
Sacudiendo la cabeza ante el pensamiento, Phainon saca su cuaderno, abre una página en blanco y comienza a dibujar el viejo piano en la esquina de la habitaciĂłn. Ni siquiera se da cuenta de que Mydei habĂa dejado de tararear suavemente a su lado o que estaba mirando la mano de Phainon mientras se movĂa por la página.
Solo cuando Mydei mueve la barbilla para descansar sobre el hombro de Phainon con la esperanza de ver mejor el dibujo, Phainon se pone rĂgido abruptamente, lo que hace que su lápiz dibuje un trazo irregular.
—Phainon… —el aliento de Mydei en su oĂdo hace que su cuerpo se ponga aĂşn más rĂgido. Su voz se estaba volviendo más baja conforme el sueño se apoderaba de Ă©l—. Eres un idiota…
Phainon se gira para ver a Mydei profundamente dormido con la cabeza apoyada en el hombro de Phainon. Su boca estaba tan cerca de la frente de Mydei que mentalmente se dispuso a no hacer ninguna acciĂłn precipitada de la que se arrepintiera. ÂżPor quĂ© su cabello se sentĂa tan suave contra el cuello de Phainon? ÂżPor quĂ© la respiraciĂłn de Mydei parecĂa quitarle el aliento?
Phainon solo sabĂa que darĂa cualquier cosa por escuchar a Mydei decir su nombre asĂ nuevamente.
Al dĂa siguiente, Mydei no llega a clase. El corazĂłn de Phainon se hundiĂł en su pecho cuando llegĂł y encontrĂł el escritorio de Mydei vacĂo. Dejándose caer en su asiento, se prepara para una larga y aburrida hora de clase. Tal vez hoy preste atenciĂłn. Al menos eso le quitarĂa de la mente la sensaciĂłn que se apodera de Ă©l por la ausencia de Mydei.
Afortunadamente, la clase no fue totalmente aburrida y una vez que sonĂł la campana señalando el final de la clase, por primera vez Phainon se alegrĂł de salir del aula. PodrĂa ir al lugar secreto de Mydei y pasar la hora del almuerzo allĂ, piensa para sĂ mismo. Pero incluso cuando Mydei estaba con Ă©l, sentĂa que invadĂa su territorio cada vez que entraba en esa habitaciĂłn.
En cambio, Phainon camina en la direcciĂłn opuesta. El aire fresco golpea su piel mientras pasa junto a pequeños grupos de estudiantes que rĂen y comen juntos. Envolviendose con su abrigo debido al aire fresco, finalmente encuentra un banco desocupado debajo del gran árbol de la escuela.
Por encima de su cabeza, las hojas se mueven perezosamente en las ramas, agitadas por el ligero viento. Phainon se maravilla con los colores cambiantes del árbol; amarillos, naranjas y verdes. Sonriendo para sĂ mismo, saca su cuaderno y lo mantiene abierto sobre sus rodillas. Por un segundo, frunce el ceño ante el hecho de que no tiene lápices de colores para capturar realmente la belleza de las hojas. Mirando hacia arriba en las ramas sobre Ă©l, comienza con un boceto aproximado del árbol contra el cielo blanco, pensando que podrĂa colorear el dibujo más tarde.
Está muy satisfecho con su trabajo hasta ahora y cruza por su mente el pensamiento de que quizá a Mydei le gustarĂa verlo, cuando un par de manos apartan el cuaderno de su regazo.
—Miren lo que dibujĂł nuestro pequeño artista —dice la voz de las manos en tono burlĂłn. Cuando Phainon mira hacia arriba, ve a los matones del otro dĂa parados frente a Ă©l, con sonrisas en sus rostros. Sus amigos exclaman con sarcasmo al ver el dibujo.
—Parece que mamá se olvido de empacarle sus libros para colorear —bromea uno de los amigos mientras el otro ruge con una risa malvada.
Phainon no querĂa tener que lidiar hoy con estos perdedores. Rápidamente un brazo para tomar su cuaderno, pero el estudiante simplemente lo aparta de su alcance.
—Devuélvemelo —exclama Phainon tranquilamente. Los matones continúan riendo, mientras Phainon los mira con indiferencia.
—Aw, Âżes tan precioso para ti? —Phainon mira el rostro de los matones, solo esperando que lo dejen en paz—. Entonces, ÂżcĂłmo te sentirĂas si hiciera esto? —el matĂłn sostiene el cuaderno con dos manos y lo coloca entre sus dedos de manera que si mueve una mano hacia abajo, el cuaderno se partirá por la mitad.
Los ojos de Phainon se agrandan mientras observa con horror como el matĂłn mueve sus manos produciendo un pequeño desgarro que se hace más grande cuanto más tira del cuaderno. Si Phainon hubiera reaccionado, se habrĂa levantado de un salto y derribado al matĂłn al suelo, pero todo lo que puede hacer es ver cĂłmo todo su arduo trabajo se estaba partiendo en dos. PodĂa sentir las lágrimas picando en la parte posterior de sus ojos. ÂżQuĂ© le iba a mostrar a Mydei ahora?, piensa.
De repente, el matón se detiene, después de haber roto el cuaderno en dos a media página, cuando detrás de él alguien se interpone. El matón se tambalea hacia un lado, sorprendido cuando la persona se mueve para detenerse frente a Phainon.
Phainon observa como la sonrisa del matĂłn abandona su rostro mientras mira a Mydei. Phainon se inclina para mirar alrededor de la espalda de Mydei mientras el matĂłn deja caer el cuaderno al suelo. Mydei chasquea la lengua y se inclina para recogerlo. Uno de los matones mira a Mydei, interrogante.
—Hasta Mydei sabe que tirar basura es malo —uno de los matones dice con una media sonrisa hasta que su amigo lo golpea en el estómago con el codo.
—Lo sentimos, no volverá a suceder —ante eso, el chico más grande agarra el brazo de su amigo y lo arrastra lejos de allà rápidamente.
Phainon se desploma en el banco, contento de deshacerse de esos perdedores. Mydei se vuelve y mira su estado y niega con la cabeza.
—¿Tengo que salvarte cada vez que algo te pasa? —sonrĂe con satisfacciĂłn ante la cara roja de Phainon y luego frunce el ceño—. Oh, aquĂ está tu cuaderno —amablemente le tiende el cuaderno roto y Phainon lo toma lentamente de sus manos.
—Gracias —murmura tristemente mientras coloca suavemente las páginas arruinadas en su regazo. PodĂa sentir las lágrimas de antes comenzar a deslizarse silenciosamente por sus mejillas.
Junto a él, Mydei se sienta en el banco apoyando los brazos en las rodillas, inclinándose para mirar el rostro manchado de lágrimas de Phainon.
—Oye, deja de llorar. No pienses tanto en eso —Mydei mira hacia abajo al cuaderno de Phainon donde sus lágrimas manchaban las páginas arrugadas. Frunce el ceño pesadamente y mueve su mano para limpiar las lágrimas en el rostro de Phainon—. Deja de llorar, lo estás empeorando —sus dedos rozan el rostro húmedo de Phainon.
Todo el cuerpo de Phainon se siente cálido con el toque de Mydei y levanta una mano para ayudar a Mydei a frotarse las lágrimas de los ojos.
—Lo siento, solo estoy molesto —aprieta los puños y la vista de los amables ojos de Mydei lo arruinan.
—Bueno, la prĂłxima vez golpea a esos imbĂ©ciles en la cara, crĂ©eme, es terapĂ©utico —Phainon no querĂa saber cĂłmo Mydei sabĂa eso, pero la mirada que Mydei le da hace que Phainon sonrĂa dĂ©bilmente—. Bien —asiente Mydei y se inclina en el banco, inclinando la cabeza hacia atrás y cruzando los brazos, cerrando los ojos al sol—. Ahora cállate para que pueda dormir un rato.
—¿Phainon?
—¿Eh?— Phainon levanta la vista de su lugar en el piso donde estaba escribiendo un ensayo rápido para su clase de inglés, deseando terminar solo un párrafo más para luego volver a dibujar. Mydei lo mira desde su silla en la mesa con una mirada de suficiencia.
—No me estabas escuchando —la cara de Phainon se sonroja de vergĂĽenza—. Te preguntĂ© si te irĂas a casa pronto —Mydei aparta la mirada de Ă©l para volver a su trabajo.
—¿Casa? —Phainon murmura confundido hasta que mira la hora y se da cuenta que las clases terminaron desde hace más de una hora. Con un sobresalto, cierra sus libros apresuradamente y los guarda en su mochila mientras Mydei lo mira perplejo.
—Tengo clases de tutorĂa. Lo siento, tengo que irme —se vuelve rápidamente hacia la puerta, enojado consigo mismo por no haber notado la hora que era. ÂżQuĂ© dirán sus padres si llegaba tarde?
—Espera —le llama Mydei mientras se pone de pie tambiĂ©n, agarrando sus cosas—. IrĂ© contigo —su sonrisa hace que Phainon se sonroje más profundamente. No podĂa decir que no a la oferta de Mydei. Además, significaba pasar más tiempo con Mydei, algo que Phainon siempre disfrutaba. Era como si todo lo que Phainon podĂa pensar cuando no estaba cerca de Mydei era en cuánto deseaba que Mydei estuviera a su lado otra vez.
—Está bien —Phainon mantiene abierta la puerta y Mydei lo sigue en silencio hasta la entrada principal.
—Hace frĂo —exclama Mydei cuando salen, envolviendo su chaqueta cerca de su cuerpo. Phainon simplemente se rĂe.
Caminan en silencio durante un par de cuadras, Phainon observando el mundo a su alrededor agitarse con el viento. Siempre le habĂa encantado la forma en que todo lo que le rodeaba se balanceaba en el aire cuando hacĂa un viento como este. No podĂa explicar la sensaciĂłn que sentĂa cuando observaba las nubes moverse en el cielo y la hierba agitarse, pero por alguna extraña razĂłn le trajo una especie de paz.
Junto a Ă©l, Mydei se estremece visiblemente y Phainon sonrĂe. Mydei tambien formaba parte del mundo que lo rodeaba moviĂ©ndose suavemente con la brisa. Pero por alguna razĂłn, Mydei parecĂa más real. Tal vez era porque si se acercara y tocara a Mydei, reaccionarĂa, a diferencia de otras cosas en su vida sobre las que no tenĂa control.
De repente, la calle de Phainon aparece frente a ellos y Phainon toma el giro con Mydei pisándole los talones. Phainon lo mira interrogante—: ¿También vives en esta calle?
Mydei lo mira de reojo por un segundo hasta que suspira débilmente, casi como si estuviera decepcionado por algo.
—Vivo cerca —le dice, señalando las casas que bordean la calle a su derecha.
—Está bien —Phainon asiente, preguntándose si habĂa dicho algo para molestar a Mydei.
Finalmente, llegan a los escalones de la entrada de Phainon, revisando su reloj, nota que llegĂł justo a tiempo para su sesiĂłn de tutorĂa. Se gira para mirar a Mydei y sonrĂe dĂ©bilmente.
—Es aquĂ. Gracias por caminar conmigo —le dice Phainon rápidamente.
—¿Sabes? Para ser tan inteligente a veces eres realmente estúpido —Mydei mete las manos en sus bolsillos y lo mira con una media sonrisa.
Phainon no tiene tiempo para responder cuando Mydei se despide y se aleja en la direcciĂłn de donde habĂan venido. Phainon mira la espalda de Mydei cada vez más pequeña en la distancia hasta que recuerda que aun asĂ será castigado por llegar a esta hora.
Phainon entra al salĂłn de clases frotándose los ojos. Anoche habĂa vuelto tarde a casa y pagĂł las consecuencias al estudiar el doble de tiempo que sus padres lo obligaban cada noche. Se habĂa ido a la cama agotado y enojado. Enojado con sus padres, con su estĂşpido cerebro. Quizás Mydei tenĂa razĂłn. Tal vez en realidad era un idiota. Eso explicarĂa por quĂ© no se molestaba en hacer algo para cambiar su aburrida vida.
Para empeorar las cosas, Mydei tampoco llegĂł a clase ese dĂa. El agujero en el estĂłmago de Phainon se ensanchĂł cuando vio el escritorio vacĂo de Mydei junto a la ventana. Se sentĂł en su lugar de siempre y procediĂł a apoyar su cabeza sobre la dura superficie de la mesa. Genial. Nada podrĂa importarle menos a Phainon, ni siquiera la idea de alejar sus preocupaciones. Por lo general, cuando pensaba en dibujar, su corazĂłn se disparaba con una fuerza renovada, pero ahora mismo no sentĂa nada.
Todo en lo que podĂa pensar era en Mydei y en lo que Mydei le habĂa dicho el otro dĂa en las escaleras de su casa. ÂżPor quĂ© Mydei siempre lo llamaba asĂ? Nadie habĂa llamado tonto a Phainon en su vida. Todos los que lo conocĂan lo elogiaban por su inteligencia y le decĂan a sus padres lo orgullosos que debĂan estar de tener un hijo como Ă©l. Sobre cĂłmo estaba destinado a grandes cosas.
¿Y si Phainon no quisiera estar destinado a la grandeza? ¿Y si solo quisiera ser normal? ¿Y si solo quisiera ser Phainon? Simplemente el chico al que le gusta dibujar, ver los árboles soplar con el viento y encuentra la paz en el sonido de la lluvia golpeando contra la ventana.
Phainon ya no querĂa vivir su vida de esta manera. Pero sus esperanzas desaparecen cuando se da cuenta de que ni siquiera sabe por dĂłnde empezar. Un millĂłn de pensamientos pasan por su mente, cuando de repente levanta la cabeza y alza una mano. El profesor sonrĂe ampliamente en direcciĂłn a Phainon y asiente con la cabeza.
—¿Puedo ir al baño? —Phainon pregunta apresuradamente mientras ve el rostro del profesor fruncir el ceño, perdiendo la esperanza de que su mejor alumno estuviera interesado en su clase. Asiente, y Phainon sale al pasillo.
Rápidamente, Phainon camina a la puerta del almacĂ©n y se detiene frente a ella con vacilaciĂłn. A Phainon se le ocurre una idea de cĂłmo confesarse a Mydei. Algo parecido a: ”siempre he estado enamorado de ti, incluso antes de que empezaras a hablar conmigo, incluso antes de que te dieras cuenta de que existĂa”. Quizás no deba incluir el hecho de que se pregunta cĂłmo se sentirĂa la piel de Mydei debajo de sus dedos.
Phainon deja escapar un profundo suspiro cuando abre la puerta mientras mira alrededor de la habitaciĂłn. Estaba vacĂa excepto por una pila desordenada de papeles sobre la mesa. Phainon cierra la puerta detrás de Ă©l, decepcionado pero tambiĂ©n un poco aliviado.
Al mirar un poco más, se da cuenta de que algunos de los libros de Mydei estaban colocados contra la pared en el suelo. La idea de que Mydei estuviera en la escuela hoy hace que Phainon se estremezca de nervios. Parece que tendrĂa que confrontar a Mydei sobre sus sentimientos en algĂşn momento del dĂa. Pero por ahora, cree que podrĂa permanecer oculto por un tiempo; tal vez analizar sus pensamiento para no decir nada de lo que se arrepienta más tarde.
Inclinándose en el suelo, toma los libros de texto de Mydei con curiosidad. ÂżPor quĂ© dejarĂa esto aquĂ?, se pregunta Phainon. La mayorĂa de las veces, Mydei solo dejaba sus letras dispersas por ahĂ, nunca sus pertenencias.
Inesperadamente, cuando Phainon agarra uno de los libros de texto, un pequeño trozo de papel se desliza y cae al suelo a sus pies. Curioso, lo toma y mira las lĂneas escritas en la página. La mitad estaba llena de problemas matemáticos, probablemente escritos durante una de sus clases. La otra mitad eran en su mayorĂa las lĂneas tachadas y reescritas habituales de Mydei, pero algo llama la atenciĂłn de Phainon cuando mira la parte superior de las notas.
La página estaba fechada a principios de año, aproximadamente cuando Phainon llegĂł a su Ăşnica clase compartida con Mydei, tal vez una semana luego de que el profesor lo presentara frente a todos. Phainon todavĂa recuerda las miradas desdeñosas de sus compañeros de clase cuando el maestro dijo con orgullo que habĂa pasado al nivel avanzado siendo solo un estudiante de primer año.
Escaneando los márgenes de las notas de Mydei, su corazĂłn se detiene cuando ve su propio nombre escrito una y otra vez en el borde de la página. Casi como si Mydei estuviera tratando de guardar la sensaciĂłn y el aspecto de su nombre en su memoria. Al igual que Phainon mientras escribĂa el nombre de Mydei como si fueran las palabras más preciosas del mundo.
Dejando caer la página al suelo, se apresura a salir de la habitaciĂłn y regresa a su clase arrastrando los pies, dejándose caer finalmente en su silla. PodĂa sentir el sudor en su piel y el lápiz resbaladizo en sus manos hĂşmedas. ÂżQuĂ© significaba eso? ÂżQuĂ© se suponĂa que Phainon le dirĂa a Mydei ahora que sabĂa que Mydei debĂa sentir algo por Ă©l? ÂżPor quĂ© su nombre estaba tan cariñosamente escrito al costado de las notas de Mydei?
Phainon debate con sus pensamientos el resto de la hora hasta que terminan sus clases y se siente más confundido que nunca. Lentamente, Phainon sale del aula. Los ruidos de los estudiantes charlando y riendo resuenan lejos en sus oĂdos. Casi como si estuviera escuchando las cosas a su alrededor siendo amortiguadas por una pared.
Cuando Phainon dobla la esquina, su corazĂłn se acelera al ver la espalda de Mydei mientras se detiene frente a su lugar secreto. Phainon lo observa suspirar mientras abre la puerta. Pero al ver a Mydei, la mente de Phainon se llena de dudas.
ÂżQuĂ© pasarĂa si Mydei le resta importancia a su confesiĂłn, al igual que tantas personas en la vida de Phainon le habĂan restado importancia solo por quien era? Al igual que sus padres lo habĂan usado toda su vida, exhibiĂ©ndolo ante todos sus conocidos como la imagen del hijo perfecto.
No, piensa Phainon, ya no quiere ser perfecto. Quiere ser imprudente, irresponsable. Quiere gritar cĂłmo se siente realmente por dentro y tal vez, solo tal vez, el mundo finalmente lo tomarĂa en cuenta. Tal vez pueda cambiar el mundo que lo rodea de una vez por todas.
Tomando una respiraciĂłn profunda, decide que es ahora o nunca.
—¡Mydei! —Phainon observa como Mydei se pone rĂgido ante el sonido de su voz, con la mano todavĂa en la manija de la puerta. Mydei no se vuelve para mirar en su direcciĂłn mientras Phainon se acerca a su lado—. Mydei, hay algo que necesito decirte —Phainon estaba tan concentrado en no olvidarse de respirar y no tropezar con sus propias palabras que no se da cuenta de la sonrisa que ilumina el rostro de Mydei.
Phainon mira nerviosamente de un lado y a otro en el pasillo. Empujando la puerta para abrirla, agarra a Mydei del brazo y lo arrastra al interior sintiendo que podrĂa flotar.
La habitación estaba más oscura que el pasillo iluminado por el sol y los ojos de Phainon tardan un poco en adaptarse. Pero cuando finalmente puede verlo bien, mira confundido el brillante rostro de Mydei.
—¿QuĂ©? —Phainon pregunta, un poco enojado porque Mydei habĂa interrumpido sus pensamientos cuando estaba en la parte crucial de su pequeño discurso.
—Phainon —los ojos de Mydei brillan intensamente—. Es la primera vez que dices mi nombre.
—¿De verdad? —Phainon mentalmente se devana el cerebro tratando de recordar un momento cuándo habĂa dicho el nombre de Mydei y para su sorpresa, no logra recordar ninguno.
—SĂ… —los ojos de Mydei buscan el rostro de Phainon lentamente mientras se acerca un paso. La espalda de Phainon golpea la superficie sĂłlida de la puerta detrás de Ă©l. La sensaciĂłn fresca de la madera hace que un escalofrĂo lo recorra.
Todas las palabras que Phainon habĂa preparado escaparon de sus labios cuando la mano de Mydei se acercĂł para tocar su mejilla ligeramente.
—¿Phainon? —mira directamente los dorados ojos de Mydei tan cerca de los suyos.
—¿S�
—Quizá no seas tan estúpido como creà —y con eso Mydei se inclina hacia adelante cerrando la distancia entre los dos, presionando sus labios en los de Phainon con ternura.
Cada nervio en el cuerpo de Phainon se siente como si estuviera en llamas al sentir la boca de Mydei contra la suya.
Nervioso, levanta la mano para sentir la piel del rostro de Mydei debajo de las yemas de sus dedos. Sorprendentemente, era mucho más suave de lo que Phainon imaginaba que serĂa. Mueve sus labios sobre Mydei tĂmidamente. Esto es lo que querĂa, piensa Phainon felizmente. Este era el tipo de experiencia que deseaba. Por un momento fugaz, Phainon espera que Mydei sea parte de su nueva vida. Pero al instante, Phainon se da cuenta de que ya lo era.
—Mydei… —Mydei se estremece ante el sonido de su nombre susurrado en los labios de Phainon. Mydei se aleja del beso como si necesitara un momento para procesar la forma en que Phainon dice su nombre.
Descuidadamente, Phainon no le da tiempo para pensar y presiona su boca contra la de Mydei, esta vez frenĂ©ticamente, como si estuviera aferrándose a Mydei con su vida. Mydei jadea silenciosamente en la boca de Phainon ante lo repentino del gesto, lo que hace que Phainon sonrĂa en el beso.
Phainon se aferra a su chaqueta y los acerca más, deseando que Mydei abra la boca solo un poco. Felizmente, la lengua de Mydei se mueve contra el labio inferior de Phainon, sintiendo su pulso acelerarse con la punta de sus dedos.
Sin pensarlo, Phainon presiona su lengua en la boca del otro haciendo que Mydei deje escapar un suave suspiro en los labios abiertos de Phainon. Se pregunta por quĂ© se sentĂa tan nervioso al estar cerca de Mydei, cuando tenerlo tan cerca lo podĂa hacer sentir asĂ. Phainon agrega mentalmente besar a Mydei a su lista de cosas favoritas mientras roza la boca de Mydei con su lengua, quien a su vez empuja la suya contra los labios de Phainon hĂşmedamente.
Cuando Phainon trata de ahogar un gemido, Mydei se aleja de él lentamente, dejando a Phainon preguntándose si volvió a hacer algo mal.
—¿Qué pasa? —Phainon susurra observando la expresión y la pequeña sonrisa de Mydei.
—Creo que serĂa mejor si fueramos más despacio.
Ante las palabras de Mydei, Phainon se sonroja tanto que se siente mareado.
—No estaba tratando de… quiero decir, eso no es lo que-… —Mydei se rĂe a carcajadas del tartamudeo de Phainon y toma una de sus manos.
—¿Cómo te enteraste? —las mejillas de Mydei se ponen rojas cuando le da a Phainon una cálida mirada.
—Tus notas. Escribiste mi nombre como yo escribà el tuyo —murmura Phainon.
—Bueno, eso es realmente tonto. Dios, no deberĂa dejar mis cosas tiradas por ahà —se rĂe.
—Entonces, te gusto —Phainon deja que las palabras caigan de su lengua lentamente.
—Parece que sĂ eres un idiota. SĂ, me gustas. ÂżPor quĂ© iba a tener que soportarte de todos modos? ÂżY salvarte de esos idiotas y escribirte una canciĂłn y acompañarte a casa? —la voz de Mydei se eleva despuĂ©s de cada confesiĂłn.
De repente, todas las piezas encajan en el cerebro de Phainon. Dios, realmente fue estĂşpido al no darse cuenta de eso. La vergĂĽenza llena a Phainon y aparta la mirada de los ojos acusadores de Mydei.
—Me gustas. Me gustas mucho. Y puedes ser un idiota, pero no me importa, porque eso es lo que me gusta de ti —sus palabras llenan el corazón de Phainon con calidez.
—¿En serio?— le sonrĂe dĂ©bilmente.
—SĂ. Ahora no olvides mi nombre, Âżde acuerdo? —Mydei suspira.
—Mydei —Phainon sonrĂe cuando los ojos de Mydei se agrandan al escuchar su nombre.
—¿Qué? —suena frustrado consigo mismo por reaccionar tan visiblemente a la voz de Phainon.
—Nada, solo querĂa decirlo —Phainon se rĂe a carcajadas mientras Mydei se sonroja y levanta la mano para golpearlo en el hombro sin verdadera fuerza.
Esto es lo que querĂa, piensa Phainon para sĂ mismo. Reir sin importarle lo que otros piensen de Ă©l, besando a Mydei en una habitaciĂłn con poca luz. El solo pensamiento de cĂłmo reaccionarĂan todos hace que Phainon se sienta mareado. Solo quiere correr hacia lo que quiere sin mirar atrás.
Phainon se acerca y tira de Mydei en un abrazo, envolviendo sus brazos amorosamente alrededor de su cintura. Puede sentir a Mydei suspirando profundamente ante su toque mientras rodea a Phainon con sus brazos y lo atrae hacia su pecho.
Para Phainon, una nueva vida estaba lista para ser explorada, y estaba más que listo para enfrentarla de frente, con Mydei a su lado para descubrir cada nueva experiencia que el mundo tenĂa para ofrecerle.