Phainon no sabe por qué se dejó arrastrar a esta fiesta.
Bueno, quizá tenga una idea. Una idea que podrĂa girar en torno a su mejor amiga, Cyrene; será divertido, dijo, no te dejarĂ© enfurruñado en un rincĂłn, dijo. Aunque tal vez Phainon piensa demasiado cuando está borracho, porque definitivamente no hay ningĂşn chico empujando su lengua por la garganta de Cyrene.
Espera…
—¡Hijo de-…! —las palabras salen arrastradas e incoherentes, lo que le valiĂł algunas miradas mordaces de los asistentes de la fiesta. Y Phainon definitivamente no se está divirtiendo mucho considerando que está viendo a su mejor amiga chocar lenguas con alguien que ni siquiera conoce, pero no le importa, esa dulce chica era como una hermana para Ă©l, asĂ que debĂa tomar el asunto en sus propias manos.
Está a punto de caminar hacia la pareja como puede en su gloria de borracho, cuando un fuerte agarre sobre su hombro tira hacia atrás. El mundo comienza a dar vueltas y Phainon decide que tal vez esté más borracho de lo que pensaba.
—Oye —hay un chico frente a Ă©l, con la mano todavĂa en puños en la sudadera de Phainon—. Estás provocando una escena —Phainon entrecierra los ojos mientras empuja el pecho del chico, un pecho que se siente muy bien debajo de las yemas de sus dedos. Pero, desafortunadamente, ahora no es el momento de pensar en posibles aventuras de una noche considerando que alguien sigue manoseando a su mejor amiga.
Phainon matará a ese tipo.
Bueno, lo hará una vez que el otro cabrón decida soltar el agarre que tiene en la sudadera de Phainon. Se tambalea hacia adelante mientras el chico lo arrastra a algún lugar que definitivamente no está en las inmediaciones de la feliz pareja, cuando se detiene bruscamente, lo que en realidad hace que Phainon pierda toda apariencia de equilibrio y caiga de bruces contra una alfombra que huele a alcohol barato.
Fantástico.
El bajo reverberante de la música en la habitación está vibrando debajo de las tablas del piso, lo que hace que la resaca de Phainon haga una aparición temprana. O tal vez le palpita la cabeza debido al hecho de que el imbécil detrás de él lo tiró al suelo. Posiblemente.
Algo que suena como “que fiesta de mierda” resuena en sus oĂdos cuando una mano familiar lo ayuda a levantarse del suelo. No lo suelta mientras es arrastrado, una vez más, por los pasillos, con la cabeza todavĂa dando vueltas; porque sĂ, definitivamente está borracho. El chico se detiene frente a una puerta, su mano se encrespa en un puño mientras golpea ligeramente la madera, cuando nadie responde, abre la puerta.
—Quédate aquà hasta que recuperes la sobriedad.
—Suéltame —la expresión del chico se ha tornado de alguna manera casi agresiva.
Phainon considera sus opciones. Uno, podrĂa quedarse en la habitaciĂłn de quien quiera que sea, con posible pornografĂa debajo de la cama y un frasco de vaselina en la mesa de noche. Dos, podrĂa intentar luchar con el chico que aguarda en la puerta… aunque apenas puede levantarse, y… no, elimina la opciĂłn dos. Tres, puede rezarle a cualquier dios que exista que sus funciones motoras sean lo suficientemente coherentes como para salir de la habitaciĂłn.
O bien, cuarta opciĂłn.
Una noche se sexo con ese chico en la cama de una habitaciĂłn desconocida.
—¿Te quedarás ahĂ toda la noche? —levanta las cejas de manera seductora, ganándose un ceño fruncido del otro chico. Tal vez deberĂa haberse conformado con la opciĂłn uno.
—Hasta que sepa que no vas a hacer algo estúpido, sà —el chico cruza los brazos sobre su pecho como si estuviera tratando de asegurarle a Phainon que no saldrá de aquà hasta que pueda decir el alfabeto al revés.
Phainon suspira dramáticamente mientras se dirige a la cama, cayendo de espaldas sobre el colchón, porque aterrizar de cara en los fluidos corporales con los que posiblemente estén teñidas estas sábanas no suena realmente ideal.
—¿Por qué te importa? —dice Phainon.
El chico bufa mientras camina hacia Phainon, el sonido de sus pasos es amortiguado por la gruesa alfombra.
—Yo tambiĂ©n vivo aquà —de alguna forma, saber esa informaciĂłn molesta a Phainon. Siente un peso en su estĂłmago. Tal vez sea el recordatorio de haber aceptado esa mañana el desafĂo de Cyrene de comerse siete pancakes en el desayuno. Probablemente. O tal vez tenga algo que ver con el hecho de que podrĂa haber estado revolcándose con este Sr. Amigable desde hace meses—. No voy a arruinar mi contrato y quedarme sin donde dormir por un prepĂşberto que no sabe manejar el alcohol.
—Me llamo Phainon —intenta sentarse de nuevo, pero una mano se ha aferrado a la parte delantera de su sudadera por tercera vez esta noche. El chico le está enviando una mirada tan dura que escalofrĂos recorren su columna.
—Está bien, “Phainon”, ÂżquĂ© tal si te largas de aquĂ? —de repente, lo levantan de la cama y lo arrastran hacia la puerta cerrada. Realmente no quiere que lo echen de la fiesta, pero luchar parece bastante inĂştil cuando Phainon se tambalea en la lĂnea de ebriedad y sobriedad. Pero eso no significa que no lo intente.
—¡Suéltame! —la palabra solo hace que el chico apriete su agarre mientras continúa jalando a Phainon hacia la puerta. Él mismo trata de hacer de peso muerto, pero no funciona, y pronto, han llegado a la puerta. El chico levanta una mano hacia la perilla, pero cuando la gira, solo se escucha un clic.
—Tienes que estar bromeando —soltando la sudadera de Phainon de su agarre, el chico intenta girar la perilla nuevamente, solo para tener la misma suerte. Pronto, su puño está golpeando la puerta. Phainon realmente no puede quejarse, porque en este momento tiene una vista completa del trasero de dicho chico, la cual realmente es una vista muy bonita.
Pero Phainon aun lo toma como una oportunidad para largarse de allĂ, porque aunque sus habilidades motoras pueden ser una mierda, su instinto de huida sigue funcionando a la perfecciĂłn. Tropezando, Phainon trata de moverse tan rápido como alguien borracho puede hacerlo… lo cual en realidad no es tan rápido… o coordinado. Porque, antes de que se dĂ© cuenta, es empujado hacia la esquina de la cama detrás de Ă©l. Espera, Âżpor quĂ© ese imbĂ©cil encima de Ă©l? No es que Phainon se estĂ© quejando necesariamente, porque tal vez la opciĂłn cuatro estĂ© entrando en acciĂłn.
Desafortunadamente, su conciencia no se queda para averiguarlo.
Cuando Phainon se despierta, es con un terrible dolor de cabeza y despuĂ©s de un momento se da cuenta que sigue en la cama. No es realmente el mejor escenario, porque, sĂ, lo recuerda todo. Pero al menos la caĂda lo ha dejado un poco más sobrio.
—AsĂ que no estás muerto —Phainon se sienta, demasiado rápido si el vaivĂ©n de su cerebro tiene algo que decir al respecto—. Bien, no sabĂa cĂłmo le iba a explicar eso a tus amigos —mierda, cierto. Cyrene. El tipo. Posible asesinato. Phainon tira de sus piernas por el costado de la cama, con el brillo homicida de vuelta en sus ojos—. Oye —una mano que realmente ya deberĂa ser considerada parte de su propio cuerpo con la cantidad de veces que lo sostuvo, lo detiene—. Más despacio —Phainon intenta despistar al chico, pensando que con la sobriedad viene mayor capacidad para evadir a tipos insistentes como este.
Obviamente, ese no es el caso.
El chico empuja a Phainon de vuelta a la cama con facilidad. Ni siquiera parece comenzar a sudar, y se coloca de pie al final de la cama.
—Eres un imbécil —suspira Phainon mientras deja caer sus brazos a los costados del colchón. Jura que ve un atisbo de diversión en el rostro del chico.
Y probablemente tenga algo que ver con las copiosas cantidades de alcohol que bebiĂł antes de convertirse en su prisionero, pero está bastante seguro de que está mucho más sobrio… asĂ como está bastante seguro de que esa sonrisa acaba de liberar un frasco de mariposas en su estĂłmago. Mierda, Cyrene siempre dijo que Ă©l era de los románticos.
—¿A menos que quieras que te llame de otra forma? —responde, y el chico solo le lanza una mirada de incredulidad, levantando una ceja con asombro.
—Soy Mydei —el chico lo mira fijamente, con ojos calculadores. Y Phainon no puede evitar preguntarse qué estará pensando—. Parece como si realmente necesitaras ir al baño. O vomitar —probablemente necesita eso último, pero Phainon siempre ha tenido un tiempo de recuperación muy rápido cuando se trata de alcohol.
Está a punto de responder cuando sus dedos rozan algo en el suelo. Se lo lleva al pecho, sabiendo ya lo que es antes de que sus ojos puedan escanear el objeto.
—Vaya, parece que guardan las mejores cosas aquà —Mydei está mirando la botella de alcohol en su pecho—. Tengo una propuesta —Mydei le lanza la misma mirada, con la ceja arqueada un poco más esta vez—. Obviamente estamos encerrados aquĂ, y dado que no tenemos nada mejor que hacer, Âżpor quĂ© no tomamos la siguiente mejor opciĂłn? —Phainon sacude la botella frente a Ă©l, el lĂquido ámbar golpeando contra los lados de la botella.
Mydei envĂa una mirada entrecerrada en direcciĂłn a Phainon.
—¿No crees que has bebido suficiente por esta noche? —Phainon le concede a Mydei una sonrisa traviesa y se sienta mientras palmea el lugar junto a Ă©l en la cama, mirando a Mydei mientras frota su mano contra el algodĂłn. ÂżNo dijo un hombre sabio, “solo se vive una vez”?
—Vamos, solo un trago —Phainon vuelve su mirada hacia la puerta cerrada—. No es que vayamos a salir de aquĂ pronto —se muerde el labio inferior. Cyrene le habĂa dicho una vez que eso hacĂa que su cara de cachorro se viera adorable. Y espera sinceramente que estĂ© funcionando, porque, para ser honesto, todavĂa espera que la noche termine con la opciĂłn cuatro—. Solo uno —Phainon sostiene la botella al lado de su cara, tratando de romper la desgana de Mydei con la mirada.
Mydei suelta un profundo suspiro, y Phainon sabe que lo tiene en sus manos.
—Solo uno.
Hay muchas cosas que Phainon pensĂł que aprenderĂa sobre Mydei. Pero descubrir que la tolerancia al alcohol de Mydei es abismalmente baja, definitivamente no fue algo que Phainon anticipĂł.
Mydei está sentado frente a Ă©l en la cama, con las piernas cruzadas y los codos sobre las rodillas. Honestamente, Phainon ha perdido la cuenta de la cantidad de vasos que Mydei ha bebido, pero considerando que a la botella le queda apenas una cuarta parte, se atreverĂa a decir que mucho. Aunque Phainon tambiĂ©n está bastante ido, de nuevo. Tal vez no deberĂa haberse tomado ese dicho tan en serio.
Mydei hace una pausa en su conversaciĂłn para llevarse la botella medio vacĂa a los labios. Y Phainon tiene que apartar la mirada cuando una fina corriente de lĂquido comienza a filtrarse por un lado de la boca de Mydei. Porque ha descubierto rápidamente que el trasero de Mydei no es lo Ăşnico bonito de Ă©l. Ahora que Phainon está más lĂşcido, no puede evitar observar descaradamente los tatuajes asomandose sobre el cuello de la camisa de Mydei. Se pregunta hasta donde llegarán bajo su ropa, el quĂ© dirĂa Mydei si dijera eso. Probablemente que se callara. O tal vez le gustarĂa. Tal vez quisiera que Phainon lo dijera de nuevo.
—QuĂ©, Âżya estás borracho de nuevo? —Mydei lo dice como si no fuera Ă©l quien tuviera los ojos inyectados en sangre y el rostro enrojecido. Se pasa la lengua por los labios mientras continĂşa deshaciendo, sin saberlo, a Phainon, con esa boca manchada con el lĂquido ámbar, luciendo brillantes y tan jodidamente besables.
SĂ. Definitivamente está borracho otra vez.
—¿QuĂ© dirĂas si te dijera que realmente quiero besarte ahora mismo? —las palabras salen antes de que pueda retractarse, notando como las mejillas ya sonrojadas de Mydei comienzan a ponerse de un tono aun más rojo.
—DirĂa que te vayas a la mierda —el corazĂłn de Phainon se hunde en su pecho. Tal vez se equivocĂł y Mydei no estaba tan intoxicado como parecĂa.
—¿Y si dijera que te encuentro muy atractivo? —la mirada que Mydei le lanza es respuesta suficiente, y si no lo fuera, entonces los improperios murmurados que pueden o no tener algo que ver con la sinceridad de su declaración definitivamente hacen su trabajo.
Phainon suspira mientras cae de espaldas en la cama, aceptando su derrota contra las sábanas que aĂşn trata de convencerse de que siguen intactas de fluidos extraños. Phainon mira hacia un techo vacĂo, sintiĂ©ndose un poco como si esto fuera el equivalente a esas escenas en las comedias románticas donde el chico admite que se equivocĂł y que puede o no tener sentimientos por esa chica a la que pretendĂa.
—Siento haberte llamado imbĂ©cil —está a punto de cerrar los ojos e intentar dormir el resto de la noche cuando, de repente, siente una presiĂłn en el pecho. Levanta la cabeza y… mierda.
—Aun no puedes besarme.
Está mucho más borracho de lo que pensaba, porque no hay forma de que estĂ© viendo con claridad. Ese alcohol debĂa tener algĂşn tipo de alucinĂłgeno, porque Mydei no está a horcajadas sobre Ă©l en este momento, pasando su mano por el pecho de Phainon, permitiendo que las yemas de sus dedos rocen su cuello suavemente, sintiendo el aliento caliente contra su cara. SĂ, está mucho más borracho de lo que pensaba.
—Pero yo sĂ podrĂa besarte.
Es descuidado, y no es que Phainon realmente esperara algo diferente de un beso generado por una botella de alcohol casi vacĂa. Un par de manos agarran bruscamente sus mejillas mientras inclina su cabeza en un ángulo que permite que sus labios se unan como si ambos no estuvieran completamente cabreados. Le hace preguntarse si realmente deberĂa estar haciendo esto con alguien que está tan perdido en alcohol como Ă©l. Pero nunca ha afirmado poder resistirse a la tentaciĂłn. Y cuando una lengua se desliza por su labio inferior, se da cuenta bastante rápido de que tendrá que lidiar con la mirada condescendiente de Cyrene mañana por la mañana.
Mydei, como era de esperar, sabe a alcohol. Pintado en su lengua que está intentando enredarse contra la suya. Pero hay algo más ahĂ. Algo que, si Phainon tuviera que describir, solo podrĂa definir explĂcitamente como Mydei. Sabe dulce contra su lengua, casi abrasivo, pero tambiĂ©n como una especie de caramelo por el que Phainon no le importarĂa tener caries.
Mydei gime en su boca cuando Phainon comienza a mover sus caderas hacia arriba, traga cada gemido que sale de los labios del chico mientras junta sus cuerpos. Sus manos se mueven sobre la cama mientras intentan aferrarse a las caderas de Mydei, chocando con la botella de alcohol abandonada que se derrama sobre la cama. Pero no le importa, porque han alcanzado un ritmo constante, Mydei enfrentándose a las ligeras embestidas de Phainon con un entusiasmo oculto que nunca esperó del chico. Pero Phainon supone que una botella del mejor alcohol puede aflojar hasta al culo más apretado.
—Mierda —un susurro de los labios de Mydei, algo que se supone que debe ser compartido entre amantes, no borrachos de una noche. Independientemente, la palabra se dirige directamente a la polla de Phainon, pero está demasiado borracho como para siquiera pensar en sentirse avergonzado. Retira una de sus manos de la cadera de Mydei, y la desliza debajo de una camisa que, si bien se veĂa atractiva en el chico, probablemente se verĂa infinitamente mejor en el piso.
Las yemas de sus dedos trazan los huesos de la cadera de Mydei, su toque es ligero como una pluma, mientras bordea el contorno de los músculos esculpidos que resaltan el abdomen del chico. Phainon escucha la palabra escapar de los labios de Mydei de nuevo, sintiendo la dolorosa erección presionando insistentemente contra los pantalones de Phainon. Lo impulsa a llevar su otra mano a la parte posterior de la cabeza de Mydei, atrayéndolo hacia abajo en un beso descuidado que, al menos, solidifica su falta de sobriedad.
Una delgada y translĂşcida lĂnea de saliva los conecta cuando se separan, ambos jadeando como si hubieran estado haciendo mucho más que besarse. Hace que Phainon se pregunte quĂ© tan destrozados sonarán ambos cuando lleguen a la parte buena. Hace que sus ojos sigan el rastro que lo une a los labios de Mydei. Esa bonita boca.
Pasa su pulgar sobre el labio inferior de Mydei, arrastra su toque a travĂ©s de la piel como si lo estuviera reclamando. No se pierde la forma en que esos descarados ojos dorados lo desnudan, probando silenciosamente a Phainon como si fuera una especie de juego. Pero Phainon nunca ha sido un cobarde, nunca ha retrocedido ante un desafĂo, y definitivamente no va a comenzar a hacerlo con Mydei en su regazo.
No es gentil cuando enreda sus dedos en el cabello de Mydei, pero algo en la forma en que el aliento del chico golpea su rostro le dice que Mydei no buscaba ternura cuando se subiĂł al regazo de Phainon. Le dice que esperaba que Phainon intentara igualarlo, superarlo. Y la casi imperceptible sonrisa que se extiende por el rostro de Mydei, le dice a Phainon que tiene razĂłn.
Entrelaza sus dedos más profundamente en su cabello, sin poder evitar preguntarse cómo esto no es doloroso, cómo la única ruptura en su rostro es esa maldita sonrisa. Aprieta los mechones entre sus dedos mientras hace su cabeza hacia atrás, exponiendo esa larga franja de piel con tinta roja que se ha estado burlando de él desde que decidió que esto era buena idea.
—Hmm —el sonido es todo lo que Phainon obtiene a cambio mientras arrastra su lengua por la extensiĂłn del cuello de Mydei, rozando con los dientes la lĂnea de la mandĂbula del chico, porque no es un cobarde. SonrĂe contra la piel de Mydei cuando el chico comienza a mover sus caderas hacia abajo, la excitaciĂłn de Mydei es obvia a travĂ©s de esos ajustados jeans color negro. Los dedos de Phainon se aprietan en el cabello de Mydei mientras intenta ganar algo de control con la acciĂłn, pero lo Ăşnico que recibe Phainon es una risa baja, cargada de anhelo y lujuria—. No pensĂ© que fueras de ese tipo.
Phainon se aleja de Mydei, sus dedos se aflojan en el cabello del chico mientras levanta una ceja.
—¿Eh? —no se espera cuando Mydei levanta las manos para empujar los hombros de Phainon. No se espera cuando su espalda de repente se encuentra con las sábanas debajo suyo.
—Supongo que tenĂa razĂłn —esa sonrisa se ve tan diferente ahora. Parece que ha inmovilizado a Phainon. Lo que Ă©l supone es tĂ©cnicamente cierto, el chico actualmente enjaula a Phainon en la cama con los brazos a cada lado de su cabeza. Mydei se deja caer para presionar sus labios a un lado del cuello de Phainon, comenzando a succionar la piel hasta que se vuelve rosa debajo de sus caricias.
Phainon no puede evitar el gemido lascivo que suelta cuando la lengua de Mydei se desliza casualmente sobre la marca, no puede evitar el ardor en su pecho que lo impulsa a querer darle un uso mucho mejor a esa bonita boca. Algo animal surge dentro de él cuando Mydei ataca su cuello una vez más, algo que hace que sus manos se muevan hacia las caderas del chico. Lo que anima a Mydei.
Dominio.
La palabra no le es ajena, pero es diferente en este contexto. Es algo que anhela. Algo que quiere mostrarle a Mydei. Quiere destrozarlo. Quiere verlo retorcerse.
Y, mierda, realmente tiene que ser el alcohol el que está hablando.
Mydei no está preparado cuando Phainon voltea sus posiciones, no está listo cuando su espalda choca contra las sábanas arrugadas. La mirada plasmada en su rostro no tiene precio, y Phainon quiere sacar su telĂ©fono para tomar una fotografĂa, cuando siente que Mydei se mueve debajo de Ă©l, y rápidamente recuerda que tiene cosas más importantes en que pensar.
Y, mierda, Mydei es una vista maravillosa. Con los ojos muy abiertos, el cabello hecho un lio sobre su frente, con las piernas abiertas para darle espacio al cuerpo de Phainon, y esa maldita boca. Está abierta, tan tentadora como los jadeos entrecortados que brotan de sus labios. Probablemente deberĂa decĂrselo, se lo dirá. Realmente ya no está pensando en la posibilidad de asustar al chico con sus extraños fetiches, pero iba a esperar el hacerle saber a Mydei lo bonita que era esa boca. Esperar hasta estar en el fondo dentro de Ă©l, porque ese es normalmente el punto sin retorno, Âżverdad?
Se inclina, sus manos se deslizan por el pecho de Mydei mientras se acerca. Y, maldita sea, tal vez Phainon no deberĂa concentrarse solo en esa boca.
—¿TodavĂa crees que tenĂas razĂłn? —hay una sonrisa burlona tirando de sus labios; y Phainon sabe que debe verse como el epĂtome del pecado, con los ojos llenos de lujuria, el labio inferior entre los dientes. Hay un rubor que pinta las mejillas de Mydei, y Phainon no está seguro de si es por el alcohol o su audacia. Probablemente una extraña combinaciĂłn de ambos.
Pero tan pronto como aparece, desaparece. Esa maldita sonrisa encuentra su camino de regreso al rostro de Mydei en su lugar. Y Phainon no sabe si lo odia o lo anhela, la forma en que los labios de Mydei se mueven hacia arriba mientras Phainon es tan transparente al respecto.
—No estoy seguro todavĂa —le hace querer borrar esa estĂşpida sonrisa de su rostro. AsĂ que no lo piensa dos veces cuando se inclina para capturar los labios de Mydei. No piensa mientras comienza a trazar el labio inferior del chico con su lengua mientras sonrĂe contra su boca. Mydei está jugando con Ă©l, probándolo.
Pero Phainon está un poco cansado de este juego.
Su mano se desliza entre sus cuerpos, se desliza hacia abajo hasta que llega a su destino. Y probablemente estĂ© jugando sucio cuando presiona con su palma firmemente la excitaciĂłn de Mydei, pero si Phainon estuviera preocupado por la moralidad, entonces tal vez deberĂa terminar con todo esto ahora mismo. Mientras Mydei jadea en su boca, se da cuenta de que cualquier cantidad de decencia que le quedaba se perdiĂł cuando convenciĂł a este chico de que se acostara con Ă©l.
No pierde el tiempo explorando la nueva apertura contra sus labios. Puede saborear el alcohol en la boca de Mydei, quien a su vez, intenta ganar algo de terreno, de no dejarse arruinar por completo por el joven que está encima suyo, enredando los dedos en su cabello blanco. Pero Phainon está tres pasos por delante, presionando la palma de su mano contra su virilidad mientras el chico retuerce sus dedos en el cabello de Phainon.
—Jo-der —las palabras de Mydei suenan entrecortadas contra sus labios cuando Phainon dirige sus ojos a las mejillas enrojecidas del chico. Palabras que se convierten en un gemido cuando Phainon presiona aun más la palma de su mano sobre la tensa excitaciĂłn de Mydei. Phainon está listo para este juego. Piensa en ello mientras se adhiere al cuello de Mydei, mientras desliza su mano libre debajo de la camisa del chico—. Mierda —ahĂ está esa palabra de nuevo. Hace que todo esto parezca mucho más Ăntimo. Hace que Phainon sonrĂa contra la piel de Mydei mientras se imagina al chico desmoronándose. Imagina a Mydei deshaciĂ©ndose debajo de Ă©l.
No pierde el tiempo trazando un mapa del pecho de Mydei con su mano, las uñas pintando lĂneas rojas como sus tatuajes mientras se dirigen a su destino. Hace que Mydei deje escapar un gemido particularmente fuerte, y Phainon ahora está seguro de que este chico no estaba buscando algo gentil cuando comenzaron.
Phainon no se sorprende al encontrar sus pezones perforados y ya endurecidos mientras tentativamente pasa la yema de su pulgar sobre uno de ellos. Disfruta de la forma en que Mydei parece haber perdido el habla tan pronto. Phainon abandona su posiciĂłn marcando el cuello del chico, decidiendo que su boca podrĂa usarse de manera mucho más efectiva en otra parte del cuerpo de Mydei mientras alza la camisa del chico con una mano.
—Ah —es una reacciĂłn aceptable cuando la lengua de Phainon se arrastra lentamente sobre la tierna protuberancia. Y exclama un poco más fuerte cuando Phainon tira de la piel entre sus dientes, pero realmente no parecĂa que Mydei se estuviera quejando.
Otra maldiciĂłn resuena en el aire y se da cuenta de que Mydei todavĂa está tratando de controlar las cosas, lo cual solo hace que Phainon quiera verlo retorcerse aĂşn más.
—¿Quieres que me detenga? —se aparta de Mydei, su cabeza colgando precariamente entre sus hombros tensos, el dorado se encuentra con el azul mientras deja que una sutil sonrisa se extienda por su rostro.
Observa la forma en que las cejas de Mydei se fruncen, la forma en que sus labios se adelgazan en una lĂnea estrecha. Sabe que el chico no le va a responder, lo sabĂa incluso antes de hacer la pregunta. Bueno, al menos con palabras, de todos modos. Phainon puede decir que Mydei y Ă©l comparten cierto grado de orgullo, que ninguno de los dos admitirá verbalmente que quiere que el otro se lo folle. Eso serĂa demasiado fácil. Y Phainon no se dio cuenta de lo mucho que le gustan los desafĂos hasta que tiene a Mydei inmovilizado debajo de Ă©l.
—¿O quieres algo más? —su dedo traza la cremallera de los jeans de Mydei, gentil y casi como si no estuviera hundiendo esas uñas en el pecho del chico.
Los ojos de Mydei se entrecierran peligrosamente y es la única advertencia que recibe antes de que su muñeca sea capturada por el duro agarre de Mydei. Se estremece un poco cuando Mydei lleva su otra mano al hombro de Phainon para empujarlo hacia atrás en una posición que se siente demasiado familiar. El chico se mueve rápido, sujetando las muñecas de Phainon por encima de su cabeza, probablemente disfrutando la imagen de Phainon luchando contra su agarre.
Hay un destello sensual en ese brillo dorado que le dice a Phainon que ese es exactamente el caso. El chico se inclina hacia abajo, hay un aliento caliente sobre su oreja mientras el rostro de Mydei desaparece hacia la izquierda. Provoca un escalofrĂo involuntario que recorre su columna vertebral. Le hace pensar que, despuĂ©s de todo, tal vez aun no haya ganado este juego.
—¿QuĂ© quieres, Phainon? —su nombre es dicho con una lujuria tan intencional que es un milagro que no se corra allĂ mismo. Puede sentir esa sonrisa contra el lĂłbulo de su oreja. Puede sentir los restos de su nombre en los labios del chico. Le gustarĂa volver a escucharlo en condiciones completamente diferentes.
Quizás eso es lo que le da a Phainon la descarga de adrenalina que le permite lanzar a Mydei de espaldas sobre las sábanas, otra vez. Eso le permite sentarse a horcajadas sobre el chico y dirigirle una mirada que suele provenir Ăşnicamente de alguien decepcionado a Mydei. Porque, Dios, Mydei se ha portado mal. Y Phainon probablemente deberĂa guardar ese fetiche hasta que estĂ©n follando. Pero Phainon no sabe si podrá resistir. No cuando Mydei mira a Phainon como si estuviera enojado y excitado al mismo tiempo. Mientras que esa bonita boca está abierta como si el chico tuviera tantos insultos simplemente dispuestos a ser desatados.
No está exactamente seguro de cómo termina con las muñecas de Mydei inmovilizadas sobre la cabeza del chico, para nada burlándose del intento anterior de Mydei de desenredar a Phainon. No está seguro de cómo termina jadeando con vehemencia contra el costado de la cara de Mydei. Pero, como todo lo demás relacionado con esta noche, le echa la culpa al alcohol.
—Lo que yo quiero —haciendo que sus labios acaricien la oreja del chico, absolutamente sin burlarse del intento previo de Mydei para desentrañar a Phainon—. Es que seas un buen chico para mà —toda la ira desaparece del rostro de Mydei con la demanda, el dorado de sus ojos es invadido por la excitaciĂłn en sus pupilas. La vista hace que Phainon se sienta poderoso, y si creyera en Dios, entonces estarĂa seguro de que el tipo de arriba le reservarĂa un cĂłmodo asiento en el infierno al disfrutar de tal vista. Asegura su asiento cuando un gemido silencioso escapa de los labios de Mydei. Saca la lengua para mojar sus labios que de repente se han secado por completo. Y se recuerda respirar, porque el aire tambiĂ©n parece haber escapado de sus pulmones—. Y tú… —Phainon tiene que recuperar el aliento mientras mira al chico—. Te has portado tan mal.
Phainon disfruta de la forma en que los ojos de Mydei se abren, el leve temblor en sus labios cuando Phainon suelta sus muñecas para llevar una mano hacia el bulto que se tensa contra su ropa.
—Tú… —Phainon no está seguro de lo que el chico está tratando de decir, no está seguro de si realmente quiere escuchar algo que no involucre a Mydei jadeando contra las sábanas. Su mano se aparta de la entrepierna de Mydei para quitarle la camisa arrugada en la parte superior del pecho del chico, dejando a la vista la tinta roja en su piel. Recibe una mirada afilada a cambio cuando arroja la ropa al lado de la cama. Piensa que era demasiado esperar que una simple palabra convirtiera mágicamente a Mydei en un compañero sumiso. Excepto que Phainon no le deja llegar tan lejos. Amortigua las quejas por salir de su boca tan pronto como ve los labios de Mydei separarse.
Sin embargo, el beso no dura mucho, Phainon no puede resistir el echar un vistazo al rostro de Mydei, todavĂa sonrojado, pero un poco menos molesto. Phainon considera reiterar su declaraciĂłn, quiero que seas bueno. Tal vez convertir la frase en una pregunta. Porque, hasta el momento, ha sido un poco inestable; y, personalmente, a Phainon le gustarĂa saber de antemano si va a sufrir lesiones graves por tomar la iniciativa.
DeberĂa decir algo… o deberĂa empezar a desabrochar los jeans de Mydei.
SĂ, hará eso.
Mydei parece que está a punto de protestar, probablemente piensa que Phainon va a romper los botones con la forma en que tira de la tela. Pero Phainon está un paso por delante de él, bajando la cremallera mientras mira directamente a los ojos de Mydei. Es lo mejor que se le ocurre dado que su estado de excitación está nublando todos los pensamientos que no implican follarse a Mydei.
Al diablo con la mirada en el rostro de Mydei. Aquella que involucra sonrisas estĂşpidas y ojos petulantes. Parece que eso no deberĂa poder excitar más a Phainon, pero de alguna manera están haciendo magia vudĂş sobre su polla. Y Mydei lo sabe. Este imbĂ©cil pretencioso no puede estar ciego al hecho de que las paredes de Phainon están a punto de derrumbarse. Y Phainon piensa que tal vez es hora de comprender por completo esa palabra alojada en el fondo de su mente. Alguien deberĂa callar esa bonita boca. Phainon cree que serĂa perfecto para el trabajo.
Aprieta la mandĂbula, puede escuchar el rechinar de sus dientes mientras agarra la cintura de los jeans de Mydei.
—Te has portado… —tira con fuerza de la tela retorcida en su agarre—. Joder… tan mal —tira los jeans al suelo con evidente despecho, desafĂa a Mydei a decir algo al respecto. Ni siquiera le da a Mydei la oportunidad de decir algo mientras entierra su rostro en el hueco del cuello de Mydei. Avanza un poco más, presionando un muslo entre sus piernas. Convierte esos jadeos acalorados en gemidos silenciosos que probablemente Mydei se estĂ© maldiciendo por hacer. Phainon aparta los labios del cuello de Mydei. Realmente no piensa en nada más, simplemente en cĂłmo preferirĂa ver el rostro de Mydei contorsionándose de placer al presionarse contra su piel.
Phainon no sabe cĂłmo lo hace Mydei, pero se las arregla para encontrarse con la mirada de Phainon con algo parecido al pecado en sus ojos.
—Pero… ah, mierda… te gusta —como pecado. Phainon no puede comprender si hay algo de verdad en las palabras de Mydei, porque estaba seguro de que querĂa que el chico se portara bien. Pero algo recorriendo su columna vertebral le dice que podrĂa estar disfrutándolo un poco. Quizás Mydei tenga razĂłn.
No le da al chico una respuesta. Bueno, verbalmente. Optando por, en cambio, deslizar su mano hacia la entrepierna de Mydei, pasando un dedo por el bulto. Un gemido ahogado escapa de su boca cuando Phainon presiona sus dedos burlonamente contra la sensible cabeza de la polla de Mydei a travĂ©s de la ropa interior del chico. Se pregunta si podrĂa hacerlo correrse asĂ, frotándose contra su mano.
Phainon se desliza por el cuerpo del chico, arrastrando su lengua entre esos mĂşsculos y le da escalofrĂos la forma en que Mydei se deshace en sus manos. No tiene que admitirlo en voz alta. Solo tiene que sentarse y disfrutar mientras Phainon engancha sus dedos debajo de la cintura de la ropa interior de Mydei. Levanta su mirada para encontrarse con los ojos de Mydei, oscurecidos por la excitaciĂłn, para obtener una confirmaciĂłn rápida, porque a pesar de todo, Phainon es un caballero.
Mydei rueda los ojos, tratando de parecer mucho menos interesado de lo que dice su polla. Pero Phainon lo toma por lo que vale, tirando de la ropa interior de Mydei por un par de mĂşsculosos muslos que no le importarĂa que lo sofocaran. De acuerdo, tal vez su imaginaciĂłn estĂ© un poco demasiado retorcida, hasta que nota la escalera de Jacob recorriendo deliciosamente la longitud de Mydei.
—Esto no parece justo —la voz de Mydei lo saca de su asombro mientras arroja la ropa interior del chico a la creciente pila de ropa. Él levanta una ceja ante la declaración de Mydei, sin entender realmente de qué se está quejando—. Aun estás vestido —oh, cierto. Un sonrojo pinta sus mejillas mientras piensa en su situación actual, piensa en la forma en que Mydei está ahora extendido contra las sábanas, con las piernas abiertas y la polla dura contra su estómago. Y ese rubor comienza a manchar su rostro por una razón completamente diferente—. ¿Y bien? —Mydei arquea una ceja, obviamente no le hizo gracia la descarada mirada de Phainon sobre su cuerpo. Y, de repente, a Phainon se le ocurre una idea. Una idea que probablemente beneficiará a Mydei mucho más que a él mismo, pero a él también a largo plazo.
Bajando la cabeza entre los muslos de Mydei, comienza a succionar los huesos de su cadera. Mydei suelta un gemido ahogado mientras intenta darle a Phainon otra mala mirada. Ve a Mydei abrir la boca y rápidamente pasa al Plan B. Lo cual parece funcionar bastante bien si la forma en que Mydei reacciona. Phainon arrastra su lengua hacia arriba en la polla de Mydei, haciendo temblar al chico en sus brazos, sintiendo una mano cálida que se lanza para enredar los dedos en su cabello.
Phainon se pregunta brevemente si esto es una retribuciĂłn por todas las burlas de antes, mientras los dedos de Mydei dan otro tirĂłn fuerte. No piensa demasiado en el tema, ya que hay asuntos más urgentes de los que preocuparse. Como su polla presionando contra sus propios pantalones. O la que está presionada en sus labios. Phainon sonrĂe mientras hunde sus pulgares en la piel flexible de los muslos de Mydei. Puede sentir la forma en que Mydei se estremece ligeramente bajo su toque. Mordisquea suavemente la parte interna de los muslos de Mydei, tan cerca de donde el chico quiere ser tocado, pero aun lejos. Probablemente va a llevar a Mydei a una lenta locura si no le da un buen uso a su boca.
Mydei hunde los dedos en su cabello más profundamente, con un propósito. Los retuerce hasta que Phainon está seguro de que se trata de una retribución violenta, hacerle doler.
—Maldito… —serĂa intimidante si el chico no luciera como si Phainon pudiera destrozarlo. Con el labio inferior entre sus dientes, la extensiĂłn de piel entintada ondulandose mientras intenta resistirse a empujar sus caderas contra la boca de Phainon como animal en celo. Y Phainon lo hará. Lo desarmara hasta que se convierta en un lĂo. Hasta que su nombre sea lo Ăşnico que salga de esa linda boca.
Levanta la mano y agarra la muñeca de la mano que aun tiene los dedos en su cabello. Aprieta hasta que el agarre se afloja y finalmente lo suelta por completo. Deja caer su agarre, encontrando la mirada nublada de Mydei mientras abre la boca.
—Comportate.
Los dedos de Mydei se retuercen en las sábanas.
Puede escuchar el golpe constante de la música resonando a través de las tablas del suelo. Intenta concentrarse en los jadeos calientes que llenan el aire mientras toma la cabeza de la polla de Mydei de nuevo en su boca. No es un gran experto en hacer mamadas, el tiempo que pasa en los dormitorios de la universidad es tanto experimentación como folladas rápidas. Pero obviamente es lo suficientemente bueno para Mydei, quien ya se retuerce debajo de Phainon mientras hunde sus dedos más profundamente en las sábanas.
Aplana su lengua contra la parte inferior, burlándose de los piercings mientras desliza una mano por el abdomen de Mydei. Los mĂşsculos brillantes por el sudor se mueven hermosamente bajo las yemas de sus dedos mientras su definido abdomen sube y baja mientras deja finas lĂneas rojas a su paso. Desliza su lengua alrededor como si supiera lo que está haciendo, y la espalda de Mydei se arquea cuando lame la cabeza. Quizás Phainon sea mejor en esto de lo que pensaba.
Y luego comienza a chupar.
—Oh, mierda… —es bajo, casi inaudible sobre el golpeteo constante de la mĂşsica que suena en la puerta. Pero está ahĂ. Manchando esa hermosa boca, con su eco pecaminoso de deseo. Cree que podrĂa hacerlo hablar más fuerte, quiere hacerlo gritar. Siente los muslos de Mydei temblar mientras chupa con fuerza, ve el estremecimiento en la mandĂbula del chico cuando Phainon le dirige una mirada inocente. Casi como si no tuviera su polla metida en la garganta. Porque se está ahogando literalmente con eso en este momento, llevando a Mydei tan profundo como su reflejo nauseoso se lo permite. Escucha a Mydei jadear cuando su polla golpea la parte posterior de la garganta de Phainon—. Joder…
Saca a Mydei de su boca, jadeando en busca de aire tan pronto como su cavidad queda desocupada. Su garganta ya se siente en carne viva, usada y es probable que se sienta diez veces peor mañana por la mañana, pero tiene que admitir que cada gramo de dolor vale la mirada en el rostro de Mydei. Esa franja de cabello pegada a su frente, sus labios entreabiertos, jadeando. Se pregunta cómo lucirá Mydei cuando se lo folle. Se pregunta cómo se verá retorciéndose y mojado debajo de él.
Los dedos de Phainon están tirando de su propia sudadera antes de saber lo que está sucediendo, su deseo de representar la lasciva escena en su mente aumenta el anhelo de deshacerse de su maldita ropa. Mydei lo mira, retorciéndose sobre las sábanas en una deliciosa curva que Phainon piensa que solo ha visto en el porno. Está casi seguro de que será suficiente material de masturbación para el resto de su vida. La mano de Mydei comienza a arrastrarse hacia abajo, y se mueve en piloto automático, quitándose los pantalones y la ropa interior de una forma que no es de ninguna manera sexy, pero en realidad no le preocupa ser erótico cuando Mydei bombea su polla desenfrenadamente debajo de Phainon.
—Mhmm… —el pulgar de Mydei se burla de la cabeza de su propia polla mientras mira a Phainon con los ojos entrecerrados. Phainon está más que dispuesto a voltear al chico y empezar a follárselo en el colchón, cuando ve una lengua rosada sobre el labio superior de Mydei. Hace que el estómago de Phainon dé saltos mortales mientras observa cómo la mano de Mydei se desliza hacia arriba y hacia abajo, una y otra vez. Extiende la mano y la toma para detener el espectáculo, por mucho que su propia polla lo esté disfrutando. Se gana una ceja levantada, pero nada más, mientras separa los muslos de Mydei. Obtiene un gemido bajo cuando planta un beso en la base de la polla de Mydei, pesada y goteando en su abdomen.
Él mira a Mydei, chasqueando la lengua con desaprobación.
—Chico malo.
Desliza sus manos debajo de las rodillas de Mydei y empuja las piernas del chico hacia su pecho. Quiere verlo todo. Nunca habĂa hecho esto antes, pero hay una primera vez para todo, y la universidad realmente no le ha permitido experimentar lo suficiente.
—SostĂ©n tus piernas —ya no pregunta, quiere a Mydei abierto y suplicando. Quiere ser el que acabe con todo este desafĂo. Quiere escuchar a Mydei gritar su nombre mientras Phainon lo folla. Lo quiere tanto. Y está bastante seguro de que Mydei, a pesar de su descaro, tambiĂ©n lo quiere. Lo sabe cuando las manos del chico reemplazan las suyas.
Lo asimila y decide que esta será la escena en la que estará pensando durante esas noches solitarias que pase con su mano derecha. Mydei expuesto ante Ă©l, sonrojado y tan necesitado. Phainon desliza su palma a lo largo de la parte inferior del muslo del chico, continĂşa hasta que sus dedos presionan contra el trasero de Mydei. Se inclina, mirando Ăşnico lugar que llama su atenciĂłn. SonrĂe al saber que fue Ă©l quien puso a Mydei asĂ. Mira hacia arriba y examina las mejillas enrojecidas, los ojos nublados.
—Eres tan hermoso.
Y Mydei gime.
Interesante.
—¿Te gusta? —presiona un beso descuidado en el interior del muslo del chico. Parece demasiado el esperar una respuesta, pero ese gemido vuelve a sonar, esta vez mucho más desesperado—. Hermoso —presiona su pulgar contra el agujero de Mydei, no lo suficiente como para introducirse, solo para probar las aguas. Convertir a Mydei en un lĂo. Agacha la cabeza para arrastrar la lengua por el perineo del chico, quitando el pulgar mientras baja más y más.
Nunca habĂa hecho esto antes.
—Phai-… mierda… —Mydei echa la cabeza hacia atrás mientras la lengua de Phainon se arrastra a travĂ©s de su agujero, hundiendo los dedos en su piel. Phainon nunca habĂa hecho esto antes, pero si genera reacciones como las de Mydei, entonces probablemente deberĂa comenzar a hacerlo más seguido. Ni siquiera habĂa querido probar a nadie antes, al menos en este sentido, pero Mydei parece ser una excepciĂłn a varios de los protocolos sexuales de Phainon.
Phainon lame el músculo que se contrae, succionando y presionando contra él de una manera que hace que hace llorar a Mydei. El chico está prácticamente doblado por la mitad, y Phainon puede ver que sus dedos se deslizan lentamente de sus piernas mientras trata de mantenerse abierto para él. Es casi entrañable.
—Buen chico —murmura Phainon. Deslizando sus manos por los muslos de Mydei hasta la parte de atrás de sus rodillas para ayudarle. Es lo mĂnimo que puede hacer. Mostrarle lo que sucede cuando se porta bien.
Phainon vuelve a su trabajo, deleitándose con los sollozos y gemidos que escapan de los labios de Mydei. Está rodeando su agujero, sus pulgares presionando esos gruesos muslos. En el fondo de su mente, Phainon quiere preguntar si Mydei alguna vez dejĂł que alguien le hiciera esto, tocarlo tan Ăntimamente, tan sucio. Suelta un fuerte suspiro cuando Phainon separa el trasero de Mydei, exponiĂ©ndolo aĂşn más. Quiere verlo todo, tomar todo lo que el chico que se retuerce debajo de Ă©l tiene para ofrecerle. Hacerlo llorar de placer.
—Ah, mierda, mierda… —escuchar a Mydei diciendo tonterĂas, observar cĂłmo los dedos del chico buscan desesperadamente algo a que aferrarse. Probablemente su cabello, si Phainon tuviera que hacer una suposiciĂłn. Le da una Ăşltima lamida, viendo lo dura que está la polla de Mydei contra su pecho. Se hace hacia atras y ve a Mydei deshecho contra las sábanas, luciendo destrozado. Phainon realmente quiere saber cĂłmo se ve siendo follado.
Libera su agarre en las piernas de Mydei, observando cĂłmo caen con un ruido sordo. Ni siquiera le da tiempo de respirar antes de volver a juntar sus labios. Bebe cada gemido mientras Mydei se frota contra el muslo de Phainon, quien de alguna manera se las arregla para colocar una mano entre sus cuerpos danzantes, presionándola contra el estĂłmago de Mydei mientras comienza a alejarse. Recibe una mirada molesta a cambio, que probablemente se traduce en Mydei preguntándole por quĂ© diablos lo detuvo, dado que supone que el chico nunca harĂa esa pregunta en voz alta.
Phainon se vuelve hacia la mesa de noche junto a la cama, mientras reza en silencio que quien sea que hubiera estado aqui antes, haya tenido más acción que solo su mano derecha. El cajón superior se abre con un poco más de fuerza de la necesaria, lo que hace que el contenido del interior se mueva audiblemente.
—Qué elegante —con los ojos entrecerrados por la frustración, revisa la mesa de noche porque no hay forma de que alguna parte de su cuerpo esté dentro de Mydei sin lubricante. Al diablo con todo, piensa, cerrando de golpe el primer cajón, levantandose de la cama brevemente para abrir el segundo cajón con la misma determinación, haciendo que todo se mueva.
Finalmente, sus dedos encuentran la botella. Phainon se da vuelta, y casi deja caer su mandĂbula al ver a Mydei extendido frente Ă©l en la cama. La luz de la luna que se filta desde las persianas entreabiertas juega con la piel de Mydei, resaltando cada inmersiĂłn, cada cresta de ese pecho, esos brazos, esos muslos, esa boca.
Phainon traga saliva y tira el lubricante sobre la cama antes de hacer algo estĂşpido como perderlo.
—Eres hermoso —sale de su lengua con bastante rapidez, y quiere darse un puñetazo en la cara por sonar como un maldito idiota. Pero antes de que Phainon pueda tartamudear una disculpa, o algo igualmente degradante, escucha un leve gemido.
Cierto.
Olvidó que él no era el único al que le gustaba eso.
—Tan bonito —Phainon desliza sus manos por las piernas de Mydei, anhelando la forma en que su piel prácticamente brilla bajo la tenue luz de la luna. Phainon agarra ciegamente el lubricante con una mano, la otra traza patrones abstractos en la piel del chico. Tocando el interior de sus muslos y esa peligrosa caĂda donde su muslo se encuentra con su cadera. Una sonrisa pecaminosa traza los labios de Phainon cuando sus dedos encuentran la botella, levanta una de las piernas de Mydei hasta que está doblada contra su pecho. Detiene sus atenciones para abrir la tapa, el sonido resuena por todo el dormitorio. Captura la mirada de Mydei mientras aprieta el lĂquido frĂo en la punta de sus dedos—. SĂ© un buen chico para mĂ.
Lentamente, su toque se desliza entre las nalgas del chico, rodeando el agujero de Mydei con un toque burlón. Sabe que Mydei quiere decir algo, pero también sabe que Mydei quiere ser bueno para él. Phainon piensa en darle una recompensa.
El aliento que escapa de los labios de Mydei se entrecorta cuando el dedo de Phainon finalmente empuja dentro de Ă©l. Está tan apretado, y tan cálido. Maldita sea, Phainon cree que podrĂa volverse un poco religioso despuĂ©s de esta noche. Ve a Mydei apretar los labios en una delgada lĂnea mientras el chico intenta sin duda reprimir el gemido que pide ser liberado. Pero Phainon quiere escucharlo. Quiere escuchar todos y cada uno de los ruidos que broten de esa bonita boca.
—Mydei —dice mientras su dedo se desliza antes de detenerse. El chico mira a Phainon, obviamente molesto por la pausa—. Quiero oirte —ahora causa un efecto, la mirada anterior de molestia de Mydei se transforma en algo que Phainon solo puede describir como lujuria pura y adulterada. Ojos entrecerrados, mejillas enrojecidas. SĂ, definitivamente asistirá el domingo a la prĂłxima misa.
Su dedo se desliza profundamente en ese calor apretado, y las caderas de Mydei se sacuden. Phainon lo presiona contra la cama con su mano libre, viendo la polla de Mydei moverse, dura y goteando contra su abdomen.
—Dios —respira Mydei, con los ojos cerrados con fuerza mientras el dedo de Phainon presiona contra su calor. Apenas puede moverse, está tan apretado, hace que Phainon se lama los labios con anticipaciĂłn—. A-ah —un susurro en el aire mientras Phainon empuja el dedo lentamente. Dentro y fuera, dentro y fuera. Es fascinante. PodrĂa ver esto todo el dĂa, la forma en que Mydei lo recibe con avidez. Siente su propia polla palpitando mientras observa cĂłmo ese dedo se desliza hacia adentro una vez más.
Phainon agrega otro esta vez, observando el rostro de Mydei torcerse mientras Phainon presiona dos dedos dentro de él. Esta vez, es Phainon quien gime cuando siente a Mydei apretarse alrededor de la intrusión, solo imagina cómo se sentirá ese calor alrededor de su polla y casi se pierde en el placer.
Casi.
Las caderas de Mydei se mueven de nuevo cuando Phainon comienza a presionar contra esas cálidas paredes. Phainon ni siquiera lo ha embestido todavĂa, o al menos no cree que lo haya hecho. Sabe que obtendrá una reacciĂłn más grande que solo un temblor de su cuerpo cuando lo haga. La cabeza de Phainon baja para presionar besos con la boca abierta en la parte interna del muslo de Mydei, alternando entre mordiscos que dejan pequeñas marcas sobre su pĂel. Y Phainon no sabe por quĂ©, pero algo carnal dentro de Ă©l adora marcar a Mydei. Quizás es solo el alcohol el que habla.
Phainon muerde el interior de sus muslos mientras sus dedos abren a Mydei. Es solo que está tan jodidamente apretado que Phainon no puede imaginar que esto no sea al menos un poco incómodo. Pero aquà está, absorbiendo a Phainon y prácticamente rogando por más. Es una locura, y Phainon realmente no es el tipo de persona que se lo cuestiona.
Phainon mira a Mydei y… mierda, si el arte tuviera un nombre, serĂa Mydei. Phainon está casi decepcionado de haber pasado tanto tiempo viendo al chico tomar sus dedos cuando podrĂa haber estado concentrado en el pecado absoluto que es Mydei. Brillando por el sudor, con el cabello pegado a la frente mientras su boca está abierta en un gemido silencioso, el punto de interĂ©s de Phainon definitivamente ha cambiado.
—MĂrate —Phainon respira, áspero y sucio, con los ojos vagando por el hueco del cuello de Mydei mientras su nuez se balancea—. Tan hermoso —los dedos de Phainon se retuercen dentro de Mydei, viendo como sus manos se aferran desesperadamente a las sábanas arrugadas. Gira y curva sus dedos hasta que…
—M-Mierda —la espalda de Mydei se arquea maravillosamente sobre las sábanas mientras Phainon presiona el lugar con sus dedos. Empuja de nuevo sobre ese punto solo para ver el rostro de Mydei retorcerse de placer—. Joder… ah-ah… —Phainon disfruta tener a Mydei asĂ, como masa en sus manos. Llámenlo sádico, pero hay algo en controlar al chico que provoca algo asĂ como una intensa emociĂłn dentro de Phainon—. Voy a… Dios-… —mueve sus dedos más rápido, empuja más y más hasta que Mydei ni siquiera es capaz de formar palabras—. Ah, mier… ah… n-no. ¡D-detente!
Y asĂ, los saca por completo, dejando a Mydei estirado y rojo.
Mydei respira con dificultad, obviamente al borde de algo maravilloso. Y Phainon está sentado allĂ entre sus muslos preguntándose quĂ© diablos hizo para merecer tal provocaciĂłn. Está a punto de disculparse, a punto de darle a Mydei su ropa y limpiar el lubricante de su trasero antes de avergonzar más al chico. Dios, se siente como un imbĂ©cil. Probablemente hubo señales, señales que decĂan que el chico aun no se sentĂa cĂłmodo con la idea de Phainon metiĂ©ndole una polla por el culo. Pero Phainon nunca actuĂł con nada más que ciega intuiciĂłn, y por lo que pensaba, parecĂa una buena idea.
Pero de repente, hay un fuerte agarre envuelto alrededor de su muñeca.
—Yo no… —Mydei respira con dureza por la nariz como si las palabras le dolieran fĂsicamente—. No quiero correrme todavĂa.
Oh. Bien.
Phainon lo entiende perfectamente ahora.
—SĂ… quieres ser un buen chico para mĂ, Âżno es asĂ? —sus manos se deslizan por el borde de las caderas de Mydei, rozando la curva de su trasero. Siente a Mydei temblar debajo de Ă©l mientras sus pulgares trazan el contorno de las costillas de Mydei. Saboreando cada detalle de este chico. Presionando besos descuidados y con la boca abierta por su pecho, arrastrando sus labios a lo largo de la piel entintada que sabe a sudor y deseo absoluto. Se detiene en un lugar de la garganta de Mydei y deja que sus dientes rozen suavemente la piel allĂ. Oye a Mydei maldecir suavemente en voz baja mientras sus manos se posan en los hombros de Phainon, sus uñas dejando medias lunas en su piel—. Eres un buen chico, muy bueno —murmura contra Mydei.
El agarre de Mydei sobre Ă©l se aprieta, y el chico susurra un casi silencioso, sĂ.
Phainon no sabe cuándo esto se volviĂł tan Ăntimo, no sabe cuándo todo pareciĂł ralentizarse a este ritmo ajustado de cuerpos que respiran e intercambian besos. Pero es lindo.
Phainon se aleja, soltando un suspiro caliente contra el cuello de Mydei antes de retroceder. SonrĂe mientras ve los ojos de Mydei llenos de lujuria, la forma en que sus muslos se abrian un poco más para darle espacio. Phainon ahoga un gemido, dándose cuenta de que su polla está prácticamente intacta pero tan dura. Toma una respiraciĂłn profunda para recomponerse. No es como si nunca hubiera hecho esto antes, es solo que nunca ha sido… nunca se ha sentido, asĂ. Primitivo y caliente, pero Ăntimo y sensual al mismo tiempo. Es extraño, pero Phainon no es lo suficientemente paciente como para intentar resolverlo.
Puede sentir los ojos de Mydei sobre Ă©l mientras se acomoda, con los párpados pesados y lleno de deseo. EnvĂa un escalofrĂo por su columna mientras mira hacia arriba para ver toda la atenciĂłn de Mydei centrada en Ă©l. Se inclina hasta que están completamente presionados juntos, pecho contra pecho, de la cabeza a los pies. Sus manos se aferran al cabello de Mydei mientras tira de los mechones, exponiendo esa hermosa inmersiĂłn en la garganta de Mydei. Pasa sus dientes a lo largo de la mandĂbula de Mydei mientras respira—: Apuesto a que te verás aĂşn más hermoso tomando mi polla.
Las uñas de Mydei se clavan más profundamente en los hombros de Phainon.
Las piernas del chico suben para envolver su cintura y presionar sus cuerpos más cerca, como si hubiera algún espacio entre ellos para empezar. Phainon desliza sus manos hacia abajo sobre las caderas de Mydei, deslizándose aun más hasta ahuecar ese glorioso trasero. Un gimoteo silencioso se derrama sobre los labios de Mydei cuando Phainon se levanta contra él, sus pulgares coqueteando con ese pliegue entre su trasero y sus muslos. Phainon es un maldito provocador, y lo disfruta mientras su polla se desliza resbaladiza entre las nalgas del chico.
—Esto es lo que quieres, ¿no? —Mydei levanta la vista para mirarlo débilmente, cualquier clase de intimidación pasa desapercibida ante la vista de esas mejillas sonrojadas. Phainon puede sentir el agujero de Mydei contraerse cada vez que su polla lo roza, y se da cuenta de que se ha burlado del chico y de sà mismo, lo suficiente.
Mydei abre la boca, con voz ronca de deseo.
—Entonces, ¿qué estás esperando?
Phainon ahoga un gemido, no sabe qué hacer consigo mismo, porque Mydei lo está mirando con tanta expectación y deseo, tanta inmundicia. Se inclina para juntar sus labios, enredando bruscamente los dedos de una mano en el cabello de Mydei, la otra alineándose. Vale la pena romper el beso por el ruido roto que escapa de los labios de Mydei mientras empuja lentamente hacia adentro.
Mydei se queda quieto debajo de él, con la boca abierta en un grito silencioso. Se necesita toda la fuerza de voluntad de Phainon para no comenzar a embestir a Mydei sin razón, está tan apretado. Es casi demasiado. Y, Dios, se siente tan caliente. Phainon absorbe el suave sonido que Mydei solloza mientras hace la cabeza hacia atrás en las sábanas. Es hermoso, piensa Phainon, empujando su polla más profundamente dentro de Mydei mientras el chico se retuerce debajo de él.
—Joder —Mydei dice con voz áspera, temblando mientras Phainon toca fondo. Unen sus bocas, respirando el aire en los pulmones del contrario, llenándose entre sĂ en más de un sentido. Hasta que son solo ellos. Lo peor, o mejor, es que Phainon ni siquiera se está moviendo, mirar Mydei enrojecido y tan necesitado hace que sea difĂcil respirar, y mucho más el moverse—. Joder… —escapa de los labios del chico antes de juntar sus bocas una vez más.
Y tal vez esa sea la señal de Mydei para que Phainon se mueva. Las uñas de Mydei comienzan a hundirse en sus hombros. SĂ, definitivamente es una señal para que se mueva. Y probablemente deberĂa estar un poco enojado, porque las uñas incrustadas en su piel realmente comienzan a doler, pero no puede evitar encontrarlo excitante como la mierda.
—Estás tan apretado —ve un destello de algo cruzar el rostro de Mydei mientras el chico se relaja a su alrededor. Phainon se inclina hasta que su pecho se levanta del de Mydei y sus manos vuelven a sujetar sus caderas.
La primera embestida es solo una prueba, algo que le permite probar un poco de este placer. Algo que también hace gemir a Mydei.
—¿Está bien? —Phainon pregunta, embiste hacia adentro más fuerte esta vez, más profundo. Suficiente para arquear la espalda de Mydei de la cama. Es una vista hermosa; y Phainon desea poder capturar esta imagen para siempre, Mydei inclinado hacia la luz de la luna filtrada en un éxtasis silencioso. Esas manos aferrándose a las sábanas, apretando y abriéndose como si el movimiento tuviera algún control sobre la velocidad con la que Phainon lo folla.
Respiraciones calientes y pesadas se derraman de los labios de Mydei, cayendo sobre la piel de Phainon entre latidos entrecortados. Intentando, pero fracasando, en mantener el ritmo que ha marcado Phainon. El sudor comienza a gotear sobre el pecho de Phainon, y puede sentirlo bajar por su cuerpo mientras sus caderas caen en un ritmo constante.
—Joder, tenĂa razĂłn —los ojos de Mydei apenas se pueden ver a travĂ©s sus estrechos párpados, pero Phainon sabe que tiene toda su atenciĂłn—. La forma en que te ves debajo de mĂ. La forma en que me tomas. Hermoso —ya no hay nada escondiĂ©ndose detrás de una máscara impasible. No, todo está a la vista en el momento en que Phainon ve la mirada en esos ojos, ve cuán profundo ha hundido a Mydei. Y el chico ni siquiera lo sabe, ni siquiera se da cuenta de que se está llevando a Phainon junto con Ă©l. Con esos labios entreabiertos, pintando una especie de belleza en ese rostro sonrojado.
—Ah, mierda —Mydei se retuerce debajo de Ă©l, con el cuerpo reluciente de sudor. Phainon sabe que podrĂa estar lastimando al chico con la fuerza con la que está sujetando sus caderas. No le sorprenderĂa si hubiera un tatuaje permanente de sus huellas dactilares—. Vamos, fĂłllame —esos ojos se cierran de nuevo y Phainon no puede evitar sentirse un poco orgulloso de sĂ mismo. Sus manos aflojan lentamente su agarre alrededor de las caderas de Mydei, una subiendo por el pecho del chico. Su pulgar presiona suavemente contra la piel suave y tatuada que se ha convertido en su ideal de belleza.
La respiraciĂłn de Mydei es cálida, extendiĂ©ndose como un afrodisĂaco por el aire. Es adictivo y peligroso al mismo tiempo, una droga. Presiona su pulgar más allá de esos labios, hasta que se engancha dentro de esa bonita boca, y Phainon probablemente podrĂa morir. La lengua de Mydei gira alrededor de la punta, y Phainon se pregunta en silencio si es solo instinto.
Pero el chico lo mira ahora, esas gemas doradas brillando como si supiera lo que le está haciendo a Phainon. CĂłmo lo está desarmando. Y a Phainon ni siquiera le importa. No cuando Mydei está apretando alrededor de su polla como una maldita pitĂłn. Y si tuviera aliento de sobra, se lo dirĂa al chico, le dirĂa lo bien que se está comportando.
Mydei lo está tomando como si estuviera hecho para esto, para la polla de Phainon. Simplemente deshaciĂ©ndose en la cama mientras Phainon profundiza cada vez más. Nada podrĂa compararse con este sentimiento, decide Phainon, Mydei gimiendo y envuelto alrededor de su polla. Porque una cosa es escuchar al chico debajo de Ă©l hacerse pedazos, pero otra muy distinta es verlo. Observar la forma en que el sudor brota de ese pecho mientras Mydei intenta seguir el ritmo de Phainon. MeciĂ©ndose en un intento desesperado de ser algo más que un agujero para follar. Phainon cree que es todo lo contrario.
La boca de Phainon se abre cuando su mirada recorre a Mydei, tratando de decirle lo bueno que es, lo bien que lo está tomando. Pero nada se vuelve audible, se atora en su garganta bajo oleadas de lujuria y placer. Gemidos entrecortados escapan de los labios de Phainon, su pulgar se retira lentamente de esa boca pecaminosa mientras desliza una mano alrededor de la parte posterior del cuello de Mydei, el pulgar ahora se desliza sobre una mandĂbula hĂşmeda de sudor.
Traga espesamente cuando el golpeteo de la música a todo volumen desde la otra habitación se convierte en nada más que un ruido amortiguado por los gemidos de Mydei y el lascivo choque de piel contra piel. Y, de repente, Mydei se arquea, su espalda forma una hermosa curva mientras sus hombros se hunden en las sábanas.
—SĂ… mierda… justo ahà —manos ajenas lo toman de los brazos, las uñas se clavan en su piel. Acercándolo más y más; y ni siquiera puede negarle a Mydei el placer de golpear ese punto dulce, porque Dios, hace que el chico se va impresionante, retorciĂ©ndose en esas sábanas, con la boca abierta y los ojos cerrados con fuerza. Ruidos que Phainon cree que son palabras salen de los labios del chico, perdidas bajo sus desesperados jadeos y gemidos.
Esa mano envuelta alrededor de la nuca de Mydei, se mueve hacia abajo. Deslizándose hasta rodear la goteante polla perforada de Mydei, dejando a sus dedos juguetear con su hĂşmeda excitaciĂłn, frotando cĂrculos en la piel tensa. Phainon sabe que Mydei no rogará, que incluso con una polla metida en el culo, Mydei tiene cierto orgullo. Pero lo quiere. Lo quiere tanto. Solo quiere escuchar a Mydei rogándole que le deje correrse, hasta que lo Ăşnico que quede de chico debajo suyo sea un desastre.
—Dios… —los dedos de Phainon trazan el eje, el toque es ligero como una pluma y travieso, solo porque quiere—. Phainon… —y, de repente, todo gira en torno a conseguir que Mydei vuelva a decir su nombre asĂ. Nunca ha escuchado que su nombre se pronuncie de esa manera, harĂa cualquier cosa por volver a escuchar ese sonido. Tal vez estĂ© siendo un poco dramático, pero guardará su vergĂĽenza para cuando no estĂ© metido hasta la base en el culo de Mydei. Cuando el chico no estĂ© gimiendo su nombre como un mantra mientras alcanza ese lugar en sus entrañas—. P-Phainon… Phai-…
—¿Se siente bien? —Phainon ni siquiera espera una respuesta, no con la forma en que la voz de Mydei parece solo capaz de producir gemidos lascivos que están enviando a Phainon a una tumba prematura—. Buen chico —finalmente, su mano envuelve la polla de Mydei, y se arquea ante su toque. Está tan mojado, prácticamente goteando con la necesidad de correrse. Phainon también está muy cerca mientras Mydei no deja de apretarse a su alrededor.
Empieza a bombear la polla de Mydei más rápido, los sonidos de la piel húmeda frotándose resuenan descaradamente por toda la habitación. Siente una opresión en el pecho mientras ve a Mydei retorcerse debajo suyo, siente esas caderas moverse hacia arriba en un intento de ganar más fricción. Phainon piensa en que probablemente se ve igual de mal, pero no le importa. No cuando Mydei se acerca para envolver sus brazos alrededor de los hombros de Phainon. Cuando Mydei oculta su rostro contra su cuello mientras sus caderas comienzan a temblar, embistiendo aun más profundamente al chico.
—Has… joder, joder… has sido un buen chico —puede sentir la respiraciĂłn de Mydei contra su cuello mientras sus brazos lo rodean con más fuerza. Su mano no deja de moverse sobre Mydei, a pesar de que se ha vuelto un poco más difĂcil con la forma en sus cuerpos están presionados. Phainon sabe que casi ha llegado a su lĂmite.
Puede sentir el pulso de Mydei vibrar con entusiasmo bajo su pulgar mientras su mano libre se desvĂa para trazar la vena carĂłtida a lo largo del cuello del chico. Las caderas de Mydei se estremecen incontrolablemente, y Phainon solo embiste a Mydei con más fuerza, a pesar del temblor de su propio cuerpo. Está tan profundo; es casi como si no hubiera final, y Phainon tiene media mente en atribuirlo todo a un sueño hĂşmedo. Pero esto se siente demasiado real para ser un sueño, se siente como si este fuera el lugar donde debe estar.
Mydei sigue haciendo ruidos absolutamente sucios mientras la polla de Phainon se desliza dentro y fuera, sin ninguna resistencia ahora, incluso si Mydei todavĂa está tan apretado. Phainon sigue follándolo en el colchĂłn, y Mydei está totalmente ido.
—M-mierda, mierda —las palabras son murmuradas sin aliento contra la piel de Phainon cuando siente a Mydei aferrarse más fuerte a Ă©l. Phainon sabe que Mydei está a punto de derrumbarse en sus brazos, siente sus rodillas temblando presionadas contra los costados de Phainon, quien no puede evitar sonreĂr.
—¿Vas a correrte? ¿No es as� —Mydei ni siquiera le responde, Phainon puede sentir su boca abrirse y temblar contra su hombro. Tal vez Mydei no lo escuchó, o tal vez Phainon simplemente lo está follando demasiado bien.
Eso hace que Phainon bombee a Mydei aún más rápido, con el pulgar arrastrándose sobre la hendidura que gotea mientras siente que Mydei le muerde el hombro sin pensar. Ni siquiera duele, y tal vez él quien está completamente ido, o solo haya convertido a Mydei en un absoluto desastre. Le gusta pensar que es la segunda opción.
—Córrete, Mydei —susurra, bajo y seductor, contra el cabello del chico. Quiere ver si Mydei puede ser un buen chico para Phainon una última vez.
Claro que puede.
—A-ah… mierda-… —el cuerpo entero de Mydei se pone rĂgido mientras se arquea hacia Phainon, lloriquea cuando finalmente se corre, sus caderas temblando por las rĂ©plicas de su orgasmo. Phainon lo folla a travĂ©s de Ă©l, ralentizando sus embestidas mientras Mydei cae exhausto contra las sábanas, mirándolo con ojos cansados. Es hermoso, piensa Phainon mientras continĂşa deslizándose dentro y fuera.
—B-buen chico… joder —y Phainon no puede aguantar más. Ver a Mydei deshecho, es como si cualquier autocontrol que tenĂa hubiera desaparecido tan pronto como sus ojos vieron ese cuerpo cubierto de sudor, temblando y jadeando sobre las sábanas. Se corre con una Ăşltima embestida, temblando cuando su cuerpo siente a Mydei apretarse a su alrededor. Sus caderas siguen temblando de manera desigual contra Mydei mientras desfruta el orgasmo, el oxĂgeno finalmente regresa a sus pulmones, hasta que siente una mano en su cadera, y baja la mirada para ver el rostro de Mydei con una ligera mueca de disgusto.
Ah, cierto.
Un jadeo silencioso escapa de los labios de Mydei mientras Phainon se retira, dejando el culo del chico abierto y rojo. Y realmente no deberĂa quedarse mirando mucho tiempo, porque está bastante seguro de que Mydei no está dispuesto a concederle otra ronda. O tal vez lo harĂa, pero Phainon realmente no quiere arriesgarse. El cabello de Mydei se levanta en direcciones aleatorias, su pecho está hĂşmedo y pegajoso por su propia liberaciĂłn. Es el look esencial de “acabo de follar”, y Phainon no podrĂa estar más feliz.
Agarra su sudadera del suelo antes de regresar a Mydei, limpiando el pecho del chico y el interior de sus muslos.
—Qué caballero —murmura Mydei mientras lo mira con ojos vidriosos. Phainon está a punto de levantarse y alejarse, cuando una mano alrededor de su muñeca lo detiene—. ¿Qué crees que estás haciendo? —Mydei se ve, bueno, molesto.
—¿Eh?
Mydei, en respuesta solo rueda los ojos y tira con más fuerza de la muñeca atrapada en su agarre.
—Acabamos de follar. Creo que podemos compartir una cama —Phainon sonrĂe mientras se abre camino debajo de las mantas, lanzando un brazo casual alrededor de la cintura de Mydei mientras tira del chico desnudo al ras de su pecho. Mydei se pone rĂgido por una fracciĂłn de segundo, pero rápidamente se relaja en el calor de los brazos que lo rodean. Mydei murmura algo que suena como “buenas noches” contra la almohada, y Phainon no puede evitar sonreĂr en el cuello de Mydei.
—Buenas noches.
Cuando se despierta a la mañana siguiente, está desnudo y solo en la cama.
Intenta sentarse, y hace una mueca cuando siente como si alguien le hubiera golpeado el cráneo con un mazo. Y no es solo su cabeza, sino todo su cuerpo. Es casi patético, el gemido de niña que sale de sus labios cuando mueve sus piernas por el costado de la cama. Se pasa la mano por la cara, apartándose el cabello de la vista mientras trata de recordar exactamente por qué se siente tan mal. Phainon está entre convencerse de que alguien lo arrojó a un pozo o que saltó de un puente, cuando lo ve: una nota.
Está escrita apresuradamente en una servilleta, pero el nombre en la parte inferior es lo que trae todo de vuelta.
Mydei.
Y, de repente, se siente como el idiota más grande del mundo. Incluso más que esa vez dejĂł que Cyrene lo grabara haciendo el desafĂo de la canela. Dios, debiĂł haberlo jodido en grande para que Mydei ni siquiera quisiera estar aquĂ cuando despertara. Phainon suspira mientras toma la nota. Deja una sensaciĂłn terrible en el fondo de su estĂłmago, y Phainon no puede reconocerla. Mydei realmente no deberĂa significar nada para Ă©l, Âżverdad? Fue solo una aventura de una noche. Tal vez fuera porque estaba medio borracho, pero Phainon sintiĂł que anoche habĂa algo más entre ellos. Como si Mydei fuera algo… especial, por cursi y clichĂ© que sonara.
En contra de su mejor juicio, Phainon mira la nota.
Tengo clase. Te dejé una aspirina, sé que la necesitarás.
— Mydei.
Los ojos de Phainon regresan a la mesa de noche, y justo como dice la nota, hay una aspirina y una botella de agua sin abrir sobre la mesa de noche. Rápidamente la toma antes de levantarse para recoger su ropa. Si Mydei se fue, significa que alguien finalmente abriĂł la puerta. Phainon gime, y se prepara para lidiar con la cantidad infinita de tonterĂas con las que Cyrene probablemente iba a molestarlo.
—Te ves terrible —la cantidad infinita de tonterĂas habĂa comenzado oficialmente hace unos veinte minutos, y Phainon no estaba ni lo suficientemente sobrio ni lo suficientemente borracho para lidiar con esto.
Deja caer la cabeza en el mostrador de la cocina, esperando que sea una señal suficiente de que por el momento no tiene ganas de socializar con la raza humana.
—No te preocupes, Mydei tambiĂ©n se veĂa bastante mal —si Phainon fuera un perro, está seguro de que sus orejas se levantarĂan al escuchar ese nombre. Sin embargo, no lo es. Solo es un estudiante universitario con resaca que realmente no deberĂa haber levantado la cabeza tan rápido si no quisiera arriesgarse a vomitar el desayuno que Cyrene le obligaba a comer.
Cyrene se rĂe, como la buena amiga que es, mientras Phainon se frota las sienes con una mano.
—Entonces-…
—No —Phainon está lo suficientemente sobrio como para formar oraciones cortas, no permitirle a Cyrene asumir lo que sucedió anoche es un incentivo suficiente para poner en práctica su, por ahora, limitado vocabulario.
—Oh, vamos. No desaparecieron en medio de una fiesta para ir a jugar al escondite.
—No quiero hablar de eso —sale ronco, y Phainon lo atibuye al hecho de que todavĂa sigue con resaca. Sin embargo, todo lo que obtiene es una sonrisa complice de su mejor amiga.
—Admito que no imaginé a Mydei de pasivo. Tuve que voltear dos veces cuando lo vi cojeando.
Es cuando Cyrene le dice por trigĂ©sima quinta vez que hará a Phainon hablar de ello más temprano que tarde, que finalmente se rinde y le cuenta al menos lo más relevante del suceso. En retrospectiva, si hubiera recordado lo fácil que es para Cyrene saber lo que piensa, probablemente nunca le habrĂa dicho nada.
Al menos subir los tres tramos de escaleras es mucho más fácil esta vez, considerando que no está luchando contra una resaca infernal. Le tomĂł unos pocos dĂas recuperarse, y esa ha sido su Ăşnica excusa de por quĂ© ha estado evitando sus numerosas llamadas telefĂłnicas. No hace falta decir que no funcionĂł y, finalmente, convenciĂł a Phainon de hablar con Mydei con tal de borrarle esa cara de cachorro perdido.
Y aquĂ está, con su dedo sobre el timbre, aun vacilante. No es que este lugar le traiga malos recuerdos, pero cuando su Ăşltima experiencia, su Ăşnica experiencia, aquĂ, fue tener el mejor sexo de su vida solo para despertar frĂo y solo, sintiĂ©ndose Ăştilizado. Bueno, le dejĂł un sabor amargo en la boca.
Tragando su orgullo, presiona el timbre, los dedos de su mano opuesta se aprietan en un puño tan fuerte que sus nudillos se ponen blancos. Detrás de la puerta puede escuchar el sonido de… sus pasos. ÂżDesde cuándo se niega a decir su nombre? ÂżRealmente es tan doloroso? No es como si Mydei le hubiese extirpado un riñón mientras dormĂa. Tuvieron una aventura de una noche, es culpa de Phainon que pensara que serĂa algo más. Demonios, Mydei le dejĂł una botella y una aspirina. ÂżPhainon realmente deberĂa sentir enojo hacia Ă©l, hacia Mydei? Quizá deberĂa-…
De repente, la puerta se abre de un tirón, lo que le otorga una imagen de unos orbes dorados mirándolo con incredulidad a través del grueso marco de las gafas colocadas subre su nariz.
—Mydei… —Phainon se maldice a sĂ mismo por sonar tan sin aliento, apenas puede contenerse de darse la vuelta y correr por donde vino. Su mirada cae rápidamente sobre la piel expuesta del cuello de Mydei, satisfecho consigo mismo cuando nota los moretones salpicando la piel entintada. Se aclara la garganta, porque esto ya es lo suficientemente incĂłmodo, y todos saben que un buen carraspeo ayuda a resolver una tensiĂłn inestable—. Uhm… no sabĂa que usabas gafas —y es como si hubiera olvidado por completo su propĂłsito de volver a visitar este lugar, simplemente mirando a Mydei mientras las cejas del chico se elevan lentamente en confusiĂłn.
—Cuando estoy leyendo —no cuando me están follando, es lo que escucha Phainon; el silencio dura tanto que cree que la conversaciĂłn ha muerto y que Dios le está dando una Ăşltima oportunidad para salir corriendo de ahĂ, cuando Mydei habla de nuevo—: ÂżQuieres entrar? —Mydei abre la puerta un poco más, y Phainon está parado allĂ, entre asombrado y cautivado. Probablemente no sea una cara muy atractiva la que está haciendo. Mydei se burla al verlo, pero Phainon aun asĂ tiene que ver la leve curva de sus labios para confirmarlo—. Deja de mirarme como un idiota y mete tu trasero aquà —Phainon salta ante las palabras de Mydei, rápidamente arrastrando los pies a travĂ©s de la puerta.
—Huele bien —Phainon nunca ha sido bueno con las charlas triviales, especialmente las charlas triviales con aventuras de una noche. Escucha a Mydei tararear débilmente y piensa que debe tener el mismo problema. Un silencio incómodo cae sobre la pareja mientras Mydei desaparece en la cocina. Phainon se queda de pie en la sala de estar, con los dedos jugueteando ansiosamente con la tela de su abrigo.
Cuando Mydei regresa, es con dos tazas humeantes de… algo. Phainon asume que eso es lo que huele tan bien, y en realidad está un poco feliz de que Mydei haya pensado en traerle una taza. El chico se acerca a Ă©l con la mano extendida con una taza de lĂquido espumoso. Phainon agarra la taza vacilante, con los ojos bajando para inspeccionar la mezcla.
—¿Es en serio? Es chocolate, no veneno. Pareces del tipo al que le gustan las cosas dulces —Phainon dirĂa algo, pero ha aprendido que confiar en su boca nunca es buena idea, asĂ que se conforma con mirar a Mydei mientras se lleva la taza a los labios.
Mydei se aleja para tomar asiento en el sofá. Mira a Phainon como si esperara que lo siguiera; y cuando Phainon no se mueve, Mydei suspira e inclina la cabeza hacia el espacio del sofá vacĂo a su lado. Phainon se sienta lentamente, con cuidado de no derramar el lĂquido sobre el sofá o, peor aĂşn, sobre sĂ mismo. TodavĂa hay una sensaciĂłn de incomodidad flotando en el aire, y Phainon no sabe cĂłmo romperla. Un profundo suspiro pasa por sus labios mientras intenta hundirse en el sofá, con la esperanza de desaparecer con tal de liberarse del incĂłmodo silencio.
Mydei se aclara la garganta ligeramente, casi como queriendo decir algo y Phainon se vuelve hacia él, pero Mydei permanece en silencio. En ese momento, al verlo, Phainon no puede evitar pensar que, sin la influencia del alcohol, con el rostro enmarcado por esas gruesas gafas negras, el cuerpo cubierto por un sueter negro y ajustado a su cuerpo, con esos labios casi imperceptiblemente curvados en una sonrisa condescendiente que se ve perfecta en su rostro. Mydei se ve aún más hermoso.
Los dedos de Mydei golpean ansiosamente el borde de la taza. Una pequeña sonrisa se dibuja en los labios de Phainon ante eso, Mydei probablemente está tan nervioso como él, pero al menos parece estar lidiando con la incomodidad mejor que Phainon.
—Gracias… por el chocolate.
Mydei se vuelve hacia él, con los dedos aún golpeando la taza ritmicamente. Phainon aprovecha la oportunidad para acercarse un poco más a Mydei, sus muslos se rozan mientras permanecen sentados en el sofá. El silencio ya no es del todo incómodo, interrumpido ocasionalmente por el sonido de la pareja bebiendo de sus tazas. Una extraña calidez comienza a invadir el pecho de Phainon, y no está seguro si es por el dulce o por el chico sentado a su lado, hasta que siente los dedos de Mydei rozando los suyos.
Es una locura, el cómo ambos simplemente se amoldan el uno al otro como una pareja disfrutando de la noche y la luz de la luna, a pesar de que están sentados mirando nada más que una pared, bebiendo chocolate caliente y con los dedos entrelazados.
Quizás sea algo mágico. Rodeados por nada más que la compañĂa del otro. La mirada de Phainon se detiene en Mydei, solo para encontrar al chico ya mirándolo fijamente. Un rubor comienza a formarse en las mejillas de ambos, y es tan estĂşpido, porque esto no deberĂa sentirse asĂ tan pronto, no luego de una sola noche de sexo. Pero, quizás esto prometa algo más, y Phainon solo tiene que arriesgarse.
—Tienes razĂłn, Âżsabes? —las cejas de Mydei se alzan ligeramente al escuchar a Phainon romper el silencio, tiene una pequeña sonrisa en los labios mientras mira a Phainon detrás de sus gafas—. Me gustan las cosas dulces —sonrĂe.
Cuando Mydei apoya su cabeza en el hombro de Phainon, se da cuenta de que se siente como en casa.