Provocación

by

Rating:
Explicit
Archive Warning:
Underage Sex
Category:
M/M
Fandom:
Spider-Man: Spider-Verse (Sony Animated Movies)
Relationship:
Miguel O'Hara/Miles Morales
Additional Tags:
Alternate Universe - High School, Teacher-Student Relationship, Older Man/Younger Man, Age Difference, Boypussy Miles Morales, Top Miguel O'Hara, Bottom Miles Morales, Loss of Virginity, First Time, Creampie, Vaginal Sex, Obsessive Behavior, First Kiss, Dubious Consent, Dead Dove: Do Not Eat
Published:
2024-02-12
Words:
2146

Sumario:

Iba a perder su virginidad y Miles no podía esperar, especialmente cuando decidió exactamente con quién quería perderla, su profesor: Miguel O’Hara.





Notas:

Escrito para el “Love Hotel” organizado por el Club de Lectura de Fanfiction. Me sorprendió escribir tanto en una hora pero la verdad era que tenía muchas ganas de participar. Sin betear, igualmente disfruten la lectura.




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Hoy iba a perder su virginidad y Miles no podía esperar, especialmente cuando decidió exactamente con quién quería perderla.

Se arregló la falda en el espejo y desabrochó los dos primeros botones de su camisa. Fingió estar enfermo a media clase y había ido directamente al baño para prepararse. Habiendo probado una gran variedad de juguetes durante el verano, igualmente anticipó que la polla de su profesor, Miguel O’Hara, sería mucho más gruesa (había pasado mucho tiempo mirando su entrepierna en clases).

Sabía que no debería acercarse a su profesor de forma tan descarada, probablemente se metería en problemas, pero no podía sacárselo de la cabeza.

Satisfecho con su apariencia, chasqueó los labios una vez, apreciando el color rosado de su brillo labial y luego salió del baño, dirigiéndose a su destino. Una vez que llegó, hizo una pausa antes de tocar la puerta, con dudas llenando su cabeza. Las cosas podrían salir terriblemente mal, pero también podrían salir terriblemente bien. Miguel era muy atractivo y Miles se había esforzado mucho en su apariencia. Miguel incluso lo había llamado lindo una vez el año pasado después de clase.

Miles juntó los muslos. Haría cualquier cosa por él.

Rápidamente, antes de que pudiera convencerse de no hacerlo, llamó a la puerta. Esperó un momento y Miguel le indicó que entrara, exhaló y no miró hacia atrás. Al entrar, miró alrededor de la habitación y luego a su apuesto profesor, su intensa mirada roja ya hacía que Miles se sintiera débil.

—Ah, Miles, hola. ¿Tuviste un buen verano? —lo saludó. Miles no se perdió cómo los ojos de Miguel escanearon su cuerpo antes de volver a mirar su libreta. Lo tomó como una buena señal. Miles asintió.

—Estuvo bien —respondió—. Gracias.

—Entonces, ¿por qué estás aquí? ¿Te sientes mal? —preguntó Miguel. Miles se alegró de que fuera directo al grano. El asintió.

—¿Está bien si me siento?

Miguel le dirigió una mirada curiosa pero no lo detuvo, Miles estaba demasiado emocionado. Rápidamente acercó una silla al escritorio y se sentó cruzando las piernas.

—¿Cuál es el problema entonces? —preguntó Miguel, evaluándolo. Miles se mordió el labio. Respiró hondo y se dio unas palmaditas en el lugar donde estaba su entrepierna.

—Me he sentido muy raro aquí —dijo, su guión sonaba más vergonzoso que en su cabeza. Pero ya no había vuelta atrás.

—¿Tu estómago? —Miguel pidió aclarar. Miles negó con la cabeza—. ¿Dolor menstrual? —Miles volvió a negar con la cabeza y sintió que se calentaba bajo la mirada atenta de su profesor.

Su voz era como terciopelo y Miles sintió que se derretía.

—¿Podrías ser un poco más específico? ¿Cómo es la sensación? ¿Y dónde es exactamente? —preguntó Miguel, mirando al estudiante y entendiendo muy rápidamente qué juego estaba tratando de jugar. Vio a Miles tragar saliva, estaba temblando un poco pero tenía una mirada de determinación en sus ojos, lo que intrigó aún más a Miguel, este no era el primer estudiante que se le insinuaba, y no sería el último.

—Sería más fácil mostrárselo, señor O’Hara, si le parece bien —dijo Miles, con el rostro sonrojado. Miró hacia la puerta con nerviosismo—. ¿Podría cerrar la puerta con llave por un momento? No quiero que nadie más entre mientras se lo muestro.

Miguel reprimió una sonrisa.

—Tendrás que ser rápido, se supone que no debo cerrar puertas —Miles asintió, casi con entusiasmo, eso hizo que la polla de Miguel se moviera bajo su ropa.

Miguel cerró la puerta y se volvió hacia Miles cuando estuvo listo, quien ahora estaba sobre su escritorio. Todavía sonrojado, Miles lentamente separó las piernas y se levantó la falda, mostrando un par de diminutas bragas de encaje que tenían una gran mancha húmeda. Qué descarado.

—¿Lo ve? Sigo mojándome y no para.

—Ya veo, ¿crees que podrías quitarte las bragas para poder ver mejor? —preguntó Miguel, sabiendo que no tenía sentido andarse por las ramas. Las manos de Miles temblaron mientras se apresuraba a quitarse la ropa interior, dejando al descubierto una estrecha franja de vello enmarcando su goteante coño. Pero Miles fue más allá y separó los labios de su coño mostrándole al profesor su agujero virgen.

—A veces duele tanto, casi como si quisiera algo dentro. He intentado… —Miles hizo una pausa, sus palabras ahora luchaban por salir. Ya le había mostrado su coño, bien podría continuar—. Meter mis dedos, incluso algunos objetos pero siento que necesito algo más grande. No sé qué hacer.

—Esta es una parte muy normal del crecimiento, ¿sabes? Lo que estás experimentando es excitación. ¿Estás saliendo con alguien en este momento? —Miles negó.

—Nunca antes había estado con nadie y soy virgen —Miguel respiró hondo.

—Ya veo, puedo ver por qué puede parecerte un poco insoportable en este momento, ¿está bien si miro más de cerca?

Miles volvió a asentir con entusiasmo y Miguel acercó su silla, sujetando uno de los muslos de Miles, quien sintió su aliento en sus pliegues y le hizo estremecerse.

—Estás tan mojado —observó Miguel—. ¿Qué tan fuerte es la sensación ahora?

Miles sintió que iba a empezar a gemir, quería meter sus dedos dentro de sí y empezar a masturbarse con fuerza.

—Tanto que no puedo pensar en nada más.

—¿Y qué estás pensando? —Miles respiró hondo.

—En ti —admitió—. Cada vez que pienso en ti, esto sucede. Logro correrme, pero se vuelve peor.

—¿Por qué no me muestras cómo te corres? —después podría darte algunas sugerencias de lo que podría serte útil.

Miles parpadeó, sintiéndose congelado por un segundo, la idea de masturbarse frente a Miguel era aún más vergonzosa que todo lo demás junto. Pero supuso que era algo bueno, si habían llegado tan lejos probablemente obtendría lo que vino a buscar.

Miles comenzó a frotar su clítoris, la sensibilidad ya le hacía gemir y desmoronarse. Se sentía tan sucio haciendo esto en la escuela pero al mismo tiempo tan bien. Sintió que su coño comenzaba a apretarse casi como si tuviera una polla dentro. Luego empujó uno de sus delgados dedos y gimió de nuevo, mientras pronunciaba el nombre de Miguel. Rápidamente añadió otro dígito.

—Miguel… por favor… —gimió, sintiéndose cada vez más audaz, sus caderas ahora se balanceaban y sus manos se movían con más fuerza—. Te necesito.

Vio a su profesor sonreírle como un depredador a su presa y Miles se frotó con más fuerza. Había pasado incontables horas durante el verano atendiendo el fuego dentro de él, frotándose con sus almohadas, peluches y muebles al azar, metiendo sus dedos o cualquier cosa dentro de él hasta que se corría pensando en el hombre.

Y ahora estaba aquí, mirándolo mientras se frotaba gimiendo por él. Estaba tan cerca de correrse.

—Fóllame, por favor —rogó Miles y luego empujó un tercer dedo, frotó vigorosamente su punto dulce y rápidamente alcanzó su orgasmo.

Se retorció mientras llegaba al clímax, su visión se volvió blanca y su corazón latía con fuerza mientras sentía que el placer lo recorría.

La polla de Miguel estaba muy dura y este comenzó a desabrocharse los pantalones. Miles iba a estar deliciosamente apretado para él. Cuando el niño estuvo lúcido, Miguel ya estaba sobre él, con su gran polla erecta y cerca de su entrada.

—Gracias por eso, Miles. Parece que tus dedos no son suficientes, ¿por qué no te muestro la mejor manera de ayudarte a sobrellevar esta sensación?

Los ojos de Miles estaban desorbitados por el grosor de la polla de su profesor. Se asustó por un momento porque era muy grande y él era muy pequeño. Todavía estaba sensible, pero volvió a sentir el calor del placer en su núcleo. No le importaba si le dolería, sólo quería a Miguel dentro de él.

—Por favor —suplicó, sujetó la parte posterior de sus muslos y los acercó a su pecho, presentándose—. Ayúdame —Miguel se alineó.

—Esto dolerá al principio, pero luego lo disfrutarás —dijo y luego comenzó a empujar lentamente.

Miles se mordió el labio para evitar gritar, el grosor de la polla de Miguel parecía demasiado, como si lo estuviera partiendo por la mitad. Miguel esperó a que el niño se acostumbrara poco a poco, sabiendo que esto no volvería a suceder si lo lastimaba demasiado.

—Por favor, muévete —dijo Miles, aún con dolor pero disfrutando la sensación de estar lleno. La polla de Miguel finalmente estaba dentro de él.

Miguel no dudó en empezar a presionar, primero viendo lentamente cómo el chico lo tomaba, pero rápidamente aumentando en ritmo y velocidad, la tensión del chico a su alrededor era deliciosa.

Miles gimió y lloró, el placer y el dolor parecían demasiado, pero no quería que parara, bajó las manos de sus piernas y se aferró a la camisa de Miguel, no podía sentir nada más que él. Su olor, su cuerpo, su polla, estaba en todas partes. Incluso si Miles ya no quisiera esto, sería demasiado tarde, estaba indefenso debajo de él.

Era bueno que se estuviera divirtiendo.

—¡Ah, eres tan grande-! —gritó, tratando de mantener su voz lo más baja posible—. Tan, tan grande.

—Lo sé, pequeño, pero te acostumbrarás a mí —aseguró Miguel y agarró con fuerza los muslos de Miles contra su pecho, doblándolo por la mitad y embistiéndolo sobre el escritorio. La madera crujía, pero a Miguel no le importaba. Miles era tan estrecho y delicioso que no le importaba si lo atrapaban.

—¡Ah, ah…! —la cabeza de Miles estaba echada hacia atrás mientras recibía las embestidas. El dolor había disminuido y se sentía muy, muy bien. La polla de Miguel llegó más profundamente que cualquier otra cosa que hubiera puesto dentro de sí, frotó lugares que no podía alcanzar—. Miguel —dijo, con lágrimas brotando de sus ojos. Se sentía tan bien.

—Joder, eres tan…

Hubo un golpe en la puerta y Miguel solo dejó de moverse por un segundo antes de decidir que era mejor fingir que no estaba dentro a pesar del ruido que estaba haciendo. Los estudiantes siempre encontraban rincones para follar.

—Shh… —le dijo a Miles, sin estar seguro de si el niño podría siquiera entenderlo. A él no le importaba de todos modos, sus sonidos eran música para sus oídos.

—Miguel… ¡Así–! Ah, ah —fue lo único que Miles pudo decir como respuesta.

—Eres una pequeña zorra, viniendo aquí vestido así y abriendo las piernas para mí —dijo Miguel en voz baja. Los golpes cesaron y supuso que la persona se alejó—. Tan desesperado y mojado por mí, rogándome que te folle.

—¡Sí-! —dijo Miles, con lágrimas cayendo de sus ojos y con la boca abierta—. Te deseaba tanto.

—No te preocupes, cada vez que pienses en mí, te follaré —aseguró Miguel. Podía sentir que estaba cerca y podía decir por lo mucho que Miles lo estaba apretando que él también estaba cerca.

Miguel continuó con su ritmo brutal, sabiendo que debía ser más amable, pero Miles lo deseaba y éste era él. Movió las piernas de Miles para que pasaran por encima de sus hombros, para poder profundizar más. Miles lo miró con los ojos muy abiertos, mientras la saliva goteaba de sus labios y los gemidos todavía surgían de su garganta.

—¡Demasiado-! —gritó Miles—. ¡Voy a-…!

—Lo sé, pero puedes soportarlo, ¿no? —dijo Miguel, sus palabras fueron interrumpidas por gemidos. Joder, el chico se sentía increíble. Iba a enviarle un correo electrónico al profesor de su próxima clase y follarlo durante la siguiente hora.

Los sonidos que salían de Miles eran incoherentes e ininteligibles. Podía ver estrellas, su cuerpo no sentía nada más que la fuerza de la polla de Miguel y el ardor de su tamaño. Era demasiado. pero le encantó. Quería que Miguel se lo cogiera una y otra vez. Era tan grande y sexy que quería que lo usara. Quería ser utilizado.

—Joder —gruñó Miguel. Sabía que debía preguntar antes de eyacular dentro del chico, pero lo hizo de todos modos, la oportunidad era demasiado buena para desperdiciarla.

Miles se estremeció alrededor de su polla al mismo tiempo, su espalda se arqueó y sus extremidades tuvieron espasmos, su voz se hizo más fuerte mientras gemía y alargaba su orgasmo.

Ambos gimieron cuando se corrieron y Miguel se retiró un par de minutos después, satisfecho al ver el espeso semen que goteaba de su coño.

—¿Señor O’Hara? —preguntó Miles, mirando a Miguel que ahora estaba recostado a su lado.

—Dime, ¿ha cambiado o desaparecido la sensación?

Miles se mordió el labio. Se sentía adolorido y que estaba goteando. Quería dormir pero la mirada depredadora que le dirigió Miguel le provocó una sacudida de placer en el estómago.

—Eso se sintió increíble —dijo Miles, avergonzado por lo sin aliento que sonaba—. ¿Podemos hacerlo otra vez?

—Por supuesto —dijo Miguel, su polla se puso rígida—. Puedes venir a verme cuando quieras.

Miles asintió y se acercó a Miguel para darle un beso, pensando que si iban a hacer esto. Él también debía ser su primer beso.