Miles se balanceaba sobre Nueva York, sintiendo el aire frío y cortante de la madrugada a través de su traje, con los ojos escaneando a su alrededor con atención. No había podido dormir y dado que Brooklyn estaba bastante tranquilo últimamente, decidió enviarle un mensaje de texto a Miguel, quien dijo que bien podría distraerse un poco mientras patrullaba la ciudad ya que él aun tenia trabajo que hacer en el cuartel general.
Continuó lanzando sus telarañas entre los rascacielos mientras se aseguraba de que todo estuviera en orden, sin embargo, la ciudad en sí ya había comenzado a despertar. Un estrecho y oscuro callejón llamó repentinamente su atención, junto con risitas resonando en sus oídos. Miles vio a unos adolescentes, que probablemente se estaban saltando clases y preferían pasar su día llenando una pared de grafitis.
Miles aterrizó en el techo lo más silenciosamente que pudo, curioso por observar que dibujarían, pero no pudo evitar que su sombra se proyectara en el suelo del callejón frente a ellos. La vista de la misteriosa figura asustó tanto a uno de los adolescentes que, sin dudar, gritó violentamente a sus amigos que corrieran, haciéndolos huir despavoridos. Miles rodó los ojos y ascendió de nuevo al cielo.
Patrullar se había convertido en algo natural para él, pero tal parecía que ese día en Nueva York también sería bastante tranquilo, así que Miles ya estaba dispuesto a volver, cuando un destello repentino de color en el escaparate de una tienda llamó su atención. Por lo general, ignoraba sin problemas este tipo de distracciones, pero algo lo atraía a la tienda como una polilla que sigue una cálida fuente de luz.
Miles pronto aterrizó frente al establecimiento, observando con atención las tonalidades azules y rojas vibrantes detrás del escaparate. Aparentemente se trataba de una tienda de juguetes enfocada en las últimas tendencias, pero a Miles eso no le importaba en lo más mínimo. La exhibición que lo atraía era una tonelada de peluches del Spiderman del universo 928, apilados sobre una gran caja.
Una pizca de nostalgia se apoderó de Miles cuando recordó el peluche del Spiderman de su propia dimensión que tenía cuando era pequeño. Miles no se dio cuenta de lo mucho que extrañaba esa cosa. Se detuvo frente a la enorme montaña de peluches en la ventana. Casi estuvo tentado a comprar uno, pero decidió no hacerlo. Especialmente porque podía llamar al hombre en cuestión cuando quisiera.
Pero eso no impidió que se le dibujara una sonrisa en los labios cuando tomó una foto rápida de los juguetes y se la envió a Miguel.
¡Mira, eres tú! (≧∇≦)
Miles recibió una respuesta momentos después.
Estoy trabajando.
Se rió entre dientes antes de guardar su teléfono e impulsarse hacia arriba una vez más.
El resto de su día transcurrió tan tranquilo como esperaba. A medida que pasaban las horas, Miles intentó concentrarse por completo en vigilar la ciudad, pero su mente siempre volvía al peluche en el escaparate de la tienda. El peluche que representaba al hombre que había estado llenando libretas con dibujos y también los pensamientos de Miles: Miguel O’Hara.
Era ridículo. Después del incidente con Spot, Miguel se volvió algo así como un colega para Miles, un mentor… o incluso alguien que lo toleraba hasta cierto punto. Miles no se atreve a llamarlo un amigo, no todavía, y es que realmente no sabe como definir su relación con el hombre. Empezó con cosas pequeñas, comentarios sarcásticos aquí y allá de ambas partes, tal como debió haber sido su primer encuentro. Siempre ha sido complicado tratar con Miguel, incluso el solo leer su expresión, pero conforme pasaba el tiempo, comenzó a mostrar una parte de él que Miles no esperaba en absoluto.
Un ligero toque sobre el hombro de Miles, Miguel diciendo que había hecho un buen trabajo en alguna misión, a veces un insulto que sonaba casi cariñoso saliendo de sus labios. Miles no podía soportarlo, pero lo que lo hacia derretirse por dentro y que su estómago revoloteara con mariposas, era tener a Miguel sonriéndole o incluso verlo reír frente a él.
Al comienzo, pensó que se trataba de un enamoramiento cualquiera, un pequeño crush en el hombre que (luego de haberlo golpeado sobre un tren y decirle que nunca debió ser Spiderman) se disculpó profusamente con él y comenzó a tratarlo como a un igual, casi similar a lo que llegó a sentir por Gwen. Pero por alguna razón, esto se sentía diferente. Quería que Miguel estuviera orgulloso de él, impresionarlo, tocarlo, sentir sus enormes manos alrededor de su cintura mientras lo sujeta contra la cama y-…
Mierda, ya estaba pensando cosas obscenas.
Pero era mejor sentir vergüenza de sí mismo por desear tanto a un hombre que fácilmente tiene la edad de su padre y ahogarse en la idea de que ni siquiera debe ser alguien tan importante en la vida de Miguel, que escuchar el duro rechazo salir de la boca del hombre si tan solo supiera lo que Miles siente por él.
Antes de que Miles se dé cuenta, aterriza frente a la puerta principal de la tienda de juguetes. Porque si Miles no podía estar con el Miguel real, bien podría darse un capricho.
Minutos después, Miles sale de la tienda con el peluche entre sus brazos y una gran sonrisa de satisfacción en su rostro aun oculto por la máscara, para después tomarse una selfie con el juguete y enviársela a Miguel.
No pude resistirme ( > 〰 < )♡
Miles no recibió respuesta hasta después de lanzarse al portal y luego de haber cruzado la ventana de su habitación. Cuando sonó el tono de notificación que había asignado específicamente a Miguel, Miles tomó su teléfono de inmediato.
Ni siquiera quiero saber qué vas a hacer con eso.
Miles se rió al leer el mensaje antes de dejar cargando su teléfono sobre su escritorio. En lo más profundo de su mente, Miles no pudo evitar preguntarse qué quería decir Miguel con ese mensaje.
Miles se quitó el traje con intención de relajarse un poco. Bostezó mientras se dirigía a la cocina para cenar algo, vestido únicamente con una camiseta y pantalones deportivos. Sus padres seguían en el trabajo, así que no llegarían hasta tarde. No quería cocinar nada demasiado elaborado, las sobras del día anterior serían suficientes. Miles apoyó la cintura contra la encimera mientras esperaba que la comida se calentara en el microondas.
Una vez que terminó de cenar, decidió darse una ducha. Y fue mientras estaba allí, dejando que el agua tibia cayera sobre su cuerpo, que sintió como su coño palpitaba de necesidad. Miles decidió ignorarlo, estaba cansado y solo quería dormir.
Cuando terminó de ducharse, Miles se puso una camiseta y un bóxer, se recostó en la cama y se puso cómodo bajo las sábanas. Probablemente se quedó allí con los ojos cerrados intentando dormir durante veinte minutos antes de que su excitación alcanzara su punto máximo. Algo se sentía diferente, como si no pudiera controlar la sensación de calor en su vientre. Estaba muy mojado.
Miles apretó los muslos. No había posibilidad de que pudiera dormir así. Entonces, lentamente guió su mano para deslizarla debajo de su ropa interior y acariciar sus pliegues, jugando con su clítoris. Se sentía bien, pero no lo suficientemente bien como para correrse solo por eso. Entonces, Miles imaginó que la mano que acariciaba su coño era la de cierto Spiderman futurista…
Un escalofrío recorrió su cuerpo y Miles abrió los ojos de golpe. Jadeó cuando frotó su entrada con dos dedos, fingiendo que era uno de los de Miguel. Las piernas de Miles temblaron mientras empujaba sus dígitos hacia adentro. Mientras sus dedos se hundían más profundamente en su coño y los curvaba justo como a él le gustaba, Miles no podía borrar de su cabeza la duda de como se sentirían las manos de Miguel sobre él. La forma en que acariciaría su cuerpo de arriba a abajo, provocando a Miles por todos los ruidos vergonzosos que haría, presionándolo contra las almohadas con una sola mano.
Mas líquido se deslizó entre los pliegues de Miles, lo que solo lo animó a seguir adelante, agregando un tercer dedo. Los ruidos húmedos del coño de Miles solo se sumaban a su excitación.
Al poco tiempo, las mantas fueron arrojadas a un lado, al igual que su ropa interior, pero sin importar cuán fuerte o preciso se tocara Miles, simplemente no podía correrse. Ninguna cantidad de pensamientos de Miguel lograba llevarlo al límite, era como si Miles necesitara tener al hombre en persona. Pero Miles sabía que eso nunca sucedería.
Miles frotó suavemente su clítoris con sus dedos y miró alrededor de la habitación antes de posarse en el peluche que había comprado. El pequeño peluche de Spiderman, de Miguel, estaba a unos centímetros de distancia sobre la cama. Miles lo miró a los ojos.
Se le ocurrió una idea repugnante, pero por más que Miles intentó ignorarla, no pudo evitarlo. Luego de sacar sus dedos de su coño, Miles se arrastró hacia el peluche y lo sostuvo en alto, observando cada detalle. El material era de una tela ligeramente áspera que Miles pensó sería perfecta para generar fricción. Si bien el diseño en sí no era completamente exacto al traje de Miguel, se parecía bastante.
El rostro de Miles se oscureció por su sonrojo mientras bajaba lentamente el peluche sobre las sábanas, colocándolo boca arriba. Se puso de rodillas, quedando suspendido sobre el juguete mientras pensamientos dubitativos plagaban su conciencia. Esto estaba mal.
Pero cuando la imagen del rostro de Miguel debajo de su coño apareció en su mente, Miles dejó atrás toda razón. Se dejó caer sobre el peluche y frotó su coño contra él. Dejó escapar un gemido bajo, el sonido escapó de sus labios antes de que pudiera reprimirlo, por lo que presionó una mano contra su boca mientras sus cejas se fruncían. Miles frotó su clítoris contra el material del juguete y cerró los ojos. Se inclinó hacia adelante, sosteniendo su peso con una mano mientras comenzaba a acelerar sus movimientos.
Los gemidos de Miles solo crecieron en volumen y frecuencia mientras continuaba frotándose contra el peluche de Miguel. Sus ojos falsos lo miraban inocentemente mientras Miles lo montaba. El líquido de su excitación goteaba sobre el juguete, dejando manchas húmedas mas oscuras sobre el característico tono uniforme rojo y azul. Imaginó las grandes y fuertes manos de Miguel sujetando sus muslos mientras Miles cabalgaba sobre su lengua.
La habitación se llenó del sonido de la respiración agitada y los gemidos de Miles mientras se frotaba frenéticamente contra el juguete. El sudor se acumulaba en la piel de Miles mientras aceleraba los movimientos sobre su clítoris, persiguiendo su clímax.
—Ah… hah… M-Miguel… —Miles gimió, dejando que su mente viajara a territorio peligroso.
Con sus pensamientos totalmente centrados en Miguel, Miles tomó su teléfono, abrió la aplicación de la cámara y la colocó en modo selfie. Su habitación estaba a oscuras, pero el brillo de la pantalla del teléfono iluminaba su rostro lo suficiente como para ver su expresión. Los ojos de Miles estaban entrecerrados mientras respiraba con dificultad contra la pantalla. Presionó el botón de grabar y siguió frotando el juguete entre sus muslos, moviendo sus caderas para presionarlo más contra sus pliegues.
Miles soltó una risa a medias, antes de dirigir la cámara hacia la actividad que se desarrollaba debajo de su coño. Se levantó un poco la camiseta para que la cámara pudiera capturar con todo detalle. Completamente perdido en el momento, Miles gemía cada vez más fuerte a medida que su orgasmo se acercaba.
—Miguel… Miguel, por favor…
Después Miles volvió a llevar la cámara a su rostro y siguió gimiendo el nombre de Miguel hasta que decidió terminar el vídeo. Totalmente ido, Miles guardó el vídeo y se lo envió directamente a Miguel con el mensaje adjunto: Solo para ti ♡
Finalmente, el coño de Miles se contrajo y terminó eyaculando sobre todo el juguete, sintiendo sus fluidos filtrarse en la tela del peluche. Miles se desplomó sobre el juguete, olvidándose por completo de su teléfono y el video. Cayó de costado y frotó los dedos sobre su coño palpitante para disfrutar del resplandor de su orgasmo. Sus piernas temblaron mientras deslizaba los dedos dentro y fuera de su humedad.
Al poco rato, Miles ya estaba listo para dormir. Llevó el juguete a su baño, llenó un balde con jabón y agua caliente y simplemente dejó caer el juguete dentro. Eso debería ser suficiente por ahora.
Cuando Miles regresó a su cama, se deslizó bajo las sábanas una vez más, sintiendo que su excitación reprimida ya no era un problema. Sus párpados se volvieron pesados y se dio la vuelta para ponerse cómodo. El sueño estaba a punto de apoderarse de él cuando sonó una notificación en su teléfono. Miles no planeaba mirarlo, pero algo lo carcomía por dentro. Entonces, Miles gimió y tomó su teléfono. Los ojos de Miles se abrieron cómicamente en señal de pánico.
Miguel le envió un mensaje de texto.
Mierda.
Miles abrió el mensaje con vacilación y se dio cuenta de lo que había enviado minutos antes de que Miguel le respondiera. Cuando volvió a ver el video, su rostro se oscureció, recordando la implicación que Miguel había mencionado sobre lo que haría con el peluche.
El corazón Miles se hundió hasta su estómago cuando se dio cuenta de lo que había hecho.
¿Qué carajo acabo de ver?
Miles arrojó su teléfono sobre la cama. No había nada que pudiera hacer para arreglar lo que había hecho. ¿Cómo había podido dejar que el placer se apoderara de él de esa manera? Quería llorar. Rápidamente, Miles borró el video y el mensaje, ya había comenzado a escribir una respuesta antes de hacer una pausa cuando Miguel le envió otro mensaje de texto.
¿Por qué lo borraste?
El rostro de Miles estaba ardiendo. Quería cavar una zanja y enterrarse vivo en ella, pero tenía que enfrentar este problema de frente.
Lo siento mucho, no quería enviarlo (╥﹏╥)
Miles esperó pacientemente su respuesta, dejando de respirar cuando Miguel finalmente lo hizo.
Te pregunté por qué lo borraste.
Miles comenzó a escribir con manos temblorosas.
¿Por qué? ¿Quieres que… lo envíe de nuevo?
Su corazón se aceleró cuando Miguel respondió al instante.
Sí.