(Not) Another Bad End

by

Rating:
Explicit
Archive Warning:
Rape/Non-Con, Underage Sex
Category:
M/M
Fandom:
Spider-Man: Spider-Verse (Sony Animated Movies)
Relationship:
Miguel O'Hara/Miles Morales
Additional Tags:
Extremely Underage, Alternate Universe - No Powers, Alpha/Beta/Omega Dynamics, Father-Son Relationship, Implied/Referenced Incest, Minor Character Death, Shota Miles Morales, Boypussy, Alpha Miguel O'Hara, Omega Miles Morales, Age Difference, Top Miguel O'Hara, Bottom Miles Morales, Rutting, Size Difference, Cunnilingus, Vaginal Fingering, Vaginal Sex, Miguel O'Hara Has a Large Penis, Squirting, Painful Sex, Breeding, Cervix Penetration, Creampie, Knotting, Don't Like Don't Read, Dead Dove: Do Not Eat
Published:
2024-11-30
Words:
4026

Sumario:

Un día, cuando Miles vuelve a casa después de la escuela, Miguel no puede controlarse y deja una marca permanente en su pequeño.





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Miguel se sienta en el sofá y golpea el suelo con sus pies con impaciencia. Tiene los ojos clavados en el reloj digital de la pared. Cada segundo que pasa parece hacerse más largo y doloroso. Sabe que ver cómo cambian los números no hará que su espera sea más corta, pero no puede evitarlo.

Un gruñido intenta abrirse paso hasta su garganta. Oh, mierda.

¿Qué día era? ¿No faltaban varios días antes de que llegara su celo? Apenas es martes y Miles iba a volver pronto, se sintió palidecer. Se suponía que este fin de semana dejaría al pequeño omega en casa de Jess, para que Miguel pudiera encargarse de su celo. Después de todo, nunca se puede confiar en un alfa en ese estado, sin importar lo fuertes que sean sus supresores. Miguel lo sabe de primera mano.

Tarda un tiempo debatiendo consigo mismo en su sala de estar. El reloj indica que Miles volverá a casa en al menos diez minutos más. Su polla se tensa bajo su ropa y Miguel mira fijamente la mancha húmeda que se ha formado.

Los minutos pasan lentamente, pero finalmente escucha que se abre la puerta, una voz alegre que despide y unos piececitos acolchados se dirigen hacia Miguel. Puede oler al omega antes de verlo, y la parte ansiosa de Miguel finalmente se calma, reemplazada por un tipo diferente de necesidad.

—¡Papi! —grita una voz aguda—. ¡Estoy en casa!

Miguel desea poder responder, especialmente con lo feliz que suena su bebé, pero está demasiado ocupado tratando de controlar sus propios gruñidos y permaneciendo inmóvil. Una pequeña figura dobla la esquina y Miguel se tensa al ver a Miles corriendo hacia él. Está sonriendo ampliamente, con un pequeño sombrero en su mano en lugar de en su mata de cabello, quien no duda en saltar a los brazos de Miguel.

—Hola, bebé —Miguel se inclina y olfatea a Miles, es instintivo, pero no puede evitarlo. Las pequeñas piernas de Miles cuelgan aun lado de los muslos de Miguel y patean en el aire—. Te extrañé.

—¡También te extrañé, papi!

Miles rodea el cuello de Miguel con sus brazos, bueno, hasta dónde puede. Es tan pequeño en su regazo, cálido y suave, y huele tan bien, su aroma deliciosamente dulce se vuelve más intenso alrededor de ellos conforme pasan los minutos. Miles se hunde contra él con un ronroneo de satisfacción. La sangre de Miguel arde en sus venas. Su sentido del tacto se concentra en el lugar donde sus pieles se tocan. Miguel no puede soportarlo más.

—Miles —Miguel lo acaricia por última vez antes de apartarlo un poco—. Estás cansado, ¿no?

Miles no logra responder mientras lo llevan al espacioso sofá. Hay almohadas alrededor de él, casi como un nido, y luego Miguel lo empuja suavemente para que se recueste en él.

—Me encargaré del resto —dice Miguel, respirando con dificultad mientras separa las piernas de su bebé—. ¿Cómo te fue en la escuela? ¿Te divertiste con tus amigos hoy?

Miles solo asiente furiosamente, mirándolo con esos ojos grandes y dorados, feliz de que su papá le esté prestando atención, inocente ante las intenciones del alfa. Miguel piensa que no merece la mirada confiada que le da, pero aun así lo hace palpitar en sus pantalones.

—¡Sí! ¡La maestra nos enseñó muchos juegos para jugar al aire libre!

—Mmh, así que por eso estás sudando más de lo habitual.

—¡Sí! ¡Corrimos mucho, papi!

Empuja la camisa de Miles hacia su pecho, revelando un estómago blando y ligeramente regordete, Miles observa al alfa atentamente, como si estuviera tratando de averiguar qué hace. Miguel lo besa en la nariz, luego baja a su suave cuello, haciendo reír a Miles, y luego le quita los pantalones junto con su ropa interior.

Miguel solo gruñe mientras abre más los muslos de Miles. El aroma del omega flota tan densamente en el aire que a Miguel se le hace la boca agua, se siente un poco mareado, pero lo atribuye a lo rápido que corrió la sangre a su polla al ver lo que tenía delante. El pequeño coño de Miles está todo sonrojado y lindo, oliendo celestial después de un día activo en la escuela. El alfa exhala suavemente sobre él, haciendo que el chico jadee y se retuerza. Intenta cerrar las piernas, pero Miguel no lo deja.

—Anda, cuéntame más sobre lo que hiciste en la escuela.

Miguel le recuerda, con un tono lo suficientemente firme como para que el pequeño omega lo entienda, y Miles se apresura a obedecer al alfa. No quiere que su papá se enoje. Deja que sus piernas se relajen nuevamente, recibiendo una suave caricia de Miguel, antes de contar una pequeña historia sobre su hora de juego. Lo que hizo con sus amigos y lo amable que es la nueva asistente.

Durante todo ese tiempo, Miguel se inclina y olfatea el coño de su omega, escuchando su suave voz contar su día. Sus gruesos dedos separan los diminutos y regordetes labios de su coño para mostrar su brillante agujero que se aprieta casi con timidez. Miguel mira a su bebé, que lo observa pero realmente no le presta atención, aparentemente absorto en su propia historia. Miguel no puede evitarlo más, inclinándose para lamer sus pliegues.

Miles grita ante la sensación, sobresaltado. Se queja cuando el alfa lo hace de nuevo, arrastrando lentamente su lengua entre los labios regordetes y masajeando el pequeño clítoris de Miles que se pone cada vez más erecto a cada segundo.

Una sensación cálida cubre las entrañas de Miguel ante los suaves sonidos que hace Miles, su respiración se vuelve superficial y entrecortada cuanto más pasa la lengua sobre el pequeño punto.

—¡A-ah, papi…!

Miguel se aparta para tomar aire por un momento y emite un gruñido de satisfacción al ver la cabeza de su bebé hacia atrás contra las almohadas, con los ojos cerrados mientras respira por la boca. Está sonrojado hasta el cuello y Miguel se plantea si quitarle también la camiseta para poder verlo por completo, pero simplemente le sube la prenda hasta el cuello. Miguel deja que su enorme mano recorra un pecho tembloroso, pellizcando los pequeños pezones.

—Sabes increíble. Papá va a jugar un poco contigo, ¿de acuerdo? —Miles lo mira, pero asiente tímidamente—. Sigue hablando, Miles, papá quiere escuchar más —Miguel deja un suave beso sobre su clítoris. Es solo a fuerza de voluntad que se contiene para no devorar a su chico, que tarda un poco en recomponerse. Su otra mano aprieta un muslo suave para calmarlo.

—E-Está bien —Miles inhala temblorosamente—. Jugamos a las escondidas e-en el patio de recreo, hoy… ¡ah-!

Miguel pasa la lengua por su pequeño clítoris nuevamente. Lo hace una y otra vez, disfrutando de la forma en que Miles tropieza con sus propias palabras mientras sus mejillas se ponen aún más oscuras por su sonrojo. Los muslos del chico tiemblan. Miguel se siente ebrio con su aroma mientras lame su sexo sin vello.

Justo cuando el chico se acostumbra al ritmo lánguido, Miguel de repente aferra sus labios a su pequeño clítoris y succiona, haciendo que los muslos temblorosos de Miles se cierren de golpe y atrapen su cabeza entre ellos. Está más que feliz de morir sofocado en el pequeño coño de Miles, sin detenerse incluso cuando el omega gime, arqueando la espalda, con sus pequeñas manos aferrándose a su cabello.

—¡P-Papi! A-Ah… ¡d-de-d-demasiado!

Miguel mantiene sus delgadas caderas inmóviles con sus enormes manos mientras vuelve a lamer el coño de su bebé. Se entrega a la humedad del omega. Miles sabe tan bien que Miguel no puede evitar frotarse contra el sofá, su erección todavía atrapada dolorosamente bajo su ropa, la neblina del celo alfa lentamente se apodera de su mente. Gime ante la espesa humedad que llena su boca cuanto más lame la entrada temblorosa del omega.

—Eh, m-mmh —Miles clava sus pies aún cubiertos por sus calcetines en los hombros de Miguel, mordiéndose una mano mientras su coño es devorado. Sus ojos revolotean, el lento movimiento de la lengua de su papá se siente tan bien que no puede formar palabras, pero lo intenta, porque no quiere decepcionarlo—. Yo… M-Mis compañeros de clase… Nosotros… —se interrumpe con un gemido mientras el alfa lo lame más rápido—. N-Nosotros, ah, nos escondimos e-e… ahh… ¡ah, papi!

Miles grita cuando un dedo grueso presiona contra su agujero, jugando con su entrada resbaladiza antes de hundirse muy lentamente. Su pierna se contrae y se sacude cuando Miguel introduce hasta el segundo nudillo. Es suave pero firme al bombear su dedo dentro y fuera, curvándolo, es una vista erótica en un niño tan joven.

Miles solía ​​ser tan tímido. Miguel lo adoptó cuando apenas tenía cuatro años. Tuvo que esforzarse mucho para ganarse la confianza de Miles, los primeros dos años fueron difíciles. Miles lloraba mucho y prefería dormir en cualquier parte excepto al lado de Miguel. Con el tiempo, el pequeño lloraba cada vez menos y se volvía más confiado con cada gesto agradable y dulce que Miguel le mostraba. Una vez que se ganó la confianza de Miles, fue significativamente más fácil a partir de ahí.

Ahora está a punto de arruinarlo todo, pero la niebla del celo en su mente lo supera, está a nada de perder el control.

Miles gime dulcemente, su voz aguda se quiebra mientras Miguel le presta especial atención a su clítoris, su dedo bombeando más rápido. Esta vez, mantiene sus piernas abiertas, sin soltarlas incluso cuando el omega se agita. Hay saliva goteando por el costado de la boca de Miles mientras solloza. Es tan lindo.

Miguel no se detiene, no disminuye la velocidad hasta que Miles está gimiendo y convulsionando en su agarre, alentando al omega para que se corra en su cara. Saca su dedo justo a tiempo para que la eyaculación de Miles bañe toda su boca y barbilla, haciendo que gruñidos surjan de la garganta de Miguel. Lo lame mientras Miles se arquea en el sofá, sus caderas se sacuden incontrolablemente con cada pasada de la lengua de Miguel sobre su coño sobreestimulado. Lo deja sin aliento, sus piernas apretando la cabeza de su papá una vez más, pero solo presiona a Miguel más fuerte contra su coño.

—¡N-No más! —jadea Miles con la respiración entrecortada, con lágrimas cayendo por los costados de su rostro. No puede respirar, es demasiado—. ¡Para! ¡Papi, por favor!

Miguel bebe el último chorro de líquido que llena su boca, lamiendo a Miles hasta dejarlo limpio a pesar de las súplicas de su bebé. Finalmente, muestra piedad y separa su boca del coño del niño.

—Por favor —hipó Miles, su pequeño cuerpo todavía temblaba mientras su papá se movía para colocarse sobre él. No podía abrir los ojos—. P-Por favor.

Miguel no pierde el tiempo y besa al omega, introduciendo su lengua hasta donde puede alcanzar. La boca de Miles es tan pequeña que su lengua ocupa todo el espacio. Por supuesto, necesita dejar que el omega se pruebe a sí mismo, para que sepa lo dulce que es.

Esta vez es menos delicado y vuelve a presionar un dedo en la entrada hinchada de Miles. El omega lo aprieta con tanta fuerza, pero su agujero está tan húmedo que ofrece poca resistencia, incluso cuando Miguel introduce otro dedo en su interior. El doloroso estiramiento hace que corran más lágrimas por el rostro de Miles. Miguel lo calla con beso tras beso, dejando pequeños moretones con sus labios en el cuello de Miles. Sabe que no debería hacerlo, no puede permitir que nadie se entere de esto, pero su inminente celo le impide pensar con claridad. Miguel continúa moviendo los dedos hacia adentro y hacia afuera, estirando las paredes de Miles, preparándolo para él.

—Está bien —murmura contra el cuello de Miles—. Estarás bien, lo prometo.

Por mucho que quiera follar con el omega ahora mismo, no quiere lastimar a Miles.

—Papi… —hipa Miles, levantando sus pequeñas manos para secarse las lágrimas. Se mete el pulgar a la boca, un hábito del que nunca se ha deshecho, que solo hace cuando está nervioso. Miguel aparta la mano de su boca y le da un beso en la palma—. Me duele —Miles se seca más lágrimas con la otra mano y luego intenta llevársela a la boca también. Miguel chasquea la lengua antes de juntar ambas muñecas en las palmas de sus manos y colocarlas sobre la cabeza de Miles—. ¡Papi, por favor!

Miguel simplemente lo besa de nuevo. Pronto, Miles está nuevamente relajado en el sofá, con las piernas enganchadas en los hombros de su papá. Los tres dedos de Miguel están profundamente dentro de él, pero Miles ya no lucha más, su pequeño coño está tan mojado que acepta los gruesos dedos de Miguel sin problema.

Se aparta de la boca de Miles y lame un rastro de saliva que baja por su barbilla. La sangre de Miguel ruge, ha llegado a su límite.

—Buen chico, mi omega.

Los ojos aturdidos de Miles observan a Miguel alejarse, lo suficiente para desabrocharse los pantalones y liberar su polla de sus confines. Miguel suelta sus muñecas para sujetar las pequeñas caderas de Miles y empujar sus rodillas hacia su pecho. Admira su trabajo, el pequeño coño mojado y listo para que él lo use, y la tierna expresión aturdida de Miles mirando su polla con asombro. Está chupando su pulgar, pero Miguel no lo reprende esta vez.

Se alinea con la entrada de Miles, manteniendo inmóvil al chico cuando comienza a retorcerse. Ya está lubricado por su propio preseminal, pero aun así se desliza a lo largo de la entrepierna de Miles, dejando que su humedad cubra su polla, por si acaso. Luego, intenta hundirse, y es toda una hazaña, Miles es demasiado pequeño.

Una vez que la cabeza de su polla entra, Miguel se estremece, tratando de evitar empujar hasta el fondo. Avanza lentamente, Miles lo está apretando con tanta fuerza que Miguel duda que pueda siquiera volver a salir.

—Papi… —gimotea Miles, pateando un poco con sus piernas, pero intenta quedarse quieto y las lágrimas vuelven a aflorar en sus ojos—. Duele… ¡Ah, duele!

—Shh, está bien —Miguel ya no es él mismo, el calor se desliza por su cuerpo en oleadas. Miles se siente celestial alrededor de la cabeza de su polla, cálido, apretado y palpitante. Puede sentir los latidos de su omega en donde están conectados—. Joder…

Empuja más y más, incluso mientras el omega se retuerce. Se aleja un poco solo para empujar más profundamente, y Miguel lo intenta, realmente intenta controlarse, pero aun así termina forzando el resto de su polla hacia adentro. El calor pulsante a su alrededor es celestial, lo hace gruñir, liberando feromonas para hacer que el omega se someta. Sus oídos zumban, cree haber escuchado a Miles decir algo, pero la necesidad de follar ha secuestrado el poco sentido común que aún le quedaba.

Se introduce profundamente en el agujero del chico, sintiendo que se aprieta aún más a su alrededor. Las fuertes manos de Miguel abren los muslos regordetes con un agarre contundente para que permanezcan inmóviles mientras él se retira y empuja hasta la base, el grito de Miles rebota en las paredes de la sala de estar.

—Miles —gruñe Miguel entre jadeos entrecortados, dejándose perder en el placer y comenzando a moverse—. Buen chico… Joder, eres tan apretado…

Miguel ignora los patéticos gritos de Miles, abriendo los ojos para ver hasta dónde estaba enterrada su polla. La entrada de Miles estaba roja y se esfuerza por acomodar su circunferencia mientras es estirado hasta sus límites absolutos. Miguel se pregunta cómo es que aún no lo ha desgarrado, pero es un pensamiento fugaz que desaparece una vez que su polla palpita y le recuerda lo que es importante en este momento.

Al principio, su ritmo es lánguido, deleitándose con el agarre sedoso de sus paredes internas, pero gradualmente se vuelve fuerte y rápido. Miguel se entierra profundamente, haciendo que del coño de Miles brote más líquido a medida que su cuello uterino es abusado por la cabeza de la polla del alfa. Miguel mira a su omega, escucha su llanto y los pequeños sonidos eróticos que escapan de su boca, sonidos que ningún niño de ocho años debería estar haciendo. Hace que la polla de Miguel se ponga más dura, si es que eso es posible.

—Papi… pa-para… —Miles se ahoga con sus propios sollozos, todo su cuerpo se balancea con fuerza contra el sofá con cada embestida. Se aprieta alrededor de la polla de Miguel como un torno. Mucho mejor que cualquier coño omega adulto, virgen y apretado. Es adictivo.

—Miles… —las manos de Miguel se mueven hacia los hombros de su omega, sujetándolo para conseguir un mejor ángulo. Su pulgar se extiende hasta engancharse en la boca del omega, atrapando una pequeña y suave lengua debajo. Deja que sus ojos vaguen por el cuerpo de su hijo, solo para concentrarse en el bulto contra el estómago de Miles. Miguel escucha su propia sangre corriendo por sus oídos cuando se da cuenta de lo que está mirando.

Sus embestidas se vuelven más brutales, su mano se mueve hacia el cuello de Miles. Y deja de pensar. Va a follar a este omega hasta llenarlo de sus cachorros, bombear su semen en su útero apenas desarrollado una y otra vez hasta que se acostumbre, hasta que Miguel lo haya hecho completamente suyo. No tendría que hacer nada más que ser un buen omega y complacer a su alfa cuando él quiera.

Tendrá que sacar a Miles de la escuela, pero tal vez Miguel pueda educarlo en casa, así podría simplemente inclinarlo sobre el sofá después de una lección o dos y darle una recompensa por ser un niño tan listo y obediente. Tal vez incluso pueda calentar la polla de Miguel mientras le da una demostración física de cómo se hacen los bebés.

Sí, lo hará. Será lo primero que haga después de que termine su celo. No tendrá que esperar a que su pequeño omega llegue a casa, podrá montar su pequeño coño cuando le plazca.

Miguel gime, está cerca. Está tan cerca.

Escucha la respiración entrecortada de Miles, sus gritos, la forma en que su coño se aprieta a su alrededor. Puede sentir cómo se infla su nudo, cómo se afilan sus colmillos. Miguel desliza sin pensar su polla en el joven omega, sin detenerse ni siquiera cuando Miles suplica y se aferra a sus muñecas, con la lengua asomando más allá de sus labios.

El sofá finalmente se rompe audiblemente debajo de ellos. Miles se corre con un gemido y eyacula alrededor de su polla, volviéndose increíblemente más apretado. Miguel persigue su orgasmo como un hombre poseído, sus embestidas se vuelven más erráticas hasta que el calor en su vientre alcanza su punto máximo. Agarra los muslos de Miles, prácticamente doblando al omega por la mitad. Es el ángulo perfecto mientras su nudo se infla, y lo fuerza hacia adentro con una poderosa embestida.

El grito roto de Miles hace que sus oídos zumben. Su orgasmo se estrella contra él como un maremoto, liberándolo de cualquier pensamiento y dejando atrás un placer que adormece su mente y lo hace hundir sus colmillos en la almohada justo encima del hombro de Miles, apenas rozando la carne suave y flexible.

El alfa deja que el placer lo inunde en oleadas mientras desgarra la tela. No es más que un animal, con los ojos nublados mientras penetra más profundamente el coño de su pequeño, que está ordeñando su polla a fondo. Las pequeñas piernas patean y tiemblan a ambos lados de sus caderas, hasta que finalmente caen flácidas. Esto hace que Miguel lo penetre más profundamente, aunque solo sea para llenarlo con toda su semilla y así tener más posibilidades de tener crías.

Miguel inhala el aroma de su omega, la neblina de su celo se disipa un poco. No se mueve durante unos minutos, quiere saborear la sensación de haber anudado finalmente a su omega. El silencio es tan reconfortante como desconcertante.

Casi demasiado silencioso.

Miguel traga saliva ante la gélida sensación que le atraviesa el estómago. Miguel desencaja la mandíbula y escupe la tela desgarrada de la almohada. Mira el rostro de Miles esperando encontrarse con sus ojos bañados en lágrimas, pero los ojos miel de Miles están cerrados. No emite ningún sonido.

El pánico se apodera del corazón de Miguel, se había dicho a sí mismo que no perdería el control, que no lo haría de nuevo. No dejaría que volviera a suceder, él…

—Miles… —agarra los hombros de su omega, que están llenos de arañazos y moretones, y presiona su oreja contra el pequeño pecho de este, sin importarle cómo tira dolorosamente de su nudo.

El alivio finalmente obliga a Miguel a respirar cuando escucha los latidos del corazón de su bebé. Miles solo se desmayó. No está… Sí.

—No me asustes así —murmura Miguel hacia la rebelde mata de cabello que huele a champú para bebés. Miguel se aparta y acaricia la suave mejilla de Miles, con los ojos vagando hacia donde continúan unidos. Miles parece absolutamente arruinado, no puede evitar encorvarse contra el cuerpo flácido debajo suyo. El estómago de Miles está hinchado por el semen del alfa que llena su vientre—. Nunca me vuelvas a asustar así.

La neblina del celo tira de los bordes de su conciencia una vez más. Sabe que no pueden pasar el resto de su celo en este sofá, ya lo han partido en dos.

Miguel toma al chico en sus brazos, aun conectados, y los traslada a su habitación y a su propia cama. No espera a que Miles se despierte_, no puede_. El cuerpo inconsciente de Miles se siente tan cálido y acogedor, tomando la polla de Miguel sin problemas. Su rostro permanece tranquilo mientras Miguel embiste en el agarre deliciosamente apretado de su joven cuerpo. Las pestañas de Miles todavía están mojadas con lágrimas, sus lindas mejillas regordetas oscuras por su sonrojo. Tan lindo.

Si Miguel siente un poco de culpa por correrse más rápido mientras mira el rostro dormido de Miles, no lo demuestra. No en las siguientes horas que pasa enterrando su polla aun dura profundamente en el omega inconsciente, llenando su agujero una y otra vez con el impulso febril y primario de follarlo. Ni siquiera se da cuenta de cuántas veces Miles se despierta con su cuello uterino siendo abusado por la polla del alfa. El dolor simplemente lo deja inconsciente de nuevo.

Tres días tarda en terminar el celo de Miguel. Tres días para que el pobre omega pueda finalmente descansar sin el miedo de despertarse con la cara presionada contra las almohadas mientras es violado por su papá. Le toma algo de tiempo poder volver a caminar, y aún más tiempo poder controlar su vejiga nuevamente.

Pasan dos semanas antes de que pueda dormir en la misma cama que Miguel sin llorar de terror, y un mes antes de que siquiera le dirija una palabra. Miguel no lo apresura. No se molesta cuando su bebé se estremece cada vez que su mano se acerca demasiado a él, aunque es decepcionante ver todo el progreso y la confianza que Miles había puesto sobre él, destruidos. No será fácil volver a cómo eran antes, pero Miles es un omega fuerte… si hubiera sido cualquier otra persona, estaría muerto.

Miguel se sienta en el jardín, observando a Miles que aun cojea casi imperceptiblemente mientras arranca flores de la tierra. Mira a Miguel con sus grandes ojos color miel y le ofrece una dulce sonrisa. Miguel siente una agradable calidez florecer en su pecho. Son tan diferentes, pero tan parecidos, pero ella había sido tan frágil que Miguel temía romperla.

Y lo hizo. Miguel nunca se lo perdonará.

Suspira mientras mira a su izquierda. Justo a su lado hay una pequeña cruz incrustada en la tierra, casi imperceptible, oculta entre los espesos arbustos donde crecen hermosas flores.

No hay forma de reemplazar lo que perdió pero, de nuevo, Miles es un omega fuerte. No se uniría a Gabi en un futuro cercano.